Julia Ruiz Castell
Fundación Chillida, Sede en Madrid
Proyecto Fin de Carrera Máster Universitario de Arquitectura
Universidad de Navarra
Tutor: César Azcárate
La nueva sede de la Fundación Chillida en Madrid se emplaza en el parque Madrid Río, en un punto estratégico junto al eje cultural formado por Matadero Madrid y el Palacio de Cristal de Arganzuela. El proyecto se concibe como una pieza de transición que, al rematar la trama urbana existente del eje cultural, articula el paso hacia el parque lineal del río Manzanares.
La intervención se complementa con un jardín exterior de esculturas, concebido como un espacio abierto de contemplación y encuentro, en el que se exhiben obras de Chillida. Este espacio actúa como antesala del museo y prolongación natural del parque, reforzando el vínculo entre arte, arquitectura y paisaje.
La propuesta plantea una pieza lineal dispuesta perpendicular al eje del parque Madrid Río, rematando la trama urbana del entorno del Matadero y estableciendo una conexión directa tanto con la ciudad como con el río Manzanares.
El edificio atraviesa la totalidad del ámbito del parque, prolongándose más allá del cauce para intensificar su relación con el paisaje fluvial, al mismo tiempo que, hacia la ciudad, se abre mediante una plaza de acceso público que actúa como umbral de acceso.
La incorporación de nuevos recorridos peatonales sobre rasante permite la creación de pasos intermedios, asegurando la continuidad del tránsito a través del edificio sin interrumpir el flujo peatonal. Además, el proyecto interactúa con los vacíos generados por las infraestructuras soterradas de la M-30, incorporándolos como parte activa de la experiencia espacial del recorrido.
La topografía del solar, con un desnivel de seis metros, determina la organización del programa en tres distintos niveles (B+II). El programa principal se organiza en torno a tres grandes salas expositivas, que constituyen el núcleo del proyecto tanto a nivel funcional como conceptual. Cada una de ellas se concibe a partir de un carácter espacial diferenciado, inspirado en la obra de Chillida: la sombra en las superficies, la búsqueda de la luz y el vacío del material. En torno a estas salas, se dispone el resto del programa complementándolas.
La planta baja, situada a cota de la plaza pública de entrada (+1,20 m.), es la que está estrechamente en relación con los túneles subterráneos, distribuyendo el programa en una banda de 3 metros de anchura que alberga los espacios servidores de este.
En planta primera, a cota del parque (+6,20 m.), se encuentra una de las salas de exposición, con espacios de proyección complementarios y la cafetería.
Por último, en la planta segunda (+11,20 m.), se ubican las dos salas restantes, completando un recorrido museístico continuo y circular y creando así una experiencia en el visitante.
Las distintas secciones muestran la relación directa del edificio con su entorno mediante los dos grandes voladizos: uno orientado hacia el río y otro hacia la plaza pública de acceso. Estos gestos consolidan los dos frentes del edificio y refuerzan su condición de umbral entre lo natural y lo construido. El juego de alturas en cubierta responde a las necesidades específicas de cada espacio, generando entradas de luz diferenciadas según el programa que acogen.
En las salas, la estructura de hormigón de vigas de canto se muestra vista, aportando carácter y singularidad a los espacios expositivos. En contraste, el resto del edificio se resuelve con un techo suspendido continuo con el revestimiento vertical de madera carbonizada. Esta diferencia material y tectónica permite que cada sala exprese una atmósfera propia, generando un diálogo y contraste entre estructura, obra de Chillida y materialidad del espacio.
A nivel compositivo, el proyecto se concibe como un volumen compacto, con una fachada ventilada de placas de granito con huecos puntuales según el programa lo requiere, reforzando la idea de transición entre el eje cultural del Matadero y el parque lineal de Madrid Río. La estructura se resuelve mediante un sistema de pórticos de hormigón armado que organiza el espacio y resuelve los grandes voladizos.
Los diferentes detalles constructivos muestran los encuentros entre materiales —hormigón, madera y granito— así como la forma en que el cerramiento responde a criterios térmicos, acústicos y de durabilidad.
En definitiva, el proyecto interpreta la obra de Chillida desde la arquitectura: la luz, el vacío y la sombra se combinan para generar un espacio de contemplación y encuentro.