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Imagen de satélite que muestra una columna de humo levantándose desde el puerto de Salalah, en Omán, atacado por Irán el 13 de marzo de 2026 [Copernicus]
Con la vorágine del conflicto de Irán y las consecuencias que está teniendo en nuestra vida diaria —de una forma tangible, pero muy precoz aún para lo que puede significar—, no hemos caído en la cuenta de que los enfrentamientos actuales son mucho más que, en este caso, ataques aéreos e intercambio de salvas de misiles y drones. Y después de los últimos acontecimientos y la aparente pausa en el conflicto donde todos, como es lo habitual, se atribuyen la victoria, considero que es un momento perfecto para adentrarnos en este jardín. Porque tal vez definir lo que es la victoria o la derrota no sea tan simple como contar bajas, infraestructura destruida o vender un ‘cambio de régimen’.
Para comenzar, a decir verdad, y es una teoría que sostengo en cualquier foro que se atreve a darme voz, en los asuntos de ‘bélicos’ poco nuevo hay bajo el sol. Simplemente, en demasiadas ocasiones, asignamos nombres y definiciones demasiado ‘impactantes’ a métodos de actuación o técnicas que llevamos empleando más de dos mil años. Evidentemente los medios evolucionan y eso otorga ciertos avances en efectividad, alcance y eficacia, pero en el fondo, aunque nos lo queramos creer, no hemos inventado nada nuevo.
Y dentro de ese catálogo de ‘nuevas viejas cosas’, encontramos lo que hoy denominamos las operaciones en el dominio cognitivo. Bueno, dominio o ámbito, porque también sobre eso hay diferencia de opiniones.
Y considero que aprovechando la guerra de Irán tenemos una opción ideal para tratar este interesante y fundamental asunto.
Definición del concepto
Lo primero debería ser comenzar definiendo el concepto: El dominio cognitivo se define como el área de las operaciones militares centrada en influir en la forma de pensar de las personas que participan o son afectadas por estas, aunque no se detiene ahí, sino que también tratan de modificar o dirigir la percepción sobre las operaciones y no sólo la percepción de los afectados directamente por el conflicto, sino la de todos aquellos que como individuos o grupo pueden ejercer algún tipo de influencia en el mismo (por ejemplo, la opinión pública de determinados países o ciertos grupos sociales o políticos específicos). Estas acciones tienen como finalidad última influenciar en la toma de decisiones del enemigo. La principal diferencia del dominio de la información, muy relacionado con el cognitivo, es que este se centra en los datos, mientras que el cognitivo se centra en el procesamiento de esos datos por parte del cerebro humano.
Este tipo de operaciones se basa en tres pilares fundamentales:
-Influencia y Percepción: El uso de narrativas para moldear la realidad percibida en el sentido que más nos favorezca.
-Degradación de la Decisión: Como todas las acciones en el ámbito militar, las que se llevan a cabo en el dominio/ámbito cognitivo tienen como objetivo principal romper el ciclo de decisión del enemigo, atacando en este caso los procesos lógicos del mando enemigo para provocar parálisis, errores de juicio o desconfianza en sus propios sistemas.
-Efecto Psicológico: Con la finalidad de explotar los sesgos cognitivos, emociones (miedo, ira, apatía) y profundizar en la explotación de las vulnerabilidades sociales.
Una vez definido, al menos someramente el concepto, vamos a entrar en el campo de su consideración.
La OTAN reconoce cinco dominios operacionales: Terrestre, Marítimo, Aéreo, Espacial y el Ciberespacio. Sobre este asunto hay diversas opiniones, pero al menos por el momento la OTAN prefiere tratar lo cognitivo como un Ámbito o Dimensión Transversal y no (todavía) como un sexto dominio a nivel doctrinal operativo. Esto no es óbice para que en contextos académicos e informales se hable con cierta frecuencia del sexto dominio.
Tras intensos debates en el Mando Aliado de Transformación (ACT), la posición de la OTAN se ha consolidado bajo el concepto de Guerra Cognitiva (Cognitive Warfare), desarrollado formalmente como concepto operativo en 2025.
Los argumentos dentro de la Alianza para esta posición son muy claros. En primer lugar, está la falta de límites físicos. Los dominios tradicionales tienen fronteras o en ellos son de aplicación leyes físicas claras (gravedad, espectro electromagnético). Intentar delimitar de la misma manera, desde el punto de vista militar, el pensamiento humano es bastante difícil y controvertido. Otra razón es la interdependencia. Para la OTAN todo lo cognitivo es una consecuencia de las acciones en los otros cinco dominios. No puedes actuar en lo cognitivo sin usar el dominio ciber (redes sociales) o cualquiera de los puramente físicos (mediante la presencia de tropas, por ejemplo). Este sea quizás uno de los puntos de debate más interesantes: hasta qué punto son las acciones en los otros dominios las que tienen efecto en el plano cognitivo y no al revés, cómo de relevante es lo que se haga en lo cognitivo para lo que suceda en los otros dominios.
Además, tenemos una razón mucho más objetiva: el establecimiento de una estructura de mando y control específica (C2). Desde el punto de vista de la Alianza un dominio requiere disponer de estructuras específicas de mando, la posibilidad de definir un área de operaciones delimitada y, por ende, un mando o jefe responsable del mismo (lo que coloquialmente podríamos identificar con su dueño, aquel que en última instancia decide qué se hace, dónde y cuándo). Por ello, por ahora, la visión de la OTAN se basa en integrar todo lo relacionado con lo cognitivo dentro de los mandos ya existentes.
Por último, tenemos las implicaciones éticas y legales. Declararlo dominio desde el punto de vista de las acciones de combate significa en cierto modo militarización de todo lo relacionado con el pensamiento y la percepción de una manera que podría colisionar con los valores democráticos de la Alianza. También se acoge para su decisión el aspecto legal. En teoría un ataque dentro del dominio cibernético, si fuera claramente atribuible, podría ser razón para activar la defensa colectiva. Por el contrario, un ‘ataque cognitivo’ es mucho más difícil de atribuir y cuantificar legalmente bajo el articulado actual del Tratado del Atlántico Norte. Definirlo como dimensión permite una respuesta más flexible y menos rígida.
Como resumen a todo lo anterior podemos decir que la OTAN reconoce que el cerebro humano no deja de ser un teatro de operaciones, pero prefiere gestionarlo como una dimensión que afecta a todos los dominios existentes.
Para finalizar esta primera parte más ‘teórica’ por así decirlo, diremos que, en el contexto actual, la superioridad en el dominio/dimensión/ámbito cognitivo se considera ahora como un factor crítico para las operaciones militares. Sin esa superioridad, la superioridad tecnológica en los dominios físicos puede volverse irrelevante si la voluntad de combate es neutralizada desde el origen de todo: el cerebro humano.
El caso de Irán
Entremos ahora de lleno en el conflicto entre Estados Unidos e Israel e Irán.
La estrategia de Irán ha experimentado una clara evolución fundamental dadas las características del conflicto y sus evidentes carencias frente al poder tecnológico y de fuego de Estados Unidos e Israel. Esta evolución ha pivotado sobre un enfoque con las operaciones de influencia como elemento central, supeditando las acciones en el resto de los dominios a estas. Esto no es una novedad —la rueda ya está inventada— y poco nuevo hay bajo el sol cuando hablamos de los métodos que el ser humano emplea para destruir a sus semejantes. Evidentemente la tecnología y las herramientas evolucionan, pero los conceptos, en su esencia, vienen siendo prácticamente los mismos desde hace tres mil años.
En los conflictos bélicos librados durante el siglo XX, lo que entonces se denominaban operaciones psicológicas servían para mejorar la eficacia de las acciones armadas. En los conflictos actuales esta relación se ha invertido, al menos en gran parte de los enfrentamientos a los que estamos asistiendo (en este negocio no existen las verdades absolutas, y eso es algo que nunca debemos olvidar); las capacidades que ofrecen los fuegos en profundidad, las armas de precisión, los UAS, la guerra electrónica, etc. actúan como multiplicadores de fuerza para las operaciones de información y junto con esas operaciones psicológicas, con las acciones en el ciberespacio (ofensivas o de influencia), contribuyen a lograr objetivos establecidos en el dominio/ámbito cognitivo.
Como se ha explicado, el dominio/ámbito cognitivo trata de influir en la conducta del adversario (de su población, de sus apoyos) para de esa manera lograr efectos en su ciclo de decisión y por lo tanto en sus operaciones militares. No podemos olvidar que Irán lleva años preparándose para esta contienda, y uno de los factores que ha identificado y comprendido claramente es que el espacio cognitivo, vinculado directamente al cerebro humano, involucra emociones, motivos y juicios que son mucho más vulnerables en sociedades democráticas y acomodadas debido a su apertura, porosidad informativa y a su falta de costumbre de afrontar dificultades cotidianas reales. El uso de modelos de lenguaje de gran escala (LLM) y la microsegmentación de mensajes han permitido a Teherán personalizar sus acciones en este campo con una precisión sin precedentes.
Lo más interesante es cómo, mientras estaba sufriendo una campaña de ataques aéreos sin precedentes, Irán ha sabido emplear de manera sincronizada múltiples instrumentos de poder adaptados a las vulnerabilidades específicas de la sociedad objetivo, desplegando una estrategia que integra elementos políticos, económicos, culturales y religiosos.
La ejecución de las operaciones cognitivas de Irán no es un esfuerzo monolítico, sino un sistema estratificado que involucra a organismos de inteligencia estatales, contratistas tecnológicos, etc. Los dos pilares fundamentales de este aparato son el Ministerio de Inteligencia y Seguridad (MOIS) y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
La muerte del Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jameneí, el 1 de marzo de 2026 a causa de un ataque aliado, en lugar de neutralizar la amenaza, desencadenó una autonomía táctica en las unidades encargadas de operar en el dominio cibernético y de las operaciones de influencia. El objetivo de los elementos remanentes a cargo del régimen fue proyectar una imagen de resistencia inquebrantable y ‘guerra final’, transformando el martirio de su líder en un motor de movilización cognitiva tanto doméstica como regional.
La escalada llevada a cabo por Irán puede interpretarse como una herramienta de extorsión psicológica masiva.
-Atacando a 14 países en los primeros seis días del conflicto, incluyendo infraestructuras civiles en los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, Irán buscó internacionalizar el costo de la guerra. El mensaje cognitivo fue claro: si Irán es atacado, nadie en la región estará a salvo, independientemente de su implicación directa o no.
-Al pasar de atacar objetivos militares a infraestructuras críticas civiles (plantas de desalinización, aeropuertos, centros de datos) buscaba infligir un ‘dolor psicológico’ insoportable en las poblaciones civiles aliadas. El efecto buscado era la presión inmediata de los mercados globales y la comunidad internacional para forzar un alto el fuego desfavorable para Washington.
En esta misma línea, las acciones en el estrecho de Ormuz (que si las analizamos veremos que en el dominio marítimo han sido muy escasas) han tenido un doble objetivo en el ámbito cognitivo:
-En primer lugar, extender aún más las consecuencias del conflicto provocando escasez de petróleo (real o no, pero el impacto ha sido el mismo) con lo que ello significa para la economía mundial y en especial para las occidentales, cuya población sufre ya las consecuencias de las subidas de precio y la amenaza de cortes de ciertos suministros.
-En segundo lugar, provocar un ‘enfrentamiento’ entre EEUU y sus aliados naturales fruto de la negativa de estos a participar en el conflicto, ni aun para restablecer el tráfico marítimo, ya que a la postre enviar buques a la zona supondría asumir el riesgo de entrar en combate, algo que las sociedades occidentales, o mejor dicho sus gobiernos, no están dispuestos a asumir por el coste político.
En ambos casos el resultado es que se incide en el señalamiento de Estados Unidos, iniciador del conflicto como responsable de todas sus consecuencias negativas.
Un ejemplo muy claro de una acción en el dominio cibernético con objetivos en el dominio/ámbito cognitivo es lo sucedido el 11 de marzo.
El conocido como grupo Handala Hack llevó a cabo lo que se considera uno de los ataques cibernéticos más severos contra una empresa estadounidense. La acción consistió en una operación destructiva tipo ‘wiper’ que borró los datos de más de 200.000 dispositivos de la firma de tecnología médica Stryker Corporation en 79 países. Los agentes del MOIS bajo la identidad de Handala, tras comprometer una cuenta de Administrador Global de Microsoft 365, accedieron a Microsoft Intune y activaron de forma remota la función de ‘restablecimiento de fábrica’ en toda la red corporativa.
El objetivo fue múltiple. Por un lado, demostrar vulnerabilidad, probar que Irán puede alcanzar infraestructuras críticas profundas de Estados Unidos sin necesidad de armas físicas. Por otro llevar a cabo una acción de sabotaje simbólico y material, atacando a un proveedor esencial del sector de la sanidad y de defensa para generar pánico sobre la seguridad de las cadenas de suministro. Y por último provocar una erosión de la confianza corporativa obligando a las empresas occidentales a considerar el riesgo de represalias iraníes en caso de ser identificadas como colaboradoras con el gobierno estadounidense. Algo que por cierto ha hecho hace pocos días también Rusia señalando y publicando un listado de empresas que colaboran con el sector de la defensa en Ucrania. Entre los efectos tangibles conseguidos se incluye una interrupción relativamente seria de la logística médica global, una caída significativa en el valor bursátil de la compañía y la generación de una atmósfera de paranoia en el sector industrial de defensa de EEUU.
Paralelamente a ataques como el descrito, Irán ha desplegado una campaña de acoso dirigida a individuos específicos mediante el uso del grupo Handala Hack y otros canales de comunicación. Con la guerra ya en marcha, y antes de finales de marzo, se publicaron los datos personales de aproximadamente 190 personas vinculadas a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y al gobierno del Tel Aviv, incluyendo fotos de sus domicilios, advirtiendo que estaban siendo monitoreados. Paralelamente se enviaron correos electrónicos a disidentes iraníes en Estados Unidos y Canadá ofreciendo una recompensa de 250.000 dólares por su decapitación, afirmado en los mismos una alianza con el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) para ejecutar las acciones que se consideraran necesarias.
La intencionalidad de estas acciones no era otra que la intimidación pura y dura, sobre todo al recurrir a un actor cercano, identificable y conocido por su extrema violencia. Era una forma de exportar el miedo estatal iraní a territorio norteamericano, creando además una sensación de omnipresencia que desborda las capacidades de protección de las fuerzas del orden convencionales, logrando que los críticos del régimen se sientan inseguros incluso en el exilio.
En el plano informativo, Irán ha sabido explotar el escepticismo de la población estadounidense respecto a las ‘guerras interminables’ en Próximo Oriente. Mediante la difusión de narrativas que tienen como eje principal el mensaje de que Estados Unidos ha sido arrastrado al conflicto por intereses ajenos (como el lobby israelí o el complejo militar-industrial), Teherán busca crear fracturas en el apoyo interno a la administración Trump. Esta táctica se apoya en la amplificación de voces críticas dentro de EEUU, creando una cámara de eco que hace que la guerra parezca una elección temeraria del ejecutivo o incluso interesada del presidente y sus intereses particulares más que una necesidad de seguridad nacional.
Y por último tenemos el papel de los ‘think tanks’. Su capacidad de influencia en la formación de la opinión pública y en las políticas estatales los convierte en un elemento clave para las operaciones cognitivas, sobre todo a largo plazo. Irán ha identificado a estas instituciones como nodos críticos de información que pueden ser tanto blancos de sus acciones como susceptibles de ser utilizados como vectores de influencia.
Y en este sentido el debate sobre la financiación de los ‘think tanks’ en Washington por parte de gobiernos extranjeros y contratistas del Pentágono ha sido un tema que los actores de influencia iraníes han exacerbado para sembrar dudas sobre la objetividad del análisis estratégico en EEUU. Al señalar que instituciones que promueven la guerra contra Irán también reciben millones de la industria armamentística, Irán busca deslegitimar el consejo experto y fomentar la idea de que la política exterior estadounidense está capturada por intereses financieros. Esta erosión de la credibilidad de supuestos nichos de opinión experta es fundamental en la guerra cognitiva: si el público no confía en sus analistas ni en sus instituciones, el estado pierde su capacidad de articular una narrativa coherente frente a la amenaza externa.
Como vemos, muchas de estas acciones no se pueden improvisar, pero hemos de repetir que Irán lleva mucho tiempo preparándose para esta guerra. E ignorar este aspecto —y lo que es peor, obviar los efectos de las acciones en el dominio/ámbito cognitivo— puede llevarnos a subestimar a un enemigo que, si bien es cierto ha sufrido y continúa sufriendo un durísimo castigo, con muy pocos medios aún está en situación de devolver los golpes y, en este caso, con consecuencias inciertas para todos.
* Lucas Martín es coronel del Ejército y profesor de Inteligencia en el grado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Navarra
REFERENCIAS
From Missiles to Minds: Iran's Influence-Driven War Strategy - ICT, https://ict.org.il/missiles-to-minds-influence-drive-war-strategy/
Iran and the Changing Strategic Landscape of the Middle East, https://www.dohainstitute.org/en/Lists/ACRPS-PDFDocumentLibrary/isu-annual-conference-booklet-en.pdf
Una revisión del concepto «guerra híbrida/actor híbrido», https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2020/DIEEEO153_2020FRAQUI_guerrahibrida.pdf
Iran Cyber War 2026: US–Israel Strikes, APT Attacks & Global Threats, https://www.seqrite.com/blog/iran-us-israel-cyberwar-2026-analysis/
Visualizing Iran's Escalation Strategy CSIS, https://www.csis.org/analysis/visualizing-irans-escalation-strategy
The information war over Iran: Why facts are losing to false narratives - JNS.org,
https://www.jns.org/opinion/the-information-war-over-iran-why-facts-are-losing-to-false-narratives
IEEE. La Guerra Cognitiva en el Conflicto de la Franja de Gaza y Cisjordania (2025),