Ramiro Pellitero Iglesias, Profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra

Ir adelante con valentía, apoyados en Dios

20/09/19 Publicado en Revista “Palabra”

La Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29-VI-2019) es un testimonio de las actitudes que el Papa Francisco desea promover en las circunstancias actuales de incertidumbre que atraviesan los católicos alemanes.

En la carta, que nos sirve a todos los católicos, especialmente a los europeos, el Papa desea “fomentar la búsqueda para responder con parresía a la situación presente”, y subraya algunos presupuestos para el discernimiento eclesial. Un primer grupo de elementos tienen que ver con lo que podríamos considerar discernimiento prudencial o ético, integrado en la experiencia cristiana: el realismo y la paciencia; el análisis y la valentía para caminar juntos, mirando a la realidad y con las energías de las virtudes teologales. Aquí hay una referencia a un nuevo pelagianismo que confiara todo a “estructuras administrativas y organizaciones perfectas” (Evangelii gaudium, 32), y al nuevo gnosticismo de los que “queriendo hacerse un nombre proprio y expandir su doctrina y fama, buscan decir algo siempre nuevo y distinto de lo que la Palabra de Dios les regalaba”. Como en ocasiones anteriores, el Papa propone “gestionar el equilibrio” con esperanza y no tener “miedo al desequilibrio” (cfr. Evangelii gaudium, 97).

Para mejorar nuestra misión evangelizadora tenemos el discernimiento, que hoy debe realizarse también a través de la sinodalidad. Se trata de “vivir y de sentir con la Iglesia y en la Iglesia, lo cual, en no pocas situaciones, también nos llevará a sufrir en la Iglesia y con la Iglesia”, tanto a nivel universal como particular. Para ello hay que buscar caminos reales, de modo que todas las voces, también las de los más sencillos y humildes, tengan espacio y visibilidad.  Francisco señala también otras condiciones del discernimiento que son específicamente eclesiales, porque ese discernimiento se realiza en el marco de la vida de la Iglesia como correspondencia a la gracia de Dios.

Es necesario “mantener siempre viva y efectiva la comunión con todo el cuerpo de la Iglesia”, sin encerrarnos en nuestras particularidades ni dejarnos esclavizar por las ideologías. Y para ello se requiere la conexión con la Tradición viva de la Iglesia. Ese marco está asegurado por la referencia a la santidad que todos hemos de fomentar y la maternidad de María; por la fraternidad dentro de la Iglesia y la confianza en la guía del Espíritu Santo; por la necesidad de priorizar una visión amplia del todo, pero sin perder a atención por lo pequeño y cercano.

Todo ello pide, además, para posibilitar la correspondencia personal a la gracia, especialmente de los pastores, un “estado de vigilia y conversión”: dones de Dios que se deben implorar por medio de la oración –que incluye la adoración–, el ayuno y la penitencia. Así podremos aspirar a tener los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2, 7), es decir, su humildad, pobreza y valentía.

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