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“He tenido la oportunidad de volver a la Universidad de Navarra y siento que regreso a casa”

Después de estudiar Teología, Jeus Jardin Pontigon volvió a Pamplona, desde su Filipinas natal para formarse en Teología Moral y Espiritual

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Jeus Jardin en los pasillos de la Facultad, donde ha pasado tantos años. Después de estudiar Teología, ha vuelto a España para formarse en Teología Moral y Espiritual. FOTO: Nelson Menjívar
21/05/18 16:44 María M. Orbegozo

“Normalmente, las vocaciones germinan en familias donde el Señor está presente, pero no fue mi caso. Mis padres son católicos no practicantes y aunque mi sacerdocio no les ha acercado a Dios, me sigo planteando esta situación como una misión personal, para abrirles las puertas de la Fe, con respeto y con paciencia”. Así habla Jeus Jardin Pontigon sobre la familia en la que nació y creció, hace 36 años, en la ciudad de Davao (Filipinas). Es esa situación la que le ha llevado a preguntarse en numerosas ocasiones “¿Por qué yo? ¿Por qué el sacerdocio?”, pero asegura que “el Señor llama a quien quiere”.

En su caso fue a los 16 años, cuando se planteó la posibilidad de servir a Dios a través del ministerio sacerdotal. Sin embargo, al poco tiempo de ingresar en el seminario y después de algunas dudas, decidió abandonarlo: “Cuando salí, estudié Enfermería y ejercí la profesión durante ocho años. Pero en mi corazón escuchaba una voz insistente, que no callaba. Era la llamada del Señor y, después de una larga reflexión, decidí dejar de engañarme a mí mismo”. Fue en ese momento, cuando visitó al Obispo de la diócesis de Davao para expresarle sus inquietudes e ingresar por segunda vez en el seminario.

Jeus llegó a España en 2011 para estudiar Teología en la Universidad de Navarra. Cinco años después, recibió la ordenación diaconal, en la iglesia de San Nicolás de Pamplona, junto a otros trece compañeros del Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa. Una vez finalizados sus estudios, volvió a su Filipinas natal, donde fue ordenado sacerdote. Sin poder contener un llanto emocionado, cuenta que ese día sintió una gran paz: “Cuando me puse frente al Señor, fui consciente de que por fin estaba a punto de dar un gran paso. Me di cuenta de que, con la gracia de Dios, había conseguido llegar a mi verdadero camino, un camino que comenzaba en ese momento. En ese instante, vi la mano del Señor detrás de todo lo que había vivido hasta entonces: mi salida del seminario, el haber estudiado Enfermería... Es una sensación de pequeñez ante la grandeza de Dios”.

Cuando se puso a disposición de su Obispo, le envió de nuevo a Pamplona para que siguiera formándose; esta vez, en la Licenciatura en Teología Moral y Espiritual. “He tenido la oportunidad de volver a la Universidad de Navarra y siento que regreso a casa. Los profesores, los compañeros, el ambiente, los amigos de dentro y de fuera de las aulas…. todo eso me hace recordar viejos tiempos y revivir buenos momentos”, asegura. Además de recibir formación académica, define la Universidad como una escuela mucho más amplia: “Nuestros profesores no solo nos forman a través de las clases, también lo hacen a través de su vida. Con su ejemplo, nos enseñan a tener amor por la Verdad y por la Iglesia. Además, como los alumnos procedemos de diferentes países, podemos vivir con más intensidad la universalidad de la Iglesia. Estar aquí es providencial”.

El próximo curso, cuando finalice sus estudios, volverá a Filipinas para ayudar en la formación de futuros sacerdotes en el seminario de Davao: “Me gustaría transmitirles que el sacerdocio es un don que nadie merece, que no se nos da por quienes somos, sino por quien es el Señor. Es un don muy grande, la capacidad de traer a Dios de nuevo, aquí y ahora, en Cuerpo y Sangre. Es una llamada, porque la iniciativa siempre la tiene Él”.

Por esta segunda oportunidad que ha tenido de seguir formándose en Pamplona, asegura que tiene muy presentes a sus benefactores: “Les recuerdo constantemente en mis oraciones. Estas personas que nos ayudan son instrumentos de Dios para recordarnos su Providencia. Si no fuera por ellos, no podríamos estudiar ni servir a los demás, aplicando los conocimientos que hemos adquirido en la Universidad de Navarra”.

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