Carlos Jiménez Aldaba
Residencia Intergeneracional entre Atocha y El Retiro
Proyecto Fin de Carrera Máster Universitario de Arquitectura
Universidad de Navarra
Tutor: Elizabeth Abalo Díaz
Este Proyecto Fin de Carrera nace de una doble urgencia social: el aislamiento creciente de las personas mayores y las dificultades estructurales que enfrentan los jóvenes para emanciparse. Más de 2 millones de personas mayores viven solas en España, y casi la mitad se sienten solas de forma habitual (INE, 2023). Por otro lado, la edad media de emancipación supera los 30 años, lastrada por la precariedad laboral y la falta de vivienda asequible (CJE, 2023). A esto se suma una limitación ambiental clave: el 50% de las personas mayores evita salir de casa con mal tiempo (OMS, 2022), lo que refuerza su aislamiento y reduce su calidad de vida.
Frente a esta realidad, y pensando en mi propio abuelo (a quien imaginaba más acompañado en una residencia intergeneracional, pero aún confinado entre cuatro paredes) surgió una pregunta clave: ¿y si pudiéramos llevar la calle, la vegetación y la vida social al interior del edificio?
Así nace esta residencia intergeneracional, situada entre Atocha y El Retiro, que propone una forma de habitar basada en la convivencia entre generaciones, la conexión con la naturaleza y la flexibilidad arquitectónica a largo plazo.
El edificio se organiza en torno a un gran atrio central cubierto, que actúa como corazón social, climático y compositivo. Su cubierta, construida con dobles vigas de madera laminada, integra lucernarios practicables que regulan el confort térmico de forma pasiva: en invierno, potencia el efecto invernadero; en verano, se abre para favorecer la ventilación ascendente y evacuar el aire caliente. Además, canaliza el agua de lluvia hacia las zonas verdes mediante un sistema de goteo natural, y se contempla un sistema de nebulización puntual para mejorar el confort en los días más calurosos.
La experiencia arquitectónica se articula en tres actos:
—Llegar, a través de un filtro vegetal que amortigua la transición entre el espacio urbano y el interior, aportando sombra, silencio y continuidad visual.
—Cruzar, moviéndose por el atrio, donde la luz natural, la vegetación y los espacios intermedios invitan al encuentro entre generaciones.
—Estar, en la cubierta ajardinada que remata el recorrido como un espacio abierto al barrio, de descanso y relación social.
El solar, con un desnivel de 21 metros, no se evita: se habita y se activa como un recorrido urbano que conecta cotas, reforzando la integración con el entorno y dotando al edificio de una dimensión pública.
Materialmente, el proyecto combina madera laminada (estructura principal que aporta calidez, ligereza y adaptabilidad) con hormigón visto en los laterales y en el atrio, donde su tono claro amplifica la luz natural y subraya la verticalidad del espacio.
El edificio se ha concebido como una infraestructura flexible, capaz de adaptarse a futuros cambios de uso. Los criterios adoptados a nivel urbanístico, compositivo, constructivo, ambiental y estructural permiten una transformación programática a largo plazo, garantizando así su viabilidad funcional y social en el tiempo.
Esta propuesta demuestra que la arquitectura puede ser aliada frente al aislamiento, la rigidez y la fragmentación, haciendo de la casa, la calle y el paisaje un solo lugar compartido.