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Universidad de Navarra

 

En la oscuridad de la estación de Renfe de Pamplona, a las seis de la mañana, Olivia Serrano (Máster en Derechos Humanos), Laura Venzal (4º de Derecho) y Nacho Peré (4º de Derecho) esperan a que una voz anuncie por el megáfono su tren con destino a Barcelona. La capital catalana es la primera escala en su viaje a Ginebra, donde va a reunirse el Cómite de

Derechos Humanos de la ONU para revisar el borrador de Comentario General sobre el derecho a la vida. El proyecto, a su vez, forma parte del debate sobre el Pacto Interancional de Derechos Civiles y Políticos. Olivia, Laura y Nacho van a defender allí el derecho a la vida. Su misión es la de "hacer lobby". Aunque esta expresión se asocia con frecuencia a grupos sesgados ideológicamente que tratan de imponer sus posturas al conjunto de la ciudadanía, incluye también el ejercicio que llevan a cabo las organizaciones de la sociedad civil cuando en las instituciones se debaten temas relevantes. Viajan con ese cometido. El entusiasmo, la energía y la vitalidad que muestran revelan que tienen verdadera fe en sus convicciones.

Olivia, mexicana de veintisiete años, empezó con dieciséis su andadura por los pasillos de la ONU y la Organización de los Estados Americanos como miembro de la ONG “Construye. Observatorio Regional para la Mujer de América Latina y el Caribe”. Se trata de una iniciativa surgida en México en 2006 para mejorar la calidad de vida de las mujeres. En Construye, comenzó a hacer lobby en organismos internacionales, estuvo presente en sus reuniones y revisó qué y cómo negociaban en relación con políticas y proyectos para la mujer. Olivia cree en el poder de la ciudadanía si está organizada: "La sociedad civil es la clave de la política y la democracia. Hay momentos en los que los Gobiernos actúan como quieren porque la sociedad está dormida, no reclama, ni hace, ni vigila nada". Al terminar su reflexión frunce el ceño, mira con ojos seguros y continúa: "Un Gobierno verdaderamente efectivo debe ir de la mano de la sociedad civil activa, que funcione como un mecanismo de control exigente. Así vela por el cumplimiento de los compromisos, porque, de lo contrario, lo que priman son los intereses particulares". Fue la necesidad de influir en un asunto que afecta a la dignidad de la persona lo que la impulsó a emprender este viaje.
 

"Autoritas" vs "Potestas"
    


S
on las ocho de la mañana y los rostros de Laura, Olivia y Nacho oscilan entre la sorpresa y la emoción. No pueden sustraerse al ambiente de grandeza y profesionalidad que destilan las oficinas de Naciones Unidas. Los focos todavía alumbran las banderas de los Estados miembros, dispuestas en paralelo ante la entrada principal. Los tres estudiantes caminan por los

jardines del Palacio de las Naciones. No tienen miedo, ni dudas. Recogen sus acreditaciones mientras repasan las tácticas del juego y de su discurso. Se pasean silenciosos bajo la cúpula de Miquel Barceló que cubre la Sala de los Derechos Humanos y no pueden resistir la tentación de sentarse en las sillas de los representantes de Kenia, Jordania o México. Simulan que son ellos quienes dirigen un debate real sobre los derechos humanos.

Por los pasillos conversan sobre la verdadera influencia de estos organismos. ¿Realmente sirve para algo defender el derecho a la vida en una entidad como la ONU, cuyas resoluciones no son vinculantes? Laura deja escapar un suspiro y trata de explicarlo: "Yo creo que, muchas veces, por no decir siempre, es más importante invertir esfuerzos en crear una opinión fundamentada y abrir escenarios de búsqueda de la verdad que ser representativo".  "Antes de preguntar a los ciudadanos qué piensan sobre un asunto —continúa—, deben formarse al respecto. Para que entre todos podamos buscar el bien común (que no coincide necesariamente con la opinión de la mayoría), la sociedad necesita información para orientar su postura. Por eso resulta tan indispensable la aportación de expertos que, como los de este Comité, investiguen sobre diferentes temas. Mediante la divulgación de sus conclusiones, la gente podrá formar más su criterio, hacerse preguntas. Entonces sí tiene sentido pleno la democracia: se trata de un voto sustentado".

Olivia pone como ejemplo el propósito que les ha traído hasta Ginebra: "El valor no reside en lo que están reconociendo —aunque también—, sino en quién lo reconoce. La ONU funciona para los Estados como un organismo de autoridad moral. Si la ONU admite que existe el derecho a abortar o el derecho a la eutanasia, los países podrían utilizarlo como argumento para su legalización. La importancia de la ONU no estriba en su poder, sino en su autoridad".

Les recibe Rubén Navarro, representante de ADF International (Alliance Defending Freedom) ante la sede de la ONU en Ginebra. ADF Internacional es "una organización jurídica de abogados dedicados a la protección de los derechos fundamentales, como el derecho a la vida, el matrimonio, la familia y la libertad religiosa". Rubén Navarro habla bajito, pero con la autoridad y convicción de quien se sabe defensor de una causa justa, aunque genere mucha polémica.

Reportaje publicado en la revista Nuestro Tiempo, nº697, INVIERNO 2018


Un gobierno verdaderamente efectivo debe ir de la mano de una sociedad civil activa, que funcione como un mecanismo de control exigente

Olivia Serrano, alumna del Máster en Derechos Humanos


La cuestión no es que yo haya hecho mucho sino que haya hecho algo. Y eso es lo que importa: hacer algo

Nacho Peré, alumno del Grado en Derecho


Resulta indispensable la aportación de expertos que, como los de este Comité, investiguen sobre diferentes temas. Mediante la divulgación de sus conclusiones, la gente podrá formar más su criterio, hacerse preguntas. Entonces sí tiene sentido pleno la democracia: se trata de un voto sustentado

Laura Venzal, alumna del Grado en Derecho

La sociedad civil
    

   ▲ En la entrada del Palacio Wilson, en Ginebra. De izquierda a derecha, Nacho
    Peré, Laura Venzal , Olivia Serrano, tres representantes de una ONG irlandesa y
    Rubén Navarro.

 

   ▲ Olvia, Laura y Nacho presenciaron el debate acreditados con la ONG "Construye.
   Observatorio pra la Mujer de América Latina y el Caribe", que preside Olivia.

 

   ▲ Laura y Nacho se acercaron a Ivana Jelic, representante de Montenegro (en el
   centro) para mostrarle su apoyo a la postura que defendió.

Rubén les explica las claves para moverse y dialogar con los expertos: después de escuchar con atención los comentarios, opiniones y matices de unos y otros, deberán aprovechar el descanso de la reunión para hablar con ellos. "No se trata tanto de proporcionarles argumentos sobre la moralidad del asunto —les sugiere— como de hacerles ver la repercusión que esta aprobación tiene en los países, y cómo puede abrir la puerta a otras muchas peticiones". 

Con esta premisa entran en el Palacio Wilson, coronado por la bandera de la ONU. Los tres estudiantes avanzan por sus pasillos sin hablar, envueltos por una luz grisácea. En la sala, los expertos se colocan en dos bloques paralelos para facilitar una discusión rápida, directa y concisa. Nacho, Olivia y Laura toman asiento en las sillas situadas de manera perpendicular frente a los ponentes. Entre el público descubren a miembros de diferentes ONG y de la sociedad civil involucrados en la defensa de algunos puntos que aborda el Comentario; también periodistas que siguen con aparente rutina las sesiones. El presidente del Comité reconoce que han recibido numerosas observaciones y sugerencias. "Eso demuestra que saben que es un tema relevante para muchos", susurra Olivia.

Los desacuerdos externos en torno al Comentario tienen su correlato en el debate de los expertos, conscientes de la trascendencia de la cuestión en muchos sectores de la sociedad y de las emociones diversas que despierta. Quizá por eso dedican una hora a dejar claro que, se decida lo que se decida, el Comentario no es vinculante para los Estados miembros, aunque sí "asesorativo". "No es ninguna tontería que se pasen una hora hablando sobre la legitimidad del documento —explica Olivia en un instante de silencio— aunque pueda parecer un sinsentido a estas alturas. Lo cierto es que saben que hay gente preocupada con lo que puedan decir".

Los expertos hablan con serenidad, levantan la mano, piden permiso para intervenir, intercambian papeles y subrayan los párrafos del Comentario con tranquilidad. Al cabo de hora y media llega el momento de la pausa. Es decir, la hora de la verdad para los tres alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad: los treinta segundos para los que han estado preparándose de forma concienzuda.

Nacho y Laura deciden abordar a la representante de Montenegro, Ivana Jelic, que, en un momento del debate, ha destacado el concepto core (núcleo) para referirse al derecho a la vida como un derecho básico, central. "Es increíble que se hayan planteado si el derecho a la vida es el derecho supremo o un derecho más", se sorprende Nacho. Se acercan y ella les recibe con una mirada atenta. Le explican que están allí para apoyar su postura. No hace falta mucho más. Rubén les ha sugerido que limiten la conversación a un único argumento.

"Esa es nuestra misión aquí —cuenta Olivia—. Sabemos que lo que decida el Comité depende de los expertos, pero, según la percepción que tengan del respaldo de la sociedad, podrán cambiar su planteamiento sobre el asunto".

La propia Olivia se aproxima al representante israelí, Yuval Shany, y le agradece su intervención. También ella insiste en el mensaje que han acordado: lo que se apruebe en Ginebra puede utilizarse después como pretexto por distintos países, aunque no tenga carácter vinculante.

Al terminar la reunión, Rubén les da las gracias por haber acudido hasta Ginebra, por haber buscado un hueco en sus horarios para hablar, aunque sea treinta segundos, con los miembros del Comité. No les oculta que es "probable" que este no cambie nada, que apenas se modifiquen los conceptos. "Pero es fundamental que la sociedad civil esté presente".

Nacho Peré lo resume en pocas palabras: "Lo que hemos aportado en Ginebra es algo muy pequeño en comparación con lo que se pretende; pero la cuestión no es hacer mucho, sino hacer algo. Eso es lo que importa"  

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