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Aquiles y el concepto de masculinidad

Nadia Aldunate Martín, alumna de 3º del grado en Filología Hispánica, nos invita a reflexionar sobre la figura de Aquiles y el concepto de masculinidad que ha venido representando a lo largo de los siglos


Desconocedor del miedo, amante de la lucha, violento y hambriento de gloria son algunos de los rasgos con los que Homero describe a Aquiles. Gracias a este, la figura del héroe permaneció grabada en los imaginativos ojos del pueblo griego. 

Más tarde, Aquiles traspasó las fronteras del tiempo y, atrapado en las palabras de obras como la Ilíada, arrastró consigo el concepto no sólo de héroe, sino también de hombre valiente y fuerte. Tras haber gobernado la mente de muchos otros anteriores a nuestro tiempo, su historia llega a nuestras manos. El Aquiles descrito por Homero no es cosa del pasado, pues sus restos aún se perciben en conceptos heredados.

Homero nos habla en su Ilíada de Aquiles, lo hace sin mencionar su pasado y los nueve años de lucha en los que ha participado, pero mostrándonos que la guerra ha hecho de él una persona con una fortaleza abrumadora. Así, sitúa al personaje directamente en el décimo año de la guerra de Troya y decide convertir a su cólera en protagonista.

Aquiles, ¿qué pecado puede enfurecer de tal manera a un hombre como tú? La ofensa del héroe Agamenón, que le arrebata parte de un botín en el que está incluido una mujer, Briseida. Finalmente, Agamenón se lo pensará mejor y decidirá devolverle a la mujer, junto a veinte de las mujeres más hermosas de Troya y a una de sus hijas. A pesar de esta oportunidad, Aquiles se niega a aceptar la oferta, demostrando que lo que importa realmente es que hayan cuestionado su fuerza y poder.

Esta fuerza termina de transformarse en furia cuando su amigo Patroclo muere en batalla a manos de su enemigo Héctor. Preso de este sentimiento, Aquiles será capaz de hacer las paces con Agamenón para acabar con Héctor. El héroe quiere demostrar que nadie debe cuestionarle, y después de acabar con Héctor, ata su cadáver y lo arrastra sin piedad por Troya. Así, las cualidades de fuerza y valor de Aquiles acaban convirtiéndolo en alguien impulsivo, capaz de desafiar a dioses y hombres y de no mostrar respeto ante los muertos, un concepto de verdadera importancia en aquel tiempo. El héroe desea demostrar que es un hombre dotado de valentía, algo con lo que se identifica a los grandes personajes de la historia. Pero, ¿debe ser el orgullo, la violencia y la ambición lo que nos guíe en la construcción de nuestro prototipo de hombre?

Es en este momento, al final de la Ilíada, cuando se nos muestra lo inesperado. Príamo, el padre de Héctor, ruega a Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo para darle una sepultura digna. Renace en el héroe un sentimiento que había ignorado hasta ahora: la piedad. Guiado por la voz de los dioses, el protagonista devuelve el cuerpo del fallecido a su padre y consigue vencer a sus instintos.

Homero acaba demostrando que, pese a todo lo que ha hecho, este personaje de actitud violenta es capaz de sentir compasión y rectificar sobre sus errores. La relectura de su historia nos permite reflexionar sobre la idea inicial y nos muestra que no es cierto eso de que los varones, por el simple hecho de serlo, deben ocultar sus sentimientos y evitar la flaqueza. Esta última decisión desafía un concepto asumido en torno a un sexo marcado por la represión de sentimientos, en el que no está bien visto mostrar debilidad exterior, sufrimiento o lástima. Aquiles consigue enseñar que estos no son signos de debilidad, sino de humanidad.

Tras haber descubierto este detalle en el carácter del héroe, nos surgen preguntas sobre su verdadera personalidad. Dejando atrás la imagen conocida, guerrera y adulta que nos presenta Homero, nos centramos en su infancia y juventud.

Se dice que era “alimentado exclusivamente de entrañas de leones y jabalíes” para conseguir la fuerza característica de estos animales; por tanto, desde pequeño se esperaba que desarrollase la resistencia y energía de un buen hombre. No obstante, hay un detalle que nos sorprende: también se dice que se alimentaba con miel, que le proporcionaba dulzura. Algo parecido ocurre con su enseñanza, pues se le instruyó en la caza y la doma de caballos, pero también aprendió a cantar y a tocar la lira. Desde muy pequeño, Aquiles desarrolló el vigor con el que se identifica a los grandes hombres, pero también la suavidad y la sensibilidad que a lo largo del tiempo hemos asociado a las mujeres.

Tras esta equilibrada infancia, Aquiles fue llamado para partir hacia Troya. Su madre Tetis le advierte del fin que le aguarda, pues un oráculo le ha contado que morirá en Troya. Aquiles, el famoso guerrero, se oculta y permanece alejado de la guerra durante nueve años en la corte del rey de Esciro, Licomenes, y lo hará de una forma inusual: disfrazado de mujer.

Un cuadro de Rubens nos permite visualizar esta etapa de la vida de Aquiles: aparece entre las mujeres de palacio, rodeado de una decoración sobrecargada en la que destaca la delicadeza y las flores de colores. Aquiles se hacía llamar “Pirra” (es decir “la rubia”) por “sus cabellos de un rubio de fuego”. En la pintura, el joven se encuentra en el centro vestido con unas ropas de colores brillantes y delicadas, como los vestidos de las mujeres. Sin embargo, se está colocando un casco de guerra, propio de los hombres. Esta fusión rompe con los moldes establecidos y permite que lo femenino y lo masculino se mezcle. En el cuadro también destaca una división. Por un lado, los hombres se presentan al lado de un perro, que está en la posición propia de ataque; por el otro, las mujeres, delicadas y asustadas, aparecen cerca de un zorro, que podría ser símbolo de astucia (en ocasiones relacionada con la mujer). Sin embargo, Aquiles aparece en medio de los dos grupos. Parece no decidirse por ninguno de los dos mundos, pues en él se fusionan conceptos hasta ahora divididos.

Es indudable el fuerte espíritu guerrero que rodea a la figura de Aquiles, pero en él se descubren numerosos rasgos en los que se unen al hombre y la mujer, demostrando que la combinación de cualidades distintas, generalmente divididas por los géneros, son lo que hacen a Aquiles un verdadero hombre. En este joven, lo masculino es a la vez femenino; la dulzura de la miel no empalaga con el sabor de la carne, un vestido tapa un cuerpo de varón, la delicadeza se combina con la espada y,  como bien nos hace ver Homero, la guerra también le provoca dolor y compasión.

Con Aquiles se descubre otro concepto de hombre, resultado de pequeños detalles en su educación y decisiones a lo largo de su vida que desmontan la visión que nosotros mismos tenemos sobre cómo debe representarse la masculinidad.
 

Bibliografía

P. Grimal. Diccionario de mitología griega y romana. Prólogo de Pedro Pericay, Barcelona, Paidós, 1994.
C. García Gual. Diccionario de mitos. 2003. 
C.Harrauer. Diccionario de mitología griega y romana. Traducción de J.A. Molina Gómez, Barcelona, 2008.


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