Una relación a 10.000 kilómetros de distancia

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FOTO: Pedro Szekely
REPORTAJE
Prácticas, intercambios, el estudio del idioma, alumnos de Relaciones Internacionales se aproximan a China. Autor: Blanca Rodríguez

China late en la Universidad de Navarra a pesar de los 9940 kilómetros que los separan. Estudiantes de la Facultad de Derecho viajan en verano o durante el curso al país asiático para continuar su formación y mejorar el idioma.

Roberto Ramírez, estudiante de 3º de Relaciones Internacionales, se ha asomado profesionalmente a la cultura oriental desde Málaga, su ciudad natal. Durante los meses de verano ha trabajado en prácticas en la Casa de Cultura Asiática.

Su interés lo despertó, curiosamente, el alemán. Se había propuesto comenzar a estudiar el idioma, pero las plazas estaban cubiertas y tuvo que escoger entre otras lenguas; se decantó por el chino mandarín. A los pocos meses, le enamoró: “No solo del idioma, si no también todo lo que le acompaña: su estilo de vida, sus tradiciones, su gastronomía… La cultura oriental es un mundo por descubrir. Nos sorprendería cuántas cosas interesantes y puntos de vista distintos podemos conocer”.

En el Centro de Cultura Asiática de Málaga, Roberto ha desarrollado labores en el ámbito empresarial, de las relaciones internacionales y en el sector jurídico; un amplio abanico formativo “Esta experiencia me ha aportado una visión más práctica del Grado en Relaciones Internacionales. Además, he aprendido conocimientos y habilidades muy útiles, como, entre otras, la capacidad de negociación intercultural, el funcionamiento de la empresa y la redacción de contratos”.

Roberto Ramírez, a la izquierda, durante las prácticas en la Casa de la Cultura Asiática de Málaga

Roberto Ramírez durante las prácticas en la Casa de la Cultura Asiática de Málaga FOTO: Cedida

 

Próximo vuelo: Shanghái  

Miguel Panadero, alumno de 4º de Relaciones Internacionales, también comparte el interés de Roberto por China. A unos días del comienzo de curso, prepara la maleta con lo imprescindible para un semestre de intercambio en la ‘East China University of Political Science and Law’ de Shanghái.

Entre la ropa y los cuadernos, reserva un espacio para lo que pueda encontrar allí: “Es una experiencia que me gustaría compartir con todos mis conocidos y traer recuerdos ayuda a transmitir una pequeña parte de las sensaciones vividas durante un viaje”; también incluye lectura y ropa de deporte.

Le resulta difícil imaginar que comenzará el curso en un escenario diferente, aunque le despierta una sonrisa: “China es un país muy interesante. Se trata de uno de los actores principales en el ámbito de la geopolítica internacional y, además, está situado en la región del Pacífico Sur, una región dinámica y clave desde el punto de las relaciones internacionales”.

Si se le pregunta qué aportará la experiencia al Grado que estudia en la Facultad, no tiene duda: “Conocer la realidad desde un punto de vista que muchas veces es completamente distinto al nuestro, al occidental. En mi corta estancia en Primero, pude ver que todo en China es distinto para un occidental. Desde el día a día, hasta conceptos de derecho, de la historia y, por supuesto, ideológicos. Académicamente, recibir un semestre de formación en el extranjero es siempre una experiencia ideal para un estudiante de Relaciones Internacionales y complementa los estudios enormemente”.

El vuelo que cogerá próximamente lo llevará a casi 10.000 kilómetros de Pamplona, pero en Shanghái se encontrará con un compañero de clase, Jakub Hodek, que también realizará el intercambio de 4º de Relaciones Internacionales en la ‘East China University of Political Science and Law’.

 

Jakub Hodek y Miguel Panadero en Tongji University durante la estancia On site en Shanghai el Primer curso

Jakub Hodek y Miguel Panadero en Tongji University durante la estancia On site en Shanghai el Primer curso FOTO: Cedida

 

Un semestre de intercambio  

Jakub Hodek se detiene frente a las maletas:

—En un estrés absolutamente insoportable que me está paralizando hasta un punto que me quedo en mi casa haciendo nada —luego se ríe—. Nada de lo anterior es verdad. Tengo muchísimas ganas, pero como estoy viajando bastante este verano, todavía no me he mentalizado de que la segunda semana de septiembre ya estaré en otro punto del mundo, estudiando chino e intentando entender aquella nación de 1,3 billones de personas. Bueno, ahora siento un poquito de estrés...

Reconoce que le fascinan los idiomas, porque “para entender bien a alguien, es necesario hablar su lengua”. Por eso, seguirá sumando a una lista donde ya constan el eslovaco, el inglés, el español y el chino. “Cada idioma esconde muchas indicaciones de la cultura de quienes lo hablan —asevera—. La manera en que nos comunicamos en parte nos forma como somos”.

“Tener contacto directo con otra cultura siempre aporta muchísimo. Como futuros diplomáticos, políticos, empleados (o jefes) de grandes empresas multinacionales, uno tiene que enriquecerse todo lo posible de lo internacional, pues permite intercambiar experiencias, pensamientos y amistades. Además de que uno se hace más abierto al mundo. Y esto es esencial. Si uno puede, debería viajar mucho”, recomienda.

A punto de cerrar la maleta, desliza “objetos típicos”; los enumera: “la foto de mi familia, de mi perro, libros en español, inglés y eslovaco”. Elementos cotidianos que le acompañarán hacia “un gran misterio”. “Naturalmente, tenemos miedo de lo que desconocemos —acepta Jakub—, pero quiero conocer, descubrir, entender y saborear China, para luego explicarla mejor”.

 

El reto de aprender chino  

Explicar China no es sencillo sin su contexto, su historia o su idioma. En mayo, también Nerea Álvarez, de 2º de Relaciones Internacionales, lo percibió. Fue entonces cuando participó en el Shanghai On-site Program, un itinerario formativo que desarrollan los alumnos de primer curso de RRII en el país asiático.

Recuerda que nada más bajar del avión, a 10.000 kilómetros de Pamplona, empezó un proceso de descubrimiento continuo: “Las tiendas, el metro, las calles, las personas... todo sorprendía”.

Nerea, a la derecha, durante el viaje a Shanghái

Nerea, a la derecha, durante el viaje a Shanghái FOTO: Cedida

Se propuso un reto: aprender chino, y le sacó el máximo partido. “Desde que llegamos al hotel, intenté descifrar el mayor número de caracteres y de conversaciones. Iba señalando por Shanghái cada pequeño símbolo que reconocía, he incluso llegué a soltar la frase ‘perdone, señor, ¿nos puede ayudar? Nos hemos perdido’. Cuando veían que intentabas hablar su idioma, te ayudaban lo máximo posible y esa es una de las cosas por las que China me dejó tan buena impresión”, cuenta.

El chino está “lleno de simbología y sentido —explica Nerea, que este curso lo continuará en el Instituto de Idiomas de la Universidad—. El significado o la interpretación de cada conjunto de caracteres nos da pistas sobre cómo es la sociedad china. Las lenguas muestran cómo una cultura ve el mundo”.

“Espero llegar a conquistar el gran reto que supone hablar chino. Sé que tomará su tiempo, pero nuestra nueva profesora, Francisca, ha dicho que nada es imposible, solo difícil”. Escribir en caracteres chinos, hablar con mayor fluidez… Nerea asegura que, cuando hablas una lengua, “no solo aprendes palabras, sino que te comunicas con su gente, la intentas entender y te sumerges en su cultura poco a poco”.

 

El Bund de Shanghai

El Bund de Shanghai FOTO: Dorli Photography

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