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Universidad de Navarra

Entrevista con Mª Victoria Romero- Directora del ILCE (1994-2001)

 

"En la enseñanza del español para extranjeros tenemos que mirar las dos orillas"

 

Deborah Galindo

 

La primera mujer directora del Instituto de Lengua y Cultura Españolas fue la profesora emérita Mª Victoria Romero Gualda. En el año 1994 recogió el testigo del profesor Ángel Raimundo y lo pasaría siete años después, "siete años intensos" dice ella, a la que fue su alumna Concepción Martínez Pasamar.

 

De su paso por el ILCE se recuerdan muchas cosas, especialmente un curso de español para profesores brasileños, el primero en España que se hacía específicamente para ellos, en el verano del año 98. 

 

Llega a Pamplona en el año 72, desde Madrid, pero ¿cuándo comienza a ser parte del ILCE?

 

En ese mismo año. Empiezo como profesora, con el entonces director Don Jesús Cañedo. En ese momento se hacían diferentes cursos, ordinarios durante el curso y extraordinarios. En esos años había uno muy bonito que era el llamado Curso para especialistas, se hacía en el segundo cuatrimestre y se exigía que todos los profesores fueran doctores. Al finalizar se otorgaba un diploma en Estudios Hispánicos. Teníamos unos 20 o 25 alumnos, pero era muy exigente, había que cursar todas las asignaturas y sacar una nota media muy alta. De una promoción se sacaban el título siete…

 

¿Y esa exigencia?

 

Fue deseo de tener un diploma que tuviera un arraigo y un prestigio que facilitara al ILCE ser un referente dentro de España. La oferta de español para extranjeros era limitada, aunque la complutense -yo empecé a dar clases ahí con cursos de éstos, que había universidades americanas- pero no había desde luego tanta oferta como la que hay ahora. 

 

En aquellos años otro curso muy bueno que se hacía era el curso para profesores en verano. Teníamos representantes de países absolutamente diversos: nórdicos, italianos… Venían profesores catedráticos de otras universidades, fueron muy interesantes hasta que la oferta de otras universidades aumentó, porque ese curso era bastante insular dentro del panorama español. Pero llegó un momento en que había otras ofertas, más atractivas económicamente y, sobre todo, porque era más atractivo pues para a lo mejor un profesor alemán irse a málaga que venirse a Pamplona. Siempre hemos contado con eso.

 

Era una tarea casi de guerrillero. Me acuerdo de un caso anecdótico de una profesora japonesa que se había venido para hacer el curso y que no teníamos alumnos para cubrirlo. Por lo que tuvimos que montarle un curso a medida, se había venido desde Japón, no era cosa de dejarla tirada… 

 

¿Era una lucha un poco a contracorriente de los profesores no?

 

Ha sido un trabajo de los profesores del Departamento de Filología, no solo de lengua los profesores de literatura también han intervenido. La enseñanza de español para extranjeros ha tenido siempre un handicap y es que en la universidad española no se ha visto que era algo productivo e  interesante hasta muy recientemente. Para que te hagas una idea el Instituto Cervantes nace en el año 91, tardó un montón de años en salir porque estaban el Ministerio de Exteriores involucrado en ello, el Ministerio de Educación, el de Trabajo…. Imagina cómo estaban las políticas de enseñanzas de segundas lenguas… 

 

O sea que realmente el boom de la enseñanza del español se da en los 90…

 

No, después de la IGM se solicitan profesores de español en los EEUU…

 

Vamos que la necesidad era inminente.

 

La necesidad estaba ahí, pero claro la afición a estudiar lenguas extranjeras ha nacido después, sobre todo pues pasa lo mismo que con el turismo, ¿quién hacía turismo antes?

 

Los pudientes…

 

Pues eso, los pudientes. 

 

Los cursos extraordinarios eran periodos de enseñanza muy cortos, pero intensos. ¿Cómo era la relación que se establecía con los alumnos?

 

Se les atendía muy bien. Esto es una labor de la señora doña Francis Lautre. Yo dije una vez como se vaya Francis Lautre me voy, como secretaria y como factotum. Ella tenía esto como gran objetivo. Aquí llegaba una carta de un estudiante pongamos de Japón y Francis Lautre ‘perseguía' a ese estudiante hasta que venía hasta aquí. Además, Francis era capaz de bajarse a las seis de la mañana a recibir a un señor que venía de lejos, de darle un bocadillo, y de atenderlo y de llevarlo a la casa, porque le buscaban por supuesto… Era un trabajo que hubiera necesitado más gente y que sin embargo lo llevaba ella. Necesitaba y sigue necesitando una atención muy personalizada.

 

El ILCE en la hemeroteca de Diario de Navarra

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