Carlos Ardévol, 3º ADE bilungüe. Intercambio en la Universidad Nacional de Singapur (Singapur)

“Lo menos importante es lo académico. Es verdad que a la universidad a la que fui es una de las mejores universidades del mundo y esa calidad se notaba. Yo iba a clases y tenía una experiencia muy amplia, increíble. Pero al  final estás haciendo las mismas asignaturas, más o menos completas, pero eso no es lo que realmente importa. Lo que importa es la experiencia. Entender la cultura es lo más importante para el plano profesional. Hacerme mejor profesional, por eso escogí Asia.

Lo que más me llamó la atención de la Universidad Nacional de Singapur es la competitividad que tienen los alumnos. Hacen todo por el estudio. Es una competición mala, porque unos van contra otros. Tienes que ser el mejor para sacar la mejor nota y así acceder a mejores oportunidades.

El sistema que tienen en Singapur te lleva a dar el máximo de ti mismo, ese ambiente hace que rindas más. Pero si lo llevas al extremo no es bueno. En mi opinión debería existir algo intermedio. La forma de enseñar de aquí es mucho más magistral. Allí es pura práctica. Mucho más participativo y basado en casos. Las clases duraban tres horas, pero era muy dinámico. Todo el mundo participaba, los profesores eran increíbles y todo esto en conjunto hacia que el tiempo pasara mucho más rápido.

Académicamente aprendí el saber hacer las cosas de manera eficaz. Había mucha carga de trabajo, por lo que había que organizarse muy bien el tiempo, o no había manera de sacarlo.

Lo que más he aprendido de Asia es a respetar una cultura completamente distinta. La gente, los sitios, los cambios son interesantes. El carácter que tienen es muy cerrado, totalmente diferente a los occidentales. Se nota muchísimo las diferencias culturales, al principio es muy difícil integrarse y acabas haciéndote amigo de gente europea, occidental. No es que los de Singapur no te acepten, el problema es que no te incluyen. En parte esos estereotipos se cumplen. A lo mejor, si yo no hubiera ido con esos prejuicios los hubiera podido conocer del todo.

Aun así me lo pasé muy bien. Me divertí mucho, pero también tenía claro que era mi carrera, y que yo iba a estudiar. No me iba a jugar mis estudios ni desperdiciar semestre.

Lo más positivo es que te ayuda a madurar. El estar tan lejos de casa es un cambio muy grande. Soy de Barcelona, pero llevo viviendo en Pamplona varios años, aunque no es lo mismo estar cuatro meses lejos de España. A veces también el estar tan lejos, es como un arma de doble filo. Cuando estas allí tan lejos echas de menos todo. Durante una época no estás “viviendo” tu vida normal, pero creces como personas y conoces a un montón de gente y haces amistades.

Lo resumiría como una experiencia única, increíble e inolvidable tanto en lo académico como en lo profesional. Cualquiera que esté en la posición de ir tiene que hacerlo. Porque te hace crecer. Te abre otros horizontes y eso, en el fondo, para proyectar tu trabajo es mejor. Vivimos en un mundo global y nosotros tenemos que serlo también”.