Ricardo Fernández Gracia, Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Los trabajos y los días en el arte navarro (25). Protectora contra rayos y centellas: la Virgen de Soterraña

18/05/18 Publicado en Diario de Navarra

La relación de Navarra con el santuario segoviano de la Virgen de Nieva o Soterraña fue secular, pues en él se sepultó a la reina doña Blanca. Sin embargo, será a partir de la tercera década del XVIII, cuando las maravillas obradas por intercesión de la Virgen de Soterraña se divulgaron por muchos territorios y, por supuesto, en Navarra a través de  diversos medios, propiciándose la llegada de varias de sus imágenes para implorar su especial protección contra incendios, rayos y centellas, tal y como era invocada desde tiempo atrás en diversos lugares.

 

Una imagen y un lienzo historiado llegan a Pamplona en 1733

Al parecer, todo aquel renovado fervor tuvo un verdadero hito, en la capital navarra y de manera puntual, en 1732, con motivo de un incendio del molino de la pólvora y la incombustión de una estampa de la Virgen de Soterraña. Semejante prodigio con la misma estampa se volvió a repetir el 17 de marzo de 1733, en el mismo lugar, en otro pavoroso incendio, lo que trajo consigo junto a otros hechos milagrosos que narra el Padre Barcáiztegui, prior del convento dominico de Pamplona, en 1733, un frenesí devocional hacia la advocación mariana en estas tierras.

Una de las primera imágenes de candelero llegó a Pamplona el 31 de mayo de 1733 y se trasladó a los Dominicos el 14 de julio. Su retablo se realizó al año siguiente bajo los auspicios del alcalde de Corte, don José Ezquerra.

El primer lienzo con las viñetas de su historia legendaria llegó a la capital navarra a fines de mayo del mismo año de 1733, con destino a la parroquia de San Juan de la catedral de Pamplona, acompañado de la certificación de haberse tocado al original de Nieva, condición indispensable para que las imágenes, grabados y medallas tuviesen los poderes contra rayos y centellas. El rico marco con su pabellón corrió a cargo de José Pérez de Eulate, por encargo de los parroquianos de San Juan. La pintura se conserva actualmente en el palacio episcopal de Pamplona.

 

Estampas y medallas

En el contexto de la difusión de la leyenda de la imagen y su aparición se produjeron muchísimas estampas y medallas, colgantes y placas decorativas de pizarra, cuya factura se realizaría en talleres de cierta especialización. Para satisfacer la devoción de numerosas personas las estampas grabadas de mayor o menor tamaño y precio y las medallas tuvieron una gran aceptación. Estampas y medallas debían ser realizadas y tocadas con el original en el santuario dominico de Nieva.  

De hecho, una gran parte de los milagros obrados por su intercesión afectan a personas salvadas por llevar sus medallas o estampas. Entre estas últimas, destacan las que incorporan viñetas de pinturas y grabados. Conocemos un par de estampas calcográficas en Navarra, muy divulgadas en España en la primera mitad del siglo XVIII, una realizada entre 1724-1725 y la otra entre 1715 y1731. En ambos casos, una de sus viñetas representa, de igual modo, a un tullido en el interior de un templo y ante el altar de la Virgen de Nieva. La inscripción explicativa reza así: “Vuelbe sanº a un Navarro vecino de ella  que vino arrastrando a visitar la Sª Imagen”. Este hecho, en su día muy divulgado, ayudaría, sin duda, a difundir por estas tierras la devoción a la imagen, especialmente por sanar a tullidos y proteger contra rayos y centellas.

Los grabados de la Virgen de Soterraña se requerían por doquier, pero la estampación de los mismos era algo reservado al santuario segoviano. El derecho fue otorgado por Felipe V en 1733, en unos momentos en que la popularidad de la Soterraña estaba en alza. Según su contenido, al convento de Santa María de Nieva correspondía privativamente imprimir y vender estampas, justificándolo en que todos aquellos objetos debían estar tocados a la mano derecha de la imagen de la Virgen “donde el poder de su precioso Hijo la tenía formada la figura o materia de un rayo, iban seguras de cualquier peligro”. Aquellas estampas que no estuviesen tocadas al original no poseían aquel poder contra rayos y centellas, por lo que se pensaba que eran un auténtico fraude para los devotos. En general, los puntos de venta de las estampas eran los conventos de dominicos, los mismos que se quejaban de estampaciones ilegítimas en Segovia y otros lugares de la geografía peninsular. Se conocen las diversas notificaciones hechas a plateros e impresores para que en ningún caso reprodujesen las imágenes de la Soterraña, por no gozar de sus poderes al no haber sido tocadas a la mano derecha de la imagen. Debido a la producción fraudulenta de muchos plateros e impresores, desde el convento de Nieva se difundieron circulares de aviso entre grabadores y orfebres, incluso entre buhoneros, de Segovia, San Sebastián, Alcalá de Henares, Granada, Córdoba, Ávila y Arévalo, para dar a conocer el carácter exclusivo que tenían sobre aquella producción.

 

En la merindad de Estella

En 1737 se introdujo en la parroquia de Santa María de Viana el culto a la Virgen de Nieva, a través de su imagen, pasada por la original de Santa María la Real de Nieva, que se colocó en la antigua capilla de San Agustín. La devoción resultó de gran éxito, por tratarse de una abogada de las cosechas en un pueblo eminentemente agrícola. En una carta del archivo parroquial, publicada por J. C. Labeaga, se describe así la imagen de la Virgen: “Se compone de su cabeza, rostro, cuello y manos dispuestas la una para recibir en ella a su amado Hijo niño, y en la otra el cetro de emperatriz de cielos y tierra, y una, dos y tres veces la tocó al rostro, manos, cuerpo y cabeza del original de esta Princesa de la Soterraña, que por este contacto tenga la virtud de defender como es notorio a todos de cualesquiera tempestades de rayos y centellas”. Un delicado retablo diseñado por el calagurritano Diego de Camporredondo en 1743 y realizado por él mismo por 700 ducados fue destinado a su imagen.

En Los Arcos, la llegada de la imagen similar a la anterior, se produjo en torno a 1741, momento en que se documenta la inversión de algunas rentas, concretamente de 573 reales en la realización de la corona, diadema o rostrillo y media luna de plata, piezas destinadas a la imagen vestidera. En 1829 se constituyó su cofradía haciendo constar que se hacía “por su intercesión poderosa, sean patrocinados en la vida y en la muerte todos los hermanos que, dedicados a su veneración, fueren sus verdaderos devotos, y también en agradecimiento a que tan justamente estamos obligados a esta divina Señora todos los hijos y habitantes del pueblo por habernos librado muchas veces del terrible castigo de la ira del Señor que nos amenazaba por medio de nubes malignas”.

En la parroquial de El Busto parece que la imagen llegó en 1764 y su retablo fue realizado a partir de 1769 por Miguel López de Porras y Antonio Izaguirre. Las localidades de Bargota, Sesma, Dicastillo, Sansol y Asarta también cuentan con imágenes de la Virgen de Nieva, algunas de ellas de gran culto por venerarla como patrona.

 

Puente la Reina y Valdizarbe

En el archivo de las Comendadoras de Puente la Reina se conserva esta pequeña crónica de la llegada de la imagen a la localidad en 1748, que reza así: “Los curas y beneficiados acordaron que la imagen de la Virgen quedase la primera noche…, en la iglesia del convento de monjas de Sancti Spiritus, como así se hizo. En la puerta de la dicha iglesia fue recibida solemnemente por los cuatro capellanes de la comunidad, los cuales entonaron el Ave maris Stella y fue colocada la imagen en el coro. La comunidad, con el mayor júbilo y regocijo, veló durante toda la noche a su Señora y Madre Nuestra, y al día siguiente, 30 de junio, después de celebrar una misa solemne en la iglesia del convento y cantar de despedida la Salve, se organizó la gran procesión hasta la iglesia de Santiago. Asistió todo el cabildo, con las cofradías portando los estandartes y todos los vecinos del pueblo. Una gran mayoría portaba velas encendidas, resultando de esta forma la procesión muy solemne. La Virgen fue recibida bajo palio y así fue trasladada hasta Santiago, donde se celebró la misa en la que predicó el Rvdo Padre José Sicilia, de la Orden de Santo Domingo. Desde entonces esta Virgen de Nieva quedó elegida por protectora de este pueblo para las tribulaciones y trabajos que los años pasados se han experimentado de tempestades de piedra”. El monumental retablo colateral para la veneración de su imagen lo llevó a cabo Tomás Martínez Puelles en 1759.

Su devoción se extendió por todo Valdizarbe a través de algunas imágenes de candelero con su historia particular. Entre las documentadas tenemos las de Uterga Legarda y Muruzábal en 1802. La primera es obra de Mauricio Valdivieso, de Vitoria y fue conducida junto a las otras dos al santuario de Nieva para tocarlas a la original y que tuviese las mismas dotes para protegerse contra los nublados. Dice así la crónica: “Las llevo a Nieva las dos y la de Muruzábal, que aún no había sido tocada con la original, Bernabé Blanco, residente en Pamplona; se comprometió a cumplir su cometido por la fabulosa cantidad de ¡catorce duros! llevó las cabezas y manos en un cajón, y después de haberlas tocado con la verdadera imagen de la Soterraña, volvió a Navarra haciendo entrega de su sagrado depósito a don Fermín Ayerra, de la casa del factor y rexidor cabo de Uterga, juntamente con el certificado firmado por el P. superior del Monasterio de “habersen” llevado a cabo todos los requisitos necesarios”.

En Tirapu, según recoge J. J. Lizarraga, su fiesta se celebraba el primer domingo de julio con misa votiva de la Virgen y era precedida por una novena  por la que pagaba el pueblo dos duros. En Enériz cuenta con un retablo rococó de la que es titular, realizado por el maestro de Cárcar, Tomás Martínez, en 1769. Sus antecedentes históricos han sido estudiados por Rafael López Velasco.

 

En Valtierra, Peralta y Falces

La llegada de la imagen a Valtierra en 1742 estuvo motivada por la caída de un rayo que mató al hermano del párroco don Francisco Camón, dejando a este último cojo. Hace poco menos de un siglo Félix Zapatero afirma que su cofradía contaba con más de 600 hermanos y recoge el siguiente testimonio sobre su culto y devoción en Valtierra, especialmente en momentos de grandes nublados: “Cuando una tormenta amenaza sobre la villa, cualquier vecino penetra en la iglesia en los momentos de temerosa angustia y sin ceremonial ninguno saca la gloriosa imagen al pórtico de la iglesia, en donde, una vez pasada la tempestad, se torna a su altar acompañada del cabildo y fieles con el ceremonial del ritual”. Su retablo de estilo rococó fue realizado por Juan de Angós en 1771 y dorado por Diego Díaz del Valle.

En Peralta, su imagen se venera actualmente en el mismísimo retablo mayor y está documentada su presencia desde comienzos del siglo XVIII. En la parroquia de Falces tiene un hermoso retablo neoclásico, diseñado en 1801 por el maestro calagurritano Joaquín Villanova.

 

Una pintura exquisita en las Benedictinas de Lumbier (Alzuza)

Se trata de un lienzo de escuela madrileña y mediados del siglo XVIII, realizado con exquisitez y buena técnica. La pintura se basa en alguno de los numerosos grabados que se hicieron de la imagen, la mayor parte de los cuales incorporaron viñetas con toda la leyenda de su aparición y los principales milagros. La imagen de la Virgen se apoya en la peana argéntea con la media luna, adopta la conocida disposición frontal con corpiño y delantal en forma cónica con el consabido collar de tres vueltas de perlas. Su cabeza ostenta gran corona y rostrillo perlado. Empuña el cetro con la mano derecha y sostiene al Niño con la izquierda. La aparatosa corona con los dos ángeles se adapta perfectamente a los diferentes ejemplos impresos conocidos. El dosel con la cruz de los dominicos, un par de lámparas votivas y unos jarrones con delicadas flores que también se esparcen por el altar, completan el conjunto. Las historias de las viñetas de los grabados se han traspasado a dos hermosos relicarios con airosos pies y otras dos cartelas. La primera historia relata el pasaje de un caballero con la imagen de la Virgen para señalar cómo las reproducciones del icono mariano protegían contra los rayos en el término del santuario. La segunda muestra al cazador que abatió a una enorme culebra que aterrorizaba a las gentes, gracias a la intervención de la Virgen. La tercera se centra en la aparición al pastor y la cuarta en el momento en que un caminante cae abatido por no haberse querido cobijar en los términos de Santa María de Nieva.

El impulso de la devoción fue, sin lugar a dudas, la finalidad primordial de este tipo de pinturas que el profesor Pérez Sánchez, definió como “trampantojos a lo divino”, ya que inspiraban a las gentes el mismo respeto y piedad que los retablos, esculturas y pinturas de los templos.

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