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Latinoamérica ha centrado el campo de ensayos clínicos de las principales vacunas anti Covid-19

Brasil ha sido epicentro de la carrera en la experimentación de las vacunas occidentales y también de las de China y Rusia

Los laboratorios que promueven las principales vacunas contra el Covid-19 han recurrido a diversos países latinoamericanos para llevar a cabo ensayos clínicos, en sus diferentes fases. Miles de voluntarios de hasta siete países diferentes han participado en las pruebas, tanto de vacunas promovidas por compañías occidentales como de vacunas de China y Rusia, convirtiendo la región, especialmente afectada por el coronavirus, en escenario de la pugna geopolítica por el prestigio de poder poner fin a la pandemia.

ARTÍCULOJimena Puga

Ya desde antes de que el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró el brote de Covid-19 pandemia global, numerosas empresas y laboratorios comenzaron los estudios para lograr una vacuna. Esas investigaciones han debido hacerse a contrarreloj, no solo por la presión ejercida por la crisis sanitaria mundial sino también por el impacto que está generando en la economía. Más de 160 proyectos están siendo desarrollados en todo el mundo y Latinoamérica ha devenido en un importante campo de pruebas al acoger ensayos clínicos de seis de las vacunas cuya investigación se considera más avanzada: las vacunas desarrolladas por la compañía estadounidense Johnson & Johnson, por la alianza germano-estadounidense Pfizer BioNtech y por la colaboración de la Universidad de Oxford con el laboratorio británico AstraZeneca, así como las vacunas chinas de Sinovac Biotech y Sinopharm y la rusa bautizada como Sputnik V.

Brasil es el principal país de elección, con miles de voluntarios colaborando con cinco de esas seis vacunas; en Argentina y en Perú se están probando tres; dos en México y Chile, y una en Venezuela [ver tabla adjunta]. Los laboratorios internacionales han venido realizando pruebas en dos o tres de esos países, salvo en el caso de Johnson & Johnson, que ha buscado voluntarios en seis países diferentes. Los ensayos se han llevado a cabo en colaboración con instituciones de investigación locales, que en algunos casos han participado activamente en el análisis de datos. Además, México, Argentina y Brasil han cerrado con Oxford-AstraZeneca acuerdos para la fabricación de de su vacuna, al margen de las compras que diversos países latinoamericanos han cerrado ya para la adquisición de millones de dosis de las diferentes vacunas. Así mismo, ha habido acuerdos para que Brasil produzca la vacuna de Sinovac Biotech y Sputnik V. Por otra parte, también existen investigaciones locales, como las emprendidas por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Nacional de San Martín en Argentina y el proyecto cubano de la vacuna Soberana 01.

El interés de los laboratorios internacionales por Latinoamérica se debe a varios motivos. Por un lado, la región está sufriendo especialmente la propagación de contagios –la Organización Panamericana de la Salud confirmó a finales de mayo que el área se había convertido en el epicentro de la pandemia­–, de forma que de los doce países del mundo con mayor número de contagios y con mayor número de muertes, seis son latinoamericanos, según el cómputo de la Universidad John Hopkins a mitad de noviembre. Brasil es el tercero del mundo en contagios, con 5,8 casos, y el segundo en muertes, con 166.000 fallecidos; los otros países más afectados en la región son México, Argentina, Colombia y Perú.

Por otro lado, se trata de naciones que tienen un sistema sanitario suficientemente alto como para poder seguir ciertos estándares en la realización de pruebas clínicas, y al mismo tiempo cuentan con un nivel de vida no especialmente alto como para que haya suficientes voluntarios dispuestos a correr el riesgo de ensayos de este tipo (habitualmente pagados). Para China y Rusia, además, la experimentación en Latinoamérica supone el interés de ganar influencia en una zona que, en el juego geopolítico, le disputan a Estados Unidos.

China y Rusia

El pasado 22 de julio, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, mantuvo una reunión virtual con el ministro de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, a la que se sumaron otros países como Argentina, Barbados, Colombia, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú o Uruguay. Durante la reunión, Wang aseguró que China, América Latina y los países del Caribe se habían unido contra un enemigo común, y que la lucha conjunta contra la pandemia reforzaría la confianza política entre estas naciones y defendería el multilateralismo. En ese encuentro, el representante chino anunció un préstamo de 1.000 millones de dólares a la región.

Central en esa colaboración es la facilitación de vacunas chinas, cuya experimentación se ha llevado a cabo en algunos países latinoamericanos. La vacuna de Sinovac Biotech, también conocida como “CoronaVac”, está siendo probada en Chile y también en Brasil, donde el laboratorio chino cuenta con la colaboración del Instituto Butanan, centro inmunológico brasileño de referencia. Si la vacuna resulta efectiva, el Instituto Butanan tendrá derecho a producir hasta 120 millones de dosis, la mitad para Brasil y el resto para países vecinos.

Sin embargo, después de que el ministro de Sanidad añadiese la “CoronaVac” a su programa inmunológico, el presidente Jair Bolsonaro aseguró recientemente que su gobierno no compraría una vacuna “made in China”. “Los brasileños no serán conejillo de indias de nadie”, dijo Bolsonaro. No quedó claro si se cerraba a cualquier compra a China o esperaría a que se verifique la efectividad de la vacuna. Ya el Gobierno fue reacio a autorizar ensayos de otro vacuna china, la desarrollada por Sinopharm. En cualquier caso, en Brasil también se han probado las vacunas de Oxford-AstraZeneca, Pfizer-BioNTech, Johnson & Johson y Sputnik V.

Por su parte, Moscú asegura querer facilitar su vacuna a toda América Latina, como afirmó Kiril Dmítriev, director del Fondo de Inversiones Directas de Rusia. Dmítriev indicó en octubre que la vacuna Sputnik V se producirá en India, Brasil, Corea del Sur y China y que esperaba cerrar acuerdos de suministro con Argentina y Perú, además de los ya acordados con México y Brasil, que participan en los ensayos clínicos de la vacuna.

Sin duda, es interesante analizar la postura de Estados Unidos con respecto a la decisión de Pekín y Moscú de experimentar sus vacunas en el continente americano. Parece que una vez más, las tres potencias han encontrado un motivo para continuar su pugna por el liderazgo mundial. Al tratarse de una crisis sanitaria global, la obtención de una vacuna eficiente en el menor tiempo permitiría al país pionero verse exaltado como un estado reputado, influyente y respetado. Y para Washington verse sobrepasado por China o Rusia, en el campo de la ciencia y en de la influencia sobre Latinoamérica, supondría una cierta humillación.

Pero ¿es la vacuna una oportunidad real para América Latina? La seguridad y efectividad de una vacuna no es la única barrera en el proceso de producción y distribución. Las leyes de propiedad intelectual otorgan a las farmacéuticas los derechos exclusivos para producir las vacunas, aunque por un número limitado de años, con el objetivo de ayudar a que recuperen el coste de la inversión. Pero en numerosas ocasiones, se abusa de estos derechos y se crean monopolios. En el caso de la vacuna contra la Covid-19 la limitación a su acceso supondría una amenaza real que causaría desabastecimiento y retrasos en su producción.

Por este motivo, la región latinoamericana está acelerando las negociaciones con la Organización Mundial de la Salud, las compañías farmacéuticas y otras organizaciones con el fin de garantizar el suministro y el acceso inmediato a las vacunas disponibles y proteger a la población.