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Obama irrestricto

[Barack Obama, Una tierra prometida (Debate: Madrid, 2020), 928 págs.]

RESEÑAEmili J. Blasco

Las memorias de un presidente son siempre un intento de justificación de su actuación política. Habiendo empleado George W. Bush menos de quinientas páginas en «Decision Points» para intentar explicar las razones de una gestión en principio más controvertida, que Barack Obama utilice casi mil para una primera parte de sus memorias (Una tierra prometida solo cubre basta el tercero de sus ocho años de presidencia) parece un exceso: de hecho, ningún presidente estadounidense ha requerido tanto espacio en ese ejercicio de querer dejar atado su legado.

Es verdad que Obama tiene gusto por la pluma, con algún libro precedente en el que ya demostró buena narrativa, y es posible que esa inclinación literaria le haya vencido. Pero probablemente ha sido más determinante la visión que Obama ha tenido de sí mismo y de su presidencia: la convicción de tener una misión, como primer presidente afroamericano, y su ambición de querer doblar el arco de la historia. Cuando, con el paso del tiempo, Obama comienza a ser ya uno más en la lista de presidentes, su libro revindica el carácter histórico de su persona y sus realizaciones.

El primer tercio de Una tierra prometida resulta especialmente interesante. Hay un repaso somero de su vida anterior a la entrada en política y luego el detalle de su carrera hasta alcanzar la Casa Blanca. Esta parte tiene la misma carga inspiradora que hizo tan atractivo Los sueños de mi padre, el libro que Obama publicó en 1995 cuando lanzó su campaña al Senado del estado de Illinois (en España apareció en 2008, a raíz de su campaña a la presidencia). Todos podemos sacar lecciones muy útiles para nuestra propia superación personal: la idea de ser dueños de nuestro destino, de cobrar conciencia de nuestra identidad más profunda, y la seguridad que eso nos da para llevar a cabo muchas empresas de gran valor y transcendencia; el poner todo el empeño en una meta y aprovechar oportunidades que quizá no vuelvan a presentarse; en definitiva, el pensar siempre por elevación (cuando Obama vio que su trabajo como senador de Illinois tenía poco impacto, su decisión no fue dejar la política, sino saltar al ámbito nacional: se presentó a senador en Washington y de ahí, solo cuatro años después, llegó a la Casa Blanca). Se trata, además, de unas páginas ricas en enseñanzas sobre comunicación política y campañas electorales.

Pero cuando la narración comienza a abordar el periodo presidencial, que arrancó en enero de 2009, ese tono inspirador decae. Lo que antes era una sucesión de adjetivos generalmente positivos hacia todos, empieza a incluir diatribas contra sus oponentes republicanos. Y aquí está el punto que Obama no logra superar: otorgarse todo el mérito moral y negárselo a quien con sus votos en el Congreso discrepaba de la legislación promovida por el nuevo presidente. Cierto que Obama contó con una oposición muy frontal de los líderes republicanos en el Senado y en la Cámara de Representantes, pero estos también apoyaron algunas de sus iniciativas, como el propio Obama reconoce. Por lo demás, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Amplios sectores republicanos se echaron enseguida al monte, como pronto evidenció la marea del Tea Party en las elecciones de medio mandato de 2010 (en un movimiento que acabaría desembocando en el respaldo a Trump), pero también es que Obama había llegado con las posiciones más a la izquierda que se recordaban en la política estadounidense. Con su empuje idealista, Obama había dado poco ejemplo de esfuerzo bipartidista en su paso por el Senado de Illinois y de Washington; cuando algunas de sus reformas desde la Casa Blanca se vieron bloqueadas en el Congreso, en lugar de buscar un acomodo –aceptando una política de lo posible– fue a la calle a enfrentar a los ciudadanos con los políticos que se oponían a sus transformaciones, enquistando aún más las trincheras de unos y otros.

El historiador británico Niall Ferguson ha apuntado que el fenómeno Trump no se entendería sin la presidencia previa de Obama, aunque probablemente la agria división política en Estados Unidos sea una cuestión de corriente profunda en la que los líderes juegan un papel menos protagonista de lo que supondríamos. Justamente Obama se vio a si mismo como alguien idóneo, por su mezcla cultural (de raza negra, pero criado por su madre y abuelos blancos), para superar esa grieta que en la sociedad estadounidense iba agrandándose; sin embargo, no pudo tender los puentes ideológicos necesarios. Bill Clinton se enfrentó a un similar bloqueo republicano, en el Congreso liderado por Newt Gingrich, y procedió a transacciones que fueron útiles: restó carga ideológica y trajo una prosperidad económica que relajó la vida pública.

Una tierra prometida incluye muchas reflexiones de Obama. Generalmente aporta los contextos necesarios para entender bien las cuestiones, por ejemplo en la gestación de la crisis financiera de 2008. En política exterior detalla el estado de las relaciones con las principales potencias: la animadversión hacia Putin y la suspicacia hacia China, entre otros asuntos. Hay aspectos con distintas posibles vías de avance en los que Obama no deja margen para una posición alternativa lícita: así, en un tema especialmente emblemático, carga contra Netanyahu sin admitir ningún error propio en su aproximación al problema palestino-israelí. Esto es algo que otras reseñas del libro han señalado: la ausencia de autocrítica (más allá de admitir pecados de omisión al no haber sido todo lo audaz que hubiera deseado), y la falta en admitir que en algún aspecto quizás el oponente podía tener razón.

La narración transcurre con buen ritmo interno, a pesar de las muchas páginas. El tomo termina en 2011, en un momento aleatorio determinado por la extensión que se prevea para una segunda entrega; no obstante, tiene un colofón con suficiente fuerza: la operación contra Osama bin Laden, por primera vez contada en primera persona por quien tenía el máximo nivel de mando. Aunque se desconoce el grado de implicación de otras manos en la redacción de la obra, esta tiene un punto de lirismo que conecta directamente con Los sueños de mi padre y que ayuda a atribuirla, al menos en gran medida, al propio expresidente.

La obra contiene muchos episodios de la vida doméstica de los Obama. Los constantes piropos de Obama a su mujer, la admiración por su suegra y las continuas referencias a la devoción por sus dos hijas podrían considerarse algo innecesario, sobre todo por lo recurrente, en un libro político. No obstante, otorgan al relato el tono personal que Obama ha querido adoptar, dando además calidez humana a quien con frecuencia se le acusó de tener una imagen pública de persona fría, distante y demasiado reflexiva.

Un breve compendio sobre el mundo

[Richard Haas, The World. A Brief Introduction (New York, NY: Penguin Press, 2020), 378 p]

RESEÑASalvador Sánchez Tapia

The World. A Brief IntroductionDurante una jornada de pesca en Nantucket con un amigo y el hijo de este, a la sazón estudiante de ingeniería informática en la prestigiosa Universidad de Stanford, Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations entabló conversación con el joven acerca de sus estudios, y le preguntó qué asignaturas tenía, aparte de las estrictamente técnicas. Para su sorpresa, Haass constató cuán limitado era el número de éstas que había tomado. Nada de Economía, ni de Historia, ni de Política. 

Richard Haass se sirve de esta anécdota, que refiere en la introducción de The World. A Brief Introduction, para ilustrar el estado general de la educación superior en Estados Unidos –que no es, podríamos añadir, muy diferente al de otros países–, y que puede resumirse en esta realidad: muchos estudiantes en el país que tiene las mejores universidades del mundo y que, además, es el más poderoso e influyente del planeta, lo que hace que sus intereses sean globales, pueden terminar su formación de nivel universitario sin un conocimiento mínimo –no digamos ya comprensión– sobre el mundo que les rodea, y sobre su dinámica y funcionamiento.

The World. A Brief Introduction es consecuencia directa de la preocupación que suscita en el autor la gravedad que supone esta importante laguna para una nación como Estados Unidos, y en un mundo como el actual, en el que lo que él llama la “regla de Las Vegas” –lo que ocurre dentro del país se queda en el país– no funciona, dada la interconexión que resulta de una omnipresente globalización que no cabe obviar.

El libro está concebido como un manual básico destinado a educar a los lectores –cabe esperar que entre ellos se encuentre, al menos, una parte de esa plétora de estudiantes no educados– de distinta procedencia y niveles de conocimiento, en las cuestiones y conceptos básicos de uso común en el campo de las relaciones internacionales.

Por la propia naturaleza de la obra, que no espere ningún lector informado encontrar en este libro grandes hallazgos, teorías revolucionarias o planteamientos novedosos para contemplar el orden internacional desde una nueva perspectiva. En su lugar, lo que ofrece es una presentación sistemática de los conceptos esenciales de este campo del conocimiento a caballo de la Historia, la Ciencia Política, la Sociología, el Derecho, o la Geografía.

El libro huye de cualquier planteamiento teórico. Por el contrario, su objetivo es eminentemente práctico, y no es otro que el de presentar de forma ordenada y sistemática la información que un lector medio necesita saber sobre el mundo para formarse un criterio de cómo funciona y cómo está articulado. Se trata, en definitiva, de hacerle más “globalmente educado”.

Desde su atalaya como presidente de uno de los principales think-tanks a nivel global, y con la experiencia recogida de sus años de servicio como parte del establishment de seguridad de los dos presidentes Bush, Richard Haass ha hecho numerosas e importantes contribuciones al campo de las relaciones internacionales. En el caso del libro que nos ocupa ahora, el mérito del autor estriba en el esfuerzo que ha hecho para simplificar la complejidad inherente a las relaciones internacionales. En una prosa sencilla y atractiva, accesible a lectores de todo tipo, Richard Haass, demostrando una gran comprensión de cada una de las materias que trata, ha sabido destilar su esencia y plasmarla en los veintiséis capítulos de este breve compendio, cada uno de los cuales justificaría, por sí solo, una ingente producción literaria.

Aunque cada capítulo puede ser leído de forma independiente, el libro está articulado en cuatro partes en las que el autor aborda la situación del mundo actual y de las relaciones entre estados desde ángulos diferentes. En la primera de ellas, Haass introduce el marco histórico mínimo necesario para comprender la configuración del actual sistema internacional, deteniéndose de forma particular en los hitos de la Paz de Westfalia, las dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría, y del mundo posterior a la misma.

La segunda parte dedica sendos capítulos a diferentes regiones del mundo, que son brevemente analizadas desde el punto de vista geopolítico. Para cada región, el libro describe su situación, y analiza los principales retos a que se enfrenta, concluyendo con una mirada a su futuro. El capítulo es comprehensivo, aunque la división regional que emplea para el análisis es un tanto cuestionable, y a pesar de que omita, inexplicablemente, cualquier referencia al Ártico como región con identidad geopolítica propia y llamada a jugar un papel creciente en el mundo globalizado a que alude constantemente el libro.

La tercera parte de la obra está dedicada a la globalización como fenómeno definitorio e inescapable de la época actual con enorme impacto sobre la estabilidad del orden internacional. En varios capítulos, repasa las múltiples manifestaciones de la globalización –terrorismo, proliferación nuclear, cambio climático, migraciones, ciberespacio, salud, comercio internacional, cuestiones monetarias, y desarrollo– describiendo en cada caso sus causas y consecuencias, así como las opciones disponibles a todos los niveles para tratarlas de forma que favorable a la estabilidad del orden mundial.

Finalmente, la última sección trata del orden mundial –el concepto más básico en relaciones internacionales–, que considera imprescindible dado que su ausencia se traduce en pérdida de vidas y de recursos, y en amenazas a la libertad y prosperidad a nivel global. Sobre la idea de que, en cualquier momento histórico, y a cualquier nivel, operan fuerzas que promueven la estabilidad del orden junto con otras que tienden al caos, el capítulo se ocupa de las principales fuentes de estabilidad, analizando su contribución al orden –o desorden– internacional, y concluyendo con el significado que esto tiene para la era internacional que vivimos. Aspectos como la soberanía, el equilibrio de poder, las alianzas, o la guerra, son tratados en los diferentes capítulos que comprenden esta cuarta y última parte.

De particular interés para quien desee profundizar más en estos asuntos resulta la coda del libro, titulada Where to Go for More. Este capítulo final ofrece al lector un compendio de referencias periodísticas, digitales, y literarias bastante equilibrado y autorizado cuyo uso frecuente, altamente recomendado, contribuirá, sin duda, al objetivo formativo que propone el autor.

Se trata de un libro divulgativo, escrito para mejorar la formación del público norteamericano y, más allá de ello, global, en asuntos relacionados con el orden mundial. Este carácter didáctico no es, sin embargo, óbice para que Haass, en algunos momentos, y a pesar de su promesa de proporcionar un criterio independiente y no partidista que haga al lector haga menos manipulable, tiña esos asuntos con su personal visión del orden mundial y de cómo debe ser, ni para que ejercite una crítica -un tanto velada, hay que decir- a la política internacional, poco globalista, del actual inquilino de la Casa Blanca. Pese a ello, The World. A Brief Introduction ofrece una sencilla y completa introducción al mundo de las relaciones internacionales, y resulta, casi, de lectura obligada para quien quiera iniciarse en el conocimiento del orden mundial y de los mecanismos que lo regulan.

EEUU como civilización emergente de las cenizas de Occidente

[Bruno Maçães, History Has Begun. The Birth of a New America. Hurst and Co. London, 2020. 203 p.]

RESEÑAEmili J. Blasco

History Has Begun. The Birth of a New America¿Y si Estados Unidos no estuviera en declive, sino todo lo contrario? Estados Unidos podría encontrarse, en realidad, en sus comienzos como gran potencia. Es lo que defiende Bruno Maçães en su nuevo libro, cuyo título –History Has Begun– viene a rebatir en cierto sentido aquel fin de la historia de Fukuyama, que veía la democratización del mundo de finales del siglo XX como la culminación de Occidente. Precisamente, la hipótesis del internacionalista de origen portugués es que EEUU está desarrollando una civilización propia y original, separada de lo que hasta ahora se entendía como civilización occidental, en un mundo en el que el concepto mismo de Occidente está perdiendo fuerza.

La obra de Maçães sigue tres líneas de atención: la progresiva separación de EEUU de Europa, las características que identifican la específica civilización estadounidense y el pulso entre EEUU y China por el nuevo orden mundial. El autor ya había desarrollado aspectos de estos temas en sus dos obras inmediatamente anteriores, ya reseñadas aquí: The Dawn of Eurasia y Belt and Road; ahora pone el foco en EEUU. Los tres títulos, en el fondo, son una secuencia: la progresiva disolución de la península europea en el conjunto del continente euroasiático, la emergencia de China como la superpotencia de esa gran masa continental y el papel que le resta a Washington en el planeta.

En cuanto a si EEUU sube o baja, Maçães escribe en la introducción del libro: “La sabiduría convencional sugiere que Estados Unidos ha alcanzado ya su máxima cota. Pero ¿y si simplemente ahora está empezando a forjar su propia senda hacia adelante?”. El volumen está escrito antes de la crisis de coronavirus y de la profunda zozobra que hoy se observa en la sociedad estadounidense, pero ya antes eran evidentes algunas señales de la intranquilidad interna de EEUU, tales como la polarización política o las divergencias sobre la orientación de su política exterior. “El presente momento en la historia de Estados Unidos es a la vez un momento de destrucción y un momento de creación”, afirma Maçães, que considera que el país está pasando por “convulsiones” propias de ese proceso de creación destructiva. A su juicio, en cualquier caso, son “los dolores de parto de una nueva cultura en lugar de los estertores de una civilización vieja”.

Podría pensarse que simplemente Estados Unidos evoluciona hacia una cultura mixta, fruto de la globalización, de forma que a la influencia que en los últimos siglos tuvieron algunos países europeos en la conformación de la sociedad estadounidense se una ahora la de la inmigración asiática. De hecho, se espera que para mediados de centuria los inmigrantes del otro lado del Pacífico superen a los que lleguen de México y Centroamérica, los cuales, aunque impregnados de culturas indígenas, siguen en buena medida el paradigma occidental. Entre la herencia primera europea y la nueva asiática, en EEUU se podría desarrollar una cultura “euroasiática híbrida”.

De hecho, en un momento del libro, Maçães asegura que EEUU “ya no es más una nación europea”, sino que “en aspectos fundamentales parece ahora más similar a países como India o Rusia o incluso la República de Irán”. No obstante, discrepa de esa perspectiva híbrida euroasiática y defiende, en cambio, el desarrollo de una nueva y autóctona sociedad estadounidense, separada de la civilización occidental moderna, arraigada en nuevos sentimientos y pensamientos.

A la hora de describir ese distinto modo de ser, Maçães se ocupa sobre todo de algunas manifestaciones, de las que va deduciendo aspectos más profundos. “¿Por qué los estadounidenses hablan tan alto?”, se pregunta, refiriéndose a uno de esos síntomas. Su teoría es que la vida estadounidense enfatiza su propia artificialidad como modo de recordar a sus participantes que, en el fondo, están experimentando una historia. “El modo americano de vida es conscientemente acerca de lenguaje, relato de historias, trama y forma, y está destinado a llamar la atención de su estatus como ficción”. Todo un capítulo, por ejemplo, se dedica a analizar la importancia de la televisión en EEUU. En medio de estas consideraciones, el lector puede llegar a pensar que el razonamiento ha ido derivando hacia un ensayo cultural, saliéndose del campo de las relaciones internacionales, pero en la conclusión de la obra se atan convenientemente los cabos.

Dejado aquí ese cabo suelto, el libro pasa a analizar el pulso entre Washington y Pekín. Recuerda que desde su ascenso como potencia mundial alrededor de 1900, el objetivo estratégico permanente de EEUU ha sido evitar que una sola potencia pudiera controlar el conjunto de Eurasia. Amenazas anteriores en ese sentido fueron Alemania y la URSS y hoy lo es China. Lo normal es que Washington recurriera al equilibrio de poderes, utilizando Europa, Rusia e India contra China (echando mano de un juego históricamente empleado por Gran Bretaña para el objetivo de impedir que un solo país controlara el continente europeo), pero de momento EEUU se ha centrado en confrontar directamente a China. Maçães ve confusa la política de la Administración Trump. “Si Estados Unidos quiere adoptar una estrategia de máxima presión contra Pekín, necesita tener más claridad acerca del juego final”: ¿es este constreñir el poder económico chino o convertir a China al modelo occidental?, se pregunta. Intuye que la meta última es “desacoplar” el mundo occidental de China, creando dos esferas económicas separadas.

Maçães estima que difícilmente China logrará dominar el supercontienente, pues “La unificación de la totalidad de Eurasia bajo una sola potencia es algo tan lejos de ser inevitable que de hecho nunca ha sido lograda”. De todos modos, considera que, por su interés como superpotencia, EEUU puede acabar jugando no tanto el papel de “gran equilibrador” (dado el peso de China es difícil que alguno de sus vecinos pueda ejercer contrapeso) como de “gran creador” del nuevo orden. “China debe ser recortada de tamaño y otras piezas deben ser acumuladas, si un equilibrio tiene que ser el producto final”, asegura.

Es aquí donde finalmente vuelve a escena, con un argumento algo endeble, el carácter estadounidense de constructor de historias y relatos. Maçães puede ver el éxito de EEUU en esta tarea de “gran creador” si trata a sus aliados con autonomía. Como en una novela, su papel de narrador “es juntar a todos los personajes y preservar sus propias esferas individuales”; “el narrador ha aprendido a no imponer una única verdad sobre el conjunto, y al mismo tiempo ningún personaje tendrá permitido reemplazarle”. “Para Estados Unidos”, concluye Maçães, “la edad de la construcción de la nación ha terminado. Ha comenzado la era de la construcción del mundo”.

EEUU como máquina que se reprograma sola

[George Friedman. The Storm Before the Calm. America's Discord, the Coming Crisis of the 2020s, and the Triumph Beyond. Doubleday. New York, 2020. 235 pag.]

RESEÑAE. Villa Corta, E. J. Blasco

The Storm Before the Calm. America's Discord, the Coming Crisis of the 2020s, and the Triumph BeyondEl título del nuevo libro de George Friedman, impulsor en su día de la agencia de análisis geopolítico e inteligencia Stratfor y luego creador de Geopolitical Futures, no hace referencia a la crisis mundial creada la pandemia del Covid-19. Cuando habla de crisis de la década de 2020, que Friedman lleva anticipando hace algún tiempo en sus comentarios y ahora explica por extenso en este libro, se refiere a movimientos históricos profundos y de larga duración, en este caso circunscritos a Estados Unidos.

Más allá, pues, de la pandemia de estos momentos, de algún modo coyuntural y no abordada en el texto (su composición es previa), Friedman avanza que EEUU se reinventará a finales de esta década. Como una máquina que, casi automáticamente, incorpora cambios y correcciones sustanciales cada determinado periodo de tiempo, EEUU se prepara para un nuevo salto. Habrá crisis prolongada, pero EEUU saldrá de ella triunfante, vaticina Friedman. ¿Declive de EEUU? Todo lo contrario.

A diferencia de otros libros suyos anteriores, como Los próximos cien años o Flashpoints, Friedman deja esta vez el análisis geopolítico global de Friedman para centrarse en EEUU. En su reflexión sobre la historia estadounidense, Friedman ve una sucesión de ciclos de aproximada duración. Los actuales están ya en sus fases finales, y la reposición de ambos será coincidente a finales de la década de 2020, en un proceso de crisis y posterior resurgimiento del país. En el terreno institucional se está agotando el ciclo de 80 años comenzado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (el previo venía desde el término de la Guerra de Secesión, en 1865); en el campo socioeconómico, está acabando el ciclo de 50 años iniciado con Ronald Reagan en 1980 (el previo se había prolongado desde el fin de la Gran Recesión y la llegada de Franklin D. Roosevelt a la Casa Blanca).

Friedman no ve a Donald Trump como el catalizador del cambio (su esfuerzo ha sido simplemente el de recuperar la situación creada por Reagan para la clase media trabajadora, afectada por el paro y la pérdida de poder adquisitivo), ni tampoco cree que lo vaya a ser quien pueda sustituirle los próximos años. Más bien sitúa el giro hacia 2028. El cambio, gestado en un tiempo de gran desconcierto, tendrá que ver con el fin de la tecnocracia que domina la vida política e institucional estadounidense y con la disrupción creativa de nuevas tecnologías. El autor quiere denotar la habilidad de EEUU para superar las adversidades y sacar provecho del “caos” para luego tener un crecimiento fructífero.

Friedman divide el libro en tres partes: la creación de la nación como la conocemos, los ciclos atravesados y el pronóstico sobre el que viene. En esta última parte presenta los retos o adversidades a los que se deberá enfrentar el país.

En cuanto a la creación del país, el autor razona sobre el tipo de gobierno creado en Estados Unidos, el territorio en el que se encuentra el país y el pueblo americano. Este último aspecto es, quizá, el más interesante. Define al pueblo estadounidense como un constructo meramente artificial. Eso le lleva a ver a EEUU como una máquina que afina su funcionamiento automáticamente cada cierto tiempo. Como país “inventado”, EEUU se reinventa cuando sus ciclos se agotan.

Friedman presenta la formación del pueblo estadounidense a través tres tipos superpuestos: el vaquero, el inventor y el guerrero. Al vaquero, que busca empezar algo completamente nuevo y de forma “americana”, se debe especialmente el constructo social tan único de EEUU. Al inventor corresponde el ímpetu por el progreso tecnológico y la prosperidad económica. Y la condición de guerrero ha estado presente desde los inicios.

En la segunda parte del libro se aborda la cuestión ya apuntada de los ciclos. Friedman considera que el crecimiento de EEUU ha sido cíclico, en un proceso en el que el país se reinventa cada cierto tiempo para seguir progresando. Después de hacer un recuento de los periodos vividos hasta hora, sitúa el próximo gran cambio de EEUU en esta década que acaba de comenzar. Advierte que la gestación de la siguiente etapa será complicada debido a la acumulación de eventos de los ciclos pasados. Uno de los aspectos sobre los que el país deberá resolver tiene que ver con la paradoja entre el deseo de internacionalizar la democracia y los derechos humanos y el de mantener su seguridad nacional: “liberar al mundo” o asegurar su posición en la esfera internacional.

El momento de cambio presente, en el que de acuerdo con el autor el ciclo institucional y el socioeconómico van a chocar, supone un tiempo de profunda crisis, pero tras ella llegará un largo periodo de calma. Friedman cree que los primeros “temblores” de la crisis se sintieron en las elecciones de 2016, que mostraron una radical polarización de la sociedad estadounidense. El país deberá reformar no solo su complejo sistema institucional, sino también diversos aspectos socioeconómicos.

Esta última parte del libro –dedicada a la resolución de problemas como la crisis de las deudas estudiantiles, el uso de las redes sociales, las construcciones sociales nuevas o la dificultad en el sector educativo–, es probablemente la más importante. Si la mecanicidad y el automatismo en la sucesión de ciclos determinada por Friedman, o incluso su existencia misma, son cuestionables (otros análisis podrían llevar a otros autores considerar distintas etapas), los problemas reales que el país tiene en la actualidad son fácilmente constatables. Así que la presentación de propuestas para su resolución tiene un indudable valor.