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Érase un cuento clásico

Esta semana contamos con la colaboración de Teresa Tabuenca Gómez, estudiante de 2º del Grado en Lengua y Literatura Españolas. En este artículo se comparará la historia de Eros y Psique con cuentos actuales.

El amor secreto entre una bella dama y un monstruo, un palacio encantado, dos hermanas mayores envidiosas y un final feliz. Hasta aquí, parece un cuento popular propio de una película de Walt Disney. Pero se trata del relato de Eros y Psique, incluido en la obra latina titulada Metamorfosis o El asno de oro, del prolífico autor Apuleyo (s. II d. C.).

“Nada surge de la nada”, determina el filósofo griego Parménides en la Física aristotélica. Aunque se trata de un principio metafísico, a menudo se aplica a la literatura, formada por fuentes y modelos que se reproducen a lo largo de los años. Por eso, no existen autores completamente originales, dado que estos, de forma consciente o inconsciente, construyen sus personajes y mundos ficticios inspirándose en obras literarias anteriores o reinventándolas.

En este sentido, el relato de Apuleyo constituye un arquetipo de cuento popular y muchos de los motivos que incluye siguen siendo tópicos de narraciones fantásticas como la de La Bella y la Bestia, del s. XVIII, difundida a través de la versión de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. El lingüista ruso Vladímir Propp analizó en la Morfología del cuento los elementos recurrentes en los cuentos populares, y La Bella y la Bestia y “Eros y Psique” comparten muchos de ellos a pesar de que la primera ha gozado de mayor popularidad que su homóloga, escrita mil seiscientos años antes. Aunque no se pueden conocer con exactitud las causas por las que la obra latina no ha tenido un alcance tan significativo, es cierto que, a menudo, se considera que la literatura clásica es inaccesible para un lector poco instruido y se restringe a aquel interesado en el mundo grecolatino o la mitología. Sin embargo, el cuento de Apuleyo no presenta un lenguaje enrevesado ni arcaico y puede resultar tan ameno como uno de los hermanos Grimm.

La obra comienza presentando a la protagonista, Psique, la más joven de tres hermanas que, a pesar de ser la más bella, es la única que no ha contraído matrimonio. Su padre, preocupado por esta situación, pide consejo al oráculo de Apolo (al que acuden muchos de los personajes de la literatura grecorromana) y este anuncia que su hija Psique se casará con un marido “cruel y fiero”, por lo que debe abandonarla sobre una piedra para que se cumpla su destino. Aunque en el cuento del s. XVIII la motivación de la marcha de Bella es diferente, ambas saben que están destinadas a convivir con una “bestia” que acaba siendo un hermoso pretendiente.

Los seres sobrenaturales son un elemento fundamental en los cuentos fantásticos, por lo que la brisa del Céfiro, un viento suave y apacible en la literatura latina, es el encargado de conducir a la joven junto a su esposo. Al igual que Bella, Psique llega a un palacio deshabitado y lleno de riquezas, en el que la reciben voces incorpóreas que le ofrecen sus servicios y donde goza de un opulento banquete.

La imposición de una prohibición y su posterior transgresión es recurrente en los folktales o cuentos de hadas. Las dos protagonistas, Psique y Bella, reciben advertencias, pero incumplen sus promesas en algún momento del relato y son castigadas por ello. La perversión de Psique nace de su curiosidad insaciable, debilidad que también tiene un papel fundamental en el mito clásico de Pandora o el cuento de “La botella misteriosa” de los hermanos Grimm, en el que una joven incumple la orden de un rey de no abrir una enigmática botella.

Además, los auxiliares mágicos, animales u otros seres fantásticos que protagonizan las fábulas y los cuentos infantiles, también aparecen en el relato de Apuleyo, ya que son una hormiga, un junco parlante y un águila los que ayudan a la protagonista a completar las tareas hercúleas que le encomienda la diosa Venus para vengarse de ella.

Por otra parte, las hermanas mayores, tanto las de Bella como las de La Cenicienta de Charles Perrault, cumplen tradicionalmente el papel de antagonistas: son crueles, envidiosas y procuran hacer la vida imposible a su inocente hermana menor (o no tan inocente, en el caso de Psique...).

En definitiva, “Eros y Psique” constituye el nacimiento de una tradición literaria que perdura a pesar de que su difusión en el último siglo no ha sido tan notable como la de otros cuentos populares contemporáneos. Por tanto, la presentación de este relato pretende ser un alegato en defensa de la lectura de los clásicos a una edad temprana. Evidentemente, no todas las obras de la Antigüedad son igualmente aptas para un público infantil, pero algunas son idóneas para introducir el mundo clásico al lector que todavía no se ha adentrado en él. Las Metamorfosis de Apuleyo y las de Ovidio, la Biblioteca Mitológica del autor griego Apolodoro o las fábulas de Esopo y de Fedro (entre otras) demuestran que los clásicos son los primeros en revelar el valor didáctico de la literatura. La curiosidad de Psique, la vanidad de Venus o los celos de las hermanas de la protagonista del texto de Apuleyo constituyen contraejemplos de comportamiento que deben evitarse, de manera que muchas obras grecolatinas son y serán herramientas valiosas en la educación humana.

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