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Política y control: ¿libres sin riesgo?

Manuel Cruz

En un mundo cada vez más dominado por los medios digitales, Manuel Cruz, profesor del
grado en Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, nos trae una valiosa reflexión
acerca del debate entre libertad y seguridad.

Política y control: ¿libres sin riesgo?

Cámaras, datos, protocolos, información. En muy pocos años la revolución digital ha transformado nuestra sociedad: no solo han surgido nuevas formas de control externo sino, fundamentalmente, técnicas de manipulación y sometimiento silencioso. 

George Orwell imaginaba en su novela 1984 una sociedad en la que el Estado lo podría controlar todo mediante la vigilancia externa del “Gran Hermano”: la sociedad quedaría regulada por cámaras y el orden se impondría mediante la manipulación del Ministerio de la Verdad. 

Años antes, Aldous Huxley situaba en Un mundo feliz una sociedad domesticada y sometida a la autoridad mediante placeres constantes y el entretenimiento: un mundo sin vínculos afectivos o familiares estables en el que las pasiones se controlan mediante drogas. La población del mundo feliz habría sido educada para asumir patrones de conducta sin cuestionar jamás a la autoridad. Las dosis de “soma” podrían proporcionar una manera de encontrar un placer fácil sin apenas coste biológico. 

Ambos autores –Orwell y Huxley– parecían vaticinar una sociedad pacífica en la que la libertad y el riesgo apenas acontecen. En la sociedad de Orwell, el dominio se realizaría mediante la violencia y el control externo; en el mundo de Huxley, nadie cuestionaría a la autoridad, porque a nadie se le ocurriría hacerlo: un mundo entretenido sin mentalidad crítica alguna sería la sociedad sin problemas.                                   

Política y control: ¿libres sin riesgo?

La actual revolución digital parece que nos sitúa en una situación de tránsito del modelo autoritario orwelliano (control externo, represión explícita) a una nueva forma de control al estilo de Huxley en el cual no hace falta vigilar, porque nosotros mismos preferimos someternos a las consignas establecidas y vivir tranquilos, disfrutando de placeres y formas de entretenimiento sin ningún tipo de riesgo. 

Expresa el filósofo coreano Byung Chul-Han en La agonía del eros que “El tú puedes incluso ejerce más coacción que el tú debes”. No hay nada más efectivo para lograr resultados que el que sea uno mismo quien sienta que debe rendir al máximo. De este modo, piensa Han, llegamos a una sociedad del cansancio en la que no hace falta el control externo: precisamente la ausencia de barrera alguna permite que los individuos se exploten a sí mismos y lo muestren todo sin pudor alguno. No hace falta vigilar, porque nosotros mismos lo mostramos todo en las redes sociales, sin que quede espacio para la intimidad.

Ahora bien, ¿podemos decir que somos libres en un mundo controlado por los medios digitales? ¿Dónde queda nuestra libertad en un mundo sin riesgo, en el que todo está perfectamente controlado, en el que nos sometemos a una sociedad del placer y el entretenimiento? Aparentemente, tenemos la capacidad de elegir, de escoger entre opciones, pero: ¿realmente somos protagonistas de nuestras vidas cuando los medios digitales ejercen una influencia tan importante en nuestro modo de pensar y en nuestros hábitos de vida? 

Si la libertad fuese únicamente la capacidad de elegir, tendríamos que concluir que en realidad somos muy poco libres, ya que la sociedad, el entorno, la opinión de los demás, ejercen una influencia casi determinante en lo que hacemos. Pero, aunque esta es una faceta importante de la libertad, quizás no consiste únicamente en poder elegir entre opciones, precisamente porque nunca podremos elegir lo que nos gustaría en todo lo que hacemos. Siempre tendremos algún impedimento, bien sean los horarios, las tareas que tenemos que cumplir, o las mismas barreras de nuestro cuerpo.

Política y control: ¿libres sin riesgo?

La libertad tiene que ver fundamentalmente con el desarrollo sin impedimentos que nos permite ser protagonistas de nuestras propias vidas o, por decirlo con otras palabras, me experimento como libre en la medida en que puedo ser quien soy sin obstáculos, en la medida en que llevo las riendas de mi vida en proyectos auténticos. 

Ahora bien, ¿es posible una libertad así en una sociedad de control, en una sociedad donde las consignas de los mercados y los estados ordenan nuestra vida? Está claro que la libertad solo se podrá mantener mientras haya una actitud de búsqueda de verdad: solo es posible ser protagonista de la propia vida mientras uno es consciente de quién es y cuál es nuestro papel en el mundo. Al igual que Truman en su show, solo es posible empezar a ser libre en la medida en que sabemos que estamos –valgan las distancias– también en nuestro propio show. A partir de ahí, podemos decidir mediante nuestras acciones quiénes queremos llegar a ser.

Por último, en una sociedad con tantos mecanismos de control necesariamente surge la pregunta de si es preferible sacrificar la libertad a favor de la seguridad colectiva. Apostar por la libertad entraña un riesgo, porque los otros pueden fallar. Sin embargo, apostar por la libertad permite también que pueda haber confianza, ya que solo es posible confiar en algo o en alguien en la medida que no se ejerce un control total. Hay control en la medida en que no hay confianza, pero somos libres en la medida en que somos protagonistas de nuestras vidas. 

Esto nos lleva al núcleo de la libertad: la capacidad de apertura, de abrirnos al mundo sin impedimentos. Pero abrirse al mundo, a la vida, necesariamente entraña riesgos, saber que podemos perder algo, aunque también ganamos mucho a cambio. Una auténtica libertad solo es posible donde no está todo controlado.

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