Muchos expertos sostienen que el diagnóstico precoz ayuda a mejorar la supervivencia de los pacientes y, por ello, se han desarrollado campañas de screening o de cribado para algunos tipos de tumores como el de cérvix, colon y mama. ¿Cree que se desarrollarán programas para otro tipo de tumores?

Los programas de cribado en cáncer tienen un objetivo primordial: que el diagnosticar precozmente reduzca la mortalidad. Diagnosticar por diagnosticar es tener más tiempo al paciente preocupado y sufriendo por su enfermedad. El diagnóstico precoz tiene que permitir que se puedan hacer tratamientos menos agresivos, más conservadores, más eficaces y que generen un incremento de la tasa de curación de los pacientes.

Los tumores en los que se ha demostrado que esto es así son: el cáncer de mama, el pionero, donde hay reducciones de la mortalidad por encima del 20%; el cáncer de cérvix; el cáncer de colon; y el cáncer de pulmón. 

El único grupo español que ha trabajado en un ensayo clínico investigando el papel del diagnóstico precoz en cáncer de pulmón, con un escáner torácico de baja dosis de irradiación, ha sido el grupo liderado por el Dr. Zulueta, director del Departamento de Neumología de la Clínica. Este ensayo se ha ejecutado dentro del I-ELCAP (International Early Lung and Cardiac Action Program). Asociado a ese programa clínico de cribado hay un grupo en el CIMA, liderado por el Dr. Montuenga, que estudia los biomarcadores de los pacientes que desarrollan tumores de manera muy precoz, en el contexto de un programa de screening. El objetivo es ver si en esos pacientes ya hay algo en la sangre o en la saliva que permita determinar que ya tienen un mayor riesgo, incluso sin tener que hacer un escáner.

Todo parece indicar que este diagnóstico precoz en cáncer de pulmón reduce la mortalidad al menos un 20%.

Muchos tratamientos –quimioterapia, radioterapia- son muy agresivos para el paciente. ¿Cree que se desarrollarán fármacos o tratamientos que lo serán menos?

Ha habido avances muy significativos en los últimos años que han variado sustancialmente el perfil de toxicidad de los medicamentos.

En este cambio ha tenido un papel fundamental el desarrollo, en los últimos 15 años, de la Medicina de Precisión, los tratamientos personalizados contra el cáncer. En la quimioterapia convencional el principio básico que actúa es el de la destrucción de aquellas células que tienen un recambio celular elevado, es decir, células que crecen más rápido. Las detecta como células potencialmente malignas y las ataca. Pero si son células buenas del cuerpo, que simplemente tienen una reproducción más rápida, como el pelo, la quimioterapia lo interpreta como algo malo porque crece demasiado rápido y las destruye también.

En contraposición, las nuevas terapias biológicas dirigidas a dianas moleculares concretas son altamente selectivas sobre el daño en la región del tumor liberando de los efectos tóxicos a los tejidos sanos. Por tanto, hoy en día la mayoría de procedimientos tienen una toxicidad asociada, pero no en un grado letal. El mayor enemigo del paciente sigue siendo el cáncer y no los tratamientos.

¿Cómo se puede aumentar la calidad de vida?

Una vía son los cuidados paliativos.  En la Clínica, la unidad de Medicina Paliativa está integrada en el departamento de Oncología. De esta manera, la toxicidad por los fármacos o las complicaciones por la propia enfermedad, que dan síntomas y generan un deterioro de la calidad de vida del paciente, se pueden abordar desde el principio del tratamiento oncológico activo del enfermo. En las fases iniciales de la enfermedad el mayor peso del seguimiento y del tratamiento del paciente recae sobre el oncólogo médico. De forma progresiva, en la evolución de la enfermedad, sobre todo cuando el paciente se acerca hacia el final de la vida, el oncólogo sigue dándole soporte, pero el tratamiento activo fundamental pasa a ser de cuidado y soporte de los síntomas y de confort y dignidad del paciente por parte del equipo de Medicina Paliativa.

¿Cómo debería tratarse a los pacientes con predisposición hereditaria al cáncer?

Existen diversas alteraciones genéticas, algunas que no son conocidas y otras que sí, que son heredables de padres a hijos, o a veces de abuelos a nietos, y que generan un mayor riesgo asociado a presentar uno o varios tumores determinados. Se trata de genes que son protectores del cáncer y en la medida en que pierden su función protectora o supresora, el cáncer aparece con mayor facilidad. Muchas de esas mutaciones son puntuales, ocurren en un individuo y en ningún miembro más de su familia, en gran medida por la exposición a tóxicos ambientales como el tabaco, el alcohol o virus de distinto tipo. Pero, hay otros tipos de tumores donde se conocen los genes que, en caso de estar alterados en su función supresora, permiten un desarrollo a veces más temprano y más probable de un tumor determinado. Eso ocurre en distintos tipos de cáncer de colon, de mama y ovario familiar.

Sin embargo, en la mayoría de tumores no existen mecanismos de herencia o, si existen, no conocemos cuáles son exactamente esos mecanismos. Para una presentación en el Congreso Mundial de Cáncer de Pulmón de este año estudiamos cuál era la predisposición a presentar cáncer de pulmón en individuos que tienen casos acumulados en su familia. Concluímos que presentar cáncer de pulmón cuando tienes antecedentes familiares, en primer o segundo grado, es el doble de probable que si no existe ningún caso en la familia, incluso en igualdad de consumo de hábitos tóxicos. Y este mismo estudio lo realizamos en cáncer de próstata y los resultados fueron idénticos.

El cáncer no es causado por una sola causa, sino por varias. Unas vienen dadas por la genética, y en esas no podemos actuar. Lo que actúa de gatillo, para que sobre esa base de predisposición en unos aparezca y en otros no, sí que lo podemos controlar. En el caso del cáncer de pulmón, por ejemplo, es el hábito tabáquico.

 ▲ El Dr. Gil Bazo junto al Dr. Alfonso Calvo González, investigador del Programa de Biomarcadores y Tumores Sólidos del CIMA. AUTOR: Manuel Castells

Teniendo en cuenta la investigación que se lleva a cabo en su departamento, ¿Cómo piensa que se curará el cáncer?

Los mecanismos que ocurren en la célula tumoral y que condicionan la aparición, la progresión y la metástasis en el paciente oncológico son muy diversas y variables para cada tipo de tumor. Por tanto, pensar en el cáncer como una sola enfermedad para la que exista una bala mágica no es realista.

Más que la curación del cáncer, que no es real ni visionable, lo que sí estamos en disposición de comunicar a los pacientes y a sus familias es que somos capaces de lograr una cierta cronificación de una enfermedad que antes era mortal de necesidad y muy rápida en su desarrollo. Hay mujeres con cáncer de mama que no terminan de curarse nunca, pero que viven más de 10 o 15 años. Y ocurre igual con el cáncer de próstata, donde somos capaces de que el paciente conviva con su enfermedad y continúe realizando una vida casi normal. También la supervivencia del cáncer de pulmón ha pasado, en apenas una década, de menos de un año a más de tres. No quiere decir que curamos porque, por lo general, el paciente acaba muriendo, pero prolongamos de modo significativo la vida.

¿En qué dirección pueden ocurrir los avances?

La inmunoterapia del cáncer va descubriendo esa línea. Un tumor, que tiende a crecer, a viajar a otros sitios y a acabar con la vida del paciente en un plazo corto, que es la historia natural del cáncer, puede reducirse y luego estabilizarse gracias a la inmunoterapia, de modo que el paciente puede continuar con su vida durante muchos años. Eso igual dentro de diez años lo podemos considerar curación, porque nos damos cuenta de que el paciente ya no muere por su tumor. Sigue teniéndolo, pero como no crece, no genera problemas clínicos que comprometan su vida, el paciente acaba muriendo de otras cosas que no tienen que ver con el cáncer.

Por tanto, la curación del cáncer es real en la medida en que somos capaces de detectar precozmente el tumor y tratarlo de forma adecuada, en un inicio, antes de que se haga metastásico. En el cáncer que ya ha viajado a distancia a otros órganos, con posible compromiso de la vida del paciente, la curación todavía está muy lejos. Pero lo que sí está muy cerca y ya somos capaces de hacer es lograr una cronificación de la enfermedad manteniendo una calidad de vida buena en el paciente.

¿Cómo explica la importancia de la investigación?

La investigación tiene varios aspectos que son cruciales para el desarrollo de la sociedad. El primero es la innovación. Una investigación que no sea innovadora, no da un beneficio a la sociedad porque no permite avanzar. Aquellas necesidades que todavía, desde el punto de vista clínico, no están resueltas en nuestros enfermos, son sobre las que tenemos que centrar nuestro interés en investigación, no sobre aquellas que ya han dejado de ser un problema.

El investigador Mariano Barbacid decía: "Sin innovación no hay investigación; sin investigación no hay descubrimiento, ni de nuevas dianas terapéuticas ni de nuevos fármacos; sin nuevas dianas y fármacos no puede haber mejoría y no puede haber curación". Apuntaba también: "Un país que no invierte en investigación, no crea conocimiento". Este mensaje podríamos adaptarlo: "Una universidad que no invierte en investigación, no crea conocimiento", y la Universidad debe ser fuente de conocimiento.

Solo del conocimiento íntimo de los mecanismos por los que ocurre el cáncer y por los que progresa, podemos identificar posibles dianas sobre las que actuar y generar fármacos específicos frente a ellas.