Marruecos pretende convertirse en el líder regional que necesita el Sahel

Marruecos pretende convertirse en el líder regional que necesita el Sahel

ARTÍCULO

22 | 02 | 2024

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El declive de la influencia francesa ha creado un vacío de poder que Rabat intenta llenar presentándose como salida del interior africano al Atlántico

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Baluarte de la ciudad marroquí de Essaouira, en la costa atlántica [Kayaky]

Durante más de un siglo la potencia de referencia para parte del norte de África y el Sahel, Francia está viendo rápidamente colapsada su influencia en la región. La salida forzada de sus tropas de varios convulsos estados del Sahel los últimos años está llevando aparejado un vacío de liderazgo diplomático que otros países intentan ocupar. Ahí están los movimientos de Rusia y también los de Marruecos, que aspira a jugar a fondo algunas de las ventajas con las que encuentra en su relación con el Sahel, como la de servir de conexión logística en la salida al Atlántico.

“El Sahel no es, ni ha sido nunca, una región como las demás”, señaló el Ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en una conferencia de prensa celebrada en Marrakech tras una cumbre ministerial en la que participaron Mali, Níger, Burkina Faso, Chad y el propio Marruecos. Sus declaraciones hacían eco de comentarios similares emitidos en 2020 con respecto a la Coalición para el Sahel que pretendía liderar Francia. Sin embargo, aquellas declaraciones sirvieron meramente como un refuerzo de relaciones entre Marruecos y sus socios en el Sahel, siempre a la sombra del liderazgo diplomático de la antigua potencia colonial en la región. A lo largo de los últimos años, no obstante, Francia ha presenciado un colapso de su influencia y autoridad diplomática en el Sahel, subrayado por múltiples golpes de estado que exhiben mayor lealtad a Moscú que a París. Este vacío de liderazgo diplomático es el que pretende llenar Marruecos con una promesa importante para los países del Sahel: fomentar su desarrollo mediante el acceso al océano Atlántico.

¿Por qué Marruecos?

El pronunciado declive de influencia francesa en el Sahel ha creado un vacío de poder importante en la región. El ministro de Exteriores nigeriano, Bakary Yaou Sangaré, criticó al gobierno francés durante la conferencia de prensa por “no entender la voluntad de nuestro pueblo de tomar su destino por sus propias manos”. A pesar de las declaraciones del presidente Emmanuel Macron en 2022 justificando la Operación Barkhane, alegando que esta consiguió “impedir la formación de un califato”, las retiradas forzadas del ejército francés de Níger a finales de 2023 y de Mali y Burkina Faso ya a principios de ese año hablan por sí solas.

El rol del grupo Wagner y las concesiones económicas y militares que han hecho numerosos países africanos a Moscú han sido imprescindibles para expulsar a Francia del Sahel, y al mismo tiempo sabotear la estrategia estadounidense de seguridad en la región. Este vacío de poder le viene como anillo al dedo a Marruecos. No es coincidencia, por ende, que Sergei Lavrov visitara Marruecos a finales de diciembre del 2023. Marruecos se ve ante una oportunidad única de postularse como un líder en el ámbito del desarrollo y la seguridad para los países del Sahel, y tanto Rusia como Estados Unidos, un importantísimo aliado de Marruecos, lo reconocen.

¿Por qué el Sahel?

Los intereses de Marruecos en el Sahel son numerosos, y requieren un alto nivel de cooperación diplomática con otros pesos pesados del mundo árabe. En primer lugar, a Marruecos, de igual manera que a Europa, le interesa controlar el flujo migratorio irregular que principalmente surge del Sahel y el oeste africano. Este interés se fundamenta tanto en un comprensible deseo de mantener la estabilidad doméstica limitando la inmigración masiva, como en la necesidad de mantener relaciones diplomáticas estables con España, su mayor socio comercial y la mayor puerta de entrada al continente europeo para refugiados de África occidental. La conflictividad social y la formación de núcleos urbanos de poblaciones vulnerables a la trata de humanos ya presentan problemas significativos en Senegal y Mauritania debido a los desplazamientos forzados de poblaciones en el Sahel. Marruecos desea evitar esta complicación.

Segundo, el desarrollo económico sostenible de la región es de interés crítico tanto para Marruecos como para Estados Unidos y la Unión Europea. La falta de oportunidades laborales en países de población altamente joven ha inculcado la perspectiva de que la migración es la única oportunidad económica viable, a partir de la cual observamos la crisis de migrantes socioeconómicos que acaba su recorrido al otro lado del Mediterráneo. Este crecimiento económico resultará imposible sin una estrategia de seguridad coherente y exitosa, ya que el mayor enemigo del desarrollo en la región ha sido siempre la debilidad de las instituciones ante la corrupción y la mala gobernanza.

Por último, y como suele tratarse con Marruecos, el Sahel es, inevitablemente, otro ámbito geopolítico donde Rabat puede imponerse ante su rival histórico, Argelia. En diciembre de 2023, Radio Argelia anunciaba que Marruecos y Emiratos Árabes Unidos estarían colaborando para llevar a cabo una campaña subversiva en el Sahel que minimizaría la influencia de Argel en la región. Según la emisora, Abu Dhabi habría realizado un préstamo de 15 millones de euros para que Rabat refuerce sus relaciones con sus socios en el Sahel, sea participando en la lucha contra el terrorismo o fortaleciendo sus relaciones con los regímenes militares de la región. En el continente africano, la división entre la presencia marroquí y la argelina es de contraste tan afilado como en el caso de la competencia estadounidense y rusa, o iraní e israelí. Cualquier estrategia de desarrollo económico que sea respaldada por Marruecos (e, inevitablemente, por Emiratos, con quien Marruecos ha fortalecido relaciones desde 2020) asesta un golpe mortal a la influencia argelina en la región. El irredentismo del ‘Gran Marruecos’ depende de la minimización de la otra gran potencia magrebí en Argel.

¿Funcionará?

Es complicado aseverar si la estrategia marroquí, la cual sigue en desarrollo, será lo suficientemente exitosa. El ministro de Exteriores marroquí declaró que “donde muchos ven problemas, el Rey [Mohammed VI] ve oportunidades. Donde algunos hablan de desesperación, el Rey ve potencial”. Al apostar por una estrategia de desarrollo económico sostenible para sus socios en el Sahel, Marruecos avanza una solución distinta a la presente confrontación abierta en la región entre gobierno y opositores respaldada por Rusia y Argelia, y por lo tanto se enfrenta a obstáculos distintos.

Por ahora, la propuesta de “conectar” a los países del Sahel con el océano Atlántico se basa en un proyecto marroquí de atraer inversión extranjera para financiar la construcción de corredores comerciales. A pesar de no saber con exactitud la naturaleza de cómo funcionaría este sistema de corredores comerciales y logísticos, ni qué ruta tomaría para desembocar en el océano Atlántico, es probable que Marruecos, tanto por factores geográficos (la proximidad relativa) como geopolíticos (la búsqueda de legitimar el Gran Marruecos) busque conectar tal sistema de infraestructura con el territorio del Sáhara occidental.

Interesa también, con el fin de llevar a cabo un sistema de desarrollo económico a largo plazo, la diversificación de las economías del Sahel. En una región que cada vez sufre más los efectos de la desertificación, la altísima dependencia en el sector primario (que emplea, en promedio, al 80% de la población) significa un riesgo para la estabilidad económica. Emiratos Árabes Unidos se ha beneficiado a lo largo de los años de promover distintos proyectos de extracción de minerales y recursos naturales en el Sahel, generando empleo y cierto nivel de estabilidad económica en Níger y Chad, por ejemplo. La debilidad de sus instituciones, y la conflictividad social y política, sin embargo, han hecho imposible cualquier avance significativo.

Para ser exitosa, cualquier estrategia marroquí deberá atacar el principal problema, el de la inestabilidad institucional, desde sus raíces. El desarrollo económico y el mayor control del flujo migratorio surgirán naturalmente a partir de ello. El reto en esto conlleva evitar dos callejones sin salida que pueden parecer muy tentadores para lograr una resolución satisfactoria: la estrategia de confrontación subversiva, apoyada por Rusia y Argelia, que han estancado el crecimiento económico y exacerbado la migración, y la estrategia de intervención directa del antiguo colonizador francés, que ha culminado con más fracasos que éxitos. ¿Será esto suficiente para sentar las bases de una fuerte e influyente política exterior marroquí en la región? Seguramente sí. Quedará por ver si a partir de ahí verdaderamente cobrará vida el proyecto del Gran Marruecos.