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¿Qué es esa cosa llamada Filosofía?

Cristina Febrer Nafría, alumna del grado en Filosofía, Política y Economía (PPE), nos comparte una reflexión sobre la importancia de la Filosofía en nuestra vida: ¿Qué es? ¿Para qué sirve?


¿Qué es esa cosa llamada filosofía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es filosofía? ¿Y tú me lo preguntas?
Filosofía… eres tú.

 

Era algo parecido, ¿no? Aunque Bécquer hablaba de poesía, me he permitido tomar su Rima XXI y adaptarla para el tema de mi ensayo. Este poeta tiene unas cartas preciosas: "Cartas literarias a una mujer". En una de ellas explica el contenido de este poema y acaba haciendo un pequeño tratado sobre el amor.  Dicen que es imitando a los grandes maestros como uno aprende. Así he decidido escribir una “carta literaria” a propósito de esta variación sobre el poema de Bécquer para hacer un pequeño tratado de qué es la filosofía.

El filósofo Willard Van Orman Quine empieza su artículo1 con la pregunta: "¿Qué es esa cosa llamada filosofía?". Incide sobre una idea: la filosofía, al igual que la ciencia, se ha especializado y fragmentado. Por eso ahora "ya no se dirige al hombre corriente, ni afronta problemas de amplio interés humano"2. Quine alaba a Frege, impulsor de la nueva lógica. Me compadezco de cualquiera que haya leído alguna de sus páginas, pues Frege será un hombre serio y trabajador, pero leerlo es una empresa difícil. Si ahora a la filosofía se la considera solo como pura filosofía analítica, es normal que haya perdido el contacto con la gente y que se quiera retirar de las aulas, pues poco va a ayudar a los alumnos a encontrar un buen trabajo.

Pero la filosofía no es solamente eso. Debería dirigirse a todos y afrontar problemas humanos. Como he indicado antes, filosofía eres tú. Y esto es así por dos razones: primero, porque es connatural al ser humano querer saber y segundo porque la filosofía debe comprometer la vida entera.

Para ilustrar la primera razón traigo esta conversación que oí entre una madre y su hijo:
— Mamá, ¿me compras un helado?
— No, hijo, los helados son para el verano.
— ¿Y por qué los anuncian ahora si son para el verano?
No solamente creo que la madre necesita buscar argumentos más sólidos, sino que me hizo gracia la inquietud del niño: no tiene sentido que anuncien ahora los helados si son para el verano. Los niños son pequeños filósofos porque hacen lo que hace el filósofo: preguntar.

No creo que el ser humano deje de hacer filosofía y, por lo tanto, que deje de hacerse preguntas. Pero me inquieta que no se estudie filosofía en las escuelas. Es bueno enseñar a la gente a pensar respuestas bien argumentadas para las preguntas que se hacen. Y si no se hacen preguntas porque están adormilados con redes sociales y pantallas, es bueno ser un tábano como Sócrates y provocarles las preguntas. Porque la filosofía compromete cómo vivir.  Con el ejemplo de los helados podemos preguntarnos: ¿por qué no tomar un helado en ese momento que tanto apetecía? ¿Debemos responder a nuestros apetitos? ¿O es mejor aprender a esperar? La filosofía no dará una respuesta canónica a estas preguntas, pero sí herramientas para ayudarnos a dirigir nuestros pensamientos y acciones.

Un estudiante de primero de filosofía me contaba cómo le apenaba que fuera sacada del currículo escolar. Me habló de cómo le ayudó en su adolescencia a encontrar un sentido a su vida. No sé si la nueva asignatura de "Valores cívicos y éticos" ayudará a los alumnos a preguntarse sobre el sentido de su vida o más bien les enseñará cuál debería ser… Quine acusa a los filósofos de "chiflados" por "tener un carácter especulativo y no organizado"3. La filosofía tiene un modo de ser distinto de la ciencia. La filosofía aspira a la contemplación. No estoy de acuerdo con Quine en que "el estudiante que se dedique a la filosofía sobre todo por consuelo espiritual, se equivoca y probablemente no será nunca un buen estudiante, ya que lo que le mueve no es la curiosidad intelectual"4. La filosofía nace por el asombro, ya más tarde despertará la curiosidad intelectual.

Un ejemplo quizás ilustre mejor esto que digo. El otro día acudí a Musicosofía, un concierto músico-filosófico. En él, se analizaban filosóficamente las letras de varias canciones y luego se tocaban en directo. Los asistentes al concierto y los músicos habían oído esas canciones antes, se habían asombrado ante sus melodías… y una vez asombrados tuvieron curiosidad por saber lo que decía la letra.

La filosofía y la ciencia pueden ayudarse, pero no hace falta que compartan métodos para ser ambas válidas. Que los científicos se queden en sus laboratorios y en sus fórmulas. Yo prefiero quedarme con el diálogo entre amigos, con los conceptos metafísicos, con las preguntas por amor a la sabiduría. Prefiero quedarme con esa cosa llamada filosofía.

Este ensayo fue escrito para la asignatura de Filosofía del Lenguaje impartida por el profesor Jaime Nubiola en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Está publicado en el blog Un atardecer en el campus.

1 Me refiero al artículo ¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?

2 W.V. Quine: Theories and Things, The Belknap Press of Harvard U.P., Cambridge, Mass. 1981, págs 190–193. (Traducido por Sara F. Barrena)

3 Ibídem

4 Ibídem
 

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