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Universidad de Navarra


▲ Javier Larequi (primero por la izquierda), Iranzu García (segunda por la izquierda), Javier Andreu (centro) y otros estudiantes, sobre las inscripciones del foro halladas en 2012.

El yacimiento de Los Bañales apareció en la vida de Javier Andreu cuando tenía doce años. En una visita con sus padres al Mausoleo de los Atilios, situado dentro de la misma área arqueológica, descubrió que quería ser historiador. Conocía otros yacimientos pero aquella vez fue algo "tumbativo". Se quedó impactado por las inscripciones en latín del monumento. ¿Qué significaban? "La epigrafía fue el punto de partida de mi vocación", afirma Andreu, y le ha acompañado durante toda su trayectoria profesional. "Por eso, cuando en 2008 la Fundación Uncastillo me propuso reiniciar el proyecto de Los Bañales, me pareció providencial", reconoce.

Pertrechados de azadas, palas, piquetas y paletines, verano tras verano —este año será el décimo— alumnos, doctorandos y colaboradores saben que su imagen tiene poco que ver con Indiana Jones y que su papel es mucho más que excavar. "Somos arqueólogos historiadores —aclara Andreu—. Lo que buscamos es que cualquier objeto hallado nos transmita un discurso histórico". Se trata, además, de una iniciativa social y pedagógica: "Queremos que Los Bañales se perciba como un ejemplo de buen hacer en Arqueología y que eso redunde en el desarrollo económico de la zona". El equipo también organiza conferencias, charlas, talleres con los alumnos de institutos locales, se encarga de la gestión cultural del yacimiento… Esa animación en torno a las ruinas romanas se refleja en las cuatro mil personas que lo visitaron en 2017.

Mi intención es que Los Bañales sea el gancho para que los alumnos se enamoren de la Antigüedad

Javier Andreu, profesor de la Facultad de
Filosofía y Letras y director de Los Bañales

Javier Andreu resalta la importancia de que "un yacimiento se haya convertido en un revulsivo para el estudio de la Historia Antigua". A veces la investigación se paraliza por la ausencia de fuentes escritas, pero la Arqueología puede impulsarla aportando nuevas informaciones. "En esta década, en Los Bañales se han abierto muchos interrogantes históricos en relación con el modelo hispano-romano de ciudad", asegura.

Además de la pasión de un profesor, ¿qué hace que los jóvenes sintonicen con la Arqueología? "Creo que es ese punto romántico que tiene: al pensar en Arqueología la vinculamos a los grandes hallazgos —explica Andreu—. Y es cierto que la ilusión por los descubrimientos no hay que perderla nunca, pero lo que de verdad te engancha es que te mantiene en una tensión intelectual constante: lo que excavas durante una mañana parece que puede ser tal objeto o un edificio, y según pasan las horas, se confirman tus hipótesis... o resulta algo distinto. Eso exige mucha paciencia y te obliga a estar constantemente planteándote preguntas"

Aprender para servir y servir para aprender
    

Según Andreu, "la presencia de estudiantes en una excavación debería ser obligatoria", y explica la razón: "Estamos trabajando con dinero, en su mayor parte público, y, si nos quedamos los resultados de la investigación solo para los que vivimos de ello, esa socialización se interrumpe. Creo que la Arqueología tiene que terminar en pedagogía". El profesor resalta que, así como los investigadores pueden transmitir a los alumnos su pasión, los jóvenes contagian la ilusión, "una ilusión que hace que las dificultades típicas de un proyecto cultural se valoren en su justa medida".


    ▲ Estudiantes excavando junto a la
    escalera monumental de acceso al foro.

Ese empuje les condujo, en 2012, cuando solo quedaban dos días de excavación, al hallazgo del recinto dedicado a la Victoria Augusta. "Los alumnos se empeñaron en que había que descubrir qué había ahí debajo. Acabamos excavando de noche. Encontrar esas inscripciones tan bien conservadas fue espectacular. Nos posicionó delante de la monumentalidad que siempre pensábamos que Los Bañales tenía", cuenta el profesor. En 2015, hallaron un pedestal con una inscripción en homenaje al emperador romano Tiberio, labrada en los años 31 y 32 después de Cristo. Es el testimonio más antiguo que se conserva en la península ibérica de homenaje de un oficial de caballería a un emperador y fue calificado como uno de los grandes hallazgos epigráficos de la última década en el XV Congreso Internacional de Epigrafía Griega y Latina en Viena en 2017.

Andreu ve este proyecto como una extensión de su labor docente e investigadora: «Es un campo en el que la metodología de aprendizaje-servicio surge de manera natural, y la relación profesor-alumno resulta muy cercana». Explica que en el yacimiento tienen un jerarquía más horizontal, y eso facilita que todos se brinden a ayudar y a asumir retos. Darles responsabilidad les lleva a implicarse más. «Al llegar les decimos que Los Bañales tiene que ser para ellos un espacio para convivir, para escuchar y para crecer», cuenta el profesor.

Los Bañales es más que excavar. Es aprender conocimientos «tocando la Historia», es descubrir las preguntas que plantean los diferentes hallazgos —e incluso la falta de ellos—, es implicarse en un proyecto y asumir responsabilidades, es contribuir al desarrollo de un territorio y es transmitir un legado social.

En el ámbito de la divulgación, el equipo de Los Bañales es puntero: además de su página web (www.losbanales.es), en su Museo Virtual pueden verse detalladamente los variados hallazgos, y en febrero lanzaron una app; su página de Facebook suma casi nueve mil likes y su canal de YouTube, más de 137 000 visualizaciones.

De momento solo está excavado entre un 2 y un 3 por ciento del yacimiento. Han trabajado en la plaza mayor, en el foro, en un edificio público y en una domus aristocrática del siglo i —momento de esplendor de la ciudad—, en la que han aparecido pinturas y en la que esperan localizar mosaicos. Pero investigadores, alumnos y vecinos coinciden en qué es lo que más les gustaría averiguar: el nombre de la ciudad. «Es curioso que, entre las quince inscripciones que encontramos en el foro, ninguna lo revele. No sabemos si es azar o si es que en algún momento a la población le interesó proscribir el nombre», explica Andreu. En julio, el equipo volverá a la comarca de las Cinco Villas con la ilusión de, este año sí, al limpiar una cerámica o al dar la vuelta a una piedra, revelar el secreto que Los Bañales lleva guardando casi dos mil años

Reportaje publicado en la revista Nuestro Tiempo, nº697, INVIERNO 2018

Los Bañales es una ciudad romana localizada en el término municipal de Uncastillo, en la comarca aragonesa de las Cinco Villas. Su nombre original se desconoce y la denominación actual se debe a las termas encontradas en el lugar. Los Bañales aparece en la documentación en torno al siglo IX, cuando la ciudad romana llevaba seiscientos años abandonada. Durante el siglo XX, se excavaron las termas y algunas zonas del foro y se realizaron estudios sobre el acueducto y el sistema hidráulico.

Antonio Beltrán, que estuvo al frente de la excavación entre 1972 y 1979, formó un grupo de trabajo del que surgieron catedráticos, directores de museos...

Tras un parón de treinta años, la dirección del yacimiento recayó en Javier Andreu, que enseguida incorporó a universitarios al proyecto.  Desde entonces, casi seiscientos estudiantes de todo el mundo han trabajado en la excavación 


▲ Jornada de Puertas Abiertas de 2017.

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