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China, India y EEUU: el triángulo del desafío en el Indo-Pacífico

Primer encuentro de alto nivel EEUU-China de la era Biden, celebrado en Alaska el 18 de marzo de 2021 [Dpto. de Estado]

 

ENSAYO Ramón Barba

El presidente Joe Biden está construyendo con cautela su política para el Indo-Pacífico, buscando construir una alianza con India sobre la que construir un orden que contrarreste el auge chino. Tras su entrada en la Casa Blanca, Biden ha mantenido el foco de atención en esta región, aunque con un enfoque diferente al de la Administración Trump. Si bien es cierto que el objetivo principal sigue siendo contener a China y defender el libre comercio, Washington está optando por un acercamiento multilateral que otorga mayor protagonismo al QUAD[1] y cuida especialmente la relación con India. Como abanderada del mundo libre y de la democracia, la Administración Biden pretende renovar el liderazgo estadounidense en el mundo y particularmente en esta decisiva región. No obstante, aunque la relación con India se encuentra en un buen momento, especialmente teniendo en cuenta la firma del acuerdo BECA[2] alcanzado al final de la Administración Trump, la interacción entre ambos países está lejos de consolidar una alianza.

La nueva presidencia de Estados Unidos se encuentra con un puzle muy complicado de resolver en Indo-Pacífico, cuyos principales actores son China y la India. Por lo general, nos encontramos con que, de las tres potencias, solo Pekín ha sabido gestionar con éxito la situación post-pandemia[3], mientras que Delhi y Washington siguen enfrentando una crisis tanto sanitaria como económica. Todo ello puede afectar a la relación entre India y Estados Unidos, en especial en lo comercial[4], no obstante, y a pesar de que Biden aún no ha demostrado cuál va a ser su estrategia en la región, todo parece que la relación entre ambas potencias va a ir a más[5]. Sin embargo, a pesar de que Estados Unidos quiere llevar a cabo una política de alianzas multilateral y profundizar en su relación con la India, la Administración Biden deberá tener en cuenta diversas dificultades antes de poder hablar de una alianza como tal.

Biden comenzó a actuar en esta dirección desde el primer momento. En primer lugar estuvo en febrero la reunión del QUAD[6], que algunos consideran una mini OTAN[7] para Asia, en la que se discutieron cuestiones relativas a la distribución de la vacuna en Asia (pretendiendo distribuir un billón de dosis en 2022), la libertad de navegación en los mares de la región, la desnuclearización de Corea del Norte y la democracia en Myanmar. Además, el Reino Unido parece estar mostrando un interés mayor en la región y en este grupo de diálogo. Por otro lado, a mediados de marzo hubo una reunión en Alaska[8] entre las diplomacias de China y de Estados Unidos (encabezadas, respectivamente, por Yang Jiechi, director de la Comisión Central de Asuntos Exteriores, y Antony Blinken, secretario de Estado), en la cual ambos países se reprocharon duramente sus políticas. Washington se mantiene firme en sus intereses, aunque abierto a cierta colaboración con Pekín, mientras que China insiste en rechazar cualquier injerencia en lo que considera sus asuntos internos. Por último, cabe mencionar que Biden parece estar dispuesto a organizar una cumbre de democracias[9] en su primer año de mandato.

Tras los contactos que también hubo en Alaska entre los titulares de Defensa de China y de Estados Unidos, Austin Lloyd[10], jefe del Pentágono, visitó la India para remarcar la importancia de la cooperación indo-estadounidense. Además, a comienzos de abril se produjo la participación de Francia en las maniobras navales La Pérouse[11] en la Bahía de Bengala, dando lugar a la posibilidad de un QUAD-plus en el que, además de las cuatro potencias originales, se integren también otros países.

El Indo-Pacífico recordemos, se asienta como el presente y el futuro de las relaciones internacionales debido a su importancia económica (sus principales actores, India, China y EEUU representan el 45% del PIB mundial), demográfica (albergando un 65% de la población de todo el Globo) y, como veremos a lo largo del presente artículo, geopolítica[12].

Las relaciones entre EEUU, China e India

La Administración Biden parece ser continuista con la línea seguida por Trump, puesto que los objetivos no han variado. Lo que sí que cambia es el acercamiento hacia el objeto de la cuestión, que en este caso no es otro que la contención de China y la libertad de navegación en la región, ahora bien, en base a una gran apuesta por el multilateralismo. Como bien dijo el nuevo sucesor de George Washington en su toma de posesión[13], Estados Unidos quiere retomar su liderazgo, pero de una manera diferente a la de la Administración anterior; esto es, mediante una fuerte política de alianzas, un liderazgo moral y una fuerte defensa de valores como la dignidad, los derechos humanos y el Estado de Derecho.

La nueva presidencia concibe a China como un rival para tener en cuenta[14], al igual que la Administración Trump, pero no ve esto como un juego de suma cero, puesto que, aunque declara abiertamente estar en contra de la actuación de Xi, abre la puerta al diálogo[15] en materias como el cambio climático o la sanidad. Por lo general, en línea con lo visto en Nuevas tensiones en Asia Pacífico[16], Estados Unidos apuesta por un multilateralismo que busca rebajar la tensión. Recordemos que Estados Unidos propugna la defensa de la libre navegación y el Estado de Derecho, así como de la democracia en una región en la que está viendo mermada su influencia por el creciente peso de China.

Para entender bien el estado de las relaciones entre Estados Unidos, China e India cabe que remontarse a 2005[17], cuando todo parecía ir bien. En lo relativo a la relación sino-india, ambas naciones habían resuelto sus disputas motivo de los ensayos nucleares de 1998; además, su presencia en foros regionales era creciente y parecía que la cuestión relativa a las disputas transfronterizas comenzaba a arreglarse. Por su parte, Estados Unidos gozaba de buenas relaciones comerciales con ambos países. Sin embargo, el cambio de patrones en la economía mundial, motivado por el auge de China; la crisis financiera de 2008, surgida en Estados Unidos, y la inhabilidad de India para mantener la tasa de crecimiento rompieron este equilibrio. A ello contribuyó la actitud tirante de Donald Trump. No obstante, hay quien argumenta que la rotura del orden posterior a la Guerra Fría en Asia Pacífico comenzó con el “pivote hacia Asia”[18] de la Administración Obama. A ello hay que añadir los pequeños roces que China ha tenido con ambas naciones.

Brevemente, cabe mencionar que entre India y China existen problemas fronterizos[19] que a partir de 2013 se han ido reavivando. A su vez, India es contraria a la hegemonía china; no quiere verse subyugada por Pekín y apuesta claramente por el multilateralismo. Finalmente, existen problemas en lo relativo al dominio marítimo debido a que el Estrecho de Malaca está al límite de su capacidad. Además, Delhi reclama como suyas las islas Adaman y Nicobar, en la ruta de acceso a Malaca. Es más, como India ahora se encuentra muy por debajo del poder militar y económico de China[20] –roto el equilibrio que había entre las dos potencias en 1980–, intenta poner trabas a Pekín para así contenerle.

Estados Unidos mantiene roces de tipo ideológico con China, debido al carácter autoritario del régimen de Xi Jinping[21], y comercial, en una pugna[22] que Pekín pretende aprovechar para aminorar la influencia estadounidense en la zona. En medio de este conflicto está India, que apoya a Estados Unidos puesto que, aunque no parece querer estar del todo en contra de China[23], rechaza una hegemonía regional china[24].

Según el último informe del CEBR[25], China superará a Estados Unidos como potencia mundial en 2028, antes de lo previsto en proyecciones anteriores, en parte gracias a cómo ha gestionado la emergencia del coronavirus: ha sido el único gran país que tras la primera oleada ha evitado una crisis. Por otro lado, Estados Unidos ha perdido la batalla contra la pandemia; se espera que se crecimiento económico entre 2022-2024 sea del 1.9% del PIB y se reduzca al 1.6% en los siguientes ejercicios[26], mientras que China, según el informe estará entre 2021-2025 creciendo al 5.7%[27].

Para China la pandemia ha sido una forma de indicar su lugar en el mundo[28], una manera de avisar a Estados Unidos de que está lista para tomar el testigo como líder de la comunidad internacional. A ello cabe aunarle la actitud beligerante de China en la región de Asia Pacífico, así como su crecimiento hegemónico en la zona y proyectos comerciales con África y Europa. Todo ello ha llevado a desequilibrios en la región que implican los movimientos de Washington en lo relativo al QUAD. Recordemos que, a pesar de su rol menguante como potencia, a Estados Unidos le interesa la libertad de navegación por razones tanto comerciales como militares[29].

Así pues, el auge económico chino ha dado lugar a un empeoramiento de la relación entre Washington y Pekín[30]. Además, aunque Biden apuesta por la cooperación en lo relativo a la pandemia y al cambio climático, desde algunos sectores de la política americana se habla de una competición inevitable entre ambos países[31].

El grado de alianza entre EEUU e India

En línea con lo expuesto anteriormente podemos observar que nos movemos en tesituras delicadas, tras el cambio en la Casa Blanca. Enero y febrero han sido meses de pequeños movimientos por parte de Estados Unidos e India, que no han dejado indiferente a China. Aunque la relación chino-estadounidense ha beneficiado a ambas partes desde su inicio (1979)[32], creciendo el comercio entre ambos países en un 252% desde entonces, la realidad es que ahora los niveles de confianza están por los suelos, habiendo suspendido más de 100 mecanismos de diálogo entre ellos. Por lo tanto, aunque no se prevé un conflicto, sí que se pronostica un aumento de la tensión ya que, lejos de poder cooperar en amplios campos, por el momento solo parecen viables cooperaciones leves y limitadas. A su vez, recordemos que China se ve muy afectada por el Dilema de Malaca[33], por lo que busca otros accesos al Océano Índico, dando lugar a disputas territoriales con la India, con quien ya tiene el problema territorial de Ladakh[34]. En medio de esta Trampa de Tucídides[35], en la que China parece amenazar con superar a Estados Unidos, Washington se ha ido acercando a Nueva Delhi.

Por consiguiente, ambos países han ido desarrollando una colaboración estratégica[36], basada esencialmente en seguridad y defensa, pero que Estados Unidos busca ampliar a otras áreas. Bien es cierto que los problemas de Delhi están en el Índico y los de Washington en el Pacífico; sin embargo, ambos tienen a China[37] como denominador común. Su relación, además, se ve muy marcada por la ya expuesta “crisis tripartita”[38] (sanitaria, económica y geopolítica).

A pesar de la intensa cooperación entre Washington y Nueva Delhi, encontramos dos puntos de vista diferentes en lo relativo a este “partnership”. Mientras que desde Estados Unidos se afirma que India es un aliado muy importante, con el que comparte mismo sistema político y una intensa relación comercial[39], India prefiere una alianza menos estricta. Tradicionalmente, desde Delhi se ha transmitido una política de no alineamiento[40] en materias internacionales. De hecho, aunque India no quiere una supremacía China en el Indo-Pacífico, tampoco desea alinearse directamente contra Pekín, con quien comparte más de 3.000 km de frontera. No obstante, desde Delhi se ve muy necesaria la cooperación con Washington en materia de seguridad y defensa. De hecho, hay quien afirma que hoy la India necesita a EEUU más que nunca.

Si bien el pasado febrero, desde Washington se comenzó a revisar la Estrategia de Posición Global de Estados Unidos, todo apunta a que la Administración Biden continuará la línea de Trump en lo relativo a la colaboración con India como forma de contener a China. Sin embargo, aunque Washington habla de India como su aliado, por parte de Delhi hay ciertas reticencias, hablando pues de un alineamiento[41] más que de una alianza. Aunque la realidad que vivimos dista de la de la Guerra Fría[42], este nuevo containment[43] en el que se busca a Delhi como base, apoyo y estandarte, se ve materializado en lo siguiente:

i) Una intensa cooperación en materia de Seguridad y Defensa

Aquí existen distintos foros y acuerdos. En primer lugar, el ya mencionado QUAD[44]. Esta nueva alianza de cooperación multilateral que comenzó a gestarse en 2006[45] acordó en su reunión de marzo el desarrollo de su diplomacia de vacunas, con India como eje para así contrarrestar la exitosa campaña internacional llevada por Pekín en este campo. De hecho, hubo el compromiso de emplear 600 millones para repartir 1.000 millones de vacunas[46] en 2022. La idea es que Japón y EEUU financien la operación[47], mientras que Australia se encarga de la logística. No obstante, India apuesta por un mayor multilateralismo en el Indo-Pacífico, dando entrada a países como Inglaterra o Francia[48], que ya participaron en los últimos Diálogos de Raisina junto con el QUAD. A lo largo de la reunión también se trataron otros temas como la desnuclearización de Corea, la restauración democrática de Myanmar y el cambio climático[49].

India busca contener a China, pero sin provocar un enfrentamiento directo con China[50]. De hecho, Pekín ha dado a entender que de ir las cosas más allá, no solo India sabe jugar a la Realpolitk. Recordemos que Nueva Delhi va a presidir este año la reunión con los BRICS. Además, la Shanghai Cooperation Organization va a acoger ejercicios militares conjuntos de China y Pakistán, país de compleja relación con India.

Por otro lado, en su viaje de marzo a India, el jefe del Pentágono[51] trató con su homólogo Rajnath Singh sobre el incremento de la cooperación militar, así como de asuntos relacionados con la logística, el intercambio de información, posibles oportunidades de asistencia mutua y la defensa de la libre navegación. Lloyd afirmó no ver con malos ojos que Australia y Corea participen como miembros permanentes en los ejercicios Malabar. Desde 2008 el comercio en materia militar entre Delhi y Washington suma 21 billones de dólares[52]. Además, recientemente, se han gastado 3000 de dólares en drones y otro material aéreo para misiones de reconocimiento y vigilancia.

Una semana después esta reunión, dos barcos indios y uno estadounidense realizaron un ejercicio marítimo de tipo PASSEX[53] como forma de consolidar las sinergias e interoperabilidad alcanzadas en el ejercicio de Malabar del pasado noviembre.

En este contexto, cabe hacer una mención especial a la plataforma de diálogo 2+2 y al ya mencionado BECA (Acuerdo Básico de Intercambio y Cooperación para la cooperación en materia geoespacial). El primero, es un tipo de reunión en la que los titulares de Exteriores y Defensa de ambos países se reúnen cada dos años para tratar de temas que les sean de interés. La reunión más reciente tuvo lugar en octubre de 2020[54]. En ella no solo se acordó el BECA, sino que Estados Unidos se reafirmó en su apoyo a India en lo relativo a sus problemas territoriales con China. A su vez, también se firmaron otros memorándums de entendimiento sobre cuestiones de energía nuclear y climáticas.

El BECA, firmado en octubre de 2020 durante los últimos meses de la Administración Trump, facilita a India localizar mejor a enemigos, terroristas y otro tipo de amenazas que vengan desde tierra o desde mar. Con este acuerdo se pretende consolidar la amistad que hay entre ambos países, así como ayudar a India a superar tecnológicamente a China. En virtud de este acuerdo se concluye la “troika de pactos fundacionales” para una profunda cooperación en seguridad y defensa entre ambos países[55].

Antes de este acuerdo, en 2016 se firmó el LEMOA (Memorando de Acuerdo para el Intercambio de Logística), y en 2018 el COMCASA (Acuerdo de Compatibilidad y Seguridad de las Comunicaciones). El primero permite a ambos países acceso a las bases de cada uno para abastecimiento y reposición; el segundo permite a India recibir sistemas, información y comunicación encriptada para comunicarse con Estados Unidos. Ambos acuerdos afectan a los ejércitos de tierra, mar y aire[56].

ii) Unidos por la democracia

Desde Washington se pone especial énfasis en que ambas potencias son muy semejantes, puesto que comparten el mismo sistema político, y se destaca con cierta grandilocuencia que conforman la democracia más antigua y la más grande (por número de habitantes)[57]. Debido a que eso presupone compartir una serie de valores, Washington gusta hablar de “likeminded partners”[58].

Desde el think tank Brookings Institution, Tanvi Mandan defiende esta idea de ligazón ideológica. El mismo sistema de gobierno hace que ambos países se vean como aliados naturales, que piensan igual y que además creen en el valor del imperio de la ley. De hecho, en todo lo relativo a la extensión de la democracia por el globo, hay una fuerte cooperación entre ambas naciones: por ejemplo, apoyando la democracia en Afganistán o en Maldivas, lanzando la US-India Global Democracy Iniciative y dotando de asistencia legal y técnica en cuestiones democráticas a otros países. Finalmente cabe resaltar que la democracia y los valores que acarrea han facilitado el intercambio y flujo de personas de un país a otro. En cuanto a la relación económica entre ambos países se vuelve más viable, puesto que los dos son economías abiertas, comparten una lengua y su sistema jurídico tiene raigambre anglosajona.

iii) Creciente cooperación económica

Estados Unidos es el principal socio comercial de India, con quien tiene un importante superávit[59]. Los intercambios entre ambos han crecido un 10% anual a lo largo de la última década, y en 2019 fueron de 115.000 millones de dólares[60]. Alrededor de 2.000 empresas estadounidenses están instaladas en India, y unas 200 empresas indias se hallan en EEUU[61]. Entre ambos existe un Mini-Trade Deal, que se cree que será firmado en breve, y que tiene por objeto ahondar en esta relación económica. Con motivo de la pandemia, todo lo relativo al ámbito sanitario tiene un papel importante[62]. De hecho, a pesar de que ambos países han adoptado recientemente una actitud proteccionista, la idea es alcanzar 500.000 millones de dólares en comercio[63].

Divergencias, retos y oportunidades para India y EEUU en la región

Brevemente, entre los líderes de ambos países hay pequeños roces, oportunidades y retos a matizar para hacer de esta relación una fuerte alianza. Dentro de los puntos de conflicto, destacamos la compra desde India de misiles S-400 a Rusia, lo cual va en contra del CAATSA (Countering America’s Adversaries trhough Sanctions Act) [64], por lo que puede que India reciba una sanción, aunque en la reunión entre Sigh y Lloyd, este pareció pasar el tema por alto[65]. Sin embargo, cabe ver qué pasa una vez lleguen los misiles a Delhi. También existen pequeñas divergencias en lo relativo a libertad de expresión, seguridad y derechos civiles, y cómo relacionarse con países no democráticos[66]. Dentro de los retos que ambos países deben tener en cuenta, está la posible pérdida de apoyo en algunos sectores de la política estadounidense a la relación con India. Ello se debe a las actuaciones de India en Cachemira en agosto de 2019, la protección de la libertad religiosa y el trato a la disidencia. Por otro lado, en el caso contrario no ha faltado el debilitamiento de las normas democráticas, restricciones a la inmigración y violencia contra naturales de India[67].

En último lugar, recordemos que ambos se enfrentan a una profunda crisis sanitaria y por consiguiente económica, cuya resolución será determinante en relación con la competición con Pekín[68]. La crisis ha afectado a la relación bilateral puesto que, aunque el comercio en servicios se ha mantenido estable (alrededor de los 50.000 millones), el comercio de bienes decayó de 92.000 a 78.000 millones entre 2019 y 2020, aumentando el déficit comercial indio[69].

Para finalizar, cabe mencionar las oportunidades. En primer lugar, ambos países pueden desarrollar resiliencia democrática en el Indo-Pacífico así como en un orden internacional basado en normas[70]. En seguridad y defensa, también hay oportunidades como la entrada de Reino Unido y Francia como aliados en la zona, por ejemplo intentando que ambos países entren en el ejercicio de Malabar o que Francia presida el Indian Ocean Naval Simposium de 2022[71].  Aunque la tendencia a medio plazo es de cooperación entre Estados Unidos e India, la competencia con Rusia será una amenaza creciente[72], por lo que la cooperación entre Estados Unidos, India y Europa es muy importante.

También se abre la posibilidad de cooperación en mecanismos de MDA (Alerta del Entorno Marítimo) y ASW (Guerra Anti Submarina), en tanto que el Océano Índico reviste una importancia general para varios países debido al valor de sus rutas de transporte energético. Se abre la posibilidad de la cooperación mediante el uso de la Aeronave US P-8 “Poseidón”. A pesar de las disputas sobre el archipiélago de Chagos, India y Estados Unidos deberían aprovechar los acuerdos que tienen sobre islas como Andamán o Diego García para la realización de estas actividades[73]. Por lo tanto, India debería usar los organismos y grupos de trabajo regionales para cooperar con los países europeos y Estados Unidos[74].

Europa parece adquirir una creciente importancia debido a la posibilidad de entrar en el juego del Indo-Pacífico mediante el QUAD Plus. Los países europeos están muy a favor del multilateralismo, de la defensa de la libertad de navegación y del papel de las normas para regularla. Si bien es cierto que la UE ha firmado recientemente un tratado de comercio con China recientemente -el CAI-, incrementar la presencia europea en la región adquiere mayor importancia, puesto que el autoritarismo de Xi y sus actuaciones en Tíbet, Xinjiang, o el centro de China no son plato de buen gusto para los países europeos[75].

En último lugar, cabe recordar que hay algunas voces que hablan de un decaimiento o debilitamiento de la globalización[76], en especial tras la epidemia del coronavirus[77], por lo cual reavivar los intercambios multilaterales mediante la acción conjunta se convierte en un reto y en una oportunidad para ambos países. De hecho, se cree que a corto plazo las tendencias proteccionistas, al menos en el ámbito de la relación sino-india van a continuar, a pesar de la intensa cooperación económica[78].

Conclusión

El panorama geopolítico del Indo-Pacifico es cuanto menos complejo. El expansionismo chino choca con los intereses de la otra gran potencia regional, India, que si bien evita enfrentarse a Pekín ve con malos ojos la actuación de su vecino. En una apuesta por el multilateralismo, y con la mirada puesta en sus aguas regionales, amenazadas por el Dilema de Malaca, la India parece cooperar con Estados Unidos, pero aferrándose a los foros y grupos regionales para dejar clara su postura, mientras parece abrir la puerta a los países europeos, cuyo interés en la región va en aumento, a pesar del reciente tratado comercial firmado con China.

Por otro lado, también Estados Unidos se ve amenazado por el expansionismo chino y ve acercarse el momento del sorpasso económico de su rival, que la crisis del coronavirus pude haber adelantado incluso a 2028. En aras de evitar tal situación, la Administración Biden apuesta por el multilateralismo a nivel regional y ahonda en su relación con India, más allá de lo militar. Desde Washington parece haberse entendido que la hegemonía estadounidense en el Indo-Pacífico dista de ser real, al menos a medio plazo, por lo que solo cabe una actitud cooperativa e integradora. Por otro lado, en medio de este supuesto repliegue de la globalización, vemos cómo Washington junto con la India, y seguramente a medio plazo con Europa, hacen defensa de los valores occidentales que rigen en la esfera internacional, esto es, defensa de los derechos humanos, del estado de derecho y del valor de la democracia.

Estamos ante dos factores. Por un lado, India no quiere ver cómo se impone un orden de ningún tipo, ni americano ni chino, de ahí sus reticencias a enfrentarse directamente contra Pekín y su preferencia a expandir el QUAD. Por otro lado, Estados Unidos parece percibir encontrarse en un momento delicado, puesto que su competición con China va más allá de la mera sustitución de una potencia por otra. Washington no deja de ser una potencia tradicional que, para su presencia en el Indo-Pacífico, se ha servido sobre todo de poder militar, mientras que China ha basado la extensión de su influencia en el establecimiento de fuertes relaciones comerciales que van más allá de la lógica beligerante de la Guerra Fría. De ahí que Estados Unidos intente formar un frente con India y sus aliados europeos, que además vaya más allá de la cooperación militar.

 

REFERENCIAS 


[1] El QUAD (Quadrilateral Security Dialogue), es un grupo de diálogo formado por los Estados Unidos, India, Japón y Australia. Sus miembros comparten una visión común sobre la seguridad de la región Indo-Pacífico contraria a la de China; abogan por el multilateralismo y la libertad de navegación en la región.

[2] BECA (Basic Exchange and Cooperation Agreement). Tratado firmado por la India y Estados Unidos en octubre de 2019 para mejorar la seguridad en la región del Indo-Pacífico. Su objetivo es el intercambio de sistemas de seguimiento, localización e inteligencia.

[3]Chilamkuri Raja Mohan, "Trilateral Perspective". Chinawatch. Conecting Thinkers.. http://www.chinawatch.cn/a/202102/05/WS60349146a310acc46eb43e2d.html, (accedido el 5 de febrero de 2021),

[4] Tanvi Madan,”India and the Biden Administration: Consolidating and Rebalancing Ties,” en Tanvi Madan, India And The Biden Administration: Consolidating And Rebalancing Ties”,. German Marshal Found of the United States. https://www.gmfus.org/blog/2021/02/11/india-and-biden-administration-consolidating-and-rebalancing-ties, (accedido el 11 de febrero de 2021).

[5]Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, "Agenda 2021: A Blueprint For U.S.-Europe-India Cooperation”, US-India cooperation on Indo-Pacific Security. GMF India Trilateral Forum. Pag:1. https://www.gmfus.org/blog/2021/02/16/us-india-cooperation-indo-pacific-security , (accedido el 16 de febrero de 2021).

[6] “’QUAD’ Leaders Pledge New Cooperation on China, COVID-19, Climate”. Aljazeera.com. https://www.aljazeera.com/news/2021/3/12/quad-leaders-pledge-new-cooperation-on-china-covid-19-climate (accedido en marzo 2021)

[7] Mereyem Hafidi, "Biden Renueva La Alianza De ‘QUAD’ A Pesar De Las Presiones De Pekín". Atalayar. https://atalayar.com/content/biden-renueva-la-alianza-de-%E2%80%98QUAD%E2%80%99-pesar-de-las-presiones-de-pek%C3%ADn. (accedido en febrero de 2021)

[8] “`Grandstanding`: US, China trade rebukes in testy talks". Aljazeera. https://www.aljazeera.com/news/2021/3/19/us-china-top-diplomats-trade-rebukes-in-testy-first-talks (accedido, marzo 2021)

[9] Joseph R. Biden, “Why America Must Lead Again”. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2020-01-23/why-america-must-lead-again (accedido febrero, 2021).

[10] Maria Siow. "India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind". South China Morning Post. https://www.scmp.com/week-asia/politics/article/3126091/india-receives-us-defence-secretary-lloyd-austin-china-its-mind. (accedido, 19 de marzo de 2021)

[11] Seeram Chaulia, “France and sailing toward the ‘QUAD-plus’”. The New Indian Express. https://www.newindianexpress.com/opinions/2021/apr/06/france-and-sailing-toward-the-QUAD-plus-2286408.html  (accedido, 4 de abril, 2021)

[12] Juan Luis López Aranguren. “Indo-Pacífico: El nuevo orden sin China en el centro”. El Indo-Pacífico como nuevo eje geopolítico mundial. Global Affairs Journal. Pág.:2. https://www.unav.edu/web/global-affairs/detalle/-/blogs/indo-pacifico-el-nuevo-orden-sin-china-en-el-centro?_33_redirect=%2Fen%2Fweb%2Fglobal-affairs%2Fpublicaciones%2Finformes. (accedido, Abril 2021).

[13] Biden, "Remarks By President Biden On America's Place In The World | The White House"..

https://www.whitehouse.gov/briefing-room/speeches-remarks/2021/02/04/remarks-by-president-biden-on-americas-place-in-the-world/

[14] Íbid.

[15] Derek Grossman, "Biden's China Reset Is Already On The Ropes". Nikkei Asia. https://asia.nikkei.com/Opinion/Biden-s-China-reset-is-already-on-the-ropes. (accedido, 14 de marzo de 2021)

[16] Ramón Barba Castro, “Nuevas tensiones en Asia Pacífico en un escenario de cambio electoral”. Global Affairs and Strategic Studies. https://www.unav.edu/web/global-affairs/detalle/-/blogs/nuevas-tensiones-en-asia-pacifico-en-un-escenario-de-cambio-electoral-en-eeuu. (accedido, abril 2021)

[17] Sankaran Kalyanaraman, "Changing Pattern Of The China-India-US Triangle”. Manohar Parrikar Institute For Defence Studies And Analyses. https://www.idsa.in/idsacomments/changing-pattern-china-india-us-triangle-skalyanaram (accedido, marzo 2021)

[18] Pang Zhongying, "Indo-Pacific Era Needs US-China Cooperation, Not Great Power Conflict". South China Morning Post. https://www.scmp.com/comment/opinion/article/3125926/indo-pacific-needs-us-china-cooperation-not-conflict-QUAD (accedido el 19 de marzo de 2021)

[19] Sankaran Kalayanamaran, “Changing Pattern of the China-India-US Triangle”.

[20] Chilamkuri Raja Mohan, “Trilateral Perspective”.

[21] Joseph R. Biden, “Remarks By President Biden On America’s Place In The World

[22]Chilamkuri Raja Mohan, “Trilateral Perspective”.

[23] Maria Siow, “India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind”.

[24]Tanvi Madan, “India and the Biden Administration: Consolidating And Rebalancing Ties”.

[25] CEBR (Centre for Economics and Business Research), es una entidad dedicada al análisis y predicción económica de empresas y organizaciones. Enlace: https://cebr.com/about-cebr/ . Esta entidad elabora cada año un informe titulado World Economic League Table¸ en el que se analiza el posicionamiento en que tendrá cada país del Globo en lo relativo al estado de su economía. La última edición (World Economic League Table 2021), fue publicada el 26 de diciembre de 2020, este presenta una predicción del estado de la economía mundial en 2035, para así saber quienes serán las principales potencias económicas mundiales. (CEBR, “World Economic League Table 2021”. Centre for Economics and Business Research (12th edition), https://cebr.com/reports/world-economic-league-table-2021/ (accedido marzo 2021).

[26] Íbid., 231.

[27] Íbid., 71.

[28] Vijay Gokhale, “China Doesn’t Want a New World Order. It Wants This One”. The New York Times. https://www.nytimes.com/2020/06/04/opinion/china-america-united-nations.html. (accedido en abril de 2021)

[29] Mereyem Hafidi, “Biden renueva la Alianza de `QUAD` a pesar de las presiones de Pekín.

[30] Chilamkuri Raja Mohan, “Trilateral Perspective”.

[31] Íbid.

[32] Wang Huiyao, “More cooperation, less competition”. Chinawatch. Conecting Thinkers. http://www.chinawatch.cn/a/202102/05/WS6034913ba310acc46eb43e28.html. (accedido, marzo 2021).

[33] Chilamkuri Raja Mohan, “Trilateral Perspective”.

[34]Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, “US-India cooperation on Indo-Pacific Security”. Page 5.

[35] Chilamkuri Raja Mohan, “Trilateral Perspective”.

[36] Ibid.

[37]Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, “US-India cooperation on Indo-Pacific Security”. Page 5.

[38] Tanvi Madan, “India and the Biden Administration: Consolidating And Rebalancing Ties”

[39] Tanvi Madan, “Democracy and the US-India relationship”. Brookings. https://www.brookings.edu/articles/democracy-and-the-us-india-relationship/ . (accedido, marzo 2021)

[40] Maria Siow, “India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind”.

[41] Bilal Kuchay, “India, US sign key military deal, symbolizing closer ties”. Aljazeera. https://www.aljazeera.com/news/2020/11/2/india-us-military-deal. (accedido, marzo 2021)

[42] Wang Huiyao, “More cooperation, less competition”

[43] Alex Lo, “India-the democratic economic giant that disappoints”. South China Morning Post. https://www.scmp.com/comment/opinion/article/3126342/india-democratic-economic-giant-disappoints. (accedido, 21 de marzo de 2021)

[44] Simone McCarthy, “QUAD summit: US, India, Australia and Japan counter China’s ‘vaccine diplomacy’ with pledge to distribute a billion doses across Indo-Pacific”. South China Morning Post. https://www.scmp.com/news/china/diplomacy/article/3125344/QUAD-summit-us-india-australia-and-japan-counter-chinas. (accedido, 13 de marzo de 2021)

[45]Mereyem Hafidi, “Biden renueva la Alianza de `QUAD` a pesar de las presiones de Pekín.

[46] Simone McCarthy, “QUAD summit: US, India, Australia and Japan counter China’s ‘vaccine diplomacy’ with pledge to distribute a billion doses across Indo-Pacific”.

[47] Aljazeera, “’QUAD’ leaders pledge new cooperation on China, COVID-19, climate”.

[48]Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, “US-India cooperation on Indo-Pacific Security”. Page 2.

[49]Simone McCarthy, “QUAD summit: US, India, Australia and Japan counter China’s ‘vaccine diplomacy’ with pledge to distribute a billion doses across Indo-Pacific”.

[50] Maria Siow, “India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind”.

[51] “US defense secretary Lloyd Austin says US considers India to be a great partner”. Hindustan Times. https://www.hindustantimes.com/india-news/us-defense-secretary-lloyd-austin-says-us-considers-india-to-be-a-great-partner-101616317189411.html. (accedido, 21 de marzo de 2021)

[52] Maria Siow, “India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind”.

[53] El término PASSEX es una abreviatura propia de la jerga militar inglesa, viene de Passing Exercise. Este, consiste en aprovechar  que una unidad de marines pasa por una zona determinada para ahondar en la cooperación militar del ejército de esa zona por la que se está pasando. Como ejemplo encontramos la noticia citada en el presente artículo: “India, US begin two-day naval exercise in eastern Indian Ocean región”. The Economic Times. https://economictimes.indiatimes.com/news/defence/india-us-begin-two-day-naval-exercise-in-eastern-indian-ocean-region/articleshow/81735782.cms (accedido, 28 de marzo de 2021)

[54] Annath Krishnan, Dinakar Peri, Kallol Bhattacherjee; India-U.S. 2+2 dialogue: U.S. to support India’s defence of territory. The Hindu. https://www.thehindu.com/news/national/india-us-22-dialogue-rajnath-singh-raises-chinas-action-in-ladakh/article32955117.ece. (consultado, marzo 2021)

[55] Maria Siow, “India Receives US Defence Secretary With China On Its Mind”.

[56] Ibid.

[57] Tanvi Madan, “Democracy and the US-India relationship”

[58] Hindustan Times, “US defense secretary Lloyd Austin says US considers India to be a great partner”.

[59] “Committed to achieving goal of $500 bn in bilateral trade with US: Ambassador Sandhu”.The Economic Times. https://economictimes.indiatimes.com/news/economy/foreign-trade/committed-to-achieving-goal-of-500-bn-in-bilateral-trade-with-us-ambassador-sandhu/articleshow/80878316.cms. (accedido, marzo 2021).

[60] Joe C. Mathew, “India-US mini trade deal: Low duty on medical devices; pact in final stages”. Business Today. https://www.businesstoday.in/current/economy-politics/india-us-mini-trade-deal-low-duty-on-medical-devices-pact-in-final-stages/story/413669.html. (Accedido, marzo de 2021)

[61] Economic Times, “Commited to achieving goal of $500 bn in bilateral trade with US: Ambassador Sandhu”.

[62] Joe C. Mathew, “India-US mini trade deal: Low duty on medical devices; pact in final stages”.

[63] Economic Times, “Commited to achieving goal of $500 bn in bilateral trade with US: Ambassador Sandhu”.

[64] Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, “US-India cooperation on Indo-Pacific Security”. Page 2.

[65] “Hindustan Times “US defense secretary Lloyd Austin says US considers India to be a great partner”.

[66]  Tanvi Madan, “Democracy and the US-India relationship”.

[67] Ibid.

[68] Tanvi Madan, “India and the Biden Administration: Consolidating and Rebalancing Ties”.

[69] Economic Times, “Commited to achieving goal of $500 bn in bilateral trade with US: Ambassador Sandhu”.

[70] Tanvi Madan, “Democracy and the US-India relationship”.

[71] Darshana Baruah, Frédéric Grére, y Nilanthi Samaranayake, “US-India cooperation on Indo-Pacific Security”. Page3.

[72] IBIDEM pag.3

[73] IBIDEM. Pag. 6

[74] IBIDEM. Pag. 7

[75] Seeram Chaulia, “France and sailing toward the ‘QUAD-plus’”. The New Indian Express

[76] Elisabeth Mearns, Gary Parkinson; “With a pandemic, populism and protectionism, have we passed peak globalization?”. China Global Television Network. https://newseu.cgtn.com/news/2020-05-28/With-a-pandemic-populism-and-protectionism-has-globalization-peaked--QOQMPg3ABO/index.html. (accedido, abril 2021).

[77] Abraham Newman, Henry Farrel; “The New Age of Protectionism”. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/articles/europe/2021-04-05/new-age-protectionism. (accedido el 5 de abril de 2021)

[78] Economic Times, “Commited to achieving goal of $500 bn in bilateral trade with US: Ambassador Sandhu”.

 

 

El dilema Indo-Pacífico de la ASEAN

Fortificación china en pequeñas islas disputadas [imágenes satelitales del CSIS]

JOURNALFernando Delage

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INTRODUCCIÓN

La idea del “Indo-Pacífico” ha irrumpido con fuerza en la discusión sobre las relaciones internacionales en Asia. Desde hace algo más de una década, distintos gobiernos han recurrido al término como marco de referencia en el que formulan su política exterior hacia la región. Si el entonces primer ministro japonés Shinzo Abe comenzó a popularizar la expresión en 2007, Australia la asumió formalmente en su Libro Blanco de Defensa de 2013; año en el que también el gobierno indio recurrió al concepto para definir el entorno regional. Como secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton utilizó igualmente el término en 2010, aunque fue a partir de finales de 2017, bajo la administración Trump, cuando se convirtió en la denominación oficial de la región empleada por Washington.

Aunque relacionadas entre sí, “Indo-Pacífico” tiene dos diferentes connotaciones. Representa, por un lado, una reconceptualización geográfica de Asia; un reajuste del mapa del continente como consecuencia de la creciente interacción entre ambos océanos y del ascenso simultáneo de China e India. La idea aparece vinculada, por otra parte, a una estrategia diseñada como respuesta al ascenso de China, cuyo instrumento más visible es el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), un grupo informal integrado por Estados Unidos, Japón, India y Australia. Éste es el motivo de que Pekín desconfíe del término y prefiera seguir utilizando “Asia-Pacífico” para describir su vecindad, aunque sus acciones también respondan a esta nueva perspectiva: como ha señalado el analista australiano Rory Medcalf, la Ruta Marítima de la Seda no es sino “el Indo-Pacífico con características chinas”.

El protagonismo de las grandes potencias en el origen y uso de la expresión parece haber relegado el papel de la ASEAN y sus Estados miembros. Pese a su menor peso económico y militar, no carecen sin embargo de relevancia. Además de estar ubicada en la intersección de los dos océanos —el sureste asiático constituye, de hecho, el centro del Indo-Pacífico—, las disputas en torno al mar de China Meridional sitúan a la subregión en medio de la rivalidad entre China y Estados Unidos. Mientras la primera extiende su influencia a través de su diplomacia económica a la vez que inquieta a los Estados vecinos por sus reclamaciones marítimas, la administración Trump optó por oponerse de manera directa a ese mayor poder económico y militar chino. La ASEAN no quiere verse atrapada en la confrontación entre Washington y Pekín, ni tampoco marginada en la reconfiguración en curso de la estructura regional. Sus Estados miembros quieren beneficiarse de las oportunidades para su desarrollo que les proporciona China, pero también quieren contar con un apoyo externo que actúe como contrapeso estratégico de la República Popular. Aunque estas circunstancias explican sus reservas sobre un concepto que pone en riesgo su cohesión e identidad como organización, la ASEAN terminó adoptando en 2019 su propia “Perspectiva sobre el Indo-Pacífico”, un documento oficial que revela sus esfuerzos por mantener su independencia.

El Indo-Pacífico como nuevo eje geopolítico global

Mapa del área de competencia del Comando para el Indo-Pacífico del Pentágono estadounidense [USINDOPACOM]

JOURNALJuan Luis López Aranguren

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INTRODUCCIÓN

El cambio tectónico internacional que se está produciendo con la cristalización del Indo-Pacífico como uno de los principales ejes globales no es algo que pasase desapercibido a los internacionalistas de los últimos 150 años. Ya a finales del siglo XIX, el historiador y estratega naval Alfred Thayer Mahan predijo que “quien domine el Océano Índico dominará Asia y el destino del mundo se decidirá en sus aguas”. Tiempo después, en 1924, Karl Haushofer predijo la llegada de lo que llamó “la Era del Pacífico”. Posteriormente, Henry Kissinger afirmó que uno de los cambios más drásticos a nivel global que se producirían en este siglo sería el desplazamiento del centro de gravedad de las relaciones internacionales del Atlántico al Índico y Pacífico. Y fue en los ochenta, durante la mítica reunión entre Deng Xiaoping y el primer ministro indio Rajiv Gandhi, cuando se produjo la declaración por parte de Deng indicando que sólo cuando China, India y otras naciones vecinas colaboren se podría hablar de un “siglo de Asia-Pacífico”.

En cualquier caso, la experiencia histórica indica que la unidad y la colaboración entre diferentes estructuras sociales (sean estas naciones, ideologías o civilizaciones) pueden coexistir con relaciones competitivas entre ellas provocando que el escenario donde interactúan y rivalizan se convierta en uno de los ejes geopolíticos del planeta. El Mediterráneo fue el punto de unión, comunicación y comercio de las culturas clásicas a las que regaban sus aguas durante milenios, pero también un espacio de competición diplomática y lucha por recursos, influencia y expansión de colonias, tal y como describió Tucídides en su Guerra del Peloponeso. De la misma forma, desde el siglo XV, el Atlántico también fue el campo de competición estratégica en la proyección progresiva de las ballenas o potencias marítimas europeas hacia América y África occidental, solapándose las dimensiones política, económica, religiosa y cultural. Y el siglo XVIII fue testigo del intenso conflicto desatado en el océano Índico entre Francia, Reino Unido y el Imperio maratha indio por el control de sus aguas y sus costas.

En última instancia, los mares y los océanos son el vector que permite a las potencias terrestres expandirse y proyectar su poder fuerte o blando más allá de las limitaciones de su ámbito territorial. El mar se convierte así en el ámbito donde el árbol de posibilidades de las naciones se maximiza. Ya lo explicó Ian Morris destacando que la razón por la que Europa se había convertido a partir del siglo XV en un poder global, expandiendo su civilización por todo el planeta, era precisamente que Europa era una península de penínsulas, y esto ofrecía un fácil acceso al mar a cualquier idea, producto, fuerza militar y revolución que se quisiera exportar e importar. El mar ha sido, por lo tanto, un acelerador de la evolución social en aquellas civilizaciones que contaban con la ventaja estratégica de un fácil acceso al mismo. Por ello, el planteamiento de la futura evolución de las dinámicas globales desde una perspectiva marítima en lugar de terrestre puede resultar más práctico a la hora de definir los futuros escenarios posibles. Esto nos lleva a la conclusión de que quizá resulta más adecuado hablar de una Era del Indo-Pacífico antes que de un siglo terrestre asiático, ya que estos océanos se asemejan a un lienzo donde los poderes antiguos y nuevos, regionales y globales, colectivistas e individualistas, se disputan la proyección de sus intereses, sus esferas de influencias y sus identidades, hasta lograr un alcance global.

Estados Unidos y Australia ante la emergencia de China como gran potencia

Xi y Trump durante la única visita del presidente estadounidense a China, en 2017 [Casa Blanca]

JOURNALFlorentino Portero

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INTRODUCCIÓN

Occidente admiró a Deng Xiaoping y comprendió que China, el imperio milenario, comenzaba una nueva etapa que habría que seguir con detenimiento, pues fuera cual fuera el camino finalmente elegido la China resultante determinaría la evolución del planeta en su conjunto.

El Imperio del Centro no había sabido o querido entender la dimensión histórica de la I Revolución Industrial y con ello se adentró en un callejón sin más salida que la humillación internacional y el fin de su régimen político. Japón vivió circunstancias semejantes, pero supo reaccionar. Gracias a la Revolución Meiji cambió su estrategia y trató de comprender y adaptarse a las nuevas circunstancias. China acabaría sufriendo la invasión japonesa de Manchuria y la imposición de condiciones humillantes por parte de las potencias occidentales. Finalmente, el Imperio fue derribado, dando paso a una guerra civil que se complicaría con la II Guerra Mundial y el intento japonés de imponerse como potencia de referencia en Extremo Oriente. En aquel complejo proceso de descomposición y reconstrucción de una cultura política profundamente enraizada, China perdió la oportunidad de entender y sumarse a la II Revolución Industrial.

El triunfo del Partido Comunista chino en la guerra civil puso fin al proceso de descomposición y dio paso a un nuevo período de su historia. De nuevo se imponía en Beijing un poder fuerte, en este caso totalitario, que reconstruyó y dotó de gran energía al estado. Los nuevos gobernantes, con Mao Zedong a la cabeza, trataron de imponer una cultura ajena, trasformando muchos de los elementos característicos del antiguo Imperio. Fue aquel un gran intento de ingeniería social, que abocó a una generalizada pérdida de libertad y pobreza, mientras la corrupción empapaba las distintas capas del partido. China había vuelto, estaba dotada de un estado fuerte y de un liderazgo cohesionado y dispuesto a asumir grandes responsabilidades. Sin embargo, la ideología se impuso al realismo y China perdió la III Revolución Industrial, privando a su pueblo de bienestar y a su economía de un modelo de desarrollo viable.

FOIP: Una iniciativa japonesa de política exterior para la cooperación global

Mapa de la visión japonesa de Pacífico Libre y Abierto [MoFA]

JOURNALCarmen Tirado Robles

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INTRODUCCIÓN

Se dice que el concepto de Indo-Pacífico libre y abierto (FOIP) se remonta al artículo del oficial naval indio Capitán Gurpreet Khurana, quien escribió por primera vez sobre este concepto geopolítico a principios de 2007, en un documento titulado “Security of Sea Lines: Prospects for India-Japan Cooperation”. En aquel entonces, el Indo-Pacífico libre y abierto era principalmente un concepto geográfico que describía el espacio marítimo que se extendía desde los litorales de África oriental y Asia occidental, a través del Océano Índico y el Océano Pacífico occidental hasta las costas de Asia oriental. En la misma época el primer ministro japonés Shinzo Abe presentaba su plan de política exterior cimentada en valores democráticos a partir de la cual proponía “I will engage in strategic dialogues at the leader’s level with countries that share fundamental values such as Australia and India, with a view to widening the circle of free societies in Asia as well as in the world”, lo que unido a la consolidación de las relaciones con Estados Unidos (“The times demanded that Japan shift to proactive diplomacy based on new thinking. I will demonstrate the ‘Japan-U.S. Alliance for Asia and the World’ even further, and to promote diplomacy that will actively contribute to stalwart solidarity in Asia”), crea el concepto de Cuadrilátero o Quad, en contraposición con una visión sino-céntrica de Asia.

La idea del Quad se une al FOIP cuando Abe, en agosto de 2007, en su discurso ante el Parlamento de India, se basó en la “Confluencia de los océanos Índico y Pacífico” y “el acoplamiento dinámico como mares de libertad y prosperidad” de la región geográfica más grande de Asia y más tarde, ya en su segundo mandato, presentó en la VI Conferencia de Tokio sobre Desarrollo de África, que tuvo lugar en Nairobi (Kenia) el 27 de agosto de 2016 (TICAD VI), el nuevo marco geopolítico del Indo-Pacífico.

Una nueva visión geopolítica de Asia

[Rory Medcalf, Indo-Pacific Empire. China and the Contest for the World’s Pivotal Region (Manchester: Manchester University Press, 2020) 310 págs.]

RESEÑASalvador Sánchez Tapia

En 2016, el primer ministro Abe de Japón y su homólogo indio, Narendra Modi, realizaron un viaje en el tren bala que une Tokio con Kobe para visualizar el nacimiento de una nueva era de cooperación bilateral. Sobre la base de esta anécdota, Rory Medcalf propone al lector una reconceptualización de la región más dinámica del globo que deje atrás la que, por mor del influjo norteamericano, ha predominado por algún tiempo bajo la denominación “Asia-Pacífico”, y que no refleja una realidad geopolítica más amplia.

El título de la obra es un tanto engañoso, pues parece aludir a un eventual dominio mundial ejercido desde la región indo-pacífica, y a la lucha de China y Estados Unidos por el mismo. No es esto lo que el libro ofrece.

Para Medcalf, un australiano que ha dedicado muchos años a trabajar en el servicio exterior de su país, “Indo-Pacífico” es un concepto geopolítico alternativo que engloba a una amplia región eminentemente marítima que comprende los océanos Pacífico e Índico, por los cuales circula la mayor parte del comercio marítimo global, así como los territorios costeros conectados por ambos mares. En el centro de este inmenso y diverso espacio se encuentran, actuando como una suerte de bisagra vertebradora, Australia, y la zona del sureste asiático que comprende el Estrecho de Malaca, vital paso marítimo.

El enfoque geopolítico propuesto sirve de argumento para articular una respuesta regional al creciente y cada vez más amenazador poder de China, que no pase por la confrontación o la capitulación sumisa. En palabras del autor, es un intento, hecho desde un punto de vista liberal, para contrarrestar los deseos de China de capitalizar la región en su favor.

En este sentido, la propuesta de Medcalf pasa por que las potencias medias de la región –India, Australia, Japón, Corea, Indonesia, Vietnam, etc.– logren una mayor coordinación para dibujar un futuro que tenga en cuenta los legítimos intereses de China, pero en el que estas potencias equilibren de forma eficaz el poder de Beijing. Se trata de que el futuro de la región esté diseñado con China, pero no sea impuesto por China. Tampoco por Estados Unidos al que, no obstante, se reconoce como actor clave en la región, y con cuyo apoyo el autor cuenta para dar cuerpo a la idea.

El argumento del libro sigue un guion cronológico en el que aparecen tres partes claramente diferenciadas: pasado, presente y futuro. La primera de ellas expone las razones históricas que justifican la consideración de la indo-pacífica como una región con entidad propia, y muestra las deficiencias de la visión “Asia-Pacífico”.

El bloque referido al presente es de índole descriptiva y hace una breve presentación de los principales actores del escenario indo-pacífico, del creciente poder militar chino, y de cómo China lo está empleando para retornar, en una reminiscencia de la época del navegante chino Zheng He, al Océano Índico, convertido ahora en arena de confrontación geoeconómica y geopolítica, así como en pieza clave del crecimiento económico chino como ruta por la que navegan los recursos que el país necesita, y como en parte marítima del proyecto global de la nueva Ruta de la Seda.

En lo tocante al futuro, Medcalf ofrece su propuesta para la región, basada en un esquema geopolítico en el que Australia, naturalmente, ocupa un lugar central. En una escala que va desde la cooperación hasta el conflicto, pasando por la coexistencia, la competición y la confrontación, el autor hace una apuesta por la coexistencia de los actores del tablero indo-pacífico con China, y plantea acciones en las tres áreas de la promoción del desarrollo en los países más vulnerables a la influencia –extorsión, en algunos casos– china; de la disuasión, en la que Estados Unidos continuará jugando un papel central, pero que no puede estar basada exclusivamente en su poder nuclear, sino en el crecimiento de las capacidades militares de los países de la región; y de la diplomacia, ejercida a varios niveles –bilateral, multilateral, y “minilateral”– para generar confianza mutua y establecer normas que eviten una escalada hacia la confrontación e, incluso, el conflicto.

Estos tres instrumentos deben venir acompañados de la práctica de dos principios: solidaridad y resiliencia. Por el primero se busca una mayor capacidad para gestionar el ascenso de China de una forma que promueva un balance entre el equilibrio de poder y el acercamiento, evitando los extremos de la contención y el acomodo a los designios del gigante. Por el segundo, los estados de la región se hacen más resistentes al poder de China y más capaces de recuperarse de sus efectos negativos.

No cabe duda de que este enfoque geopolítico, que sigue la estela abierta por Japón con su política “Indo-Pacífico Libre y Abierto”, está hecho desde una perspectiva netamente australiana y de que, de forma consciente o no, realza el papel de esta nación-continente, y sirve a sus intereses particulares de definir su lugar en el mundo y de mantener un entorno seguro y estable frente a una China que contempla de una forma cada vez más amenazadora.

Aún reconociendo esta motivación, que no deja de ser consecuencia lógica de la aplicación de los viejos conceptos del realismo, la visión propuesta no carece de méritos. Para empezar, permite conceptualizar a China de una forma que captura el interés por el Índico como algo integral a la visión que de sí misma tiene respecto a su relación con el mundo. Por otra parte, sirve como llamada de atención, tanto a las numerosas potencias medias asiáticas como a los pequeños estados insulares del Pacífico, sobre la amenaza china, ofreciendo el maná de una alternativa diferente al conflicto o a la sumisión acrítica al gigante chino. Finalmente, incorpora –al menos conceptualmente– a Estados Unidos, junto con India y Japón, a un esfuerzo multinacional capaz, por el peso económico y demográfico de los participantes, de equilibrar el poder de China.

Si la intención del concepto es la de fomentar en la región la conciencia de la necesidad de componer un equilibrio al poder de China, entonces puede argumentarse que la propuesta, excesivamente centrada en Australia, omite por completo la dimensión terrestre china, y la conveniencia de incorporar a ese balance a otras potencias medias regionales que, aunque no se cuenten entre las marítimas, comparten con ellas el temor al creciente poder de China. De forma similar, y aunque pueda pensarse que las naciones ribereñas de África y América forman parte integral de la entidad definida por las cuencas indo-pacíficas, éstas están conspicuamente ausentes del diseño geopolítico, a excepción de Estados Unidos y Rusia. Las referencias a África son muy escasas; América Central y del Sur están, simplemente, innombradas.

Se trata, en definitiva, de una interesante obra que aborda una importante cuestión de alcance global desde una óptica novedosa, realista y ponderada, sin caer en escenarios catastrofistas, sino abriendo una puerta a un futuro algo esperanzador en el que una China dominante pero cuyo poder, así se argumenta, podría haber ya alcanzado su pico máximo, pueda dar lugar al florecimiento de un espacio compartido en el corazón de un mundo reconectado de una forma que los antiguos navegantes no habían podido ni siquiera imaginar.

Nuevas tensiones en Asia Pacífico en un escenario de cambio electoral en EEUU

La Administración Trump concluye su gestión de modo asertivo en la región y pasa el testigo a la Administración Biden, que parece apostar por el multilateralismo y la cooperación

Con el mundo parado a causa del Covid-19, el gigante asiático ha aprovechado para reanudar toda una serie de operaciones con el objetivo de expandir su control sobre los territorios aledaños a su línea de costa. Tales actividades no han dejado indiferente a Estados Unidos, que a pesar de su compleja situación interna ha tomado cartas en el asunto. Con las visitas de Mike Pompeo a lo largo de Asia Pacífico, la potencia norteamericana acrecienta el proceso de contención de Pekín, materializado en una cuádruple alianza entre Estados Unidos, Japón, India y Australia. El nuevo ejecutivo que la Casa Blanca estrenará en enero podrá implicar una renovación del actuar estadounidense que, sin romper con la Administración Trump, recupere el espíritu de la Administración Obama, esto es guiados por una mayor cooperación con los países de Asia Pacífico y apuesta por el diálogo.

Pista aérea instalada por China en la isla Thitu o Pagasa, la segunda mayor de las Spratly, cuya administración hacía sido reconocida internacionalmente para Filipinas [Eugenio Bito-onon Jr]

▲ Pista aérea instalada por China en la isla Thitu o Pagasa, la segunda mayor de las Spratly, cuya administración hacía sido reconocida internacionalmente para Filipinas [Eugenio Bito-onon Jr]

ARTÍCULORamón Barba

Durante la pandemia, Pekín ha aprovechado para reanudar sus actuaciones sobre las aguas de Asia Pacífico. A mediados de abril, China procedió a designar terrenos de las islas Spratly, el archipiélago de Paracel y el banco Macclesfield, como nuevos distritos de la ciudad de Sansha, población de la isla china de Hainan. Esa adscripción administrativa causó la subsiguiente protesta de Filipinas y Vietnam, quienes reclaman la soberanía de esos espacios. La actitud de Pekín ha venido aparejada de incursiones y sabotajes a los barcos de la zona. Véase el hundimiento de un pesquero vietnamita, cosa que China desmiente argumentando que había sufrido un accidente y que estaba llevando a cabo actividades ilegales.

Las actuaciones China desde el verano han ido aumentando la inestabilidad en la región mediante ejercicios militares cerca de Taiwán o enfrentamientos con la India debido a sus problemas fronterizos; por otro lado, a la oposición filipina y vietnamita hacia los movimientos chinos cabe aunar la creciente tensión con Australia después de que este país pidiera que se investigara el origen del COVID-19, y el incremento de las tensiones marítimas con Japón. Todo ello ha llevado a una respuesta por parte de Estados Unidos, quien se postula como defensor de la libre navegación en Asia Pacífico justificando así su presencia militar, haciendo énfasis en que la República Popular China no está a favor de ese libre tránsito, ni de la democracia ni del imperio de la ley.

EEUU mueve ficha

Las tensiones entre China y Estados Unidos con relación a la presente disputa han ido in crescendo durante todo el verano, incrementando ambos su presencia militar en la zona (además, Washington ha sancionado a 24 empresas chinas que han ayudado a militarizar el área). Todo ello se ha traducido recientemente en las visitas llevadas a cabo por el secretario de Estado Mike Pompeo a Asia Pacífico a lo largo del mes de octubre. Previamente a esta ronda de visitas, este había hecho declaraciones en septiembre en el Cumbre Virtual de ASEAN instando a los países de la región a limitar sus relaciones con China.

La disputa por tales aguas afecta a Vietnam, Filipinas, Taiwán, Brunéi y Malasia, países que, junto con India y Japón, fueron visitados por Pompeo (entre otros) con el objeto de asegurar un mayor control sobre la actuación de Pekín. Durante su gira, el secretario de Estado norteamericano se reunió con los ministros de Asuntos Exteriores de India, Australia y Japón para unir fuerzas contra el gigante asiático. Seguidamente, Washington firmó en Nueva Delhi un acuerdo militar de intercambio de datos satelitales para rastrear mejor los movimientos chinos en la zona, y realizó una visita de estado a Indonesia. Recordemos que Yakarta se caracterizaba hasta el momento por una creciente amistad con Pekín y un empeoramiento de la relación con Estados Unidos con motivo de un decremento en las ayudas del programa Generalized System of Preferences (GSP). No obstante, durante la visita de Pompeo, ambos países acordaron una mejora de sus relaciones mediante una mayor cooperación en lo regional, contratación militar, inteligencia, entrenamientos conjuntos y seguridad marítima.

Por ende, este movimiento de ficha por parte de Washington ha implicado:

  • La consolidación de una cuádruple alianza entre India, Japón, Australia y Estados Unidos que se ha visto materializada en los ejercicios militares conjuntos en la Bahía de Bengala a principios de noviembre. Cabe recordar que esto se suma a los aliados tradicionales de Washington en la zona (Filipinas, Singapur y Tailandia). Además, queda abierta la posibilidad de una mayor unión con Vietnam.

  • La ampliación de su presencia militar en la zona, aumentando el flujo de material vendido a Taiwán destacando también las visitas de altos funcionarios de Washington a lo largo de julio y los meses siguientes.

  • Retorno del destructor USS Barry a las aguas del Mar del Sur de China con el objetivo de servir como símbolo de oposición a la actuación china, y como defensor de la libertad de navegación, la paz y la estabilidad.

  • Indonesia moverá su Fuerza de Combate Naval (permanentemente asentada en Yakarta) a Natuna, islas fronterizas con el Mar del Sur de China, ricas en recursos naturales y disputadas entre ambos países.

  • ASEAN se posiciona como defensor de la paz y estabilidad y a favor del UNCLOS 1982 (el cual establece el marco legal que rige para el derecho del mar) durante la cumbre celebrada en Vietnam entre el 12-15 de noviembre.

La ratio decidendi detrás de la actuación china

Como primer acercamiento a la ratio decidendi que hay detrás de la actuación china, cabe recordar que desde 2012, aprovechando la inestabilidad regional, el gigante asiático aludía a su derecho histórico sobre  los territorios del mar Meridional para justificar sus actuaciones, argumentos desestimados en 2016 por la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya. En base al argumento de que, en su día, pescadores chinos frecuentaban la zona, se pretendía justificar la apropiación de más del 80% del territorio, confrontando desde entonces a Pekín con Manila.

Por otro lado Luis Lalinde, en su artículo China y la importancia de dominar el Mar Circundante (2017) da una visión más completa del asunto, aludiendo no solo a motivos históricos, sino también a razones económicas y geopolíticas. En primer lugar, más de la mitad de los hidrocarburos de los que se abastece China transitan por la región de Asia Pacífico, la cual constituye a su vez el principal polo económico mundial. A ello cabe aunarle que Pekín se ha visto muy marcado por el “siglo de las humillaciones”, caracterizado por una falta de control de los chinos sobre su territorio con motivo de invasiones de origen marítimo. Por último, el dominio de los mares junto con el ya alcanzado peso continental, son vitales para la proyección hegemónica de China en un área de cada vez mayor peso económico a nivel mundial. Por ello se establece el denominado “collar de perlas” para la defensa de intereses estratégicos, de seguridad y abastecimiento energético desde el Golfo Pérsico hasta el Mar del sur.

Los argumentos de Lalinde justifican la actuación china de los últimos años, no obstante, Bishop (2020), afirma en el Council on Foreign Relations que la razón detrás de la reciente actitud china se debe a cuestiones de inestabilidad interna en tanto que un pequeño sector de la intelectualidad china se muestra crítico y desconfiado con el liderazgo de Xi. Argumentando que la pandemia ha debilitado la economía y el Gobierno chino por lo que mediante acciones de política exterior debe aparentar fortaleza y vigorosidad. Por último, cabe tener en cuenta la importancia del control de los mares en relación con el proyecto de la Ruta de la Seda. En su vertiente marítima, China está haciendo una gran inversión en puertos del Índico y del Pacífico que no descarta utilizar para fines militares (véase los puertos de: Sri Lanka, Myanmar y Pakistán). De entre los principales opositores a esta alianza encontramos a Estados Unidos, Japón y la India, también en contra de la beligerante actitud china, como se ha visto.

Era Biden: oportunidades en un escenario complicado

La presidencia de Joe Biden va a estar marcada por grandes retos, tanto internos como externos. Estamos ante un Estados Unidos marcado por una crisis sanitaria, con una sociedad cada vez más polarizada y con una economía cuya recuperación, a pesar de las medidas adoptadas, presenta dudas de si será “en V” o “en W”. Además, las relaciones con Iberoamérica y Europa se han ido deteriorando, producto de las medidas tomadas por parte del presidente Trump. 

La relación entre China y EEUU ha ido fluctuando en los últimos años. La Administración Obama, consciente de la importancia que la región de Asia Pacífico ha ido alcanzando, aunada a la oportunidad que la Ruta de la Seda presenta para que Pekín expanda su dominio económico y militar, planteó en su segundo mandato su política de Pivot to Asia, comenzando a financiar y dotar de ayudas a países de la región. Durante los años de la Administración Trump, la relación con Pekín se ha deteriorado bastante, lo que pone a Biden en un escenario en el que tendrá que enfrentarse a una guerra comercial, a la carrera tecnológica en la batalla por el 5G, así como a cuestiones de seguridad regional y de derechos humanos.

Los países de la región exigen una respuesta efectiva por parte del gigante norteamericano para contener a China en la que se vea materializada la promesa de Washington sobre una zona de navegación libre y abierta. No obstante, Estados Unidos tiene que ser prudente, ya que, a excepción de Vietnam, Filipinas, y en parte Indonesia y Singapur, el resto de países de la región no sienten con urgencia la necesidad de una intervención americana. Sin embargo, a excepción de Camboya, el resto de los países tampoco aprueban la posibilidad de una hegemonía china.

Por lo general, los expertos apuntan a que en medio de esta tormenta el nuevo presidente estadounidense adoptará una actitud cuanto menos precavida pero continuista. Seguramente, en línea con la Administración Obama, se tienda a una apuesta por el multilateralismo, las alianzas de tipo económico y la integración regional sin ejercer una actitud autoritaria, rebajando la agresividad de la Administración Trump, pero siendo firmes en su postura. Todo ello implica buscar diferentes áreas en las cuales cooperar como puede ser cambio climático, la reducción de las Misiones de Freedom of Navigation o el aumento de actividades de Capacity Building.

Una mirada a un futuro cercano

Habrá que estar atentos a los últimos coletazos que pueda dar la Administración Trump en relación a este conflicto, así como a las medidas que Biden adopte durante sus primeros meses de Gobierno. No obstante, todo apunta a que, en esta situación de creciente tensión, Washington adoptará una postura cautelosa. Como hemos visto, los viajes de Pompeo han servido a Estados Unidos para reafirmar su presencia en la zona, asumiendo un rol de liderazgo, dando la respuesta que algunos países como Filipinas desean. Ahora bien, aunque, como se ha dicho, habrá que estar pendientes del correr de los próximos meses, con las bases ya asentadas, lo más probable es que Biden continúe la línea de la Administración Trump pero matizada por una apuesta por la integración regional, multilateralismo, la diplomacia y la cooperación económica para así ganar nuevos apoyos, fortalecer sus alianzas y contener a Pekín, justificando así su presencia en la zona como única potencia capaz de aglutinar fuerzas regionales para evitar una temida hegemonía china.

Adiós Asia-Pacífico, hola Indo-Pacífico: China convierte a India en el 'reino del Medio'

Área del Indo-Pacífico y territorios adyacentes

▲Área del Indo-Pacífico y territorios adyacentes [Wikimedia-Commons]

ANÁLISISEmili J. Blasco

Estamos asistiendo al nacimiento efectivo de Eurasia. Si esa palabra surgió como artificio, para reunir dos geografías adyacentes, sin relación, hoy Eurasia está emergiendo como realidad, en una única geografía. El catalizador ha sido sobre todo la apertura hacia Poniente de China: en la medida en que China ha comenzado a ocuparse de su parte trasera –Asia Central–, y ha dibujado nuevas rutas terrestres hacia Europa, las distancias entre los márgenes de Eurasia también se han ido reduciendo. Los mapas de la Iniciativa Cinturón y Ruta de la Seda tienen como efecto primero presentar un único continente, de Shanghái a París o Madrid. La guerra comercial entre Pekín y Washington y el desamparo europeo del otrora paraguas estadounidense contribuyen a que China y Europa se busquen mutuamente.

Una consecuencia de la mirada cruzada desde los dos extremos del supercontinente, cuyo encuentro construye ese nuevo mapa mental de territorio continuo, es que el eje mundial se traslada al Índico. Ya no está en el Atlántico, como cuando Estados Unidos retomó de Europa el estandarte de Occidente, ni tampoco en el Pacífico, adonde se había movido con el fenómeno emergente del Este asiático. Lo que parecía ser la localización del futuro, el Asia-Pacífico, está cediendo el paso al Indo-Pacífico, donde ciertamente China no pierde protagonismo, pero queda más sujeta al equilibrio de poder euroasiático. La ironía para China es que queriendo recuperar su pretérita posición de Reino del Medio, sus planes expansivos acaben dando centralidad a India, su velada némesis.

Eurasia se encoge

La idea de un encogimiento de Eurasia, que reduce su vasta geografía al tamaño de nuestro campo visual, ganando en entidad propia, fue expresada hace dos años por Robert Kaplan en un ensayo que luego ha recogido en su libro The Return of Marco Polo's World (2018)[1]. Justamente el renacimiento de la Ruta de la Seda, con sus reminiscencias históricas, es lo que ha acabado por poner en un mismo plano en nuestra mente Europa y Oriente, como en unos siglos en los que, desconocida América, no existía nada allende los océanos circundantes. “A medida que Europa desaparece”, dice Kaplan en referencia a las crecientemente vaporosas fronteras europeas, “Eurasia se cohesiona”. “El supercontinente se está convirtiendo en una unidad fluida y global de comercio y conflicto”, afirma.

Para Bruno Maçães, autor de The Down of Eurasia (2018)[2], hemos entrado en una era euroasiática. A pesar de lo que cabría haber predicho hace tan solo un par de décadas, “este siglo no será asiático”, asegura Maçães. Tampoco será europeo o americano, sino que estamos como en aquel momento, al término de la Primera Guerra Mundial, cuando se pasó de hablar de Europa a hacerlo de Occidente. Ahora Europa, desprendida de Estados Unidos, según argumenta este autor portugués, también pasa a integrarse en algo mayor: Eurasia.

Teniendo en cuenta ese movimiento, tanto Kaplan como Maçães vaticinan una disolución de Occidente. El americano pone el acento en las deficiencias de Europa: “Europa, al menos como la hemos conocido, ha comenzado a desaparecer. Y con ella Occidente mismo”; mientras que el europeo señala más bien el desinterés de Estados Unidos: “Uno tiene la sensación de que la vocación universalista estadounidense no es garantizar la preeminencia global de la civilización occidental, sino seguir como la única superpotencia global”.

Cambia el eje del mundo

A raíz del descubrimiento español de América, en el siglo XVI se veía coronar una traslación gradual hacia Occidente de la hegemonía y de la civilización en el mundo. “Los imperios de los persas y de los caldeos habían sido reemplazados por los de Egipto, Grecia, Italia y Francia, y ahora por el de España. Aquí permanecería el centro del mundo”, escribe John Elliott citando un escrito de la época, del humanista Pérez de Oliva[3]. La idea de estación final también se tuvo cuando el peso específico del mundo se situó en el Atlántico, y luego en el Pacífico. Hoy proseguimos de nuevo ese viraje hacia Poniente, hasta el Índico, sin ya quizá mucho ánimo de darlo por definitivo, aunque se complete la vuelta sobre cuyos inicios teorizaron los renacentistas.

Al fin y al cabo, también ha habido traslaciones del centro de gravedad en sentido contrario, si atendemos a otros parámetros. En las décadas posteriores a 1945 la localización media de la actividad económica entre diferentes geografías estuvo situada en el centro del Atlántico. Con el cambio de siglo, sin embargo, el centro de gravedad de las transacciones económicas ha estado emplazado al Este de las fronteras de la Unión Europea, según apunta Maçães, quien pronostica que en diez años el punto medio estará en la frontera entre Europa y Asia, y a mitad del siglo XXI entre India y China, países que están “abocados a desarrollar la mayor relación comercial del mundo”. Con ello, India “puede convertirse en el nudo central entre los extremos del nuevo supercontinente”. Moviéndonos hacia un lado del planeta hemos llegado al mismo punto –el Índico­– que en el viaje en sentido contrario.

El mundo isla

A diferencia del Atlántico y del Pacífico, océanos que en el globo se extienden verticalmente, de polo a polo, el Índico se despliega horizontalmente y en lugar de encontrar dos riberas, tiene tres. Eso hace que África, al menos su zona oriental, forme parte también de esta nueva centralidad: si la rapidez de navegación propiciada por los monzones ya facilitó históricamente un estrecho contacto del subcontinente indio con la costa este africana, hoy las nuevas rutas de la seda marítimas pueden acrecentar aún más los intercambios. Eso y la creciente llegada de migrantes subsaharianos a Europa refleja un fenómeno centrípeto que incluso da pie a hablar de Afro-Eurasia. Así que, como apunta Kaplan, referirse al mundo isla como en su día hizo Halford Mackinder “ya no es algo prematuro”. Maçães recuerda que Mackinder veía como una dificultad para percibir la realidad de ese mundo isla el hecho de que no fuera posible circunnavegarlo por completo. Hoy esa percepción debiera ser más fácil, cuando se está abriendo la ruta del Ártico.

En el marco de las teorías complementarias –verso y reverso– de Halford Mackinder y de Nicholas Spykman sobre el Heartland y el Rimland, respectivamente, cualquier centralidad de India tiene que traslucirse en poder marítimo. Cerrado su acceso al interior de Asia por el Himalaya y por un antagónico Pakistán (le queda el único y complejo paso de Cachemira), es en el mar donde India puede proyectar su influencia. Como India, también China y Europa están en el Rimland euroasiático, desde donde todas esas potencias disputarán el equilibrio de poder entre ellas y también con el Heartland, que básicamente ocupa Rusia, auque no en exclusiva: en el Heartland también se encuentran las repúblicas centroasiáticas, que cobran un especial valor en la competencia por el espacio y los recursos de un encogido supercontinente.

Pivot a Eurasia

En esta región del Indo-Pacífico, o del Gran Índico, que va del Golfo Pérsico y las costas de África oriental hasta la segunda cadena de islas de Asia-Pacífico, a Estados Unidos le corresponde un papel exterior. En la medida en que el mundo isla se cohesiona, queda más remarcado el carácter satelital estadounidense. La gran estrategia de Estados Unidos deviene entonces en lo que ha sido el tradicional imperativo del Reino Unido con respecto a Europa: impedir que una potencia domine el continente, algo que más fácilmente se logra apoyando a una u otra potencia continental para debilitar a la que en cada momento sea más fuerte (Francia o Alemania, según la época histórica; hoy Rusia o China). Ya en la Guerra Fría, Estados Unidos se esforzó por impedir que la URSS se alzara en hegemón al controlar también Europa Occidental. Eurasia entra en un juego de equilibrio de poder presumiblemente intenso, como lo fue el escenario europeo entre el siglo XIX y el XX.

Por eso, Kaplan dice que Rusia puede ser contenida mucho más por China que por Estados Unidos, como también Washington debiera aprovechar a Rusia para limitar el poder de China, a sugerencia de Henry Kissinger. Para ello, el Pentágono debiera ampliar hacia el Oeste la presencia estratégica que tiene en el Pacífico Occidental: si como potencia exterior y marítima no puede acceder al centro continental de Eurasia, sí puede tomar posición en las entrañas mismas de esa gran región, que es el propio Índico.

“Si Obama hizo el pivot a Asia, entonces Trump ha pivotado a Eurasia. Quienes toman decisiones en Estados Unidos parecen crecientemente conscientes de que el nuevo centro de gravedad en la política mundial no es el Pacífico ni el Atlántico, sino el Viejo Mundo entre los dos”, ha escrito Maçães en un ensayo posterior a su libro[4].

 

Imagen de la presentación oficial de la Free and Open Indo-Pacific Strategy japonesa

Imagen de la presentación oficial de la Free and Open Indo-Pacific Strategy japonesa [Mº Exteriores de Japón]

 

Alianzas con India

El cambio de foco desde Asia-Pacífico al Indo-Pacífico por parte de Estados Unidos fue expresado formalmente en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2017, el primero de ese tipo de documentos elaborado por la Administración Trump. Consecuentemente, Estados Unidos ha rebautizado su Comando del Pacífico como Comando del Indo-Pacífico.

La estrategia de Washington, como la de otros destacados países occidentales de la región, sobre todo Japón y Australia, pasa por una coalición de algún tipo con India, por el carácter central de este país y como mejor manera de contener a China y Rusia.

La conveniencia de una mayor relación con Nueva Dehli ya fue esbozada por Trump durante la visita del primer ministro indio, Narendra Modi, a Washington en junio de 2017, y luego por el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, en octubre de 2017. El sucesor de este, Mike Pompeo, abordó un marco más definido en julio de 2018, cuando anunció ayudas de 113 millones de dólares para proyectos destinados a lograr una mayor conectividad de la región, desde tecnologías digitales a infraestructuras. El anuncio fue entendido como el deseo estadounidense de hacer frente a la Iniciativa Cinturón y Ruta de la Seda lanzada por China.

En ocasiones, la Estrategia para el Indo-Pacífico de Estados Unidos se presenta asociada a la Estrategia para un Indo-Pacífico Libre y Abierto (FOIP), que es el nombre puesto por Japón para su propia iniciativa de cooperación para la región, ya expuesta hace diez años por el primer ministro japonés Shinzo Abe. Ambas son coincidentes en contar con India, Japón, Australia y Estados Unidos como los principales garantes de la seguridad regional, pero presentan dos principales divergencias. Una es que para Washington el Indo-Pacífico va desde el litoral oriental de India hasta la costa oeste estadounidense, mientras que en la iniciativa japonesa el mapa va del Golfo Pérsico y la costa africana a Filipinas y Nueva Zelanda. La otra tiene que ver con la manera de percibir a China: la propuesta japonesa busca la cooperación china, al menos en el nivel declarativo, mientras que el propósito estadounidense es hacer frente a los “riesgos de dominio chino”, como se consigna en la Estrategia de Seguridad Nacional.

India también ha elaborado una iniciativa propia, presentada en 2014 como Act East Policy (AEP), con el objeto de potenciar una mayor cooperación entre India y los países de Asia-Pacífico, especialmente de la ASEAN. Por su parte, Australia expuso su Policy Roadmap para la región en 2017, que descansa en la seguridad que ya viene prestando Estados Unidos y aboga por un continuado entendimiento con las “las democracias indo-pacíficas” (Japón, Corea del Sur, India e Indonesia).

Otras consecuencias

Algunas otras consecuencias del nacimiento de Eurasia, de diferente orden e importancia, son:

–La Unión Europea no solo está dejando de ser atrayente como proyecto político e incluso económico para sus vecinos, debido a sus problemas de convergencia interna, sino que la realidad de Eurasia la reduce a ser una península en los márgenes del supercontinente. Por ejemplo, pierde cualquier interés la vieja cuestión de si Turquía forma o no parte de Europa: Turquía va a tener una mejor posición en el tablero.

–Adquieren toda su importancia los corredores que China quiere tener abiertos hacia el Índico (Myanmar y, sobre todo, Pakistán). Sin poder recobrar el estatus milenario de Reino del Medio, China valorará aún más disponer de la provincia de Xinjiang como modo de estar menos escorada en un lado del supercontinente y como plataforma para una mayor proyección hacia el interior del mismo.

–El pivot a Eurasia por parte de Estados Unidos obligará a Washington a distribuir sus fuerzas en una mayor extensión de mar y sus riberas, con el riesgo de perder poder disuasorio o de intervención en determinados lugares. Cuidar el Índico puede llevarle, sin pretenderlo, a descuidar el Mar de China Meridional. Un modo de ganar influencia en el Índico sin gran esfuerzo podría ser trasladar la sede de la Quinta Flota de Bahréin a Omán, igualmente a un paso del estrecho de Ormuz, pero fuera del Golfo Pérsico.

–Rusia se ha visto tradicionalmente como un puente entre Europa y Asia, y ha contado con alguna corriente defensora de un euroasianismo que presentaba Eurasia como un tercer continente (Rusia), con Europa y Asia a cada lado, y que reservaba el nombre de Gran Eurasia al supercontinente. En la medida en que este se encoja, Rusia se beneficiará de la mayor conectividad entre un extremo y otro y estará más encima de sus antiguas repúblicas centroasiáticas, aunque estas tendrán contacto con un mayor número de vecinos.

 

(1) Kaplan, R. (2018) The Return fo Marco Polo's World. War, Strategy, and American Interests in the Twenty-First Century. Nueva York: Random House

(2) Maçães, B. (2018) The Dawn of Eurasia. On the Trail of the New World Order. Milton Keynes: Allen Lane

(3) Elliott, J. (2015) El Viejo Mundo y el Nuevo (1492-165). Madrid: Alianza Editorial

(4) Maçães, B. (2018). Trump's Pivot to Eurasia. The American Interest. 21 de agosto de 2018

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