Alban d'Entremont, Director del departamento de Geografía y Ordenación del territorio, Universidad de Navarra

España, país de emigrantes (otra vez)

24/02/11 Publicado en Diario de Navarra

Hace unas fechas se produjo un hecho insólito: un maliense era detenido por la policía española intentando saltarse la valla entre Ceuta y Marruecos. Lo insólito es que no venía de Marruecos para entrar en España, sino que huía de España para entrar en Marruecos.

Seguramente, será una mera anécdota, y no se repetirá este tipo de incidente. O tal vez sí. Al mismo tiempo, realizó un viaje relámpago a Madrid la Señora Merkel, dando un respiro al Gobierno con aquello de que "España está haciendo sus deberes, que va bien". Economía aparte, mis conocimientos de demografía me hacen entender que lo que ha expresado la ilustre visitante carece de todo fundamento.

No me refiero a las cifras de desempleo, ni al clima de inseguridad económica en el momento actual, ni a una política que parece encubrir una fuerte improvisación y una sucesión de promesas que se sabe que no se van a cumplir.

Me refiero a un fenómeno que va in crescendo en las últimas semanas, que tiene que ver con el maliense y con la señora Merkel: el éxodo de gente fuera de las fronteras de España, después de décadas de inmigración, y el reclamo que la propia Merkel ha hecho para que medio millón de españoles se trasladen a trabajar a Alemana, cuya economía -esa sí- "va bien".

Angela Merkel se contradice. Hace poco, proclamó, solemnemente, que la multiculturalidad había fracasado en Alemania, así como los planes de integración de inmigrantes. Ahora, aparca sus principios políticos, culturales y sociales, para atender a sus conveniencias económicas.

España vuelve a expulsar gente hacia el extranjero. Se retoma, así, una tendencia multisecular. Y en contra de lo que dice la canciller alemana, es señal inequívoca de que la economía española "no va nada bien", y que aún quedan muchos -muchísimos- "deberes" por cumplir.

En todo movimiento de salida, hay "factores de empuje", que impulsan a gente a dejar su tierra y buscar una nueva vida en otro lugar: la escasez de trabajo o la imposibilidad de promoción social o económica en el propio país. Esto ocurría en España a lo largo de los siglos; la pobreza y la falta de oportunidades impulsaban a mucha gente a emigrar, en busca de mejorías en su vida, en alguna "tierra de promisión".

En la España actual, ha empezado una segunda etapa migratoria, caracterizada por la ralentización de la inmigración, y el aumento de la emigración. Esta última aún no es muy elevada, pero es significativo su auge, así como la expectativa que ha surgido en torno a la nueva "tierra de promisión", que, una vez más, es Alemania.

La profunda crisis económica en España y la incidencia tan elevada del paro, sobre todo del paro juvenil, en gran medida, explican esta reedición de una vieja tendencia, que se creía superada. Los españoles que salen del país no encuentran, en la España actual, un espacio digno para la promoción personal.

En los años sesenta, los emigrantes españoles no estaban preparados para integrarse en otra sociedad, aunque estuviera sólo a cientos de kilómetros, en la misma Europa. Se colocaban en trabajos escasamente cualificados, con la finalidad de acumular capital y la idea de retornar al país de origen. Era una mayoría de hombres solteros, que no tenían la intención de asimilar los modos (idioma, hábitos y costumbres) del lugar de destino, pero aprendieron mucho, volvieron y ayudaron muchísimo a fraguar el "milagro español" de las postrimerías del franquismo. Les debemos mucho.

El emigrante español de hoy, en cambio, es una persona de ambos sexos con un alto nivel de preparación, que busca oportunidades que no halla en España. Su emigración viene facilitada por las comunicaciones y los transportes, y el conocimiento de idiomas.

Esto fomenta la integración y acentúa la posibilidad de quedarse en el país de destino, sin retornar al país de salida. Perder a un contingente de gente joven y cualificada es un indicador indiscutible del fracaso de la política económica y social en España, que no ha podido instrumentalizar mecanismos adecuados, y un clima favorable, para retener a este contingente de jóvenes preparados.

No sabemos los derroteros o los resultados que va a originar esta nueva emigración a corto y medio plazo, ya que las tendencias pueden cambiar en cualquier momento, conforme van cambiando las coyunturas económicas y sociales. Pero la emigración es siempre una clara señal de una deficiente situación, sobre todo económica, imperante en el lugar de origen, y el éxodo de jóvenes cualificados, además, viene a empeorar esa situación de carencia.

La realidad de la mala situación de la España actual, por lo que se puede ver, la captó perfectamente el maliense, pero parece que la Señora Merkel aún sigue sin enterarse.

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