Ricardo Fernández Gracia, Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Patrimonio en la memoria: la antigua parroquia de Elizondo

20/09/19 Publicado en Diario de Navarra

A lo largo del siglo XX algunos señeros edificios desaparecieron por diversas circunstancias como su estado ruinoso, la pérdida de uso y función, las especulaciones sobre sus terrenos urbanizables y la falta de espacio. Por fortuna, algunas fotografías con historia nos dan testimonio de unas historias con fotografía en torno a aquellas fábricas perdidas. A través de algunas imágenes de la antigua parroquial de Elizondo, recrearemos su fábrica, su esbelta torre que, como otras, quedaba bien realzada en su casco urbano, algunos mecenas que brillaron por su protección al templo en que se habían bautizado, así como algunas destacadas piezas de arte mueble que han pervivido hasta nuestros días.

El nuevo templo se levantó con planos del arquitecto Lino Plaza de 1916, en parte por el daño de las grandes inundaciones de 1913, pero según la memoria de su párroco, don Mauricio Berecochea, porque ya “resultaba insuficiente por haber aumentado mucho el número de habitantes del pueblo”. Con un presupuesto de 755.655 pesetas y las aportaciones de numerosos vecinos, entre las que destacaron 120.000 pesetas de don Braulio Iriarte, 200.000 de doña Martina Aguirre o 100.000 de una feligresa anónima, se erigió el edificio entre 1917 y 1922, siendo consagrado con toda solemnidad, en 1925, por el nuncio Federico Tedeschini junto al obispo de Pamplona y el dimisionario de Oviedo, en una larga ceremonia de cinco horas de duración.

El antiguo edificio y su torre

Al igual que otras iglesias del valle de Baztán, la de Elizondo se había levantado en el siglo XVI, en unos momentos en que algunos canteros residentes allí estuvieron en la avanzadilla de nuevas soluciones de la arquitectura, con la asimilación de la teoría y la tratadística. Uno de ellos, quizás el más notable, fue Juan de Garaicoechea y Oiz, vecino de Elizondo y estudiado por Mª J. Tarifa, que ha señalado cómo traspasó las fronteras de su valle y dejó en la capilla mayor de la parroquia de Lerín (1591) una obra sobresaliente dentro del panorama navarro de la época, en donde destaca la concha avenerada que voltea sobre su capilla mayor, similar a la que llevaría a cabo unos años más tarde en Garzain.

La documentación de Elizondo nos informa de que su parroquia, ubicada en la actual plaza, fue llevada a cabo por una familia de canteros de la tierra.  En 1587, Juan Martínez de Leizagoyen contrató la prosecución de sus obras que ya había comenzado su padre Juan de Leizagoyen. Se trataba de una construcción sencilla, con una nave y crucero con su coro a los pies, a la que se añadió más tarde una gran capilla en el lado del evangelio. En su exterior destacaba la hermosa y esbelta torre de cantería y corte clásico, que fue sufragada por un anónimo donante y realizada por José Poudez, arquitecto de la localidad francesa de Pau muy activo en la Navarra septentrional a lo largo de tres décadas, entre 1775 y comienzos del siglo XIX, en obras tan señeras como el hospital nuevo y la casa prioral de la colegiata de Roncesvalles, la parroquia de Zugarramurdi, el monasterio de Urdax o la casa Estebecorena o Istecorena de Elizondo.

Los contratos para la realización de la torre, rubricados en 1780, son riquísimos para todo lo referente a precios y a las canteras de extracción de la piedra, su labra y traslado, con acuerdos con distintos canteros y carreteros, que debían traer los sillares labrados a pie de obra. El coste de la obra ascendió a 2.600 pesos de a 8 reales y 36 maravedís el real. Aunque el plazo de ejecución se fijó para fines de 1781, la cancelación de la obligación por las partes no se firmó ante el notario hasta febrero de 1784.

Un caso insólito: dos retablos mayores en el plazo de doce años

El cambio de mentalidad y, consecuentemente, del desarrollo de las artes experimentado en la segunda mitad del siglo XVIII, con la imposición de modelos ligados al academicismo, se puede comprobar en algunas obras de aquellos momentos y muy particularmente en lo referente a los retablos mayores de Elizondo, en donde se sustituyó el rococó por otro de marcadas líneas clasicistas en una docena de años.

El primero de ellos fue encargado en 1762, a Silvestre Soria, el gran maestro de la etapa rococó en Navarra, formado en el taller del palacio real o nuevo de Madrid con Juan Domingo Olivieri. El promotor de la obra era, en este caso, un baztanés establecido en la corte de Madrid como tesorero del Infante don Luis Antonio Jaime, don Ambrosio Agustín de Garro, caballero de la Orden de Santiago. Antes de firmar la escritura notarial de compromiso, el promotor obtuvo el correspondiente permiso del lugar, concejo y su vicario, y se encargó un diseño y condicionado al mencionado Silvestre de Soria. Precisamente con sus propias trazas, se comprometió a realizar el retablo, con pequeñas modificaciones que se anotaron cuidadosamente en el compromiso. Entre ellas, figuran las de hacer decrecer un poco el primer cuerpo, descargar de ornato, eliminar los trofeos de guerra y suprimir la decoración del sagrario para dar impresión de mayor grandeza. De la obligación de Soria sería el encargar la escultura y dorar y jaspear todo el retablo, “previniendo que ha de llevar algo mas de oro que el que tienen los retablos de la iglesia de Azpilcueta”. La madera de pino fue una vez más elegida como material de todo el conjunto, el precio se acordó en 2.360 pesos de a 128 cuartos, que se pagarían según fueran avanzando las obras, y el plazo se fijó en el día de San Juan de 1763.

A los pocos años, cuando apenas habían transcurrido una docena de años y por razones que no pueden ser sino de orden estético y de moda, entre 1775 y 1777, se llevó a cabo un nuevo retablo mayor que sustituyó al realizado entre 1762 y 1763, de nuevo bajo el mecenazgo de la misma familia. La razón más cercana debió ser la realización del retablo mayor de Irurita diseñado con unas líneas totalmente neoclásicas por José Hermosilla en 1770, bajo la atenta mirada de don José Ignacio Goyeneche y de la Real Academia de San Fernando. De aquel retablo rococó tan solo se salvaron algunas piezas reubicadas actualmente en el interior de la ermita de San Pedro.

El nuevo retablo de Elizondo, conservado hasta 1917 en que se desarmó al derruir la vieja parroquia, se debió a una disposición testamentaria de Ambrosio Agustín de Garro, que cumpliría su hijo y testamentario don Nicolás Ambrosio de Garro. Ambos fueron tesoreros del infante don Luis Antonio. En el testamento del citado don Ambrosio Agustín figuraba la cantidad de 52.000 reales de vellón para la “renovación del retablo mayor de Elizondo”. Con esa cantidad José Poudez, el arquitecto francés antes mencionado, se hizo cargo de la pieza, por la que cobró distintas cantidades entre 1775 y 1777. La policromía del conjunto fue subcontratada por Poudez con el dorador de Pamplona Juan Francisco Santesteban en junio de 1776, cuando ya lo tenía finalizado, haciéndose constar que el oro debía ser del mejor procedente de Pamplona o París. Las esculturas que figuraban en el retablo son además del titular Santiago a caballo con los moros en la parte inferior, las de los santos Ambrosio, Agustín, Nicolás y Fermín, nombres de los promotores de la obra. El retablo desapareció hace un siglo al construirse la nueva parroquia de Elizondo (1916-1925). A través de la postal mencionada se pueden observar sus líneas clasicistas, en sintonía con lo realizado en Irurita.

Otras piezas de patrimonio mueble del antiguo templo

Amén de las obras de orfebrería y bordado conservadas y catalogadas, algunas piezas se han conservado de la parroquia antigua. Entre ellas, las imágenes de la Virgen del Rosario y del Corazón de Jesús. La primera es obra notable de escultura académica, importada desde Madrid y sufragada por alguno de los baztaneses allí residentes, posiblemente por don Francisco de Arizcun, marqués de Iturbieta y hermano de don Miguel, el primer marqués de aquel título, a cuya costa se hizo el retablo de san Miguel

En cuanto a la del Corazón de Jesús, obra del escultor Antonio Alsina (1863-1948) y obsequio de doña Martina Aguirre, viuda de Ripalda, fue muy ponderada en un artículo de La Avalancha de 1901, lamentando el cronista la falta de sitio en el templo para hacerle una capilla, algo que fue mitigado por la realización de una suntuosa urna construida por el ebanista de Elizondo don Trinidad Martínez, conforme al diseño del arquitecto L. Plaza.

También se ha conservado, bastante deteriorado el busto de la Dolorosa que probablemente llegó a la Elizondo, en 1753, junto a otro de Cristo, ya que en el citado año se ordenó hacer sendos nichos en virtud de un mandato de la visita episcopal. Al respecto, hemos de recordar que dos esculturas con la misma iconografía se habían colocado poco antes en el retablo mayor de Arizcun.

Los inventarios parroquiales nos dan cuenta de diversos donantes de distintas piezas. Así se mencionan un juego de altar con su cáliz y vinajeras, regalo del mariscal de campo don Pedro Fermín de Mendinueta, la custodia del marqués de Iturbieta, ornamentos por el marqués de las Hormazas don Juan Martín de Larralde, lámparas de plata ... etc.

Una postal parlante de su interior en el día de Ánimas

La instantánea plasmada en una postal comercializada por el establecimiento local de G. Marín de Elizondo a comienzos del siglo XX, muestra el aspecto que presentaba el interior del templo en el día de las Ánimas o su novenario, con todo dispuesto para cantar el responso con absolución al catafalco, pieza que vemos frente al altar, junto al comulgatorio. Pero es todo el pavimento de la nave de la iglesia, desde el sotacoro, lo que llama la atención por estar cubierto por las tumbas familiares con ofrendas de luces y panes. Como es sabido, en la sociedad tradicional, la sepultura era considerada como una prolongación de la casa nativa. Se encontraba en la iglesia y se conocía con los nombres de fosa o fuesa. Las ofrendas citadas se colocaban sobre la sepultura, cubierta con un paño de difuntos, de ordinario negro, sobre el que se disponían un soporte para las velas o las hachas, o para la cerilla enroscada en la argizaiola, un cestillo y un reclinatorio.

La celebración del día de las Ánimas o de difuntos revestía un carácter importante pues estaba prescrito que desde el mediodía del día 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, a la media noche del día siguiente, con determinados rezos y la petición por las intenciones del Romano Pontífice se ganaba una indulgencia especial, aplicable a las ánimas del purgatorio. La vista de la parroquia de Elizondo de la postal que comentamos está, sin duda, preparada, para tales celebraciones.

Otra fotografía de 1899 con su crónica

La revista La Avalancha, en su número correspondiente al 8 de marzo de 1900, comenta una instantánea del fotógrafo Félix Mena tomada en otoño del año anterior de 1899, con motivo de la colocación en la casa consistorial de un escudo con el Sagrado Corazón de Jesús. La fotografía es interesantísima por su cronología y por mostrar parte del antiguo casco urbano de la localidad, sino por presentar la casa consistorial, erigida a partir de 1696 por el cantero Juan de Arozarena, con los numerosos y desaparecidos vítores colgados en su fachada, en distintos momentos, coincidiendo con el ascenso o nombramiento para cargos importantes de varios hijos del Valle. A la vez que se ponían en la casa nativa -como aún se pueden contemplar en algunos casos- se colocaba otro en el ayuntamiento, acompañándose de festejo y regocijo popular. Una interesantísima fotografía de Laurent de fines del siglo XIX, comercializada en una postal en torno a 1905, tras la muerte del famoso fotógrafo en 1886, nos muestra la fachada totalmente ornamentada por los citados elementos.

Volviendo al tema de la fotografía, hay que recordar que en aquellos años se vivió en Navarra un clima de exaltación en torno a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, con la consagración de varias localidades y entronización de su imagen en diversos ayuntamientos como Tafalla en 1899, el valle de Guesálaz en 1900 o Ablitas en 1916. La crónica que ilustra la foto de Elizondo dice así:

El día 7 de octubre de 1899 se celebró en la capital del Valle del Baztán, Elizondo, una numerosa peregrinación en honor del Corazón de Jesús, concurriendo a ella todos los pueblos que constituyen aquel Ayuntamiento, en unión de las villas de Maya y Urdax, y el pueblo de Zugarramurdi. La peregrinación tenía el doble objeto de desagraviar a Cristo de los ultrajes inferidos a su sagrada imagen en diversas poblaciones de España, y timbrar a la vez la Casa municipal del valle con el escudo del amantísimo Corazón de Jesús.

Para la celebración de la función principal reuniéronse los peregrinos en las plazas denominadas Vieja y Rebote, levantándose en el ángulo de ambas, cerca del palacio del conde de Tilli, un vistoso altar, en el centro del cual destacábase una magnífica imagen del Corazón de Jesús. Dio comienzo la función a las diez de la mañana, celebrando el santo sacrificio de la Misa don Leoncio Luis Iturralde, párroco de Errazu, asistido de don Crisóstomo Palacios y don Ignacio Eraso, párroco y coadjutor respectivamente de Elizondo. El sermón que fue notabilísimo y lleno de unción evangélica, corrió a cargo del ilustre baztanés don Dámaso Legaz, canónigo lectoral de Pamplona. Terminada la misa hizo la consagración al Sagrado Corazón de Jesús don Juan Istilart y a continuación el alcalde del Valle don Lino Plaza, recibió del arcipreste Sr. Iturralde, el escudo del Corazón de Jesús, que inmediatamente fue colocado en la casa del Ayuntamiento, a la vista de toda la muchedumbre que presenciaba la ceremonia, dándose fin a la solemnidad con el cántico Oh Biotz Saindu.

No era posible abarcar en una sola placa fotográfica todo el numeroso concurso de fieles a la piadosa fiesta que ligeramente dejamos reseñada, así es que para formarse idea se requiera la reunión combinada de dos o mas de las muchas que se obtuvieron. La que reproducimos, representa a la derecha la Casa Consistorial del Valle del Baztán, con sus escudos de hombres célebres, viéndose en la ventana central del segundo piso los trabajos preparatorios para la colocación del escudo del Deífico corazón, y está tomada en el momento de la celebración de la misa mayor. También se ve la parte de la calle Mayor, hoy don Jaime Urrutia, de aspecto señorial en sus casas y la magnífica torre de la iglesia parroquial, obra ejecutada a expensas del Mariscal de Campo don Pedro Fermín Mendinueta y Garro, hijo de la casa Micheltorena, hoy de don Melitón de Iturria, donador también de una valiosa custodia y cáliz a dicha iglesia”.

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