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India le ha ganado la partida a Pakistán

[Myra MacDonald, Defeat is an Orphan. How Pakistan Lost the Great South Asia War. Penguin. London, 2016. 313 p.]

RESEÑARamón Barba

Defeat is an Orphan. How Pakistan Lost the Great South Asia WarPodría pensarse que el libro de Myra McDonald más bien confunde al lector, por cuanto el título habla de una Gran Guerra en el subcontinente indio de la que como tal no existe constancia. En realidad, la obra ayuda a entender –especialmente al lector occidental, más alejado del marco cultural e histórico de esa parte del mundo– la complejidad de las relaciones entre India y Pakistán. Corresponsal de Reuters durante más de treinta años, con larga experiencia en la región, McDonald sabe sumar datos concretos, sin quedarse en la anécdota, e ir rápidamente a la fuerza de fondo que hay detrás de ellos.

Su tesis es que desde que nacieron los dos Estados con la partición de la Joya de la Corona, al deshacerse el Imperio Británico, paquistaníes e indios han protagonizado una larga confrontación, que incluso ha tenido sus momentos de fuego real. Ha sido una prolongada y enconada enemistad entre los dos países, con sus esporádicas batallas: una Gran Guerra, según la autora, que finalmente Pakistán ha perdido.

Por lo general, mientras que India ha buscado su afirmación nacional en el ejercicio de la democracia, Pakistán ha basado su idiosincrasia nacional en el Islam y en el conflicto con India, el cual tiene en la disputa por el control de Cachemira su manifestación más sangrienta. Esa fijación con India, de acuerdo con McDonald, ha llevado a Islamabad a valerse del apoyo a grupos yihadistas para crear inestabilidad al otro lado de la línea de partición, hundiéndose el propio Pakistán en un abismo del que por ahora no ha conseguido salir. McDonald sigue una argumentación generalmente objetiva, pero el libro parece estar escrito desde India, sin apenas simpatía por los paquistaníes.

El relato arranca con el episodio del secuestro del avión de Indian Airlines que tuvo lugar entre Nochebuena y Nochevieja de 1999 por parte de cinco guerrilleros cachemires, con 155 personas a bordo, y que supuso un serio conflicto entre Islamabad y Nueva Delhi, al interpretar el Gobierno indio que la operación había contado con cierto respaldo del país vecino. El episodio sirve para describir los dramáticos estándares de la pugna estratégica entre los dos países, que el año anterior culminaron su desarrollo de la bomba atómica.

El libro presta especial atención a esa carrera por lograr el arma nuclear –los indios porque los chinos la tenían, los paquistaníes porque veían que los indios la estaban alcanzando– y que venía a plantear una duda clave de la proliferación nuclear: ¿cabe el uso de las armas a menor escala entre dos países mortalmente enemigos cuando ambos disponen de la bomba atómica? Se ha visto que sí, y no solo eso, argumenta McDonald: la falta de miedo de Pakistán a un ataque indio nuclear, dado que este se ve disuadido por el propio arsenal paquistaní, habría hecho que Islamabad se viera más confiada a la hora de alentar ataques terroristas contra India.

A principios de la década de 1960 la situación en India era un tanto delicada: en 1964 China había detonado la bomba atómica, lo cual aunado a la presión paquistaní en Cachemira ponía a la mayor democracia del mundo en una complicada coyuntura. Ello dio lugar al lanzamiento por parte de India del Smiling Buddha en 1974 (como bomba sin carga) y al inicio de una estrecha competición con Pakistán por entrar en el reducido club nuclear, como consecuencia de la lógica dialéctica que entonces regía su relación. Aunque se creía que la bomba podía estar en el haber de una de las partes, no fue hasta las tardías detonaciones de 1998 que ello quedó patente.

La autora considera que los dos países llegaron ese año en un nivel muy parejo: India, más grande, tenía que solventar pequeñas crisis internas para poder avanzar, mientras que Pakistán gozaba de cierta estabilidad. No obstante, la consecución de la bomba atómica hizo que Pakistán, tras una mala lectura de la realidad, no supiese aprovechar sus oportunidades en la etapa de la globalización que entonces se abría, y se quedase estancado en una lógica belicista, mientras India daba el estirón que le ha hecho ganar un indudable peso como potencia mundial. Esa es la “derrota” paquistaní de la que habla el título de la obra.

Además de esa atención a las décadas más recientes, el texto también se retrotrae a 1947, cuando nacieron ambos estados independientes, para explicar muchas de las dinámicas de la subsiguiente relación entre ambos. Asimismo se abordan las relaciones con China, aliada de Pakistán, y con Estados Unidos, que tuvo más cercanía de intereses con Pakistán y ahora es más próximo a India.