Juan Manuel Mora Garcia de Lomas, vicerrector de Comunicación de la Universidad (2007-2020)

Un rector infatigable

24/12/20 Publicado en ABC

Las instituciones pueden parecer estructuras anónimas, maquinarias que funcionan por la suma de los recursos abundantes y la buena organización. A veces nos da la impresión de que las instituciones maduras han sido siempre así, han nacido ya desarrolladas.

La realidad es muy distinta. Las mejores organizaciones son en realidad un conjunto de personas, unidas alrededor de un proyecto común, que trabajan en silencio, haciendo mucho bien y poco ruido, y que logran crear una sólida cultura, que se fragua lentamente. Estas ideas me vienen a la cabeza con motivo del fallecimiento de don Francisco Ponz, tercer rector de la Universidad de Navarra.

He tenido la suerte de tratarle más de cerca en sus últimos años, cerca ya de los 101 que cumplió el 3 de octubre. Dios le dio largos años de vida y él llenó de vida todos esos años, hasta el final. Al celebrar su centenario pudo comprobar lo mucho que se le quiere en la Universidad de Navarra y en otros lugares.

Catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona, se incorporó a la Universidad de Navarra en 1966, invitado por su fundador, san Josemaría, al que se sintió siempre muy unido. Comenzó como rector y después fue vicerrector, profesor e investigador en su campo de especialidad, la Fisiología. Pienso que la Universidad le debe mucho. No me refiero tanto a los indudables logros de sus 25 años en el Rectorado ni a su contribución a la ciencia, que también. Me refiero sobre todo a su estilo personal, a su forma de ser universitario. Don Francisco era un científico riguroso, un docente amable, un trabajador infatigable. Como rector era conocido por su prudencia y su tacto. Solía decir que quien gobierna no tiene que dejar a nadie herido. Algo que recuerda esa máxima tan británica: un caballero es quien no inflige dolor. Don Francisco era un hombre de fe, un hombre fiel. Creo que solo conociéndole a él o a otros como él, que fueron el cimiento, se puede entender la Universidad de Navarra. Y en esto hay algo de paradójico. Hoy vemos a la Universidad de Navarra ocupando lugares destacados en los rankings, habitada por estudiantes de todo el mundo, con proyectos de investigación de gran impacto. Cabe decir que su reputación es excelente, la marca brilla. Pues eso que hoy reluce, se debe sobre todo a personas como don Francisco. No a los recursos, ni a los procesos, ni a los éxitos. Sino a los profesionales que como él han trabajado discretamente, tratando bien a los demás, en los que han dejado -nos han dejado- un recuerdo imborrable. Una auténtica escuela. Con otras palabras, la muerte de don Francisco me recuerda que en los pequeños detalles de cada día, en la forma de ser, está la belleza de la vida. Y que todo lo que luce necesita buenos cimientos para perdurar.

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