Francia replantea su estrategia en el Sahel: Previsión a medio plazo de la actuación gala

Francia replantea su estrategia en el Sahel: Previsión a medio plazo de la actuación gala

ANÁLISIS

11 | 01 | 2022

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Cambios de gobierno en Chad y Mali en el marco de la salida francesa de la región decretada por el presidente Macron

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Visita del general de división Jean-Pierre Palasset al fuerte Madama, en la frontera de Níger con Chad y Libia, en 2014 [Thomas Goisque]

Francia comenzó su intervención actual en el Sahel en el marco de las operaciones antiterroristas en el norte de Mali en 2013. En 2014 extendió el alcance de la intervención a toda la región, convirtiendo a Chad en otro país clave en la lucha antiterrorista.

En el marco de sus operaciones en la región, Francia es, junto con la UE y la ONU, uno de los principales apoyos del G5 Sahel, una iniciativa compuesta por cinco países de la región –Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad– a la que brinda apoyo económico y entrenamiento, y cuyo principal objetivo es el de garantizar el control efectivo del territorio por parte de los estados en la lucha antiterrorista, además del de detener los flujos de tráfico ilegal de drogas, personas, armas y animales.

Sin embargo, la muerte del presidente Déby en Chad en abril de 2021 a manos de los rebeldes del FACT y los dos golpes de estado consecutivos en Mali que han puesto al ejército a la cabeza del país han supuesto una desestabilización de la región que pone en peligro la viabilidad del operativo antiterrorista internacional.

Macron anunció en verano del pasado año el fin de su principal operación de seguridad en la región, “Barkhane”, a la vez que daba a entender una reorientación de las prioridades y la manera de intervenir de Francia. La presencia de Francia en el Sahel no es solamente costosa en cuanto a recursos y personal; la opinión pública francesa no la ve con muy buenos ojos, y de cara a las elecciones de 2022 Macron necesita mejorar su imagen. 

En cuanto al Sahel, cabe tomar en consideración que no solo es un área de conflicto con motivo de la insurgencia terrorista, sino que, por diversos factores de todo tipo, es una zona de por sí compleja. No solo sufre situaciones de pobreza extrema y cambio climático; es, además, una de las zonas más ricas del mundo en recursos tales como petróleo, oro y uranio, con un fuerte potencial para la explotación de energías renovable, y una de las principales zonas de tránsito del tráfico de drogas con destino en Europa (destacando la cocaína).

En lo que respecta a Chad, desde su independencia de Francia en 1960, este ha sido un país inestable, lleno de reemplazos políticos y revueltas. De hecho, Idriss Déby, presidente de Chad hasta su fallecimiento en 2021, y quien también sufrió varios intentos de golpe de estado (2006,2008,2019), se hizo con el poder en 1990 tras derrocar a Hissene Habré. El país es uno de los más pobres del mundo, ocupando el puesto 187 de 189 en el IDH; es altamente dependiente del petróleo; se ve afectado por una insurgencia islamista desde dentro y fuera de sus fronteras; se ve desestabilizado internamente por frecuentes protestas; y se encuentra sumido en una encrucijada geopolítica, afectándole los conflictos del lago Chad, Libia, Darfur (Sudán), la República Centroafricana y el Sahel.

Por su lado, Mali es un país de gran relevancia geopolítica en la región del Sahel, especialmente en lo que se refiere a la lucha antiterrorista. Dado su gran nivel de interconexión con los países de su entorno, con siete de los cuales comparte frontera, Mali se ve afectado en gran medida por lo que ocurre a su alrededor; a la vez, lo que ocurre en Mali repercute en su entorno. Además, el país es un punto de paso frecuentado por las migraciones procedentes de África Occidental, cuyas rutas muchas veces pasan por Tessalit, nudo importante, aunque no alcanza el grado de relevancia de otras ciudades del Sahel como Agadez y Jartum.

Relación Francia-Mali en el marco del Sahel y golpe de estado

La caída del régimen de Gadafi en Libia tuvo importantes repercusiones en el entorno del Sahel, resultando en el alzamiento de grupos separatistas tuareg en 2012 en la zona de Azawad, en la proliferación de prominentes grupos yihadistas, o en la desintegración del ejército maliense.

La Operación “Serval”, lanzada por Francia en enero de 2013 para garantizar la unidad territorial de Mali y luchar contra los grupos terroristas en la zona de Azawad se cerró en 2014 sin haber logrado reestablecer el control estatal de la zona ni eliminar la insurgencia. Tras “Serval”, Francia lanzó la Operación “Barkhane” con miras a toda la región del Sahel y con objetivos parecidos a los de “Serval”, principalmente el de apoyar a los estados de la zona en la lucha por controlar de manera efectiva su propio territorio. Al mismo tiempo, nacía el G5 Sahel como iniciativa de los propios países de la zona para coordinar y darse apoyo mutuo en la lucha antiterrorista.

Siete años después de su lanzamiento, la Operación “Barkhane” tampoco ha logrado sus objetivos, y el pasado verano Emmanuel Macron anunció que la operación dejaría de existir “en su forma actual”. La decisión estaría motivada en parte por el enorme coste que suponía la intervención para Francia, no solamente en cuanto a recursos económicos y militares, sino también en cuanto a opinión pública.

Sin embargo, la reorientación de la estrategia francesa en el Sahel va a tener que adaptarse a circunstancias cambiantes en Mali, puesto que el segundo golpe de estado en un año ha puesto en el poder a un gobierno militar que rápidamente anunció un realineamiento del país hacia Rusia, con la más que probable llegada de mercenarios del grupo Wagner para llenar el vacío que deja la retirada de en torno a 2.500 soldados franceses, la mitad del contingente. Este realineamiento parece contar con el favor de la opinión pública local, que no veía con buenos ojos la amplia presencia militar del antiguo poder colonial.

La pérdida de peso de Francia en Mali podría acarrear consecuencias muy diversas, entre las cuales estaría la apertura de negociaciones entre el gobierno maliense y los insurgentes y grupos islamistas de Azawad, algo a lo que el gobierno francés se oponía contundentemente, pero que los ciudadanos locales apoyaban en cierta medida. Algunos de los grupos tuareg fueron actores de peso en la lucha antiterrorista, llegando incluso a ser considerados más útiles para Francia que el propio ejército de Mali, logrando cierto éxito al recuperar algunos enclaves estratégicos del control de los yihadistas. Con todo ello, los grupos tuareg llegaron a un acuerdo de paz con el gobierno maliense en 2015 que les otorgó una autonomía parcial en el norte del país.

La presencia de Wagner podría suponer una nueva traba a cualquier proceso negociador dada la pésima reputación del grupo mercenario en lo que se refiere a crímenes de guerra y otras atrocidades. De hecho, algunos representantes de antiguos grupos tuareg han indicado que la presencia de Wagner podría poner en peligro el acuerdo de paz que firmaron en 2015 con el gobierno de Bamako. Un nuevo enfrentamiento entre el gobierno central de Mali y los grupos tuareg podría ser un factor debilitante en la lucha antiterrorista, no solo en el país, sino en todo el Sahel, ya que, si el control de la zona norte del país queda disputado, los grupos terroristas podrían volver a establecer ahí bases de operaciones desde las cuales actuar por toda la región.

El viraje hacia Rusia en la política de seguridad de Mali podría afectar también a la misión europea en el país, EUTM-Mali, y a la presencia de otros actores extranjeros como Austria y Alemania en el marco de misiones internacionales. Aunque son varios los países europeos que han sugerido que su presencia es incompatible con la de Wagner, una retirada de tropas y ayuda supondría debilitar la capacidad de lucha contra el terrorismo en la zona hasta un punto peligroso, por lo que estas amenazas de retirada podrían no cumplirse, o al menos no por completo o sin una reorientación estratégica de la presencia internacional en el Sahel que las compense.

Finalmente, otros miembros del G5 Sahel, como Chad, han mostrado su rechazo a la implicación de Wagner en Mali, dada la conexión del grupo con el FACT (Front pour l´Alternance et la Concorde au Tchad), responsable de la muerte del presidente Déby. Esto podría convertirse en otro elemento desestabilizador para la alianza, ya que una de sus bases es la cohesión interna y la aceptación de operaciones de otros miembros dentro del propio territorio (hasta 100 km desde la frontera), y es probable que los estados miembros no quieran permitir a mercenarios de Wagner operar dentro de sus fronteras.

El caso de Chad: inestabilidad y cambios gubernamentales

Los meses previos a la muerte de Idriss Déby en abril de 2021 se caracterizaron por una agitación creciente. El 6 de febrero de 2020 anunció su sexta candidatura a la presidencia, originando protestas en la capital, N’Djamena, y en otras ciudades como Doba, Sarh, Abeche y Moundou, organizadas por la oposición y grupos activistas de derechos humanos. A pesar de haber ganado las elecciones con un 79,3% de votos, el descontento social era evidente, como mostraría la publicación, en enero de 2021, de un manifiesto redactado por la oposición en el que se buscaba la aplicación de códigos de conducta o defensa de la transparencia al elegir a candidatos. La oposición acusaba a Déby de querer crear una “monarquía” (término usado a posteriori por el FACT también). Esta idea estaría también sustentada por las reformas constitucionales que introdujo en 2005 y 2018 para garantizar su presidencia hasta 2033 (añadiendo el requisito de 45 años para ser elegible).

El día de las elecciones, 11 de abril, el grupo rebelde FACT cruzó la frontera para asaltar Tibetsi y Kanem, avanzando dentro del territorio hasta quedarse a 300 km de N’Djamena al final de esa semana. Por ello, Idriss Déby decidió posponer su discurso electoral, para visitar a sus tropas, siendo asesinado el 20 de abril por ese grupo[1].

La muerte del presidente supuso el cierre de fronteras y el acceso al poder de su hijo Mahamat Idriss Déby, de 37 años. Su nombramiento fue irregular porque no cumplía el requisito de edad exigido por la constitución para el cargo, y porque la Carta Magna establecía que, en caso de muerte del presidente, corresponde a la Asamblea Nacional tomar el poder para articular una transición en 90 días.

Tras disolver el parlamento por medio del ejército, anular la Constitución y autonombrarse jefe de Estado, Mahamat Déby prometió celebrar nuevas elecciones en 18 meses, creando un Consejo Nacional de Transición (CNT), que contaba con 93 miembros en septiembre. En tal consejo no hay representación de los grupos de la sociedad civil opuestos al poder de Déby, incluyendo Waki Tama.

Desde abril hasta ahora, Mahamat Déby ha ido realizando pequeños movimientos políticos, como su reunión con Macron en mayo, o su intención de retirar del Sahel a 600 hombres, la mitad de su contingente desplegado en el área. No obstante, lo más destacado ha sido quizás la represión de protestas pacíficas en mayo y octubre, así como la apertura en noviembre a la negociación con el FACT y la UFR (Union des Forces de la Résistence) por parte de Déby, quien meses antes rechazaba negociar con estos grupos.

Tanto el FACT como la UFR han establecido condiciones para entrar a negociar: amnistía a los presos políticos (presentada por ambos grupos), cese de la represión de protestas pacíficas (FACT) y devolución (UFR) de los bienes incautados por al gobierno. A ello, Déby parece haber respondido favorablemente, prometiendo la liberación de presos, programas de reinserción profesional y la devolución de bienes incautados[2]. Cabe recordar que el FACT está creciendo en apoyos, entre los que se cuentan los de la tribu Goran y los de los grupos milicianos FNDJT (Front de la Nation pour la Démocratie et la Justice au Chad) y UFR (integrados por Zaghawa y Tubu)[3].

Por otro lado, cabe mencionar las declaraciones del actual ministro de Asuntos Exteriores chadiano el 23 de septiembre, acusando a Wagner de estar detrás de la muerte de Déby, apoyando al FACT, así como a grupos mercenarios en Libia, República Centroafricana y Mali (sin embargo, el ministro de Asuntos Exteriores de este país, Mahamat Zene, desmiente que exista cualquier tipo de relación con Wagner).

Relación Chad-Francia en el marco de la lucha antiterrorista

La relación de Francia con Chad es muy importante para garantizar estabilidad en el Sahel. Macron declaró en el funeral de Idriss Déby que este era un valiente amigo, afirmando que no dejaría que nadie minase la estabilidad de Chad. Sin embargo, poco después cambió su postura para apoyar una transición abierta y democrática y para castigar la represión gubernamental de las manifestaciones. La sociedad chadiana ve a Francia como parte del problema.

La importancia que tiene Chad para Francia estriba en varios factores que se aglutinan en torno al ámbito de la seguridad y defensa. En primer lugar, Chad no deja de ser el baluarte para la “Barkhane” sobre el que Francia se asienta. Los galos cuentan con bases en N’Danjema (1.000 soldados), en la zona centro del país (Faya-Largeau), y cerca de la frontera con Sudán, la República Centroafricana y Libia (Abeche). Manejarse y controlar el desierto del Sáhara es muy complejo; ello realza el valor que para Francia tiene Chad. Por último, su posición en el mapa permite seguir de cerca al Estado Islámico, Boko Haram y la situación de Nigeria y Camerún.

Chad es, además, considerada la fuerza más importante del Sahel 5. El país fue de gran ayuda para luchar contra Al Qaeda en 2013, y cuando pusieron 1500 soldados en la frontera tripartita Burkina Faso-Mali-Níger. Por otro lado, Francia es el principal aliado internacional de Chad, prestándole frecuente apoyo e inteligenciaen la lucha contra el terrorismo. Finalmente, recordemos que desde 2013 Francia busca retirar sus tropas y desligarse de la región, con idea de que los países de la región sean capaces de controlar la insurgencia terrorista por sí mismos. En este caso, Chad jugará un papel central.

Francia y el Sahel, posibles líneas de actuación a corto/medio plazo

Las declaraciones de Macron en verano, diciendo que era el fin de las operaciones de Francia en el Sahel “en su forma actual” pueden dar a entender que Francia va a buscar replantear su estrategia en la región.

Dada la impopularidad de las operaciones en el Sahel entre la opinión pública francesa y también entre la de los países que las hospedan, cabe suponer que ha llegado el fin de las operaciones militares francesas en la escala actual. Hasta este verano, solamente la operación “Barkhane” contaba con alrededor de 5.000 efectivos, que ahora se ven reducidos a la mitad.

Una de las posibilidades a futuro es que Francia replantee sus operaciones antiterroristas, llevándolas a cabo, no a través de misiones permanentes, sino por medio de una serie de pequeñas operaciones especiales, que requieren menos personal y un complejo logístico mucho más reducido, pero que precisan también de un mayor grado de cooperación en inteligencia con los países de la región.

Este tipo de misiones especiales podrían orientarse a cortar o dificultar la financiación de los grupos terroristas en el marco de misiones contra el tráfico de drogas, animales y personas, que a ojos de la opinión pública son mucho más aceptables.

En cuanto a la presencia y cooperación con otros países occidentales, es importante señalar que el declive democrático que la región del Sahel ha experimentado en los últimos años podría suponer un obstáculo, no tanto para la presencia militar en misiones como EUTM Mali, sino para la cooperación en materia económica y la financiación de dichas misiones, ya que muchos países occidentales se muestran reticentes a aportar fondos a países no democráticos.

Finalmente, la probable presencia del grupo Wagner en Mali puede suponer un deterioro de las relaciones entre los países miembros del G5 Sahel, especialmente con Chad, por los motivos que ya se han mencionado. Un G5 Sahel debilitado supone reducir la viabilidad de cualquier misión extranjera en el terreno, dado que el control efectivo del territorio por parte de los estados se puede tornar una tarea todavía más complicada.


[1] En Chad hay tanto grupos terroristas como milicias. Este segundo grupo se divide en 4, surgidos a principios de siglo XXI para derrocar a Idriss Déby, es aquí donde encuadramos al FACT. Este, nace como una escisión de UFDD por Mahamat Mahadi Ali en 2016, en 2017, Haftar, aliado de Chad y Francia, tras atacar la sede del FACT en Jufra, comienza a apoyar y equipar a este grupo.

[2] Estas propuestas no se hacen de forma conjunta, si bien ambos grupos coinciden en la amnistía o liberación de presos políticos, la UFR pretende la incautación de bienes incautados por el gobierno, mientras que el FACT busca que dejen de reprimirse las protestas pacíficas de la sociedad civil.

[3] El FNDJT está apoyado por Tubu y algunos Zaghawa. La UFR solo está apoyada por Zaghawa.