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El impacto de la moda, un desafío para la agenda de la industria textil

Emanuela Mora, profesora de Sociología en la Università Cattolica del Sacro Cuore, habló sobre el “consumo crítico” con motivo de su visita al Máster en Investigación en Ciencias Sociales

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Emanuela Mora durante una conferencia en el Instituto Cultura y Sociedad
FOTO: Carlota Cortés
04/02/18 18:44 Natalia Rouzaut

Cada vez tenemos que esperar menos para conseguir ropa nueva. Muchas tiendas renuevan el género cada 15 días, otras todas las semanas y algunas dos veces por semana. La rápida sustitución de unas tendencias por otras está a la orden del día y eso ha dado lugar a conceptos como el fast fashion, moda de consumo instantáneo y fácilmente reemplazable.

Esta producción masiva no solo provoca toneladas de residuos, lo que tiene un gran impacto en el medio ambiente, sino que afecta a las condiciones de trabajo de muchas personas. Así lo explica Emanuela Mora, profesora de Sociología en la Università Cattolica del Sacro Cuore (Italia), quien ha visitado el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) para ofrecer el curso ‘Perspectivas teóricas sobre la cultura y las mediaciones culturales’ en el Máster en Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad de Navarra.

Según la experta, a pesar del aumento de la producción, cada vez somos más conscientes de las consecuencias que puede tener el consumo de moda. Los ‘movimientos verdes’ de los años 70 comenzaron con la comida, con el reciclaje y los productos ‘bio’. Si bien esto se empieza a trasladar al sector textil, lamenta que haya sido el último sector en sumarse, ya que es todavía un comportamiento poco común y muchos consumidores miran las iniciativas sostenibles con recelo.

De acuerdo con la profesora, este incipiente consumo crítico “es la actitud responsable de seleccionar los productos que se correspondan con nuestros deseos y necesidad” y, al mismo tiempo, “tener la seguridad de que sus materiales y procesos son respetuosos con el medio ambiente, con sus trabajadores y que no suponen un peligro para nuestra salud”.

Responsabilidad individual y empresarial

Para Mora, en la actualidad se pueden distinguir dos grupos sociales que consumen moda de forma sostenible. Por un lado, están las personas con un alto nivel educativo y poder adquisitivo que “están dispuestas a pagar más por productos hechos de manera más justa y menos contaminante pero que, a la vez, sigan las últimas tendencias”. No se pueden considerar grupo, ya que actúan de forma individual.

Por otro, apunta a un colectivo que puede resultar muy reconocible por su forma de vestir. Lo componen “personas muy comprometidas política y culturalmente contra la industria de la moda”. Indica que para ellos el consumo crítico es el consumo ético e implica en primera instancia reducir, por lo que adquieren ropa que no depende de las tendencias y se elabora mediante procesos solidarios.

Industria textil

Al igual que los consumidores empiezan a ser cada vez más conscientes de los desechos, contaminación y malas condiciones laborales de la industria de la moda, parece que muchas marcas han introducido estas preocupaciones en su agenda y apuestan por cambiar su forma de producir, por ejemplo, con el uso de materiales bio, el reciclaje de ropa, la disminución del uso de químicos… Sin embargo, Mora critica que muchas de estas iniciativas en su mayoría solo suponen un ‘lavado de cara’ por parte de las empresas: “Quieren mantenerse en el mercado”.

La moda y la psicología

A pesar de la aparición de movimientos como el consumo crítico, podría decirse que la mayoría de las personas se mueven por otras motivaciones a la hora de comprar. Según explica esta especialista, cuando compramos y utilizamos un producto, la mayoría de las veces no lo hacemos por necesidad, sino por deseo –deseo de alardear, de vernos mejor– y  también para relacionarnos –deseo de mostrar quiénes somos, con quien nos gusta relacionarnos o nuestras ideas sobre el mundo. “Nos comunicamos a través de la moda”, afirma Mora.

De hecho, la ropa puede ser de gran utilidad en disciplinas como la psicología y el trabajo social ya que es un primer indicador de la forma de ser de una persona. Como expone la socióloga, “estamos acostumbrados a vestir de manera socialmente aceptable, además de en relación con el tiempo, la expectación de los demás, los productos que se ofrecen en el mercado, las tradiciones de un lugar, etc.”. Si un trabajador social o un psicólogo se encuentran con una persona que necesita ayuda y viste desacorde al tiempo o a la situación, “puede significar que tiene problemas para insertarse en la sociedad”, apostilla.

A pesar de la imagen frívola que puede asociarse la moda, Emmanuela Mora enfatiza que hay un componente más profundo, ya que con ella “podemos decir que pertenecemos a algo o que algo nos pertenece de manera íntima, ya que las prendas son una segunda piel”. Confía en que el consumo de ropa también pueda llegar a convertirse de forma generalizada en un vehículo para manifestar la preocupación por el medio ambiente y esto desemboque en la investigación y el desarrollo de nuevas formas sostenibles de producción.

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