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Supone una subida de cinco puntos respecto a 2025 y de doce respecto a 2022, cuando esta inquietud había descendido hasta el 62%
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En comparación con los 48 países analizados, la preocupación por la desinformación en España se sitúa muy por encima del promedio global (62%)
En 2026, la preocupación por los bulos en Internet alcanza en España el nivel más alto desde que se introdujo esta cuestión en 2018: el 74% de los encuestados afirma estar total o parcialmente preocupado por distinguir qué es real y qué es falso en las noticias digitales. El dato supone una subida de cinco puntos respecto a 2025 y de doce respecto a 2022, cuando esta inquietud había descendido hasta el 62%. Paralelamente, los indiferentes con el problema de los bulos bajan al 19% y los despreocupados caen al 7%, el valor más bajo de toda la serie histórica.
En comparación con los 48 países analizados este año, el dato español se sitúa claramente muy por encima del promedio (62%), sólo por debajo de Nigeria (83%), Kenia (81%), Reino Unido (77%), Australia (77%), Portugal (76%) y Estados Unidos (75%). En el contexto europeo, la posición de España resulta especialmente grave: es el tercer país con mayor preocupación, sólo por detrás de Reino Unido y Portugal y muy por delante del resto de países del entorno: supera a Francia (60%), Italia (59%) y, de forma especialmente acusada, Alemania (49%). También queda por encima de los países nórdicos, donde la preocupación es más moderada: Finlandia (64%), Suecia (58%), Noruega (54%) y Dinamarca (49%).
El análisis sociodemográfico ayuda a entender mejor el sentido de este aumento en España. La subida no procede tanto de una intensificación entre los grupos que ya estaban más preocupados por los bulos, sino de una extensión hacia segmentos que en 2025 partían de niveles comparativamente más bajos. Dicho de otro modo: quienes ya estaban preocupados lo siguen estando, pero algunos de los grupos hasta ahora menos movilizados ante la desinformación muestran en 2026 una inquietud mucho mayor, lo que explicaría que la preocupación por los bulos se haya consolidado como una actitud ampliamente mayoritaria en España.
Por sexo, la preocupación sigue siendo algo más elevada entre las mujeres (76%) que entre los hombres (72%). Sin embargo, la brecha se ha reducido de forma clara respecto al año anterior, porque el incremento ha sido mucho más intenso entre ellos (+8 pp) que entre las mujeres (+2 pp). Por edad, la tendencia es similar a la de años anteriores y la preocupación por los bulos crece conforme pasan los años. El grupo menos preocupado es el de 18 a 24 años (63%, -3 pp), mientras que el máximo se registra entre los mayores de 65 años, con un 82% (+8 pp).
También se observa un patrón semejante por nivel económico y educativo. La preocupación es mayor entre quienes tienen rentas medias y altas, pero el crecimiento más acusado se produce entre las rentas bajas, que pasan del 60% al 69%. En educación, el aumento es especialmente visible entre quienes tienen menor nivel formativo, que suben del 65% al 73%. En cambio, los grupos con mayor renta y mayor educación, que ya partían de niveles más elevados, registran avances más moderados. El dato de 2026 apunta, por tanto, a una cierta ampliación social de la preocupación por la desinformación y crece precisamente allí donde antes era menos intensa.
Desde el punto de vista ideológico, la preocupación sigue siendo más elevada entre los encuestados situados a la izquierda y en el centro (78% y 77%, respectivamente) que entre quienes se ubican en la derecha (70%). Sin embargo, también aquí se observa una pauta de convergencia parcial: el bloque de la derecha aumenta cinco puntos respecto a 2025, mientras que la izquierda crece de forma más limitada. Es decir, la desinformación continúa siendo una inquietud algo más asociada a los públicos progresistas y moderados, pero en 2026 gana presencia también entre sectores ideológicamente menos predispuestos a expresarla.
Conviene, en todo caso, interpretar estos datos con cautela. Que los ciudadanos españoles manifiesten una mayor preocupación por la desinformación que los de otros países no significa necesariamente que en España haya más bulos, ni que los medios españoles produzcan más información falsa. La pregunta mide una percepción, no la cantidad real de desinformación circulante. Un nivel elevado de preocupación puede reflejar una exposición intensa al debate público sobre los bulos, una mayor sensibilidad social ante el problema, una experiencia frecuente de contenidos dudosos en plataformas digitales o una desconfianza más general hacia el entorno informativo. En ese sentido, el dato no debe leerse como una prueba directa de que España tenga más desinformación, sino como evidencia de que la desinformación se ha instalado con especial fuerza en la conciencia pública de los españoles.