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Universidad de Navarra

Colaboración entre Neurociencia y Filosofía como un hábito positivo
 

El proyecto Mente – Cerebro, llevado a cabo por el Instituto de Cultura y Sociedad desde 2010, asienta sus precedentes en el interés de su director, José Ignacio Murillo, por la Antropología filosófica.  

La Antropología filosófica busca integrar los conocimientos de las distintas disciplinas en una visión unitaria del hombre. Sin embargo, este objetivo encontraba un obstáculo en las disciplinas científicas, que a pesar de ocupar un papel muy relevante, en ocasiones no ofrecían una visión del ser humano en diálogo con la perspectiva filosófica.  Este inconveniente llevó al profesor Murillo a aprovechar la oportunidad de trabajar con varios neurocientíficos, lo que desembocó en unos cursos de Doctorado en Filosofía sobre Mente – Cerebro en los que participaron filósofos, neurocientíficos, psiquiatras y psicólogos. Fue entonces cuando surgió el Instituto de Cultura y Sociedad, que realizó una convocatoria de proyectos entre los que el proyecto Mente – Cerebro salió victorioso.

"Desde el principio nos dimos cuenta de que si queríamos una verdadera visión unitaria de los problemas la docencia era muy importante. Cuanto tienes que explicar las cosas es cuando más ves la necesidad de que se entienda bien lo que cada disciplina tiene que decir. Es entonces cuando se ven los puntos de contacto y los problemas que deben resolverse", explica José Ignacio.

Los proyectos del Instituto de Cultura y Sociedad se caracterizan por ser interdisciplinares, internacionales y con impacto social, tres características que el proyecto Mente – Cerebro cumplía en su objetivo de estudiar la acción humana desde el punto de vista de la Neurociencia y de la Filosofía. El sistema nervioso es un elemento de gran complejidad cuyo tratamiento supone problemas de importancia ética y antropológica, por lo que la Filosofía era necesaria para acabar con una visión reduccionista.

Ante este nivel de interdisciplinariedad los investigadores se dedican a cuestiones distintas. Todos tienen una cierta formación filosófica y, del mismo modo, los investigadores del área de humanidades obtienen conocimientos neurocientíficos. En el proyecto se organizan seminarios todas las semanas en los que los investigadores no solo escuchan a los invitados, sino que exponen el trabajo que cada uno realiza y colaboran mucho en las publicaciones. "Realizamos investigaciones que por ejemplo no podrías hacer sin un neurocientífico o un filósofo, lo que hace que aprendamos mucho del trabajo colaborativo", señala José Ignacio Murillo.

Esta colaboración tiene resultados teóricos que se traducen después en investigación, como muestra el trabajo centrado en la noción de hábito de estos últimos meses. "La Neurociencia suele usar una noción de hábito que es un poco pobre, así que hemos intentado recuperar la noción aristotélica de hábito, que sirve para explicar lo mismo que esta noción entre muchas otras cosas. A partir de ahí no solo sale una propuesta teórica, sino investigaciones empíricas sobre la educación, las adicciones o la influencia de los hábitos en la toma de decisiones", indica el director.

Ahora están pensando en tratar el tema de los hábitos y los sistemas de creencias, que quiere decir que nuestra conducta depende mucho de lo que opinamos o creemos acerca de las cosas. El problema es que las creencias no solo tienen un peso teórico, sino que depende de hasta qué punto se encarnan en las acciones, es decir, de hasta qué punto forman parte de los hábitos.

En el proyecto la noción de hábitos que se propone se define como un enriquecimiento cognitivo de la acción. Bajo esta noción, el hábito positivo enriquece cognitivamente la acción. Por ejemplo, una persona que toca el piano, cuando aprende a tocar el piano y lo domina, es decir, cuando sabe tocar el piano, no tiene que pensar porque la acción ya está cognitivamente enriquecida y está a disposición de su voluntad, lo que le permitiría improvisar o aprender una partitura nueva. Este ejemplo se trasladaría a todas las dimensiones de la vida y respondería al prototipo de hábito como aprendizaje.

Frente a este concepto, está el de hábito como rutina, que en Neurociencia se conoce como automatismo, y que suele ser, en la mayoría de las ocasiones, una adicción. El ejemplo del automatismo sería la persona que entra en una habitación para coger un objeto, pero está tan acostumbrada a mirar un determinado elemento cuando entra en la habitación, que cuando entra en la habitación mira ese elemento y se va de la habitación sin coger el objeto. Al realizar tantas veces esa acción se convierte en un automatismo que toma el relevo de la conciencia hasta entrar en conflicto con lo que la persona pensaba y por lo que había iniciado la acción. De este modo, las adicciones serían un aprendizaje negativo. Es posible aprender a hacer las cosas de tal modo que te limiten. Uno puede aprender a tocar mal el piano o a escribir a máquina con dos dedos, cada vez tocará y escribirá más rápido, pero hay un aspecto de limitación, mientras que si se usan todas las posibilidades el aprendizaje es positivo.

"Lo característico de las adicciones es que llega un momento en el que se hacen las cosas no para conseguir algo bueno sino para satisfacer la pulsión. El ludópata quiere ganar, pero aunque esté convencido de que no va a ganar tiene que apostar porque si no, no se queda tranquilo, aunque después no se quede tranquilo por entrar en un proceso de espiral", ejemplifica José Ignacio Murillo.

Junto al tema del hábito, que el profesor Murillo ha trabajado a lo largo de toda su vida, su atención también se focaliza en la tradición aristotélica, por lo que el investigador actualmente intenta enriquecer el debate mente-cerebro con estas cuestiones, un enriquecimiento recíproco, pues José Ignacio Murillo trabaja cada día una investigación que no sería posible sin el Instituto de Cultura y Sociedad: "Los problemas actuales muchas veces no se pueden tratar a través de una única disciplina, y el ICS ha hecho posible algo que era necesario y que fuera del ICS sería muy difícil lograr".

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