Artículos de profesores

Sonia Rivas Borrell, Profesora de la Facultad de Educación y Psicología

El periodo de adaptación en Educación Infantil

12/09/15 Publicado en Diario de Noticias

Son muchas las familias que están viviendo estos días el periodo de adaptación de sus hijos escolarizados en Educación Infantil. Quien observa las idas y venidas frenéticas de los padres al centro educativo puede preguntarse: ¿Por qué razón darle tanta importancia a este momento?  La respuesta es sencilla: primero, porque nos implica a todos (familias, profesionales de la educación y al mismo niño), y segundo, porque tiene un significado trascendental en la historia personal social y escolar: el niño se incorpora por primera vez a la experiencia de la escuela.

Para poder entender de fondo la trascendencia educativa que tiene este periodo, y para comprender la lógica de las estrategias pedagógicas, individuales e institucionales que se ponen en marcha en los centros educativos, conviene poner de manifiesto las características propias de este momento.

El primer contacto con la escuela supone la primera separación importante del niño y su familia. Es decir, el protagonismo principal que el niño tenía en su entorno familiar desaparece y pasa a ser compartido con el de otros niños, que también reclaman la atención del educador. Asimismo, el código conocido por el niño y establecido por su familia pasa a convivir con el señalado por el tutor.

El niño se ve rodeado de elementos distintos: el espacio, los objetos, las personas o sus comportamientos. Por tanto, según estos principios, es esperable que todo ello, combinado y a la vez, infunda en el niño inseguridad, miedo o ansiedad; sentimientos que, además, deberá sobrellevarlos acompañado de una persona a la que, probablemente, ni haya visto antes.

El niño observa que las personas con las que tiene un vínculo afectivo fuerte le dejan en un lugar extraño, sin posibilidad de recurrir a ellas, porque se van. Además, el niño no ha adquirido todavía el concepto de tiempo. Así, la frase del padre o de la madre: "Te recogeré después, no llores", carece de sentido. Por ello, para cualquier niño, la escolarización primera supone un "abandono hasta no se sabe cuándo" de su familia; abandono, eso sí, acompañado de otros iguales que manifiestan la misma desazón. Y estos sentimientos se multiplican y se contagian.

Como señalan Laura Méndez, José Manuel Ruiz, Elena Rodríguez y María Rebaque en uno de sus libros: "Desde el punto de vista pedagógico, es importante solidarizarse con la vivencia del niño pequeño, que puede consistir, aunque no se corresponda con la realidad, con el sentimiento de abandono provocado por dejar de ser el centro de atención como hasta ahora ha venido siendo".

Los docentes tratan de dibujar del mejor modo posible este ambiente hostil. Los tutores de curso intentan dar respuestas adecuadas a las necesidades, tanto de los niños como de los padres, planificando los factores más favorecedores a cada situación y a cada contexto, procurando que el cambio sea lo menos brusco y lo más satisfactorio posible, y organizando un periodo de adaptación lo más adecuado posible para las familias, para que estos primeros tiempos de escuela sean asumidos sin dificultades extraordinarias.

Es importante para los educadores la consideración del tiempo madurativo de cada niño y el respeto a los ritmos personales, para ayudar a que cada uno encuentre la respuesta a ese conflicto interno lo más felizmente posible. No debemos olvidarnos que cada niño también colabora en su propia adaptación.

Algunas familias empatizan con el sentimiento de los niños y también sufren con ellos. Otras, en cambio, consideran que este momento, como hay que pasarlo, debe hacerse cuanto antes, sin concederle una importancia excesiva. Desde un punto de vista educativo y sin caer en recetas falsas y utópicas, no conviene que las familias aceleren este proceso ni tampoco que eliminen u obvien todas las asperezas que se puedan encontrar en el camino. La misión de la familia debe ser comprender lo que el niño vive y siente, allanando el camino, pero sin evadir los inevitables conflictos que éste pueda tener. De otro modo, el niño perdería la oportunidad de aprender a superar los obstáculos y a regular sus emociones.

Por todo lo que acabamos de mencionar brevemente, quizás se entiendan mejor las razones pedagógicas que rodean la importancia que padres, educadores e instituciones educativas otorgan al  periodo de adaptación.

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