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Sinopsis de julio: los No-Sanfermines

Jairo Císcar

He aquí una sinopsis de las fiestas de julio en Pamplona, por Jairo Císcar,
alumno de 2° de Historia y Relaciones Internacionales: la no-ganancia económica,
la no-acogida de visitantes, la oportunidad de volver a la fiesta tradicional… 

“Es un momento perfecto para abrir un profundo debate en la sociedad navarra
acerca de cómo son nuestras fiestas y cómo queremos que sean”

 

Pamplona, Spain, July, 1968. Running with the bull.

Pamplona, Spain, July, 1968. Running with the bull.
Photo deceased relative of Infrogmation, inherited and scanned by Infrogmation.
Wikipedia

Llegó el 14 de julio y con él, como todos los años, de nuevo la calma a la ciudad. Pero esto no es así. Casi cualquier otro año, esta podría ser la primera frase en alguna cabecera periodística regional. Sin embargo, este año hemos terminado la segunda quincena de julio con preocupación, el ambiente se nota enrarecido. Será que, simple y llanamente, llegamos al 14 de julio con un récord de 13 millones de infectados por la pandemia Covid-19 y, como pamplonicas, terminamos nuestros particulares No-Sanfermines. Qué raro ha sido no levantarse a ver el encierro; qué raro vestirse “de calle” y no de blanco y rojo. No hemos esperado a las 23h. para maravillarnos con los fuegos; no han resonado las jotas durante la procesión de San Fermín. En definitiva, no ha estallado la alegría y la felicidad tras el chupinazo. 

Se ha repetido multitud de veces durante la pandemia que vivíamos en una pesadilla de la que antes o después saldremos. Es cierto, saldremos, pero no es una pesadilla. Esta es la realidad. Por primera vez desde la Guerra Civil, no se ha celebrado -ni siquiera iniciado- oficialmente la fiesta mayor de nuestra ciudad. Es importante en este punto recalcar el inicio, ya que en el siglo XX contamos con otras 2 suspensiones, realizadas con las fiestas ya iniciadas. La primera de ellas fue en el convulso año 1978, tras la muerte de Germán Rodríguez, en el transcurso de unos fuertes altercados. Más reciente, el 13 de julio de 1997, se cancelaron ante el clamor popular (excepto de las Peñas, de las que se hablará más adelante) de no continuar las fiestas tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de la banda terrorista ETA. Si hacemos una comparación histórica con otros periodos de pandemia como los del cólera en el siglo XIX o la mal llamada Gripe Española de 1918, en ningún caso fueron suspendidos los actos, lo que demuestra la gravedad de la situación.

Y, de acuerdo a la gravedad en el momento, tomó la alcaldía de Pamplona la decisión de suspender, el 21 de abril, la celebración de las fiestas. Decisión controvertida, como no podía ser de otra manera, a la zaga de otras grandes fiestas suspendidas a causa de la Covid-19. Se empezó con las fallas, que empezaron pero no llegaron a la Cremá, y a partir de ahí la hecatombe: feria de abril; procesiones de Semana Santa; el Rocío; San Isidro… son sólo unos pocos de los miles de festejos que se han debido cancelar o posponer por la situación actual. No estamos solos en el impacto que ha supuesto esta alteración de nuestra tradición festiva, que se encuentra en lo más hondo de nuestro ser.

En todo caso, todas han sido decisiones acertadas; tomadas para proteger la salud pública, primando la vida sobre cualquier otro interés. Porque es indudable que la suspensión de estas fiestas ha supuesto un terrible impacto y trae muchas consecuencias negativas. En el caso de Pamplona, la cancelación de San Fermín ha supuesto la pérdida de unos 150 millones de euros, especialmente en el sector de la hostelería. Más que de una pérdida deberíamos hablar de una “no-ganancia”, pero tras permanecer los comercios y establecimientos hosteleros cerrados durante prácticamente todo el Estado de Alarma, esto ha supuesto un drama terrible. Muchísimos bares y restaurantes dependían de San Fermín para cuadrar cuentas y ahora lo van a tener muy complicado para continuar. Otro de los problemas asociados es la pérdida de crédito y fama internacional. De sobra es conocido que el furor hacia los Sanfermines desde todo el mundo se la debemos a Fiesta, primera novela de Ernest Hemingway, Pulitzer y Nobel de Literatura. El estadounidense fue el precursor y motivador de un personaje sin el cual no entendemos el San Fermín moderno: el guiri. Creo que España  ha quedado señalada ante el público internacional como un país que ha fallado estrepitosamente durante la pandemia. Sin embargo, hay una buena noticia, dura pero real: hay países que lo han hecho aún peor, entre ellos los lugares de procedencia por antonomasia del guiri medio. Sea como sea, el Consistorio se encuentra ante la titánica tarea de tratar de revertir los daños causados por los No-Sanfermines durante los próximos, que serán más bienvenidos que nunca.

Al igual que soy consciente de las terribles consecuencias de la cancelación, creo que ha sido también una oportunidad para pensar sobre nuestro modelo de fiesta, sobre las fiestas que tenemos y las que queremos. Desde su internacionalización, los Sanfermines han vivido un boom sin control, pasando de ser unas fiestas de una capital de provincia a ser visitadas por 1’5 millones de personas. Este descontrol ha traído las escenas a las que estamos, por desgracia, tan acostumbrados (como las borracheras sin control; los selfies en el encierro…),  y otras terribles a las que no tanto. Se están perdiendo tradiciones, o masificándose de tal manera que se hacen imposibles. Ya tuvo el Ayuntamiento que introducir control de aforo en el recorrido del encierro ante las masas de corredores, muchísimos inexpertos, que lo poblaban. Pamplona, sus Sanfermines, tienen mucho más que ofrecer. Creo que es el momento de revitalizar el origen de la fiesta. por eso choca tanto la actitud de ciertas peñas que recriminaron al alcalde que fuera a celebrarse la misa de San Fermín (con control de aforo y medidas sanitarias) cuando a ellos no les dejaban implementar un programa de fiestas populares. Es momento de centrarse en el origen de la fiesta y lo que se conmemora, en este caso el martirio de San Fermín. Lógicamente, entiendo que para mucha gente la misa no sea el acto central de nuestras fiestas, pero sí que es su origen, un símbolo. De cara al año que viene, la alcaldía debería organizar unos Sanfermines que vuelvan al origen, a la tradición. Qué bonito sería que se pudiera celebrar tras tantos años un Riau Riau con la Corporación, sin altercados sectarios. El coronavirus no ha hecho sino acelerar las tendencias ya presentes en nuestra sociedad: una crisis económica que ya se estaba gestando; la total implementación de internet en nuestras vidas; incluso ha mostrado las fallas de nuestro sistema de bienestar. Por ello, nos enfrentamos a una nueva época, unos nuevos Sanfermines en la época post covid.

Antes de finalizar, hay una crítica importante que hacer. Se entiende que tras el confinamiento se tengan ganas de fiesta, de disfrutar y de reír. Pero a pesar del comportamiento ejemplar de la inmensa mayoría de la población, aún se han visto imágenes que inclinan más aún a favor la balanza hacia lo necesario que fue la suspensión. Calles y plazas pequeñas abarrotadas de gente sin la más mínima medida de protección; discotecas y bares abiertos con personas emborrachándose pegados sin ver siquiera una mascarilla; grandes grupos de gente… Esto puede que lo paguemos todos muy caro en un momento de fuertes rebrotes en todo el país. Ya salió el primer foco en un tradicional almuerzo, a pesar de la buena iniciativa de muchos bares de sacrificarse y cerrar los días 6 y 7 de julio para no dar pie a contagios. Se le queda a uno la sensación de que precisamente los más fiesteros de este año son los que menos entienden la fiesta. Se ha emplazado a disfrutar y vivir los Sanfermines de 2021 como nunca. Pero no podremos olvidar cuando vuelva otra vez la fiesta a los centenares de navarros, especialmente ancianos, que han fallecido en la pandemia. Por la gente que nos enseñó de San Fermín que vivieron con ilusión y emoción durante tantos años. Los próximos hay que vivirlos por ellos.

Estos No-Sanfermines han sido un choque con la realidad. La realidad de cuánto necesitamos nuestras fiestas, interesantísimo fenómeno antropológico y sociológico; y la realidad de sus problemas y deficiencias. Es un momento perfecto para abrir un profundo debate en la sociedad navarra acerca de cómo son nuestras fiestas y cómo queremos que sean. En ningún caso vamos a salir más fuertes de esta situación, pero sí diferentes. Debemos trabajar desde toda la sociedad para que sea una diferencia positiva. Esta pandemia ha revelado a muchísimas personas una realidad, la de la muerte, que sólo puede ser superada por la vida. Vivamos, pues, los futuros sanfermines y mientras, ayudemos en el esfuerzo conjunto por celebrarlos.

Sinopsis de julio: los No-Sanfermines

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