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Ornamentos de jaguar o Sugus azules: la Admiración de un filósofo

Las ideas tienen su forma. Borges diría que estudiarlas es igual que intentar
descifrar el pelaje de un jaguar salvaje, buscando ahí el sentido de la existencia.
Disfrutar descifrando el pelaje de nuestro mundo: eso es ser filósofo.

Desarrollando el tema de los filósofos en la vida y a su servicio de los que nos habló la semana pasada la profesora Ana Marta González en su artículo de opinión, publicamos este curioso esbozo reflexivo sobre la importancia de los Sugus azules (que a muchos nos encantan). Pablo Lanaspa, alumno de 2º de bachillerato que participó en la IX Olimpiada de Filosofía, nos habla de los “míticos” dulces entretejidos en el ¿mito? de la conspiración industrial. Un texto ambiguo en su sátira, ligero en ritmo, agradable y claro en las ideas. 

José Ignacio Murillo, profesor de Filosofía y director del grupo de investigación Mente-cerebro de la Universidad de Navarra, habiendo visto el afán de Pablo en saborear la verdad, se ha ofrecido a apoyar el escrito con un comentario. 

¿Por qué los sugus de piña son azules?

Porque, ya desde hace tiempo, las piñas no saben a piña. Con la introducción de los Sugus, y en especial el de piña, nos trataron de distanciar de la esencia de lo natural. La producción transgénica hoy en día es indiscutible y casi ineludible. Pero, si metieran alimentos modificados genéticamente, nos daríamos cuenta, ¿no? Ahí entran los Sugus azules de piña: fueron poco a poco distorsionando nuestra percepción del sabor de la piña. Antes de la producción transgénica, no todas las piñas eran dulces, jugosas y apetitosas, y me jugaría mi mano izquierda a que no sabían como saben hoy en día. 

“¿Cómo te has dado cuenta?” te preguntarás. Pues ha ocurrido hoy por la mañana en mi cocina. Estaba cortando piña cuando el olor de esta ha proyectado en mi mente una imagen del misterioso Sugus azul. La transferencia se había completado, ya no había diferencia entre el sabor del Sugus y el sabor de las piñas del mercado. El Sugus es, por tanto, una herramienta del Gobierno para alienar a las piñas. 

Nos hemos alejado tanto del sabor real de las piñas que ya nadie protesta por ello. Nos han colado piñas sintéticas y de laboratorio y no nos hemos dado cuenta porque estábamos demasiado ocupados pensando por qué el Sugus de piña es azul. Las piñas han desaparecido y nadie sabe cómo ha sido.

Pablo Lanaspa 2º Bachillerato, colegio Sagrado Corazón.

Desde luego, querido Pablo, la realidad ya no es lo que era. O quizá nunca lo ha sido. Estamos rodeados de trampantojos que moldean nuestra percepción del mundo. Algunos de ellos son interesados, formas disimuladas de manipulación, que pretenden que percibamos y valoremos las cosas del modo que conviene a otros. Pero también los hay que se deben simplemente a que nuestra percepción es selectiva y pasa por alto muchos detalles de la realidad. Hace falta interés por la verdad y un gusto bien educado para captar las cosas más allá de nuestros, por otra parte inevitables, prejuicios. Y, sin embargo, el ser humano es un animal de realidad. Existe en nosotros una poderosa inclinación, quizá no tan llamativa como la que despierta en nosotros lo sensible, pero que resulta todavía más inexcusable, como si estuviera entrañada en lo que somos, en la exigencia de ser alguien real y no solo un río de sensaciones. Es el afán por conocer la verdad, la realidad tal como es y no solo como se nos presenta. Es este el deseo que, según Aristóteles, distingue a los humanos del resto de los animales: deseamos por naturaleza… saber. Saber es hacer espacio a lo real en nosotros mismos, dejándolo ser tal como es y no solo en la medida en que se adapta a nuestros deseos; descubrir que lo otro que nosotros tiene también sus propios fines, que hay que respetar y, a menudo promover. Pero “saber” proviene de “sapere” y está emparentado con el sabor. Porque las cosas solo saben de verdad cuando las dejamos ser como son: si piña, piña, si sugus, sugus.

José Ignacio Murillo
 

Muy amablemente, el profesor Murillo nos ha compartido esta pequeña lección que impartió en el lejano 2000: “La relación del hombre con la verdad y el bien”

 

Asimismo, nos ha recomendado un par de lecturas:

Platón, La apología de Sócrates. COMPRAR.

Miguel Pérez de Laborda, El más sabio de los atenienses, Rialp, Madrid 2001. COMPRAR.

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