Avanza el estudio de viabilidad del gasoducto submarino Nigeria-Marruecos

Avanza el estudio de viabilidad del gasoducto submarino Nigeria-Marruecos

ANÁLISIS

08 | 11 | 2023

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Un conexión final con Cádiz llevaría el gas nigeriano hasta Europa, en competencia con el argelino

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Inspección de una conducción de hidrocarburos, en una planta de la Corporación Nacional de Petróleo de Nigeria [NNPC]

El proyecto de los gobiernos de Nigeria y Marruecos de construir un gasoducto submarino que lleve gas desde el Delta del Níger hasta las puertas de Europa, con la posibilidad de que un ramal final alargue la infraestructura hasta Cádiz, está completando la fase de estudio de viabilidad. Ambos países aseguran estar decididos a seguir adelante con esa conexión, conocida como Nigeria Morocco Gas Pipeline (NMGP) o Gasoducto Africano Atlántico, que recorrería la costa noroeste de África desde el Golfo de Guinea hasta el Estrecho de Gibraltar.

Con una extensión lineal de 5.600 kilómetros (alrededor de 7.000 kilómetros contando los ramales de suministro a los países por cuyas aguas pasa), el gasoducto tendría una capacidad máxima de 30.000 millones de metros cúbicos anuales y un coste de realización que se estima entre 20.000 y 25.000 millones de euros. El plazo de ejecución previsto sería de 25 años. El NMGP empalmaría con un gasoducto submarino ya existente, el West African Gas Pipeline (WAGP), que lleva el gas nigeriano a Benin, Togo y Ghana. La extensión beneficiaría a otros 9 países (Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Gambia, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Senegal, Mauritania y Marruecos), además de la posible conexión con España. El WAGP, de 678 kilómetros, tiene una capacidad de 5.000 millones de metros cúbicos anuales, por lo que limitaría el caudal del NMGP en caso de no ampliarse.

A pesar de que este posible gasoducto siempre constituyó una idea atractiva, no fue hasta 2016 que la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas marroquí (ONHYM) y la Corporación Nacional de Petróleo de Nigeria (NNPC) concretaron el proyecto. La imprevisibilidad de las actuaciones de Argelia respecto de gasoducto Magreb-Europa (GME) y el estallido de la Guerra de Ucrania solo han aumentado el interés de esta conexión.

Se estima que las fases más relevantes del proyecto comenzarán en los próximos meses. Durante este periodo se espera la firma de los acuerdos intergubernamentales necesarios, la creación de una empresa que coordine la operación, así como afianzar los memorandos de entendimiento firmados por la ONHYM con países como Guinea-Bissau, Gambia o Sierra Leona. Aunque aún no se ha proclamado la viabilidad de la infraestructura, Marruecos mantiene su optimismo; su ministra de Transición Energética, Laila Ben Ali, asegura que el proyecto avanza “a pasos agigantados”.

El proyecto está siendo financiado por ONHYM y NNPC, correspondiendo a cada parte la mitad de los casi 25.000 millones de euros estimados de coste. Ambas entidades, no obstante, han contado con ayuda financiera de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que ha aportado 14,3 millones de euros, y del Banco Islámico de Desarrollo (IBD), encargados de sufragar parcialmente la fase de estudios preliminares.

En 2022 la empresa australiano-estadounidense Worley fue contratada para llevar a cabo el estudio preliminar de ingeniería y diseño (‘front-end engineering design’ o FEED), que debe establecer los requisitos concretos del proyecto, así como los costes aproximados, con el fin de afrontar con seguridad el desembolso final para la ejecución del mismo. Los servicios generales de esta fase están dirigidos desde Países Bajos por Intecsea BV, la consultoría de ingeniería de Worley.

Implicaciones en África

La conexión gasística entre Nigeria y Marruecos aúna los intereses del gran productor africano y del país que desde el Magreb desea convertirse en un ‘hub’ energético de suministro para Europa. Nigeria es la mayor potencia de hidrocarburos de África; específicamente en cuanto a gas cuenta con más de 5,66 millones de metros cúbicos de reservas exportables. Por el contrario, Marruecos es uno de los países con menos recursos naturales en ese ámbito; sin embargo, está protagonizando una importante apuesta por las capacidades renovables, sobre todo en materia de la energía solar y en el hidrógeno verde, además de querer aprovechar su posición geográfica de conector entre el África subsahariana y Europa.

En el caso de Nigeria el gasoducto podría sentar un gran precedente de cooperación “sur-sur” entre diferentes países africanos. El acuerdo bilateral entre los dos estados, además de habilitar el suministro de gas a los países por cuyas aguas discurre, indicaría también que los estados africanos pueden competir en términos de colaboración económica y construcción de infraestructuras de gran escala.

El ambicioso proyecto constituye para Nigeria una gran oportunidad económica, al poder rentabilizar aún más sus recursos naturales. Fortalecer su economía le puede ayudar a lidiar con los graves problemas que tiene el país, como es el caso de las amenazas Yihadistas (Boko Haram e ISWAP), las bandas armadas que actúan en el noroeste o la piratería en el Golfo de Guinea. La construcción del NMGP dotará al país de una potente capacidad financiera para poder responder frente a la falta de seguridad y reducir la violencia en su territorio. Por otra parte, en el marco internacional, el hecho de coliderar este proyecto, así como de controlar la exportación de un recurso estratégico como el gas natural, siempre es una baza interesante para ganar peso en cualquier negociación con actores regionales e internacionales.

Al otro lado del gasoducto, Marruecos afianzaría su nuevo rol como ‘hub’ energético en la región. El reino alauí está liderando dos frentes en cuanto a innovación energética. En primer lugar, está avanzando en el campo de las energías renovables, en particular términos de energía solar e hidrógeno verde. Fue en 2009 cuando Marruecos comenzó a desarrollar la Estrategia Nacional de Energías renovables para poder aprovechar sus recursos eólicos y solares. En 2017 Marruecos se propuso alcanzar una potencia instalada de energías renovables del 52% para 2030, y en términos de hidrógeno verde aspira a convertirse en el líder de producción de energía mediante electrólisis. En segundo lugar, el Gasoducto Atlántico Africano permitirá controlar la exportación de energía a los países del sur de Europa.

El desarrollo marroquí no solo se limita al sector energético. El país del norte de África, ha llevado a cabo diferentes medidas como la creación de Casablanca Finance City (CFC), donde más de 200 empresas se benefician de ventajas fiscales, mientras producen riqueza en la región. Otro ejemplo, es que este país hospedó el pasado octubre en Marrakech las reuniones anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Como consecuencia de este desarrollo, Marruecos puede engrandecer su posición como principal centro financiero africano. De hecho, en marzo, el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) sacó a Marruecos de su lista gris incluyendo a Sudáfrica. Esta lista es relevante, ya que la mención de un país en ella supone que este no cumple una o varias de las 40 recomendaciones del GAFI. Por consiguiente, Marruecos está erigiéndose como ‘hub’ energético, así como centro financiero regional. Se espera que ambas esferas se favorezcan, para que el estado de Mohamed VI se convierta en una potencia continental en los próximos años.

En cuanto a terceros países de la región, la construcción de esta obra puede suponer un antes y un después para la relación entre Marruecos y Argelia. Ambos países han mantenido siempre una diplomacia cambiante entre la distensión y la rivalidad. Por eso el conflicto en el Sahara Occidental entre el Frente Polisario y la monarquía del norte de África, sirve para determinar el estado actual de las relaciones. Es preciso mencionar que Argelia colabora directamente con el Frente Polisario, partido político que rechaza las reivindicaciones marroquíes en la región; a raíz de la creciente tensión, Marruecos y Argelia rompieron relaciones diplomáticas en 2021. Así que la construcción de un oleoducto que pueda rivalizar con el tubo Magreb-Europa, controlado por Argelia, puede terminar de debilitar las relaciones entre ambas potencias regionales. El alza de Marruecos como líder de la zona puede acrecentar la tensión entre ambos países, puesto que, históricamente, una posición de vulnerabilidad asimétrica de uno respecto al otro ha tendido a reforzar la rivalidad.

En este contexto, si Nigeria continúa colaborado con Marruecos, encontrará sus alianzas históricas totalmente enfrentadas con sus intereses económicos actuales. Desde, la visita del rey Mohamed VI a Nigeria en 2016, este último país ha ido acercándose al reino alauí y alejándose del Frente Polisario (y por lo tanto de Argelia). Se puede esperar que, de seguir esta línea diplomática, los nigerianos cada vez apoyen de manera más clara la integridad territorial de Marruecos en el Sahara Occidental.

Esa rivalidad en el norte de África se extiende también al campo de las infraestructuras energéticas. Argelia plantea una alternativa al NMGP para llevar gas nigeriano hasta el Mediterráneo. Se trata del proyecto Trans-Saharan Gas Pipeline (TSGP), una obra de 4.128 kilómetros con capacidad para transportar 30.000 millones de metros cúbicos al año, que empalmaría con el Gasoducto Magreb-Europa, que une Argelia con España, y con el que le une con Italia, país con el que ha acentuado la cooperación energética.

Aunque el trazado del TSGP es más complejo por tener que atravesar el área especialmente conflictiva del Sahel y el plan mismo ha dado pocos pasos, la perspectiva del gas nigeriano ha potenciado el proyecto Hybla, en el que se materializaría la colaboración entre la empresa italiana Sasol y la energética argelina Sonatrach. Se buscaría producir hidrógeno (hidrógeno azul) y gas de síntesis a través del gas importado de Nigeria en una infraestructura en Sicilia. Esta dualidad de proyectos energéticos no solo enfrenta a Marruecos con Argelia, sino que también forzaría a la UE a tomar partido entre Italia o España para liderar la importación del gas nigeriano.

Implicaciones para Europa

Es bien conocida la dependencia energética que sufre la mayoría de los países del continente europeo. Ventaja que en más de una ocasión ha sido utilizada en términos políticos y económicos por parte de estados externos. A tal punto llegó esta situación que en 2020 más del 50% de la necesidad de gas llegaba de una misma fuente. Tras el estallido de la guerra rusa-ucraniana y los vaivenes de Argelia (que dependen de su relación momentánea con Marruecos) Europa se encuentra en una situación de necesidad y podría ver el Gasoducto Africano Atlántico como una oportunidad para diversificar sus proveedores. En concreto, España y Portugal sufren, de primera mano, la incertidumbre de depender de Argelia. La posibilidad de dar la llave del grifo a Marruecos y, sobre todo, de contar con un ramal que lleve el gas nigeriano hasta Cádiz (de ahí el gas podría continuar por las conexiones nacionales o aprovechar las plantas de GNL españolas para ser embarcado hacia el resto de Europa) generaría seguridad en el mercado energético del sur de Europa, al reducir la dependencia respecto del estado argelino y diversificar los importadores de gas. Esta liberación puede ser un factor importante a tener en cuenta de cara al conflicto del Sahara Occidental.

En relación con el país ibérico y Marruecos, mantienen una relación estable que, debido a posiciones encontradas en retos como la crisis del Sahara Occidental o la inmigración, han sufrido diversas crisis cíclicas. En los años 90 se acuñó el término “colchón de intereses” para describir la creación múltiples relaciones entre ambos actores para contrarrestar aquellos puntos donde España y Marruecos siempre han chocado. Es cierto que la mencionada doctrina ha sido insuficiente para prevenir las crisis diplomáticas entre ambos reinos, pero la posibilidad de ofrecer a Marruecos exportar el gas que proviene de Nigeria podría acercar al primero con España, para poder tomar decisiones conjuntas en aquellos retos latentes como la inmigración o la cooperación militar. En esta línea de distensión a través de la colaboración, se inscribe la decisión del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, de aceptar reconocer la jurisdicción de Mohamed VI sobre el Sahara Occidental. Es un movimiento que no solo agrada al vecino país, sino que además facilita el tendido mismo del gasoducto submarino NMGP, que deberá pasar por aguas hoy solo administradas por Marruecos.

Además, el gasoducto sería una oportunidad para estrechar más los lazos entre Nigeria y España. En 2022 el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, visitó Madrid y firmó una declaración conjunta en materia económica, energética, cooperación migratoria, seguridad marítima y lucha contra el terrorismo. El país africano es uno de los principales proveedores de petróleo y gas natural de España por lo que aumentar la capacidad de exportación a través de Marruecos, solo puede beneficiar al país ibérico dada la situación actual energética. Igualmente, Nigeria se verá favorecida con la colaboración internacional de España en términos de seguridad y prevención del terrorismo.

No obstante, el jefe de política exterior de la UE, Josep Borrell, ha manifestado sus dudas acerca de la significación que para Europa puede tener la conexión gasística con Nigeria, ya que los 25 años estimados de construcción parecen suficientes para que la UE haya conseguido la ansiada transición ecológica.

Conclusión

Por todo lo dicho anteriormente, el gasoducto Atlántico que se ramificará en multitud de países africanos atlánticos hasta llegar a Marruecos puede tener consecuencias relevantes en la región y afectar a otros actores como la UE o Rusia. A pesar de las dificultades para su construcción y el largo periodo de tiempo necesario para terminar la obra, se trata de un proyecto seguido con atención por los estados afectados.

El Gasoducto Africano Atlántico favorecería a Nigeria en materia económica, al poder obtener una gran rentabilidad de uno de sus principales recursos naturales. El uso de esta financiación podría robustecer a un estado que debe combatir graves problemas de seguridad. Por su parte, para Marruecos, este proyecto le permitiría afianzarse como centro estratégico energético y avanzar en su deseo de ser una potencia financiera regional. No solo sería determinante en materia de beneficio económico, sino que constituiría una victoria ante Argelia, su principal rival geopolítico y ahora energético.

Sin embargo, esta nueva relación favorecida por la construcción del gasoducto haría tambalear el ‘statu quo’ del norte de África, puesto que Argelia sufriría las consecuencias de tener competencia en el mercado de la exportación de gas. La respuesta argelina se podría materializar en una mayor presión diplomática, así como en el conflicto del Sahara Occidental, donde Marruecos se está fortaleciendo con el acercamiento de España y Nigeria. Será clave el rol de este último país que, debido al gasoducto, encuentra sus intereses divididos entre ambos frentes del conflicto.