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Alfonso Sanchez-Tabernero Sanchez, rector de la Universidad

Ramón Gonzalo, rector de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)

Covid-19 y Universidad

06/05/20 Publicado en Diario de Navarra, Diario de Noticias

El 31 de diciembre de 2019, las autoridades chinas informaron a la OMS de unos extraños casos de neumonía en la ciudad de Wuhan. El Gobierno de ese país detectó más tarde que el primer paciente infectado había sido un varón de 55 años que había contraído la enfermedad el 17 de noviembre. Durante las semanas siguientes, la situación no preocupó excesivamente en Europa: a fin de cuentas, en años anteriores habían surgido otras epidemias y crisis sanitarias -como el ébola, la gripe aviar o la enfermedad de las “vacas locas”- que tuvieron una incidencia moderada en Occidente.

Los primeros científicos que alertaron del riesgo real de contagio masivo del covid-19 en Europa no fueron escuchados a tiempo. El virus avanzó rápidamente y se extendió por todo el mundo ante la mirada incrédula de gobernantes y ciudadanos. El 11 de marzo la OMS declaró al covid-19 “pandemia global”. Hoy, más de tres millones y medio de personas han contraído la enfermedad y 250.000 han fallecido, más de 25.000 de ellas en España.

Con la extensión de la epidemia, la primera respuesta ha sido -como es lógico- científica y sanitaria: lo urgente era salvar vidas, evitar el colapso del sistema sanitario y encontrar vacunas y tratamientos para curar la enfermedad. Lo más grave ya ha pasado, al menos en este primer brote del covid-19. Ahora toca pensar en el día después, en lo que hemos aprendido en estas semanas y en la tarea que tenemos por delante.

Durante el tiempo de confinamiento hemos descubierto, al menos, dos hechos relevantes. En primer término, hemos recordado que tenemos la suerte de vivir en una sociedad libre; nunca antes nos habían privado de algo tan básico como la posibilidad de salir de nuestra casa: ahora sabemos mejor cuánto vale poder decidir nuestro destino. En segundo lugar, nos damos más cuenta de que somos seres sociales, que sólo alcanzamos nuestra plenitud si compartimos con otras personas nuestros proyectos, fracasos, alegrías e ilusiones: ¡cuánto hemos echado de menos las conversaciones en el trabajo, los cafés con amigos, el deporte, o un simple paseo!

Nos enfrentamos ahora a un futuro incierto, tanto a nivel social como económico: son las consecuencias colaterales de la grave crisis sanitaria. Ciertamente parece razonable dedicar tiempo a analizar qué podíamos haber hecho mejor; pero quizás es más adecuado pararse a pensar qué podemos aportar cada uno de nosotros para paliar el sufrimiento de muchas personas. En momentos críticos, como éste, es preciso que unamos fuerzas, que cada uno aportemos aquello que mejor sabemos hacer.

Por ello, estamos convencidos de que la universidad está llamada a jugar un rol fundamental, como motor del desarrollo social y económico de cualquier sociedad, centrado en tres tareas fundamentales, que ahora adquieren un nuevo sentido.

Por una parte, formamos profesionales preparados para trabajar en un mundo de alta complejidad; pretendemos, además, que nuestro estudiantado tenga un arraigado sentido solidario, de modo que ponga sus conocimientos al servicio de los más vulnerables. Durante el confinamiento se ha hecho más evidente que la calidad de una comunidad reside en la ayuda mutua y en el afán de colaboración. Probablemente, a partir de ahora será más fácil explicar al alumnado la importancia de formarse bien, de estar preparados para superar juntos obstáculos y exigencias extraordinarias.

En segundo lugar, en las Universidades investigamos para aportar soluciones útiles, que mejoren la calidad de vida de la sociedad. En este momento, resulta crucial que encontremos vacunas y retrovirales para hacer frente al covid-19. Pero la pandemia también nos plantea retos en otros ámbitos, como el impacto social y psicológico de la crisis sanitaria, la transformación digital, el futuro del teletrabajo, la macroeconomía o el derecho, por citar sólo algunas áreas científicas. Estas semanas hemos comprobado que la pervivencia de la sociedad depende del conocimiento o, como decían los clásicos, de la sabiduría. Sin esa base, la política, la economía y cualquier otra actividad humana se resienten. Esperemos que esta situación haga que la sociedad entienda mejor que la inversión en investigación es rentable, porque permite anticiparse a algunos problemas, resolver otros con rapidez, y prepararse para afrontar los desafíos de un mundo global, en el que –para bien y para mal- nadie está aislado.

La tercera misión de la Universidad es la transferencia de experiencias, tecnología y conocimientos a la sociedad. Durante la pandemia hemos puesto a disposición de las autoridades sanitarias nuestra investigación, nuestra tecnología, nuestros laboratorios, nuestra capacidad asistencial. Quizá aquí se encuentre uno de los retos más difíciles que nos ha planteado la pandemia: la habilidad para articular el conocimiento científico con la gestión pública. En muchos lugares se ha desarrollado la colaboración universidad – empresa, que ha permitido el auge de la investigación aplicada. Pero debemos reconocer que en este terreno podemos mejorar: es preciso que la relación de los políticos y gestores con los científicos sea cada vez más fluida. De hecho, los países donde se ha controlado mejor la crisis son aquellos donde cada uno ha respetado su papel y se ha logrado un alto nivel de colaboración.

En Navarra contamos con un sistema universitario sólido, complementario y con capacidad de emprender proyectos comunes. Durante la pandemia nos hemos involucrado en varias iniciativas solidarias, hemos apoyado al sistema sanitario, hemos transformado rápidamente las clases presenciales en docencia online y hemos adaptado el funcionamiento de nuestras instituciones al teletrabajo de forma eficaz. Nuestro compromiso ahora es contribuir a la recuperación económica, social y anímica de nuestra comunidad. Intentaremos lograrlo aportando lo que sabemos hacer: formar profesionales solidarios; avanzar en la investigación con impacto social; ofrecer nuestro conocimiento y colaboración a las instituciones públicas y a las empresas.

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