Tantaka, con una sola hora de tu

tiempo podemos empezar a trabajar

 

Esta iniciativa tiene una larga trayectoria. En el curso académico 1990-1991, un grupo de estudiantes crearon Universitarios por la Ayuda Social (UAS) para cubrir las necesidades como la integración social, acompañamiento de personas mayores o enfermas, apoyo escolar y voluntariado medioambiental. Veinte años después, más concretamente en 2012, algunos miembros de la Universidad, entre ellos, Sofía Collantes, coordinadora general de Tantaka, se dieron cuenta que había mucho que hacer por los demás en Navarra y que no hacía falta esperar al verano ni irse a otro país cuando realmente puedes ayudar aquí y ahora. Sus creadores percibieron que muchas personas hacían frente a diversas necesidades en las mismas calles de Pamplona.Así se creó Tantaka (en euskera significa gota a gota), con la intención de ser una puerta de entrada, es decir, un espacio para encauzar la ayuda de todos aquellos que tienen la inquietud de hacer algo por los demás y no saben muy bien qué hacer ni dónde dirigirse. "Con la idea del Banco de Tiempo Solidario queremos mostrar que tenemos tiempo para cambiar las cosas y que con una sola hora de tu tiempo al mes podemos empezar", explica Lucía.

Tantaka aglutina todos los proyectos que existían hasta ese momento para una mejor coordinación y respuesta a las necesidades específicas de cada uno. Además añade novedades: ya no está solamente dirigido a los estudiantes, sino que también incluye a la parte profesional de la Universidad, es decir, a los profesores y al personal administrativo. Desde su nacimiento, más de 3000 personas han participado en sus actividades.

Si cada persona que forma parte de la Universidad dedicase una hora al mes en Tantaka, sumarían 15.000 horas mensuales para ayudar a los más desfavorecidos. En total, a lo largo de los nueve meses de un curso académico, esto sería el equivalente a más de 87 personas trabajando a tiempo completo para cambiar las cosas.

Para poder organizar todos los proyectos, se ha dividido el trabajo en tres grandes áreas:  Tantaka Voluntariado, que gestiona todos los proyectos que se pueden realizar en Navarra, Tantaka Inclusión, para apoyar a las personas con discapacidad y Tantaka Internacional, destinada a favorecer el intercambio de voluntarios por el mundo. En total, colabora con 60 organizaciones, de las 100 existentes en Navarra y participa en más de 70 proyectos, que abarcan los siguientes campos de acción: integración social, apoyo escolar, educación especial, comunicación para la solidaridad, discapacitados, asistencia a enfermos hospitalizados, cuidado de personas mayores y la rehabilitación de casas en ruinas. En el curso presente (2014/2015) 450 personas se han sumado ya a esta iniciativa.

 

Una de ellas es Tatiana Costas, alumna de 4º curso de Medicina. El día que empezó sus estudios  escuchó: Hay alumnos que pasan por la Universidad y otros en los que la Universidad pasa por ellos. Esta frase le marcó mucho y la tomó como filosofía de vida. Así decidió dedicar sus horas a jugar con los niños que están hospitalizados en la Clínica Universidad de Navarra. "Muchas veces estoy agobiada por las prácticas o exámenes y me planteo si realmente debería estar dedicando mi tiempo a hacer voluntariado. Entonces es cuando entro en una habitación y me encuentro con un peque que lucha día a día por salir adelante con una sonrisa en su boca. De repente todo se relativiza y le doy a mis problemas la importancia que realmente tienen", asegura Tatiana.

 

Por otra parte, desde el pasado curso, varios alumnos dejaron durante unas horas la escuadra y las reglas para coger la taladradora y ponerse manos a la obra. José Sacristán y Miguel Ángel Gutiérrez, dos profesores que imparten asignaturas relacionadas con el área de Construcción, han puesto en marcha un voluntariado junto a Cáritas en el que alumnos de los últimos cursos de Arquitectura dedican sus sábados por la mañana a reconstruir las viviendas de personas  en riesgo de exclusión social en Navarra. "Tantaka me pidió que fuese a una casa para ver cómo podíamos arreglarla. Cuando llegué me encontré que se les había roto el calentador de agua y que no tenían dinero para pagar uno nuevo", explica José Sacristán. Para él, realizar este voluntariado es muy gratificante porque las personas que viven en las casas que reparan están muy agradecidas; saben que los alumnos están dedicando tiempo libre a ayudarles. "Me suelen decir que soy su ángel de la guarda", añade. 

 

Normalmente van entre ocho y diez alumnos a cada casa, dependiendo de la labor que haya que realizar ese día. "Los estudiantes participan en este voluntariado con mucha ilusión, ya que ponen en práctica los conocimientos que reciben en las aulas y, además, se divierten". Una de las alumnas de 4º curso que participa en este voluntariado es Miren Azcona. Ella se ha encargado de realizar los informes sobre los cambios necesarios para mejorar las viviendas. Afirma que se apuntó porque le encantó la idea: "La verdad que es una gran satisfacción ver cómo les ayudamos, cómo nos lo agradecen y cómo se involucran los beneficiarios también en lo que pueden. Creo que compensa dedicar unas horas a los demás".  

Rehabilitación de casas. Tantaka

Sofía Collantes suele decir que no todos sabemos hacer de todo, pero todos sabemos hacer algo y qué mejor que poner ese algo al servicio de los demás. "Muchos alumnos no hacen un voluntariado relacionado con sus estudios, pero si con algo que saben hacer y que les gusta. Hay un chico que estudió Ingeniería y después Filosofía y que montó una asociación que se llama Música sin Barreras con niños que tienen discapacidad intelectual. Ahora van a sacar su primer CD", cuenta Lucía. Otra caso muy llamativo es el de Teresa Gutiérrez Alemán, alumna de 4º curso de Enfermería, que decidió montar un taller de baloncesto. A ella le ha encantado siempre este deporte y actualmente es árbitro federado del Comité Navarro. Así, organizó esta actividad para los niños de la Fundación Core (Fundación de interés social y sin ánimo de lucro que favorece el proceso de integración de inmigrantes). Es una actividad lúdica pero que inculca en los menores valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo o el respeto. Y así, hasta 70 proyectos diferentes.

Por otra parte, Tantaka Inclusión se creó para apoyar la vida y esto incluye a todas las personas con discapacidad, ya que es uno de los grandes principios de la Universidad. Su misión es hacerles la vida más plena y para ello es fundamental su inclusión laboral. "Una persona con discapacidad necesita estar en la sociedad de una manera normalizada. Para ello es necesaria la inserción laboral, porque si no tienes un trabajo, se llega a la marginación y a la exclusión social", explica la encargada Sofía Collantes. A las personas con alguna discapacidad física o intelectual les resulta muy  difícil encontrar un trabajo, más aún en estos tiempos de crisis económica y la Universidad se ha propuesto ayudarles a conseguir un empleo. Con este objetivo ha firmado un convenio con siete asociaciones para que diez personas con discapacidad trabajen en diferentes servicios de la Universidad. Así, se consigue que estas personas mejoren su Curriculum Vitae y que salgan mejor preparadas al mercado laboral. Además tiene un doble efecto positivo, ya que todos los que forman parte de la comunidad universitaria se sensibilizan y se dan cuenta de que las personas con discapacidad pueden realizar perfectamente su trabajo. "A lo largo de su vida se han encontrado con muchos obstáculos que han ido superando y eso les ha hecho desarrollar una capacidad para luchar contra los problemas. A todas las personas que trabajamos con ellos nos da esperanza ante la vida puesto que tienen que demostrar lo que valen en el mercado laboral diez veces más que una persona sin esa discapacidad. Eso genera sentido de la responsabilidad", explica Sofía Collantes.

 

 Además, para todos los alumnos que quieran hacer voluntariado en otros países se ha puesto en marcha, desde el mes de octubre, el área Internacional. "Durante los pasados años, muchos alumnos se han ido a ayudar a otros países y se han tenido que buscar ellos mismos el alojamiento. El problema es que hay lugares que están amenazados por la guerra o por enfermedades como el ébola. Desde Tantaka lo que queremos hacer es gestionar el tema del voluntariado según el área (sanitario, educativo...) y cubrir las necesidades básicas de alojamiento y comida", explica la encargada de gestionar esta sección, Sofía Altimari. Ya están disponibles  diferentes voluntariados, como por ejemplo en Guatemala o en Jerusalén.

 "Un amigo—dice Lucía Martínez— me suele decir que tengo mucha suerte de trabajar aquí porque estoy en contacto con lo mejor de cada persona, que es la parte de generosidad, de pensar en los demás y salir de uno mismo. Todos tenemos tiempo para dar. Tiempo para cambiar las cosas".

Además, ya lo dijo la Madre Teresa de Calcuta: "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota".

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