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Deontología Biológica

III. Ética de la investigación biológica

Introducción: Ambivalencia de la técnica

N. López Moratalla

Las ciencias experimentales han aportado a los hombres un gran bien: conocimiento. Las ciencias de la naturaleza, junto con las que se suelen denominar "ciencias humanas", han proporcionado muchos datos acerca del hombre. Se puede afirmar que hoy sabemos mucho más acerca de nosotros mismos que hace unos años; pero al mismo tiempo habría que destacar también que hemos aprendido menos acerca de qué, o quién, es el hombre que a intervenir en su sustrato biológico.

Este aumento, cuantitativamente grandioso, de conocimientos nos ha traído paralelamente la responsabilidad, grave a veces, de saber hacer frente a las nuevas situaciones creadas por el desarrollo científico, en lo que pueden significar de amenaza al debido respeto a la dignidad humana y para la conservación de la naturaleza, del mundo del hombre.

Enfrentarse con estas nuevas situaciones que el desarrollo tecnológico ha planteado, encauzar éste para que sirva al hombre y no sea utilizado en contra de él, o para la destrucción del mundo natural, no es una actitud negativa. No debe representar un recorte del progreso y una búsqueda de frenos a la investigación por temor a la Ciencia. Ese hacer frente requiere la energía vital interior -energía moral- para buscar soluciones acordes con la verdad del hombre y de la naturaleza, aun cuando, a veces, esas soluciones puedan ser más costosas o difíciles que otras alternativas.

Se habla que actualmente existen una miseria más solapada que la del Tercer Mundo; es la miseria del llamado "Cuarto Mundo": la pobreza en valores humanos y la falta de resortes éticos de sociedades que, poseyendo medios y recursos en abundancia, conocimientos científicos y tecnologías disponibles, no muestran respeto hacia el hombre real y concreto, hacia cada hombre sea cual fuera su raza, edad, estado de salud, o capacidad de rendir. El inmenso poder de la Ciencia actual hace más urgente y necesario que los científicos sean poseedores de verdaderas convicciones morales para que su quehacer no excluya ni aleje al hombre de su mundo natural, ni lo diluyan en él, como un "objeto más a manipular".

El futuro de la Ciencia pasa siempre por la Ética: la creatividad científica está a salvo cuando el científico, porque tiene criterio ético, se enfrenta continua y honradamente con la pregunta acerca de la verdad: con el significado y el sentido propio de las realidades con las que trata.