Los roces entre Grecia y Turquía se ven acentuados por la cercanía electoral

Los roces entre Grecia y Turquía se ven acentuados por la cercanía electoral

ANÁLISIS

19 | 12 | 2022

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La tensión vecinal por el conflicto migratorio y las disputas marítimas aumentan con la perspectiva de las elecciones griegas y turcas de mediados de 2023

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El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en un encuentro celebrado antes de las últimas tensiones [Gob. de Grecia]

En los últimos meses, la escalada verbal entre los gobiernos de Turquía y Grecia ha tensionado las relaciones entre los dos países vecinos, que comparten no solo una frontera terrestre sujeta al flujo migratorio, sino también una disputada delimitación marítima, en un cada vez más complicado Mediterráneo Oriental.

El episodio de un centenar de migrantes encontrados en octubre desnudos en el río Évros, que separa Turquía y Grecia, ha avivado las tensiones entre ambos países. Atenas acusa a Ankara de utilizar a los migrantes para crear problemas en la Unión Europea, mientras que el gobierno turco acusa a griegos y resto de europeos de devolver migrantes de forma indiscriminada.

Por otra parte, varios movimientos recientes griegos de militarización de algunas islas del Mar Egeo han provocado la alerta turca. Con diversas delimitaciones marítimas en cuestión, Ankara puede interpretar algunos de esos movimientos como una provocación de sus vecinos.

Las elecciones del próximo año en los dos países (las presidenciales turcas están programadas para junio y las legislativas griegas para agosto) pueden estar alimentando el interés de ambos gobiernos de cultivar el voto nacionalista.

De hecho, las declaraciones de los líderes políticos de ambos países muestran cómo las relaciones greco-turcas están estancadas en el rencor de conflictos pasados. Los discursos están repletos de comentarios sobre disputas históricas como la de Esmirna en 1922, mencionada en junio pasado por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien se refirió entonces a la expulsión de tropas griegas de la actual ciudad turca de Izmir, “arrojando a los infieles al mar” y finalizando así la Guerra de Independencia turca (1919-1923).

Si bien una confrontación armada entre Turquía y Grecia, socios en la Alianza Atlántica, parece improbable, la evolución del nacionalismo y la constatación de una creciente enemistad abre la incertidumbre sobre el futuro. Más adelante, examinamos aquí tres posibles escenarios sobre el desarrollo del conflicto de fondo.

Tensión migratoria

La situación política entre Turquía y Grecia ha vuelto a tensarse luego de que se encontraron a 92 personas intentando cruzar la frontera de ambos países a través del rio Évros el pasado 17 de octubre. Estas personas, que declararon ser solicitantes de asilo en Turquía, procedían en su mayoría de Siria y Afganistán, y acusaron al gobierno turco de un trato “humillante” hacia ellos. Fueron localizadas desnudas y sin pertenencias.

El director de comunicación del gobierno turco, Fahrettin Altun, respondió a la acusación con la frase: “La máquina griega de noticias falsas vuelve a trabajar”. De esta manera, el gobierno turco negó haber tratado de manera despectiva a sus refugiados, sin llegar a explicar claramente cómo 92 personas fueron abandonadas en el Évros, aparentemente robadas y ubicadas allí sin su consentimiento.

Turquía y Grecia no gozan, precisamente, de una buena reputación en lo que se refiere a la acogida de migrantes. Son reconocidos internacionalmente por sus acusaciones mutuas de malos tratos hacia los migrantes. Frontex, la agencia de fronteras de la Unión Europea, ha sido acusada de no aceptar a los migrantes en territorio europeo y devolverlos a la frontera de países limítrofes con su territorio. Pero el gobierno griego y Frontex niegan rotundamente llevar a cabo estas devoluciones ilegales de migrantes, mientras que Ankara hace énfasis en ellas, afectando a la imagen de Frontex y de los griegos.

Para afrontar esta migración irregular que lleva ocurriendo desde hace años, en 2016 la UE estableció varios principios como, por ejemplo, el de que todos los nuevos migrantes ilegales que llegan a las islas griegas sean devueltos a Turquía si no cuentan con la documentación adecuada. La UE decidió esta política a la vista del dramático aumento de tráfico de seres humanos a través de la ruta migratoria del Mediterráneo Oriental.

Conflicto marítimo

La disputa de límites marítimos entre los dos países se remonta al primer tercio del siglo XX. Desde entonces el reclamo de soberanía sobre 6 millas náuticas desde la línea de costa ha enfrentado a Atenas y Ankara, pues muchas islas griegas (algunas disputadas por sus vecinos) están muy próximas a la plataforma continental turca.

La Organización de las Naciones Unidas proclamó en 1982 la Convención sobre el Derecho del Mar, que entró en vigor en 1994. La Convención otorga a los estados la posibilidad de reclamar aguas de soberanía a una distancia de hasta 12 millas náuticas desde la línea de su costa. Si Grecia reclamara las 12 millas náuticas, el Mar Egeo se convertiría, ‘de facto’, en un lago griego. Turquía se vería muy perjudicada a corto, mediano y largo plazo por esta posible decisión, por lo que el gobierno turco ha declarado en varias ocasiones que considera esta posibilidad como un ‘casus belli’. Esto ha causado numerosos enfrentamientos diplomáticos entre los dos países.

Esa disputa marítima tiene varios matices, ya que las plataformas continentales de estos países se superponen, problema que aconseja aplicar la tradición consuetudinaria en defecto de lo previsto por la Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas. Entre varias formas aceptadas por la ONU para delimitar una línea media definitiva, Grecia prefiere establecer una línea mediana provisional entre las costas insulares griegas y turcas, mientras que Turquía se decanta más por tomar en consideración factores subjetivos relevantes para las partes y mantiene su postura inicial sobre las medidas de la línea mediana, según la cual la mediana debe calcularse desde la línea costera continental.

Este conflicto ha estado especialmente vivo desde la década de 1970. La delimitación de áreas territoriales y marítimas, que podrían ser de gran ayuda para la economía de ambos países, es un punto clave de disputa. El control del espacio aéreo es también de gran importancia, ya que, militarmente hablando, controlar la información de vuelo y la actividad aérea de la zona es un gran activo para cualquier potencia.

De la perspectiva de ingreso en la UE a la actual escalada

Los roces entre los dos países han conocido momentos de cierta distensión que invitaban al optimismo. El comienzo del presente siglo fue clave en mejorar las relaciones, ya que Turquía buscaba la adhesión a la Unión Europea, aceptando introducir varias reformas para así facilitar su acceso. Esto hizo que la Unión Europea, que en realidad se mantuvo ambivalente sobre un futuro ingreso de Turquía, trabajara para un acercamiento entre los dos países, lo cual daba a entender que el conflicto no volvería a experimentar los picos de tensión que habían visto décadas atrás.

Ese optimismo anterior se vio frustrado en 2016 por la paralización de las negociaciones de futuro ingreso en la Unión Europea, y en la actualidad Turquía es acusada desde Bruselas y por estados miembros de la UE de varias violaciones de derechos humanos. La situación de Turquía y las acciones de su gobierno forzaron a la UE a suspender las conversaciones de adhesión en 2019 mediante una votación que no fue bien recibida por los turcos, quienes calificaron la votación “absolutamente inaceptable”. Después de este fallido intento de diplomacia, tanto Grecia como Turquía prosiguieron con sus amenazas y disputas.

Recientemente, las relaciones entre los dos países vuelven a pender de un hilo. Uno de los detonantes de este agravamiento fueron las alusiones del primer ministro griego, Kiriakos Mitsotakis, durante la celebraciónen noviembre del Día de las Fuerzas Armadas, a la “amenaza” turca y al riesgo de desestabilización del Mediterráneo Oriental. “En momentos de inestabilidad internacional, de guerras en el corazón de Europa, y de constantes amenazas a nuestras fronteras, el día de las Fuerzas armadas es una oportunidad para el país para unirse aún más”, dijo Mitsotakis. El primer ministro griego aseguró que su Gobierno está realizando esfuerzos para fortalecer las capacidades de Defensa griega y para superar la crisis económica en la que Grecia se encuentra.

Aparte del primer ministro, varios altos cargos griegos han hecho declaraciones sobre la situación. Uno de ellos, el jefe del Estado Mayor de la Defensa de la República Helénica, general Konstantinos Floros, comentóel mismo día que quien subestimase el poder y voluntad de Grecia para defender su soberanía estaría en un gran error. “Estamos en paz y trabajamos para la paz”, quiso precisar. Las referencias históricas no se quedaron fuera de la batalla dialéctica: Floros se refirió a la batalla de la Maratón del año 490 a.C, sugiriendo el final que sufriría “cualquiera que cometa el error de atacar de noche”, en una clara referencia a las preocupantes declaraciones que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, había hecho previamente amenazando a Grecia con un posible “ataque nocturno”.

En otras declaraciones sobre el tema, Erdogan afirmó que la presencia griega en determinadas islas del Mar Egeo “no vincula” la posición Turquía sobre el reconocimiento de soberanía. “Cuando el tiempo llegue, haremos lo necesario”, señaló. En ese contexto de advertencia hacia sus vecinos, el presidente turco también indicó que el nuevo misil balístico ‘Tayfun’ había conseguido llegar a un alcance de 561 kilómetros sobre el Mar Negro en unas pruebas transcurridas el 18 de octubre de 2022, dando a entender que Atenas se encontraba dentro del largo alcance de sus misiles.

Esta escalada verbal ha incrementado la incomodidad entre Grecia y Turquía. Ante esta situación, es oportuno preguntarse si este tipo de incidentes podrían desencadenar un conflicto a mayor escala o, incluso, una guerra entre ambos países. Es cierto que la situación greco-turca no es tan tensa como en ciertos momentos del pasado; sin embargo, cuando las tensiones se ven acentuadas, cualquier acción vista especialmente negativa por el otro bando podría desencadenar un conflicto.

Posibles escenarios

1. Conflicto armado entre Grecia y Turquía

Este sería el primer escenario posible tras las recurrentes crisis migratorias que afectan a ambas partes. Tras años de acusaciones de maltrato y devoluciones de refugiados, alguno de los dos países podría dar finalmente el primer paso a un ataque armado y dar inicio a un conflicto. Sin embargo, este conflicto tendría un problema de desarrollo importante: Grecia y Turquía forman parte de la OTAN. Un conflicto entre dos miembros de la OTAN obligaría al resto de miembros a 1) solucionar el conflicto o 2) elegir alguno de los bandos para brindarles apoyo. Además, considerando el hecho de que Grecia es miembro de la UE, Atenas debería contar con el apoyo más o menos incondicional de todos los Estados miembros, de acuerdo con el artículo 42.7 del tratado de Lisboa.

Si un posible conflicto armado entre Grecia y Turquía no entrara pronto en una fase de negociaciones, supondría un claro riesgo de escalada internacional debido a las alianzas existentes. El apoyo de la UE a Grecia dejaría en una gran desventaja a Turquía, que aunque tiene un ejército mayor se vería obligada a buscar alianzas con otros estados.

El presidente de Turquía declaró en octubre en una conferencia en Praga que Grecia debería estar preparada para una posible invasión por parte del ejército turco. Sus palabras posiblemente buscaban alentar el nacionalismo, al que también las autoridades griegas han apelado, necesitados ambos gobiernos de atraer a sus respectivas poblaciones en asuntos tan sensibles como el de la migración, si bien en el caso del presidente turco esto es más acusado. De todos modos, anque la posibilidad de una guerra no hay que descartarla completamente, probablemente ambos países se pararían antes de iniciarla, pues no beneficiaría a ninguno de los dos.

2. Tensiones escalan sin estallar

El segundo escenario posible es que las acusaciones y los incidentes entre ambos países se sigan sucediendo sin llegar al punto de no retorno de un conflicto armado. Sin embargo, una evolución de ese tipo ayuda a la relación diplomática entre Ankara y Atenas y perjudica la percepción de sus gobiernos por parte de la comunidad internacional. Se trata del escenario más probable, que constituye una prolongación de la actual situación, aunque con una mayor escalada verbal y de tensiones.

3. Distención

También cabe, no obstante, un escenario de distensión, en el que la diplomacia alivie y solucione las tensiones. De momento habría más bien que etiquetarlo de ‘idealista’, pues por ahora ninguno de los dos países ha demostrado un genuino interés en solucionar las diferencias que les separan. Además, algunos motivos de incomodidad mutua, como las crisis migratorias, están fuera del completo control de los respectivos gobiernos. Con todo, no hay que olvidar que en el pasado ya se han resuelto tensiones como la Crisis del Egeo de 1987 mediante la acción diplomática.

Con la vista en las próximas elecciones

Más allá de esas consideraciones futuras, de momento la escalada verbal entre los gobiernos griego y turco cabría interpretarla en clave electoral. A mediados de 2023 habrá elecciones tanto en Grecia como en Turquía, lo que condiciona la actuación de sus gobiernos, que se mueven mirando más a la opinión pública. Así, han empezado a reavivar antiguas tensiones para contar con el apoyo de sus respectivos sectores nacionalistas.

En el caso de Turquía, la población acusa al gobierno actual de la crisis económica. Además, existe un creciente descontento entre los turcos respecto a los casi cuatro millones de refugiados sirios que alberga el país. Erdogan es consciente de esto y trata de ganar un mayor favor popular mediante la devolución de migrantes. Por su parte, el primer ministro griego, el conservador Kyriakos Mitsotakis, también afronta ese punto de fricción buscando una mayor aprobación de su gestión.

Las diferencias culturales, étnicas y religiosas entre estas dos naciones han creado problemas desde la ocupación otomana de Grecia; los conflictos de entonces siguen apareciendo siglos después. Anteriormente, el motivo de fricción entre ambos era de índole territorial y de soberanía marítima en su mayoría; a eso hoy se suma también la migración, que además afecta a personas en situaciones de emergencia. Esta clase de “juego” con migrantes ha sido denominada por muchos como un juego de ping-pong; una situación en donde los derechos y la integridad física de miles de personas se encuentran en peligro, al tiempo que se alimenta el nacionalismo en dos países cercanos a sus elecciones.