Ruth Fine

Laudatio del profesor Javier de Navascués

 

La profesora Ruth Fine nació en Buenos Aires, en cuya universidad se licenció en Filología Latina, Española e Hispanoamericana. Años más tarde, ya en Israel, se doctoró en Literatura iberoamericana por la Universidad Hebrea de Jerusalén. En la actualidad ostenta la cátedra Salomon & Victoria Cohen de América Latina Contemporánea y es Directora del Instituto de Humanidades Generales y del Foro Europeo en la misma Universidad. Ha sido profesora visitante de numerosas universidades de Europa y América, entre otras la Universidad Libre de Berlín, Leipzig, Münster, Colegio de México, Complutense de Madrid, Sao Paulo, Heidelberg, Hartford (Connecticut), Buenos Aires y Navarra. Su labor docente e investigadora ha recibido numerosas reconocimientos, como el premio de excelencia otorgado por el Rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén; asimismo, es miembro correspondiente de la Real Academia Española y fundadora y presidenta de la Asociación de Hispanistas de Israel. Entre sus muchas publicaciones se encuentran monografías y volúmenes como La desautomatización en literatura. Su ejemplificación en El Aleph de J. L. Borges (2000), Una lectura semiótico narratológica del Quijote  (2006), La fe en el universo literario de Jorge Luis Borges (2012) o Recreaciones bíblicas cervantinas (2014).

La amplitud de la lengua y cultura hispánicas en el mundo es un hecho asombroso. El crecimiento de nuestra lengua española es tan imparable que se ha llegado a predecir que, para mediados del presente siglo, Estados Unidos se convertirá en el mayor país en número de hispano hablantes del mundo. El hispanismo, es decir, el estudio de la lengua española y su cultura, se ha convertido ya en una disciplina ineludible en las universidades de los cinco continentes. Es justamente en este ámbito, el del hispanismo o la Filología Hispánica, en el que la profesora Ruth Fine ha desarrollado su labor intelectual.

La ciencia que trata en profundidad de la realidad humana del lenguaje es la Filología, tanto en su vertiente lingüística como en aquella otra que se pregunta por su manifestación más rica y compleja: la literatura. Así pues, el filólogo establece una amistad con las palabras basada en su estudio, y no tanto en las posibilidades que nos ofrece el lenguaje para inventar mundos nuevos. No se espera de los críticos literarios, como se espera de los poetas, que nos ayuden a hallar sentido a nuestra vida. Les corresponde la modesta hazaña de encontrar un sentido a la forma en que intentamos hallar sentido a nuestra vida. Los grandes estudiosos de la literatura serían como esos intérpretes de música clásica que saben sacar con su propia voz lo mejor de una partitura. Con los filólogos sucede algo parecido: ellos reinterpretan las notas que puso el escritor y devuelven el libro enriquecido por la memoria de sus lecturas y la humildad de quien está sirviendo a un texto mejor.

Este difícil arte de la descripción e interpretación de los textos es el que ha practicado con rigor y elegancia ejemplares la Profesora Fine. Desde la atalaya de su herencia multicultural, que enlaza tres continentes a través de la cultura judía, la española y la argentina, ha esclarecido las obras de los mejores narradores de la literatura en lengua castellana. Miguel de Cervantes y Jorge Luis Borges iluminaron nuestra comprensión del mundo desde sus historias repletas de sabiduría y amor por el idioma. Los estudios de la Prof. Fine detectan tanto los mecanismos internos de los relatos de Borges como el valor fundante y paradójico de su fe religiosa. No menos importante es su postulación de una honda relación entre la Biblia, la cultura del Siglo de oro español y el universo de Cervantes. En efecto, lejos de interpretaciones superficiales de la historia española, la Prof. Fine ha demostrado cuán familiares podían ser los textos del Antiguo Testamento a los lectores cultos del Siglo de Oro. Lo ha hecho desde la seriedad del filólogo que busca el conocimiento sin comprometerse con apropiaciones ideológicas ni justificaciones que solo deben buscarse en los textos mismos. Su seriedad científica, avalada por una sólida reflexión teórica, es un ejemplo de honestidad intelectual.

La Filología nos permite abrirnos a experiencias distintas de la nuestra. Leer a los grandes escritores y profundizar en ellos es tender puentes. Puentes entre culturas e intereses intelectuales: este es el trasfondo del trabajo intelectual de la Prof. Fine. Solo así se explica su conocimiento del patrimonio literario hispano y su pertenencia al judaísmo. Dos tradiciones y dos amores, lo hispánico y lo hebraico, que ella ha demostrado que no son incompatibles, sino que, por encima de las paradojas dolorosas de la historia, deben conducirnos al diálogo y al enriquecimiento mutuo.

Por todas estas razones, postulo la distinción del Doctorado Honoris Causa para una mujer que se ha entregado al estudio e interpretación de la literatura en lengua española y ha sabido emplearse a fondo en tender puentes de diálogo intercultural entre el mundo hispánico y el hebreo.

Magne Cancellári, húius doctíssimae féminae dóminae Ruth Fine praecláram vitam eiúsque sapiéntiae stúdiis erudítum atque erga nostram Scholam benevolentíssimum ánimum brevi, ut pótui, explanávi. Satis tamen vídeor dixísse, ut ob magna eius mérita tua auctoritáte ei praémia tribuántur. Oro ígitur te, Magne Cancellári, uti claríssimam féminam Ruth Fine, Honóris Causa, Philologiae  Doctórem creáre et nostro coétui adnumeráre dignéris.