El Caribe dobla en diez años su potencia instalada de renovables

El Caribe dobla en diez años su potencia instalada de renovables

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31 | 01 | 2023

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Cuba se estanca en producción eléctrica renovable, por caída de producción de caña de azúcar para biocombustible y falta de inversión en otras fuentes

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Cosecha de caña de azúcar en Cuba [Pixabay]

El carácter insular ha supuesto tradicionalmente para las Antillas un serio inconveniente en cuanto a seguridad energética, sobre todo en el caso de islas pequeñas, sin montañas donde hubiera carbón o que generaran ríos apresables. Pero incluso en algunas Antillas Mayores, como en el caso de Cuba o Haití, con mejores condiciones iniciales, existe un largo historial de falta de suministro eléctrico. El aumento de la capacidad en energías renovables en el Caribe constituye un importante progreso, aunque con avances irregulares. República Dominicana y Jamaica han dado un notable salto en generación eléctrica renovable; la producción en Cuba, en cambio, se ha estancado, agravando los problemas de suministro energético que padece el país.

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Gráfico tomado de la página web de IRENA

En la última década, la capacidad de energía renovable instalada en la región del Caribe se ha visto doblada, pasando de 2.299 MW en 2014 a 4.558 MW en 2021. En ese tiempo, la energía solar es la que más ha crecido, sobrepasando a partir de 2020 a fuentes más tradicionales, como la hidrológica y la biomasa. Mientras la capacidad de producción eléctrica en saltos de agua apenas ha variado (de 1.114 MW en 2014 a 1.152 MW en 2021), la instalación a partir de biomasa casi se ha doblado (llegando a 1.165 MW en 2021); no obstante, el progreso ha sido mayor en cuanto a energía solar, pues se ha multiplicado casi por siete (de 230 MW en 2014 a 1.537 MW en 2021), según los datos de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA).

Entre las Antillas, los países con mayor potencia instalada en el campo de la energía renovable son República Dominicana, Cuba y Jamaica. Los tres han doblado su capacidad en los últimos diez años, pero curiosamente Cuba no ha hecho lo propio en cuanto a producción. De acuerdo con el último informe anual de IRENA, en 2021 República Dominicana tenía una capacidad instalada de 1.532 MW; Cuba, de 1.281 MW, y Jamaica, de 254 MW (en 2014 era de 717 MW, 594 MW y 96 MW, respectivamente). Pero Cuba no utilizó esas capacidades para dar un salto similar en cuanto a producción, y en 2020 generó 862 GWh, por debajo de lo logrado en los picos de 2013 y 2016, manteniendo en cualquier caso una evolución bastante plana a lo largo de estos diez años. Por su parte, República Dominicana, con una capacidad instalada solo ligeramente superior, en 2020 produjo 3.084 GWh, casi cuatro veces más que Cuba. De esta forma, mientras en Cuba la energía renovable no sube del 4,5% del total generación eléctrica total (a pesar del objetivo del 24% para 2030 que sigue defendiendo el Gobierno de Miguel Díaz-Canel), en República Dominicana es del 14,6% y en Jamaica del 13,5%.

Además de destacarse por el escaso desarrollo de las renovables, Cuba también se distingue de sus vecinos en mantener el peso de la bioenergía (el uso de la caña de azúcar para crear combustible constituyó el 65% de la producción renovable en 2020), mientras que tanto Jamaica como República Dominicana cuentan con un creciente desarrollo de la apuesta eólica (43% y 35% de la generación renovable, respectivamente), sin perder de vista el peso del sector hidroeléctrico (la mayor fuente renovable en República Dominicana, con el 43%). En los tres países, la energía solar está de momento menos presente que en el conjunto del Caribe.

El caso de Cuba

La ineficiencia cubana en la generación eléctrica no afecta solo al sector de las renovables, especialmente necesitado de inversión y tecnología extranjera que la falta de apertura económica del régimen, mantenida por cuestiones ideológicas, no puede atraer. Los prolongados apagones que de modo especial sufrió la isla el pasado verano, de entre 12 y 18 horas diarias, hablan de un colapso del sistema eléctrico general derivado del envejecimiento de las instalaciones, algunas de más de 40 años, y su deficiente mantenimiento, así como de una política energética equivocada, muy dependiente de los hidrocarburos líquidos en la producción eléctrica (el 85% de la generación); tampoco ayudan los huracanes que se forman en el Caribe. En agosto de 2022 los fallos del sistema dejaron fuera de servicio a una decena de centrales termoeléctricas, generando con ello un déficit de unos 1.000 MW y sumiendo al país en su peor crisis eléctrica en treinta años.

A esa crisis han contribuido las recientes malas cosechas de caña de azúcar, que han reducido la producción de etanol, producto por el que La Habana había apostado al reducirse la recepción del generoso petróleo de Venezuela debido a las dificultades que atraviesa ese país. La zafra de 2021-2022 fue una de las peores de la historia, alcanzando únicamente el 53% de la producción de azúcar esperada (la anterior cosecha ya se quedó al 66% de lo previsto).

De acuerdo con la entidad gubernamental Cuba Energía, la isla contaba en 2019, último año con datos oficiales ofrecidos, con una potencia instalada de 6.507 MW, pero la compañía nacional Unión Eléctricareduce la capacidad real a la mitad, unos 3.200 MW. La generación eléctrica fue en 2019 de 20.703 GWh, con el siguiente origen: centrales eléctricas, 61,1%; grupos electrógenos, 21,1%; ciclo combinado del gas, 11,8%; biomasa, 4%; solar, 1,2%; hidro, 0,6%, y eólica, 0,1%. Según este reparto, las fuentes renovables supusieron el 5,8% de la generación, una tercera parte de la potencia oficial instalada de renovables, lo que computa como el 19,7% del total.

Antillas Menores

Las Antillas Menores cuentan con una generación eléctrica a partir de renovables que en 2020 se situaba por debajo de los 400 GWh. Se trata de una cifra baja debido a la reducida geografía y población de esas islas (consideramos aquí tanto estados soberanos como dependencias), pero que en términos relativos alcanza en algunos casos cotas destacables, como en el de Martinica y Guadalupe, que demás de ser los máximos generadores, con 394 GWh y 353 GWh, respectivamente, cuenta con un sector renovable que supone el 23,3% y el 22,6% de la respectiva generación eléctrica total. A nivel porcentual, también hay que destacar Curazao, con un 25,3%, y una producción de 213 GWh, preponderantemente eólica. Otras islas como Antigua y Barbuda, Granada y Barbados quedan muy por debajo de esos niveles.

El menor suministro de petróleo por parte de Petrocaribe —la iniciativa impulsada por la estatal venezolana PDVSA en el marco de la ‘petrodiplomacia’ puesta en marcha por Hugo Chávez y que luego Nicolás Maduro ha debido reducir por el colapso de su país—, ha empujado a las pequeñas islas a tratar de ampliar sus capacidades renovables. De todos modos, también ha habido un interés en desarrollar instalaciones para la gasificación de GNL (gas natural licuado) como vía para garantizar su seguridad energética. Precisamente Estados Unidos puso en marcha en 2015 un plan de ayudas para facilitar ese desarrollo y reducir la influencia política que Venezuela tenía en el Caribe. Desde entonces, algunos países han comenzado a recibir GNL, como Jamaica (dos terminales) y, en contenedores, Barbados y Antigua y Barbuda; Aruba cuenta con inaugurar una terminal en 2024.