Somalilandia, Israel y la crisis de la figura del reconocimiento

Somalilandia, Israel y la crisis de la figura del reconocimiento

ARTÍCULO

03 | 06 | 2026

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Las posiciones sobre la ruptura de Somalia obedecen a intereses políticos nacionales, las cuestiones jurídicas pasan a un segundo plano

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Ceremonia de conmemoración en 2021 del 27˚ aniversario de la creación del Ejército Nacional de Somalilandia [sagalnews]

El reconocimiento israelí de Somalilandia como Estado el pasado 26 de diciembre supuso un hecho inédito en las relaciones internacionales en el Cuerno de África: Israel se convirtió en el primer miembro de las Naciones Unidas en reconocer formalmente la soberanía de Hargeisa desde que proclamó unilateralmente su independencia en 1991. El movimiento diplomático de Israel ha generado numerosas críticas, sobre todo respecto a las profundas implicaciones para la región, los motivos geopolíticos subyacentes al reconocimiento, y la inconsistencia que rodea a la figura del reconocimiento internacional.

Las implicaciones del reconocimiento no se entienden sin analizar el trasfondo histórico de las relaciones entre Somalilandia y Somalia. En 1880, Somalilandia era administrada como un protectorado del Reino Unido, mientras que el resto del territorio de la actual Somalia estaba bajo el control colonial de Italia. Más tarde, en el marco de los procesos de descolonización de mediados del siglo XX, Somalilandia consiguió su independencia formal el 26 de junio de 1960, y el 1 de julio del mismo año accedió a una unión con el resto deSomalia, conformando un único Estado somalí.

La unión no tardaría en resentirse por la dinámica de clanes que caracteriza Somalia, que divide al país y su población por afiliación a seis clanes principales, compuestos a su vez de distintos subclanes, generando una estructura difusa y con el poder muy repartido que no encaja con el modelo occidental de Estado-nación democrático que buscaba consolidarse. Además, el sistema que se proponía marginaba sistemáticamente a la población del norte, en vista de sus diferencias con el sur, derivadas de sus pasados coloniales, británico e italiano, respectivamente.

En este contexto, en 1991, tras la caída del régimen Siad Barre y el fin de la guerra civil, líderes del clan Isaaq, predominante en el noroeste de Somalia, declararon la independencia de Somalilandia, mientras en el sur los clanes luchaban por el control de Mogadiscio.

Desde entonces, Somalilandia ha actuado como un estado de facto, consolidando un control territorial efectivo (con el matiz del establecimiento de la administración regional autónoma de SSC Khaatumo en las zonas de los clanes Sool, Saanag y Cayn en 2023, y su posterior anexión a Somalia como estado federal, actualmente en disputa), instituciones democráticas funcionales, autonomía económica y capacidad de establecer relaciones a nivel internacional; a pesar de ello, sin embargo, carece de reconocimiento internacional generalizado.

La ausencia de reconocimiento internacional durante los últimos años parte del hecho de que, por lo general, el sistema internacional favorece y protege la integridad territorial de todos los países. Esto hace que casos de secesión como este tengan altas dificultades de éxito. Pero, por otra parte, existen consideraciones políticas que vacían el carácter jurídico de la figura del reconocimiento, lo que da más peso a elementos geopolíticos que legales en este tipo de situaciones.

Unión Africana, Liga Árabe y Etiopía

En el caso de Somalia, entra en juego la soberanía, estabilidad e integridad territorial del país. El reconocimiento de Somalilandia puede ser visto como un aliciente para que las distintas regiones autónomas como Puntlandia y Somalia Sudoccidental reaviven sus intenciones secesionistas. Esto conduciría a una mayor balcanización de la región, lo que provocaría conflictos a largo plazo entre los grupos separatistas y sus gobiernos centrales, así como enfrentamientos entre los distintos grupos étnicos.

​En esta misma línea, la Unión Africana se ha caracterizado por su iniciativa de conservar las fronteras coloniales frente a movimientos separatistas; en este caso, por el temor fundado de que una desintegración de Somalia genere un momento para impulsar a otros estados secesionistas en el Cuerno de África y en el resto del continente.

La Liga Árabe apoya una Somalia unida, entre otros motivos, para que actúe como contrapeso al poder de Etiopía en la región. Los miembros de la organización consideran que la independencia de Somalilandia en 1991 fue producto de la influencia etíope, en el marco de conflictos con Egipto por las aguas del Río Nilo y división religiosa, elementos que han condicionado hasta el día de hoy las relaciones entre Etiopía y los miembros, especialmente Egipto.

​Siguiendo con Etiopía, este país tampoco considera dentro de sus intereses el reconocimiento de la soberanía de Hargeisa, por diversas razones. En primer lugar porque un reconocimiento formal implicaría altos riesgos en relación a los distintos grupos separatistas dentro de Etiopía, algunos de ellos grupos somalíes. En segundo lugar, Etiopía, a pesar del no reconocimiento, es uno de los países con relaciones más desarrolladas con Somalilandia, en el apartado económico y político especialmente. El reconocimiento internacional y los posibles vínculos formales con otros actores que Somalilandia pueda establecer a partir de este le otorgarían mayor capacidad de negociación en asuntos económicos con Etiopía. De esta manera, Etiopía se beneficia de tener un vecino más pobre y no reconocido, y cuyo puerto está abierto al uso.

​Esto último se refuerza si consideramos el memorando firmado entre ambos en enero de 2024, donde según Somalilandia, Etiopía obtendría acceso al mar a cambio de reconocimiento internacional, fuentes etíopes posteriormente negaron el contenido del memorando.

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Control territorial aproximado a 1 de abril de 2023 [Political Geography Now]

Israel, Turquía y EAU

Tres días después de que Israel reconociera a Somalilandia, se convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU en la que Rusia y China establecieron sus posturas, ambas condenando el movimiento diplomático de Israel. Esta postura de rechazo del reconocimiento se entiende si consideramos los problemas secesionistas de Rusia y China en Chechenia y el Tíbet, respectivamente.

El único miembro del Consejo de Seguridad que no condenó la decisión israelita fue Estados Unidos, en el marco de su fuerte alianza con Israel, si bien esa actitud no se ha traducido en un reconocimiento norteamericano. Durante años, Estados Unidos ha tenido una posición ambivalente respecto a esta cuestión, calificándola como un problema interno que debe ser resuelto por Somalia, pero manteniendo a la vez una postura favorecedora de una Somalia unificada, sobre todo en aras de combatir el terrorismo de Al-Shabab y la piratería en la región. Sin embargo, el devenir de la guerra en Oriente Medio, sobre todo en relación a las incursiones de los rebeldes hutíes en el conflicto, y reconsideraciones sobre el apoyo a Israel podrían hacerque Washington tome la decisión de reconocer formalmente a Somalilandia.

​A pesar de todas estas implicaciones, Israel decidió seguir adelante con el reconocimiento de Somalilandia, esperando que los beneficios estratégicos pesen más que los riesgos diplomáticos y políticos

Israel ha enmarcado el reconocimiento en términos de seguridad regional, estabilidad estratégica y respeto al derecho de autodeterminación somalilandesa, pero la seguridad nacional israelí es la consideración principal. Esta tiene que ver con la ubicación geográfica de Somalilandia, próxima al Golfo de Adén y el estrecho de Bab el-Mandeb, que otorgaría a Israel una posición privilegiada para monitorear el Mar Rojo, una zona especialmente convulsa en los últimos años debido al conflicto entre Israel y los hutíes en Yemen por la guerra en Gaza.

​Una presencia permanente en Somalilandia o, simplemente, la consolidación de relaciones de colaboración con el territorio africano otorgaría a Israel profundidad estratégica y un mayor margen de maniobra frente a amenazas en la región, mediante el posible establecimiento de bases militares, ya sean americanas o israelíes.

Más allá de consideraciones estratégicas, Israel busca además consolidar su influencia en la zona para actuar como contrapeso a un potencial adversario, Turquía. Las relaciones entre ambos países se han deteriorado considerablemente debido a la postura crítica de Ankara frente a las incursiones militares de Israel en Gaza.

​Al mismo tiempo, Turquía es un aliado clave de Somalia desde la visita de Erdogan al país en 2011. Desde entonces Turquía ha desarrollado su mayor base de entrenamiento militar en el extranjero en Somalia, con el fin de luchar con fuerzas de Al-Shabaab y mantener la unidad de Somalia. A cambio de este apoyo militar, Turquía recibe beneficios económicos y estratégicos en forma de distintos acuerdos.

​La incursión de Israel no sería aislada: Emiratos Árabes Unidos (EAU), único país de la Liga Árabe que no condenó el reconocimiento, lleva construyendo durante los últimos años relaciones informales con Somalilandia para proyectar su poder en la región, lo que también hace a través de su influencia en conflictos como los de Sudán y Yemen. La reciente ruptura de acuerdos esenciales por parte de Somalia, el significativo paso diplomático dado por Israel y los intereses emiratíes en Somalilandia podrían llevar a que EAU también reconozca la soberanía somalilandesa para otorgarle mayor influencia y autonomía.

​Intereses nacionales y derecho internacional

Más allá de estas cuestiones, la situación en Somalilandia es ideal para demostrar que a la hora de otorgar reconocimiento internacional, las consideraciones son esencialmente de carácter político, mientras que las cuestiones jurídicas pasan a un segundo plano.

Esta distorsión de la figura del reconocimiento internacional se encuadra dentro de una desvirtuación generalizada del derecho internacional como la que se vive en los últimos años.

Un evidente reflejo de esta crisis es el contraste entre el caso de Somalilandia y la cuestión palestina. Aunque en el plano estrictamente jurídico responden a naturalezas distintas —un proceso de secesión frente a una situación de ocupación militar—, la forma en que el Israel gestiona ambos casos demuestra una profunda asimetría jurídica y diplomática.

Para bloquear el reconocimiento pleno de Palestina, se invocan rígidamente los estándares de la Convención de Montevideo de 1933, en relación al control territorial efectivo y fronteras definidas, que la propia dinámica de la ocupación impide ejercer a los palestinos. En cambio, para el caso de Somalilandia, la falta de fronteras reconocidas internacionalmente o la incapacidad de ejercer control sobre las zonas de SSC Khaatumo, las cuales rechazan la separación de Somalia, no han sido impedimento para que Israel valide su soberanía.

En este sentido, el reconocimiento y su carácter jurídico se supeditan a intereses de otra naturaleza, lo que lo convierte en un instrumento para que los estados cristalicen sus oportunidades geopolíticas. Mientras las potencias continúen utilizando el reconocimiento de la estadidad como un privilegio estratégico y no como un derecho reglado, el derecho internacional seguirá despojándose de su autoridad, consolidando un peligroso escenario donde la fuerza y la conveniencia pesan más que la propia ley.

El caso de Somalilandia demuestra que el Cuerno de África no es solo un escenario de disputas locales; es quizás la situación más relevante para entender las dinámicas actuales del sistema internacional. Los intereses en juego son demasiados como para no mirar con cautela los próximos movimientos que Israel o cualquier otro actor implicado realice en la zona. Además, ejemplifica la impotencia del derecho internacional para contener a los conflictos geopolíticos actuales, más concretamente, como el reconocimiento internacional ya no se trata de una validación de la realidad fáctica sino de otro instrumento geopolítico.