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Mirar

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Mirar viene de sentir

Laura Carapeto, alumna del Máster en Estudios Curatoriales, nos trae una interesante reflexión acerca de la experiencia multisensorial que implica el arte de Mirar.
 

Mano bajo la luz amarilla

Laura Carapeto, Mano bajo la luz amarilla, 2021

La experiencia es uno de los ejes más importantes para el arte contemporáneo, porque las obras de arte ya no están creadas solo para ser vistas, sino también para ser vividas y sentidas: para hacer al espectador parte de la obra, cocreador. Un ejemplo de ello es Habitación para un color del artista Olafur Eliasson, que se encuentra actualmente disponible en el museo Guggenheim de Bilbao.

La entrada a la instalación es extraña y corroe de confusión al espectador, que se plantea el sentido de una habitación amarilla. Sí, una habitación amarilla y solo eso. No hay ningún objeto, nada específico sobre lo que posar la mirada. Sin embargo, en medio de esa incertidumbre, los visitantes se miran las manos y empiezan los descubrimientos.

Esta gran sala contiene una luz amarilla, bloqueadora de la luz blanca y, por lo tanto, de los colores del arcoíris. Así, todo se ve en blanco y negro: las venas de las manos se vuelven negras; ese abrigo azul tan invernal es simplemente gris y esos compañeros de visita parecen sacados de un show televisivo de los años 40. 

El amarillo ha pasado de ser una opción en tu armario, para ser un color que lo inunda todo, cambiando la percepción sobre el mundo y la forma de entenderlo. ¿Te imaginas que al salir de esa habitación siguieras viendo en blanco y negro? Afortunadamente, esto no ocurre, pero la experiencia vivida impacta, provocando un recuerdo. Puede que de esto vaya el arte contemporáneo: de aprender a mirar, permitiéndote experimentar.

Te propongo un reto. Cierra los ojos un momento y piensa en una obra de arte que te impactó en su día. No hace falta que sea un cuadro, puede ser una escultura, una instalación artística, una danza o una pieza teatral. Lo que tú quieras. ¿La tienes?

Recuerda por un momento cómo te encontraste con esa obra, qué sentiste, qué te conmovió y qué cambió dentro de ti después de verla. En definitiva, ¿por qué te quedaste callado o callada al presenciarlo?

Mirar, no tiene que ver solo con posar la mirada, lección aprendida de la habitación amarilla. Es darte la licencia de experimentar, de sentir y, luego, de volver a mirar, en tu recuerdo, para desgranar la experiencia estética. De esta manera, podrás ponerle nombre, palabras, para compartirlo.

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