Hamás en perspectiva: Orígenes y evolución

Hamás en perspectiva: Orígenes y evolución

ANÁLISIS

15 | 01 | 2024

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Opciones para la gestión de Gaza tras la ofensiva de Israel, que difícilmente podrá eliminar del todo la amenaza que supone el grupo radical

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Imagen de un vídeo propagandístico de Hamás

El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó un ataque sorpresa contra el sur de Israel, matando a más de 1.400 personas y tomando más de doscientos rehenes. Israel ha declarado la guerra al grupo en respuesta, penetrando en la franja de Gaza con fuerzas de las IDF en una operación terrestre aún en marcha, y ha indicado que su ejército continuará con una larga campaña hasta eliminar Hamás por completo. Con esta escalada en el conflicto, Hamás ha conseguido estar en el punto de mira y poner el foco en su causa y en su organización, lo que nos hace peguntarnos: ¿Qué es Hamás y cuál es su origen? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Cómo se organizan y con qué apoyos?

Hamás es un movimiento militante islamista y uno de los dos principales partidos políticos de los territorios palestinos, además de ser considerado como un grupo terrorista por una gran parte de la comunidad internacional. El grupo controla políticamente desde 2006 la Franja de Gaza, territorio de 365 km² que alberga a más de dos millones de palestinos.

Orígenes

Hamás hace referencia al acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámica (Harakat al-Muqawama al-Islamiya) y fue fundado por Ahmed Yassin, un jeque palestino que después de ser activista en las ramas locales de la Hermandad Musulmana de Egipto estableció a Hamás como brazo político de la Hermandad en Gaza en diciembre de 1987. Esto ocurre después del estallido de la primera intifada, el levantamiento palestino contra la ocupación israelí de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. El grupo se presenta bajo una identidad nacionalista, islamista y yihadista. En ese momento, el propósito de Hamás era contrarrestar la Yihad Islámica Palestina (YIP), otra organización cuyo compromiso de resistir violentamente a Israel amenazaba con quitarle el apoyo de los palestinos a la Hermandad.

En 1988, Hamás publicó su carta constitucional, abogando por la destrucción de Israel y defendiendo el establecimiento de una sociedad islámica en la Palestina histórica. Este propósito forma parte de las fuertes críticas que expresó Yassin sobre la estrategia de oposición a Israel de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada durante años por Yasser Arafat. Las ideas del líder de la OLP estaban ligadas al socialismo y al panarabismo, corrientes ideológicas muy populares en las décadas de 1960 y 1970 en Oriente Medio. Sin embargo, estas posturas eran objeto de críticas por parte de Yassin, quien las percibía como influencias ‘occidentales’. Para Yassin, además de la lucha contra Israel, también era crucial preservar la ‘sharia’ y la ley islámica como fundamento de un eventual estado palestino. Además, la OLP estaba muy desprestigiada porque se la veía como corrupta y distanciada de los problemas reales de los palestinos, pues su liderazgo estaba cómodamente asentado en Túnez, mientras los palestinos sufrían directamente los efectos de la intifada.

Durante la primera intifada Hamás tuvo un papel creciente pero moderado, ya que la figura más reconocible dentro de la resistencia palestina era Yasser Arafat. No obstante, a partir de la década de 1990, su papel en la política palestina aumentó considerablemente gracias a dos factores clave: la formación del brazo armado de Hamás llamado Brigada de Ezzeldin al-Qassam y su posición firme en contra de cualquier acuerdo de paz.

De esta manera, Hamás condenó los Acuerdos de Oslo, el pacto histórico firmado por el líder de la OLP, Yasser Arafat, y el primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, en 1993. Estos acuerdos establecían un autogobierno limitado para partes de Cisjordania y Gaza bajo una entidad recién creada llamada Autoridad Nacional Palestina (ANP). Además de rechazar los acuerdos, Hamás condenó el reconocimiento mutuo entre la OLP e Israel, que Arafat y Rabin aceptaron oficialmente en cartas enviadas días antes de Oslo. Consecuentemente, Hamas rechazó formar parte de la recién creada ANP y comenzó una campaña de ataques bomba suicidas hacia Israel que hizo que empezase a ser catalogado como grupo terrorista por Israel, Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido o Canadá. Al mismo tiempo, el nombre de Hamás comenzó a resonar cada vez más en la región de Oriente Medio y su influencia entre la población palestina aumentó. Este aumento en el respaldo hacia Hamás entre los palestinos puede atribuirse a su firme oposición hacia Israel y a las críticas de corrupción e ineficacia dirigidas hacia la ANP y el partido principal, Al Fatah.

Con el inicio de la segunda intifada a finales del año 2000, el papel de Hamás fue más destacado, casi al mismo nivel que el de Al Fatah, a pesar de que este último ocupaba posiciones gubernamentales en ese momento. Por otro lado, aun habiendo sufrido derrotas importantes en el terreno contra Israel y haber perdido a dos de sus líderes más importantes –Ahmed Yassin y Abdel Aziz ar-Rantisi– abatidos en operaciones militares especiales ejecutadas por el Tsahal, la influencia política de Hamás se disparó durante esta intifada. Por otra parte, en estos años se fortaleció el brazo armado de Hamás, según acusa Israel, debido a la colaboración de Estados como Irán o Qatar, así como de grupos armados hostiles a Israel, como Hezbolá en el sur del Líbano. Estos actores externos han expresado repetidamente su respaldo a las operaciones de Hamás, aunque han llegado a negar proporcionar ayuda militar directa.

La relevancia política de Hamas tuvo su auge en 2006 cuando ganó las elecciones legislativas en Gaza, imponiéndose sobre otros partidos de larga trayectoria como Al Fatah o el Frente Popular para la Liberación de Palestina. La percepción de Hamás como una amenaza por parte de Al Fatah generó crecientes tensiones entre ambas facciones, culminando en un enfrentamiento abierto por el poder en 2007. Aunque Al Fatah mantuvo su dominio en Cisjordania, Hamás tomó el control total de la Franja de Gaza. Esta división dejó a la política palestina y a sus dos territorios en un estado de fractura y parálisis durante años. Esta situación también generó preocupaciones adicionales a Israel, ya que, a diferencia de Al Fatah —que cree en la solución de dos estados­—, Hamás considera que Israel debe desaparecer y que solo puede prevalecer un estado: el de Palestina.

Desde entonces, Israel comenzó a aislar la Franja de Gaza, un bloqueo que ha causado una crisis humanitaria entre los más de dos millones de habitantes de la zona.

En el periodo comprendido entre 2008 y 2021, Israel vivió en un estado de permanente tensión con Hamás. El constante goteo de cohetes del grupo terrorista sobre territorio israelita elevó la tensión en al menos cuatro ocasiones, resultando en sendos conflictos armados, en algunos de los cuales Israel ha llegado a penetrar temporalmente en Gaza con fuerzas terrestres para “segar la hierba”, utilizando la terminología de las IDF. La primera guerra desencadenada por Hamás, en 2008, resultó en la ofensiva militar israelí ‘Plomo Fundido’, que duró aproximadamente un mes. La segunda ocurrió en 2012, y culminó con el reconocimiento de Palestina como Estado observador ‘no miembro’ por la Asamblea General de la ONU. El tercer brote armado, en 2014, se inició debido a ataques desde Gaza, culminando en una ofensiva terrestre israelí y un alto el fuego temporal en agosto. Finalmente, la cuarta guerra, en 2021, comenzó con el lanzamiento de cohetes desde Gaza y ataques aéreos israelíes, precedida por disturbios en Jerusalén Este.

El mantenimiento de tan intensa actividad política y militar ha exigido a Hamás la creación de una estructura, compleja pero flexible, capaz de adaptarse a la permanente presión militar israelita, y fuentes estables con las que financiar su actividad. Ambos aspectos son tratados a continuación.

Liderazgo

Hamás tiene una serie de órganos de liderazgo que desempeñan diversas funciones políticas, militares y sociales. La política general la establece un órgano consultivo general, a menudo llamado politburó, que opera en el exilio desde Qatar. Los comités locales gestionan cuestiones de base en Gaza y Cisjordania.

Por un lado, Ismail Haniya es el actual jefe político de la organización. Su figura destaca por su relación cercana con Yassin: fue nombrado jefe de su oficina y ejerció como su secretario privado. Su posición dentro de Hamás se fortaleció durante la segunda intifada, debido a su relación con el fundador de Hamás y también por los asesinatos de gran parte de los líderes del grupo por parte de las fuerzas de seguridad israelíes. En diciembre de 2005, Haniya fue elegido para encabezar la lista de Hamás, que ganó las elecciones del Consejo Legislativo Palestino del mes siguiente. A partir de 2020, Haniya opera como máximo líder responsable del Movimiento Islamista desde Qatar, país en el que se establecieron los líderes de Hamás después de abandonar Siria en resistencia a la campaña de represión de Al Assad contra la revuelta popular en ese país, en la que participaron refugiados palestinos. Además, algunas figuras importantes de Hamás también operan desde las oficinas del grupo en Turquía.

En cuanto a los asuntos cotidianos en Gaza, éstos son supervisados por Yahya Sinwar, quien anteriormente fundó y dirigió el ala militar de Hamás y cumplió veintidós años en una prisión israelí por planear el secuestro y asesinato de dos soldados israelíes. Estaba entre los más de mil prisioneros palestinos liberados en 2011 a cambio de un soldado israelí retenido por Hamás. No obstante, desde junio de 2021, el primer ministro de facto de Gaza es Issam al-Da'alis.

Respecto a las demás ramas de la organización, Marwan Issa y Mohammed Deif comandan el ala militar de Hamás, las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam. Ambos son objetivos prioritarios de la unidad especial de agentes del Shin Beth y el Mossad para localizar y eliminar a los responsables del ataque del 7 de octubre. Por otra parte, Saleh al-Arouri, eliminado por Israel el 2 de enero de 2024, dirigía la rama libanesa de Hamás, aunque también asumió el liderazgo del grupo en Cisjordania tras las elecciones internas que concluyeron en 2021. Khaled Meshaal fue elegido para dirigir la oficina de la diáspora y Salameh Katawi es el responsable de gestionar los asuntos de los miembros de Hamás encarcelados.

Financiamiento y aliados

Actualmente, Irán es uno de los mayores benefactores de Hamás, aportando fondos, armas y entrenamiento. Aunque Irán y Hamás se separaron brevemente después de respaldar a bandos opuestos en la guerra civil de Siria, Irán actualmente proporciona unos 100 millones de dólares al año a Hamás, la Yihad Islámica y otros grupos palestinos designados como organizaciones terroristas por Estados Unidos.

Turquía ha sido otro firme partidario de Hamás (y crítico de Israel) tras el ascenso al poder del presidente Erdogan en 2002. Aunque Ankara insiste en que sólo apoya a Hamás políticamente, ha sido acusada de financiar el terrorismo de Hamás, incluso mediante ayuda desviada desde la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación.

Por otro lado, el número dos de Hamás, Saleh al-Arouri, se reunió recientemente con el líder de Hezbollah y la Yihad Islámica. Esta reunión se produjo en octubre mientras Hezbollah y las facciones palestinas aliadas intercambiaban fuego a diario con el ejército israelí a través de la frontera entre Líbano e Israel. Los tres grupos terroristas forman parte del ‘eje de la resistencia’: grupos armados palestinos, libaneses y sirios respaldados por Irán que se oponen a Israel. Hezbollah ha comunicado que “se acordó continuar con la coordinación, y con el seguimiento de desarrollos de forma diaria y permanente”. Además, debatieron “lo que las partes del Eje de la Resistencia deben hacer en esta fase delicada para lograr una victoria real de la Resistencia en Gaza y Palestina, así como parar la agresión traicionera y brutal contra nuestra gente oprimida”. Aun siendo Hezbollah un partido-milicia chií y Hamás una organización suní, (dos ramas del Islam generalmente enfrentadas) su objetivo común de acabar con el estado de Israel prevalece.

Al mismo tiempo, un gran número de países o grupos regionales como la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia, Paraguay, la Organización de Estados Americanos y Egipto mantienen a Hamás en su lista de organizaciones terroristas debido a su uso de la violencia contra civiles, incluidos atentados suicidas y ataques con cohetes. Otros países, como el caso de Turquía, aplican esta etiqueta sólo a su ala militar.

A pesar de la controversia internacional y las designaciones como organización terrorista, Hamás sigue desempeñando un papel influyente en la región. Una encuesta de junio de 2023 realizada por el Centro Palestino de Investigación de Encuestas y Políticas (PCPSR) mostró que más de la mitad de los palestinos en Gaza y Cisjordania votarían por Haniya de Hamás en lugar del presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, en una elección presidencial, mientras que solo un tercio de los palestinos elegiría a Abbas.

Actualmente, la invasión terrestre en Gaza continúa, e Israel advierte que no cesará hasta acabar con Hamás en la Franja, tanto militar como políticamente. Algunas voces advierten de que ello no es factible, pues al ser una organización popular, con arraigo entre la población palestina, nuevos integrantes regenerarían Hamás y aunque Israel acabase con sus líderes, la organización seguiría en pie.

Sin embargo, las autoridades israelitas no se han pronunciado sobre cómo se administraría Gaza después de la guerra o quien ocuparía ese vacío de poder si llegasen a cumplir su objetivo. El primer posible escenario es que Israel volviese a controlar militarmente la Franja de Gaza, aunque no parece ser la opción más viable, ya que se enfrentaría a las críticas de la comunidad internacional, tanto de sus aliados occidentales como de los países árabes con los que ha sellado acuerdos de paz o proyecta hacerlo. Además, también se advierte que el coste de eliminar a Hamás “va a ser elevado para Israel porque la población de Gaza, por muy anti-Hamás que sea, no va a perdonar la destrucción que está provocando”.

Por otro lado, Israel podría apoyar la creación de un nuevo gobierno, dirigido por los propios palestinos de Gaza, con la participación de los líderes locales y el apoyo de Estados Unidos, Egipto y quizá Arabia Saudita. También podría incluir a dirigentes de Al Fatah, aunque sería complicado debido a la impopularidad de la ANP, por los motivos anteriormente expuestos. Por lo tanto, para que los palestinos de Gaza aceptasen esta imposición, tal vez sería necesario que la ANP se presentase como una opción fuerte y estable con, por ejemplo, la ambición de empujar a Israel a aceptar la solución de los dos estados.

Seguirá el desafío

La evolución de Hamas desde su fundación por Ahmed Yassin hasta convertirse en un actor político y militar prominente en la Palestina contemporánea refleja una compleja combinación de factores. Su origen durante la primera intifada, el rechazo a los Acuerdos de Oslo y su papel creciente durante la segunda intifada consolidaron su presencia. La victoria en las elecciones de 2006 y la posterior división con Al Fatah dejaron a Gaza bajo el control total de Hamas, generando una fractura política persistente en los territorios palestinos. Las alianzas y el respaldo financiero de países como Irán y Turquía, a la vez que de otros grupos como Hezbollah, han influido en su trayectoria. Al mismo tiempo, Hamás se ha ido ganando el apoyo de los palestinos, quienes ven en Al-Fatah y en la ANP una alternativa débil, corrupta e ineficaz a la hora de enfrentarse al estado Israelita y defender los intereses del pueblo palestino.

Mediante su creciente influencia y determinación de luchar contra Israel, Hamás plantea desafíos significativos y seguirá poniendo en juego la estabilidad en Oriente Medio a pesar de lo diezmado que pueda quedar el grupo tras la actual ofensiva de Israel.