Iñaki Franchez Martincorena
Centro cultural Murallas
Proyecto Fin de Carrera Máster Universitario de Arquitectura
Universidad de Navarra
Tutor: Antonio Vaíllo
La Plaza de Puerta Cerrada es un enclave con gran carga histórica en el centro de Madrid. Por este lugar discurría el trazado de la muralla cristiana del siglo XI, uno de los principales sistemas defensivos construidos tras la reconquista de la ciudad. Madrid, como muchas ciudades históricas, ha ido incorporando en su trazado sus murallas conforme la ciudad continuaba expandiéndose. Aunque hoy en día estas estructuras han desaparecido casi por completo, su huella sigue presente en el espacio público y en el trazado de las calles, configurando recorridos que aún revelan la estructura medieval de la ciudad.
Recuperando precisamente ese trazado de la muralla, el proyecto plantea una gran ronda peatonal que conecta tres de las antiguas puertas de entrada a la ciudad. Este recorrido se materializa mediante la peatonalización de la calle de la Cava Baja y la calle de la Cava de San Miguel, hoy saturadas por tráfico y aparcamiento pese a su alto valor patrimonial y comercial. La Plaza de Puerta Cerrada se convierte así en el núcleo articulador de este trazado, recuperando su condición de antesala de la ciudad histórica y reforzando su papel como punto de encuentro y nodo urbano.
A nivel funcional, el proyecto propone un programa dividido en tres partes: un centro de interpretación arqueológico situado en el área soterrada, un centro cultural sobre rasante que ocupa el cuerpo principal del conjunto y un edificio más pequeño que alberga un centro de espiritualidad. Estas tres partes están unidas entre sí por el área soterrada.
Actualmente, la plaza presenta un perímetro irregular, con medianeras vistas en mal estado, fruto de antiguos derribos para liberar el trazado de la muralla, lo que provoca que la plaza no tenga una geometría clara definida y sea más un encuentro de calles que una plaza.
Se adopta una estrategia de colmatación y adaptación volumétrica que, con un número mínimo de derribos, permite tapar medianeras y colmatar las manzanas existentes con edificaciones de crujías estrechas sobre rasante.
Bajo la plaza se encuentra el área de interpretación de la muralla, cuyo perímetro de geometría irregular se adapta a las edificaciones sobre rasante, respetando sus cimentaciones. En su interior se disponen una serie de cajas de geometría ortogonal que contienen el programa cerrado, dejando entre ellas espacios libres que configuran un recorrido museístico vinculado a los restos arqueológicos.
A esta área soterrada se accede mediante una plaza a una cota inferior, que actúa como acceso principal al centro arqueológico y permite la entrada de luz y ventilación natural, funcionando como un espacio previo a la entrada del edificio.
En las plantas superiores, al contar con tan poca superficie, los espacios se distribuyen en altura, trabajando con espacios a doble altura que permiten la entrada de luz natural y refuerzan la continuidad espacial.
Desde el punto de vista volumetrico, el proyecto se integra en el entorno mediante una volumetría coherente con el tejido histórico: crujías estrechas, cubiertas inclinadas y fragmentación.
Las fachadas se resuelven con un sistema constructivo tradicional de doble hoja de ladrillo con revoco de mortero de cal, raspado en sentido vertical para generar ritmo. El zócalo de piedra se prolonga en la nueva plaza, concibiendo la cubierta del sótano como una quinta fachada que cose ambos edificios en planta y dota de unidad a toda la intervención.