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Imágenes en Navarra del III Centenario de la canonización de Javier (VI)

Tudela

Las celebraciones del III centenario de la canonización del copatrono navarro revistieron en Tudela una especial solemnidad. No podía ser menos, la ciudad poseía un amplio pasado javierista. En pleno siglo XVII fue uno de los bastiones de los javieristas, junto al Reino, frente a los ferministas apoyados por la ciudad de Pamplona y el clero de su obispado. Se ha conservado el texto del voto que las autoridades municipales hicieron en 1626 y los templos de la ciudad conservan distintas imágenes y lienzos del copatrono, además de su relicario en la catedral, que guarda la reliquia del santo traída en 1662 desde Roma, a petición de las autoridades civiles y eclesiásticas. La presencia del colegio de los Jesuitas en el Antiguo Régimen dejó amplias huellas en la ciudad, de todo tipo, de modo particular en miembros egregios del instituto.

Para el año 1922, el nuevo colegio -en esta ocasión bajo el patronato de san Francisco Javier- ya llevaba sus décadas de proyección y, sin duda, fue un acicate en todas las celebraciones del III Centenario de la canonización del santo navarro.

El Pensamiento Navarro publicó el manifiesto que se realizó por parte de la Junta del Centenario para la visita a la capital de la Ribera, del que entresacamos lo siguiente: “¡TUDELANOS! La junta organizadora de los festejos que se preparan para recibir dignamente las venerandas Reliquias del hijo más ilustre de Navarra, el gran San Francisco Javier, Apóstol de las Indias y Patrono esclarecido de nuestro antiguo Reino, se dirige hoy a vosotros queridos conciudadanos, y en vosotros a todos los navarros que integran la merindad de Tudela, para despertar en vosotros los nobles entusiasmos y arraigados sentimientos de religiosidad y patriotismo que os distinguen y caracterizan ante los pueblos y naciones del mundo entero ….”.

Antes de llegar a Tudela, a las seis de la tarde, se hizo una parada en Valtierra, en donde se habían levantado arcos, recibiéndose el Cristo y el Brazo relicario a los sones de la Marcha Real para trasladarlas por un rato a la iglesia parroquial para su veneración.

Arcos de la carrera procesional correspondientes a los Luises, Adoración Nocturna y Ayuntamiento. Foto de la Crónica del Centenario
Arcos de la carrera procesional correspondientes a los Luises, Adoración Nocturna y Ayuntamiento. Foto de la Crónica del Centenario

El cortejo llegó a Tudela entre las ocho y las nueve de la noche del 5 de octubre, siendo recibido por una gran muchedumbre, autoridades civiles y religiosas, comunidades religiosas de la ciudad y de Corella y Monteagudo y sonoros cohetes acompañados por repiques de campanas de los diversos templos. El corresponsal de Diario de Navarra indica que “Al llegar al puente del Ebro, se adelantó entre el orden de la fila el egregio coche de la Excelentísima Diputación, portador del tesoro de Navarra, que los tudelanos ansiaban adorar; el entusiasmo en aquel momento fue indescriptible: gritos, aplausos, vítores e iluminaciones se encendían sin interrupción, toda la ciudad entera ocupaba el puente, los terraplenes y la carretera de Pamplona. A la entrada de la ciudad aguardaba las reliquias el Excmo. señor Obispo de Tarazona, M. I. Ayuntamiento en corporación, Cabildo Catedral, el diputado a Cortes señor Méndez de Vigo, los diputados provinciales señores Guelbenzu y Baleztena y demás autoridades y fuerzas vivas de la ciudad”.

Arcos de la carrera procesional correspondientes al Apostolado de la Oración, las Hijas de María y la Orden Tercera. Foto de la Crónica del Centenario
Arcos de la carrera procesional correspondientes al Apostolado de la Oración, las Hijas de María y la Orden Tercera. Foto de la Crónica del Centenario

El cronista de la Compañía da la cifra de doce mil personas aplaudiendo y vitoreando. Entre lo más llamativo de aquellas jornadas fueron los arcos levantados en diferentes partes de la ciudad por asociaciones como los Luises, la Adoración Nocturna, las Hijas de María, el Apostolado de la Oración o la Orden Tercera. Las descripciones de todos ellos son prolijas. En la Plaza de los Fueros y desde el balcón de la Casa principal de la misma, el padre Víctor Elizondo arengó con briosa alocución a los presentes, moviéndoles a la práctica de los sacramentos. La procesión recorrió distintas calles hasta llegar a la catedral. Para la ocasión se estrenó un Himno compuesto por el organista de la catedral, don Tomás Jiménez y letra del padre Etulain.

El pontifical del día 6 fue presidido por el obispo diocesano de Tarazona Mons. Isidro Badía, pese a su mala salud. Varios pueblos de la comarca acudieron con banderas y autoridades. Una procesión, encabezada por un piquete de caballería, trasladó las reliquias desde la catedral al Colegio, en medio de calles engalanadas, en este caso con tapices y también con mazorcas de maíz, que formaban la bandera española, “cosa no poco vistosa desde lejos”. El banquete oficial se sirvió en el Ayuntamiento por la Fonda Remigio. El Pensamiento Navarro publicó el menú, que comenzaba por unos entremeses a la americana y terminaba con café, licores y habanos.

Las reliquias también visitaron el Hospital, la Real Casa de Misericordia y los conventos de clausura. El día 7 por la mañana fue el momento dedicado a los colegiales, sumándose en romería el pueblo de Murchante. A las tres y media fue la despedida, impartiéndose la bendición desde la Plaza de los Fueros, con una nueva intervención del padre Elizondo, que insistió mucho en el destierro de la blasfemia. Desde Tudela y por la insistencia del diputado de Cascante sr. Guelbenzu la comitiva con las reliquias se trasladó a Cascante, a donde habían llegado numerosas personas de Murchante y Tulebras.

Vista de Tudela en 1922. Foto de la Crónica del Centenario
Vista de Tudela en 1922. Foto de la Crónica del Centenario

Desde la Ribera se volvió a Pamplona, el día 8 de octubre, en donde tuvo lugar la despedida en Diputación, las Carmelitas de Echavacoiz y la catedral. En este último templo se cantó un solemne Te Deum y, a la salida, una compañía de Infantería rindió honores militares al Santo Brazo en el atrio de la seo. El viaje continuó rumbo a San Sebastián y Loyola.

PARA SABER MÁS

Diario de Navarra, 6, 7 y 8 octubre de 1922
EGUÍA RUIZ, C., Reliquias de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Su recorrido triunfal por España, Madrid, Blass, S. A. Tipográfica, 1924
El Pensamiento Navarro
, 4, 7, 8 y 10 de octubre de 1922