Olga Lizasoáin, Profesora de Pedagogía Hospitalaria en la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

Pedagogía en el hospital

14/05/18 Publicado en La Provincia (Islas Canarias) y El Faro de Vigo

“No creo que un niño de cuatro años entienda lo que significa la palabra tumor, pero son muchos los que se preguntan, ¿por qué a mí?”. Estas palabras son la reflexión de un niño que estuvo mucho tiempo ingresado en un hospital y que recuerdo hoy, con motivo del día internacional del niño hospitalizado.

Un paciente tiene unas necesidades de atención que van más allá de lo médico-físico. Un menor en el hospital tiene que seguir con sus actividades: estudiar, jugar, hablar, reírse, estar con otros niños. También el enfermo con mal pronóstico tiene derecho a seguir aprendiendo, a interesarse por las cosas y a desarrollar actividades de entretenimiento.

Los padres de un hijo enfermo crónico precisan de apoyo y orientación. Para ayudar, tanto al paciente como a las familias, entran en juego las unidades de pedagogía hospitalaria. La atención educativa al alumno enfermo y hospitalizado contribuye a su estabilidad emocional y a favorecer su recuperación. La enseñanza escolar en los hospitales humaniza la estancia del paciente y sirve de prevención ante ciertos efectos negativos que el tratamiento médico y el hospital pueden causar. A través de las actividades pedagógicas se logra mejorar su calidad de vida y la de sus familias, favorecer la adaptación a la hospitalización y a la situación de enfermedad, además de disminuir sus miedos y ansiedad. Ir al aula hospitalaria se convierte en toda una aventura. Nuestro paciente hospitalizado durante bastante tiempo comenta: “Ir al aula hospitalaria convierte un largo pasillo en un camino hacia el juego, y una vez allí todos los niños levantamos la mano con una sonrisa en la cara para responder a las preguntas que nos hacen los profesores”.

Las actividades llevadas a cabo desde las unidades de pedagogía hospitalaria se centran en la parte sana del paciente, enviándoles un mensaje de recuperación. “Hay demasiadas cosas que te recuerdan donde estás pero los profesores y pedagogos, con su trato amable, sencillo y en ocasión maternal, hacen todo mucho más llevadero”. Se trata de actividades propias de un niño o de un adolescente que añaden interés a su día, proporcionándoles seguridad y confianza. Se trabaja en grupo, se convive con otros pacientes y se favorece la readaptación a su vida tras la enfermedad y la hospitalización. “Aquí no importa la edad”, asegura, “una parte principal de su trabajo es el planteamiento del futuro de los pacientes. Después de la enfermedad hay una vida por delante y los tratamientos son difíciles de llevar”.

Así, los profesores de las aulas hospitalarias apelan a la importancia del esfuerzo, fomentan la responsabilidad, minimizan el retraso escolar y previenen alteraciones de ánimo. El paciente puntualiza: “¿De dónde se saca tiempo para estudiar? Los profesores hospitalarios entran juego, dando clases para no perder el hilo de los estudios y así evitar que la enfermedad cierre la puerta del futuro a posibles médicos, abogados, profesores, etc.”. “Hace años que estoy en tratamiento y revisiones y, desde el primer día que conocí a los profesionales de la unidad de pedagogía hospitalaria los considero parte del equipo médico que me salvó la vida. Su trabajo dentro del hospital es fundamental”, afirma.

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