Los beneficios de la integración eléctrica: el caso de Centroamérica

Los beneficios de la integración eléctrica: el caso de Centroamérica

ARTÍCULO

14 | 12 | 2021

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El mercado regional permite superar problemas de generación, como los derivados de la sequía en 2019 y de la pandemia en 2020, y suple las necesidades de los países más deficitarios: Honduras y Nicaragua

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Red eléctrica de conexión regional centroamericana [Empresa Propietaria de la Red]

El proyecto de interconexión eléctrica de Centroamérica cumple 25 años y lo hace en un contexto mundial de fuerte incremento de los precios del consumo eléctrico y de disrupciones en la distribución, aspectos que justamente vienen a destacar las ventajas de la integración regional de los mercados nacionales, como ocurre en el caso centroamericano. El Sistema de Interconexiones Eléctricas de los Países de América Central (SIEPAC) registró en 2019 un récord de los intercambios; en 2020 la cifra descendió por la pandemia, pero los desequilibrios introducidos por esta demostraron la conveniencia que para los países más deficitarios tienen las conexiones con sus vecinos.

Seis países de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) firmaron en diciembre de 1996 el Tratado Marco del Mercado Eléctrico de América Central, una idea que partía de las conexiones binacionales previas y que en 1987, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y especialmente de España, comenzó a dar serios pasos hacia su materialización. El Sistema de Interconexiones Eléctricas de los Países de América Central (SIEPAC) permitió la creación de una red eléctrica regional de 1.800 kilómetros, desde Guatemala a Panamá, que es propiedad de un consorcio de compañías nacionales, con participación de inversión extranjera; el primer tramo entró en funcionamiento en 2010 y en 2014 lo hizo el último.

El sistema ha ayudado a mejorar notablemente las cifras del sector eléctrico de la región: en quince años la capacidad instalada se ha doblado (de 9.014 MW en 2005 a 18.507 MW en 2020) y la generación anual ha crecido un 50% (de 34.374 GWh en 2005 a 51.521 GWh en 2020), de acuerdo con un reciente informe de la CEPAL. En ese tiempo las compras y ventas internacionales de los países firmantes del tratado se ha multiplicado por seis: de un total de 1.122 GWh en 2005 (la mitad de exportaciones y la otra mitad de importaciones) se ha pasado en 2020 a un movimiento trasnacional de 7.130 GWh (exportaciones de 3.095 GWh e importaciones de 4.034 GWh), en su gran mayoría en el marco de los intercambios del SIEPAC.

En su valoración del funcionamiento del SIEPAC a los 20 años del Tratado, el BID destacó que los beneficios económicos obtenidos por los países firmantes como consecuencia de las transacciones en el mercado regional había sido entre junio de 2013 y diciembre de 2015, periodo que recogía la plena implementación de la red, de 305 millones de dólares: un beneficio neto de 132 millones de dólares tras descontar los cargos y abonos asociados a los flujos de energía transferidos para sufragar o remunerar el servicio de transmisión y los costos de inversión, mantenimiento y operación de la infraestructura. Simulaciones que se habían hecho previamente habían indicado que el SIEPAC tendría un efecto positivo sobre el PIB regional de alrededor del 0.3% respecto a un escenario sin integración. El BID precisaba, de todos modos, que el beneficio que suponía el proyecto solo se produciría “a medida que aumenta el grado de integración, determinado por el nivel de coordinación de la planificación de la expansión de la generación y de la operación regional, arrojando los mayores beneficios en el caso de un alto crecimiento de la demanda”.

Sequía y pandemia

Las ventajas de la integración del mercado regional se han puesto de manifiesto en varios ejercicios, como en el caso de los dos últimos años, en que la generación eléctrica sufrió algunas dificultades en el conjunto de los seis países del SIEPAC. En 2019 la producción creció solo un 2%, hasta los 54.075 GWh, debido a la merma sustantiva de precipitación pluvial por efectos de El Niño, acompañada de algunas situaciones de seguía, lo cual condicionó la capacidad hidroeléctrica, que es la principal fuente de generación. En 2020, la pandemia trastocó la producción, paralizó el crecimiento de la capacidad instalada y redujo el consumo industrial y de servicios, aunque aumentó el consumo del sector residencial. La producción bajó un 4,7%, hasta los 51.522 GWh, mientras que el consumo descendió de 54.414 GWh en 2019 a 52.382 GWh en 2020.

Esa contracción en el crecimiento de las magnitudes eléctricas pudo acondicionarse a las necesidades energéticas de cada país gracias a la interconexión regional, cuyo flujo tuvo en 2019 un incremento del 16% y alcanzó un intercambio récord de 6.162 GWh. En 2020 el intercambio descendió un 7,7% respecto a 2019, hasta los 5.683 GWh, pero fue una cifra superior a la registrada en años anteriores.

Las exportaciones parte del convenio del SIEPAC llegaron a la cifra más alta en 2019, con 3.073 GWh, en una dinámica impulsada sobre todo por Guatemala, país al que correspondió más de la mitad de esa cantidad, y en menor medida por El Salvador, Costa Rica y Panamá. Ese año, las importaciones también fueron las más altas, con 3.088 GWh, de las que se beneficiaron sobre todo El Salvador, Honduras y Nicaragua.

En 2020, el total de exportaciones en el marco del SIEPAC bajó a 2.820 GWh, por la fuerte reducción de las ventas internacionales de Guatemala y, en menos medida, El Salvador, que en parte fueron compensados por aumento de ventas de Panamá y Costa Rica. En cuando a las importaciones, que fueron de 2.863 GWh, El Salvador siguió siendo el principal operador, si bien redujo sus compras.

Además de estos flujos regionales, hay que tener en cuenta que Guatemala tiene desde 2010 un acuerdo de intercambio eléctrico con México. Hasta 2016 Guatemala fue importador neto, y desde entonces la electricidad ha viajado en ambos sentidos. En 2020, Guatemala importó 1.000 GWh de México y le exportó 100 GWh. Por su parte, México tiene un acuerdo semejante con Belice, único país centroamericano que por ahora no forma parte del SIEPEC (su tardía incorporación a las organizaciones del Sistema de Integración Centroamericana es aún incompleta). La conexión entre Panamá y Colombia está en construcción.

Renovables

Un aspecto importante del SIEPEC es el elevado componente de fuentes renovables en la electricidad compartida. En el conjunto de los seis países que integran el sistema, la generación renovable de electricidad supuso en 2018 el 75% del total; descendió al 66% en 2019 debido al menor componente hidroeléctrico, por las menores lluvias, y llegó al 78% en 2020. En cuanto a fuentes específicas, en 2020 del total de electricidad producida 51,7% correspondió a generación hidroeléctrica, 8,6% a geotérmica, 7% a eólica, 6,2% a biomasa 6,2%, 4,7% a solar y un 21,6% a térmica convencional. Costa Rica es el país con mayor desarrollo de las fuentes renovables, con una producción del 98,8% que tiene ese origen.

Finalmente, conviene tener en cuenta que las redes nacionales de los países centroamericanos sufren importantes pérdidas en la transmisión, cercanos al 20% de promedio nacional. Los valores son más reducidos en el caso de Costa Rica y El Salvador, e intermedios en el de Guatemala y Panamá; en Honduras y Nicaragua, en cambio, se trata de un serio problema: las pérdidas llegan al 33% en el primero de esos dos países, y al 22,7% en el segundo.