Antonio Pardo Caballos, Unidad de Humanidades y Ética Médica

Manipulación genética de embriones humanos

28/11/18 Publicado en Las Provincias y Diario Montañés

Muchas noticias “rompedoras” de tiempos recientes en cuestiones de biotecnología con el ser humano resultaron ser finalmente falsas. La noticia actual nos tiene todavía dentro de esa incertidumbre. En todo caso, no deja de sorprender la ligereza de algunos científicos chinos a la hora de aplicar la biotecnología más reciente al ser humano. La aplicación de la técnica CRISPR-Cas9 a embriones para hacerlos inmunes a la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana es una muestra más.

Aunque no estén muy formalizadas legalmente en China, las normas éticas de la investigación en seres humanos son claras. El procedimiento que se emplee debe proporcionar alguna utilidad para el sujeto de investigación; en este caso, se han manipulado embriones sanos que no precisaban ninguna actuación curativa. Los riesgos a los que se someten los sujetos deben estar razonablemente contrastados mediante una experimentación previa en animales; pero en animales, hasta ahora, no se ha optimizado la técnica para evitar posibles efectos secundarios. Asimismo, es necesario el consentimiento del sujeto de investigación, en este caso de los padres. Al parecer, están disponibles en la red los formularios rellenos: es probablemente el único requisito ético que se ha cumplido.

Casos como el presente suceden cuando la tecnología se aparta de la Medicina, y asume un dinamismo propio, que no tiene en cuenta a los sujetos sobre los que se aplica. Es cierto que una de las obligaciones profesionales de los médicos es la competencia técnica y estar al día de todo lo que puede ayudar a un paciente. Pero eso es muy distinto de aplicar técnicas de eficacia y seguridad no comprobadas. Esto último se puede hacer en casos extremos, como solución de vida o muerte, cuestión muy distinta de la actual. En este caso se ha impuesto un imperativo técnico: si dispongo de un nuevo sistema de intervención, parece que estoy obligado a ponerlo en acción, con independencia de otros considerandos.

De hecho, la manipulación genética ha sufrido un avance enorme con la técnica CRISPR-Cas9. Antes, insertábamos genes de una manera básicamente aleatoria, como si un encuadernador, para introducir una página en un libro y corregir así una errata, arrojara 500 libros y 2000 páginas por la ventana y luego fuera a la calle a ver cuál ha salido bien. Ahora, esta técnica permite “conectar” el trozo que queremos introducir con el lugar adecuado, que se corta y reemplaza. No obstante, no es perfecta: aunque lo ideal es que se actúe solo sobre el lugar deseado, las inserciones erróneas se siguen viendo, a pesar de ser con una frecuencia mucho menor que antes.

Esto no es un mero detalle técnico: la inserción en lugar erróneo puede ser biológicamente activa (lo insertado funciona bien), pero a costa de lesionar irreversiblemente el lugar equivocado donde se ha insertado. No está de más mencionar que nuestro conocimiento de la genética humana tiene todavía mucho por avanzar: aunque sepamos cómo actúa un gen individual, la telaraña de interacciones entre los diversos genes resulta aún oscura, debido a su complejidad. Probablemente, una inserción errónea producirá fallos de regulación (piénsese en tumores). La genética es más compleja que la versión esquemática de la enseñanza media.

En todo caso, la prudencia, que no es timidez ante los avances técnicos, pide otro tipo de conducta. Exige tener en cuenta todos los extremos conocidos del asunto entre manos. Y sabemos bastante de ellos. Concretamente, los cuarenta años de experiencia en fecundación in vitro que llevamos han permitido conocer los efectos secundarios que las manipulaciones del embrión producen en los niños. Así, estimular hormonalmente a la mujer aumenta significativamente los riesgos de salud de los hijos que vendrán; realizar la fecundación in vitro en vez de una fecundación natural también los aumenta; inyectar el espermatozoide en el óvulo en vez de que suceda una unión natural entre ambos también los aumenta. Si a todo esto sumamos la manipulación para incorporar el gen que deseamos introducir, los niños podrían padecen otras enfermedades no previstas.

En suma, si esta intervención se ha dado realmente, es claramente innecesaria, ha considerado a los sujetos de experimentación como puro material para investigar, y es técnicamente prematura y, por tanto, peligrosa.

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