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¿Salvar el mundo o contar cómo se quema?

Adrián Samayoa Mendoza, alumno del Doble Grado en Historia y Periodismo, reflexiona sobre la labor social de los periodistas en este momento de conflictos y de revisionismo político.
 

Los corresponsales encargados de cubrir la guerra de Ucrania realizan una labor importante para Europa: la hacen parte del conflicto, la acercan y le otorgan un mayor protagonismo. Arriesgan su vida para ayudar a los civiles que, atrapados en el conflicto, no pueden hacer nada más que esperar. Desde esta perspectiva, habría que preguntarse: ¿Deben los periodistas centrar su labor en contar lo que ocurre o deben tomar un papel más activo como trabajadores sociales? En definitiva, su labor no se centra en entretener a una audiencia, sino informar a los ciudadanos de las decisiones que acontecen y, por lo tanto, de lo que les afecta, incluyendo el movilizar a los ciudadanos cuando su libertad se vea amenazada. Su responsabilidad, por lo tanto, es muy grande y ser indiferente ante ella equivale a desatenderla. Nos vamos a plantear dos asuntos: por qué los periodistas no pueden optar por una actitud pasiva o indiferente y la importancia de que se involucren en los acontecimientos por tres razones: para buscar la verdad, para dar voz a quién no la tiene y para que los ciudadanos puedan tomar con todo ello decisiones libres.

La función que juegan los medios de comunicación ha sido analizada desde muchas perspectivas. Algunos dirán, de forma clara, que la labor del periodista no es cambiar la historia, sino contarla (González, 2019). En esta visión, el periodista debe desligarse de la información y dedicarse únicamente a transmitirla, en palabras de Sánchez de la Nieta: “Un espectador del proceso informativo” (Nieta, 2016). Esto asegura que la información no se “contamine” por la opinión o punto de vista del periodista. Así, el periodismo se convierte en una profesión pasiva, encargada únicamente de recibir y transmitirla. No recabará más información que la ofrecida por las fuentes y ni se cuestionaría si existe algo más allá de lo encontrado. Esta postura cae en una contradicción: los periodistas se han comprometido en la búsqueda de la verdad. 

Autores como Bill Kovach y Tom Rosenstiel no están de acuerdo en esto. Piensan que las funciones del periodista sobrepasan las de mediador entre la realidad y los lectores y que son los periodistas quienes deben dar a conocer las consecuencias de los hechos y lograr que sean comprensibles para toda la audiencia (Bill & Tom, 2012, pág. 158). Su labor no puede quedarse en la transmisión de datos, si fuera así, ni siquiera tendrían que viajar a los lugares donde ocurren los hechos: por medio de fuentes civiles podrían informarse. Si esto es así, ¿por qué los medios de comunicación están enviando periodistas a la guerra de Ucrania? Porque buscar la verdad más objetiva posible, con su contexto, causas y consecuencias. Más aún, su labor social se acentúa en los conflictos donde la población queda abrumada por la propaganda. Esta labor se realiza “no sólo para tener una sociedad informada y libre, sino para dar voz a los actores en los conflictos y, especialmente, a la población civil que en la mayoría de los casos queda silenciada bajo el ruido de la guerra” (González, 2019).

Pero, ¿hasta dónde puede llegar el periodista?, ¿acaso está justificado que se mezcle la información con las creencias para mover a la población y a los gobiernos? No. No pueden y no deben manipular, ocultar o simplificar información buscando el “bien común” o lo que ellos puedan considerar como tal. Siguiendo está práctica el periodista dejaría de buscar la verdad. Deben buscar el punto medio: no tener una acción completamente pasiva, ni involucrarse directamente, lo que podría poner en peligro su objetividad. Deben buscar el bien común y saber qué información debe ser transmitida.

Respondiendo a la pregunta: ¿es la misión del periodista contar las catástrofes e injusticias o el de solucionarlas? La respuesta ya nos la dejó clara Christiane Amanpour, corresponsal de guerra de CNN: “Cuando la gente buena no hace nada, los malos triunfan. (...) Nosotros, los periodistas, con nuestros papeles y bolígrafos, con los portátiles y las conexiones satélites, las cámaras y los equipos de televisión, podemos marcar una diferencia, podemos ayudar a hacer del mundo un lugar mejor”. No por medio de una acción directa, los periodistas no deben tomar las armas y pelear por Ucrania, ni dejar su labor para repartir alimentos o ayudar a los refugiados. Su labor es la transmisión de la información que, de cualquier otra forma, podría llegar incompleta, distorsionada o descontextualizada. Es ante todo un periodista: no porque no pueda ayudar a los que lo necesitan, ni tampoco porque no quiera, sino porque si deja su labor la información quedaría en manos de gobiernos y campañas propagandísticas. Muchas personas pueden dedicarse a la ayuda humanitaria, pero solo él a hacer un buen periodismo: responsable, objetivo y verificado.
 

Trabajos citados

Bill, K., & Tom, R. (2012). Los elementos del periodismo. Todo lo que los periodistas deben saber y los ciudadanos esperar. Madrid: Aguilar.

González, T. S. (02 de 10 de 2019). Los corresponsales de guerra: revisión y actualización del trabajo periodístico en los conflictos. Revista de Pensamiento Estratégico y Seguridad CISDE, 4(2).

Nieta, M. Á. (2016). El renacimiento del periodismo: nuevas tecnologías al servicio de su esencia. Pamplona: Eunsa.

Silverman, C. (06 de 06 de 2012). NiemanReports. Obtenido de A New Age for Truth.


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