Ricardo Fernández Gracia, Profesor de Historia del Arte, Universidad de Navarra

Faustino Menéndez Pidal, Premio Pírncipe de Viana de la Cultura: una distinción merecida

05/04/11 Publicado en Diario de Navarra

Hace unos meses, en el seno del Congreso de la Sociedad de Estudios Históricos, esta institución concedía sendas distinciones a dos personas ligadas y entregadas a la cultura y a la historia de Navarra: Maria Ángeles Mezquíriz y Faustino Menéndez Pidal. Ahora, recibimos con gozo la nominación de este último para recibir el Premio Príncipe de Viana que otorga el Gobierno de Navarra y que, desde sus inicios se ha entregado, en distintas ocasiones, a personas que con su entrega y su buen hacer han dejado una profunda huella sobre el conocimiento de nuestro pasado.

Faustino Menéndez Pidal es un prestigioso historiador y académico. Forma parte de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y fue nombrado su director en 1993. Es académico numerario de la Real Academia de la Historia desde 1991 y especialista universal en el campo de la heráldica, reconocido con numerosas distinciones por la Académie Internationale d ' Héraldique y el Instituto Internacional de Genealogía y Heráldica. En el campo de la sigilografía es experto asociado al Comité Internacional de Sigilografía, del Consejo Internacional de Archivos. Sus líneas de investigación son la sigilografía, los emblemas heráldicos y otros signos, como fuentes para la historia, especialmente de la Edad Media. Las obligaciones que ha tenido que afrontar en todas esas prestigiosas instituciones no le han quitado tiempo para colaborar con todo su empeño en instituciones locales como el Ayuntamiento de Cintruénigo, en destacadas publicaciones navarras como la monografía sobre la heráldica medieval navarra (que firma con Javier Martínez de Aguirre) y en proyectos como la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad De Navarra de la que es profesor y colaborador habitual.

El amplio currícula de Faustino, sus publicaciones, distinciones, premios y condecoraciones, bastan para percatarse de que no ha perdido el tiempo, y de que el trabajo y la perseverancia han sido su norma de conducta a lo largo de varios lustros. Especialistas nacionales e internacionales han valorado su aportación a la historia, de modo especial, a la heráldica.

A través de la diligencia y el trabajo diario, Faustino Menéndez Pidal ha logrado la excelencia, de la que tanto se habla hoy, en tantos y tantos ámbitos, frecuentemente sin saber exactamente en qué consiste. La excelencia es ' esa superior calidad que hace ser digno de aprecio y reconocimiento a una persona, una institución, un trabajo o un proyecto ' . Según Aristóteles ' no es suficiente el conocerla, debemos tratar de tenerla y usarla ' , aunque en muchas ocasiones, como recuerda Goethe, ' es difícil de encontrar, pero más difícil de valorar ' .

Don Faustino es un enamorado de la historia, de un pasado que es necesario contemplar, en estos momentos que nos toca vivir, no como un pasado-carga del que hay que desprenderse totalmente, sino como recurso de un pasado-faro, que da perspectiva, orienta y señala el camino en el viaje histórico, de modo que nuestra relación con esa historia y particularmente con las ideas y las personas que superaron sus contextos, se conviertan en resortes morales.

Quienes le conocemos y le hemos tratado de cerca hemos tenido la oportunidad de percibir otras cualidades de que siempre hace gala: la delicadeza, el refinamiento y el saber escuchar. Cuantos visitan a don Faustino saben de su cercanía, sencillez y sabiduría, ya sea en la Real Academia de la Historia o, sin prisas, durante una tarde veraniega, bajo un centenario árbol en el jardín de la casa solariega de los Navascués, en el centro de la villa de Cintruénigo. Don Faustino siempre está dispuesto a ayudar, incluso obsequia con su amistad; porque él y también Inés, su mujer, han practicado en todo tiempo y fortuna, aquel aforismo latino que dice: ' Amicis quaelibet hora ' (Para los amigos, cualquier hora). Los datos históricos, las valoraciones e interpretaciones de otros tantos hechos del pasado cobran una dimensión muy especial en aquel jardín, junto al dieciochesco reloj de sol diseñado por Francisco del Plo, en donde se respira el sosiego entrañable de tantas cosas que hablan solas y nos enseñan cuando sabemos interrogarlas como merecen.

Momentos de felicitación y también de gratitud, recordando esta última virtud, por la cual reconocemos, interior y exteriormente, cuanto hemos recibido y correspondemos en algo por lo generosamente entregado. Dicen que, de todos los sentimientos humanos, la gratitud es el más efímero de todos. Y no deja de haber algo de cierto en ello. El saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa. Nuestros mayores nos lo han repetido popularmente: ' De gente bien nacida es ser agradecida ' . Don Juan de Palafox, con el que nos reencontramos quien estas líneas escribe y don Faustino hace unos meses, solía repetir: " Tres cosas me cansan mucho, y la cuarta aborrece mi alma: primera, el pobre soberbio: segunda, el rico avariento: tercera, el magistrado insolente, cuarta, el ingrato a los beneficios" .

Con el agradecimiento por la labor realizada y con una profunda admiración y felicitación, deseo repetir algo que a nivel particular le hemos expresado en múltiples ocasiones desde otros tantos foros: ¡Gracias, ab imo pectore, muchas gracias!

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