Nuestros investigadores

Raquel García Arancón

Publicaciones científicas más recientes (desde 2010)

Autores: García Arancón, Raquel
Revista: PRINCIPE DE VIANA
ISSN 0032-8472  Vol. 76  Nº 261  2015  págs. 451 - 474
Autores: García Arancón, Raquel
Revista: PRINCIPE DE VIANA
ISSN 0032-8472  Vol. 75  Nº 259  2014  págs. 113-130
Autores: García Arancón, Raquel
Revista: MEMORIA Y CIVILIZACION. ANUARIO DE HISTORIA
ISSN 1139-0107  Vol. 16  2013  págs. 323-325
Autores: García Arancón, Raquel
Revista: PRINCIPE DE VIANA
ISSN 0032-8472  Vol. 72  Nº 253  2011  págs. 387-407
Autores: García Arancón, Raquel
Libro:  Reinas de Navarra
2014  págs. 365-384
Autores: García Arancón, Raquel
Libro:  Reinas de Navarra
2014  págs. 409-443
Autores: García Arancón, Raquel
Libro:  Reinas de Navarra
2014  págs. 385-407
Autores: García Arancón, Raquel; Woodacre, Elena;
Libro:  Reinas de Navarra
2014  págs. 501-540
Autores: García Arancón, Raquel
Libro:  Monarquía, crónicas, archivos y cancillerías en los reinos hispano-cristianos: siglos XIII-XIV
2013  págs. 325-345
Autores: García Arancón, Raquel
Libro:  Nueva Historia de Navarra
2010  págs. 199-254
Autores: García Arancón, Raquel
2010 
La historia bajomedieval de Navarra está marcada por un hecho decisivo en el devenir político-institucional del reino: desde 1234 hasta su incorporación a Castilla en 1512, este pequeño Estado está regido por dinastías francesas. El siglo XII se había caracterizado en lo exterior por el difícil ejercicio de supervivencia frente a los reinos peninsulares vecinos, y en el interior por la configuración de una sociedad tripartita y la cristalización de unos incipientes mecanismos de gestión pública, de corte tradicional. Nada hacía suponer que Navarra se iba a incorporar, al principio de modo lento, y después rápida y expeditivamente, a un estilo de gobierno de corte europeo, novedoso entre los reinos hispanos, tanto en la concepción del poder como en los usos administrativos, y desde luego con una radical reorientación de intereses exteriores y estrategias dinásticas. En poco más de un cuarto de siglo después de la muerte de Sancho el Fuerte, Navarra se había perfilado como una monarquía «moderna», que vivía una etapa de transición entre las costumbres altomedievales y las instituciones renovadas y consolidadas de la Baja Edad Media. Teobaldo I (1234-1253) y sus hijos Teobaldo II (1253-1270) y Enrique I (1270-1274) introdujeron, con la nueva dinastía, un nuevo talante político. Reforzaron la autoridad del soberano y la adaptaron hábilmente a las tradiciones del reino. Sus reformas de los resortes administrativos y la proyección exterior hacia la cristiandad occidental dieron a Navarra un carácter «europeo» que nunca antes había tenido. Este sistema presentaba aspectos positivos, como la administración racional y eficaz, la apertura y el prestigio internacionales y el dinamismo económico, y resultados desfavorables, como el autoritarismo monárquico, las ausencias prolongadas de los reyes en sus señoríos franceses y el desequilibrio producido entre las fuerzas sociales, que condujo a una inquietud estamental, endémica durante casi un siglo