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Álvaro del Portillo, un hombre universitario
 

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El pasado jueves, 25 de septiembre, tuvo lugar en el Aula Magna del edificio Central un acto académico en homenaje al segundo Gran Canciller de la Universidad, Mons. Álvaro del Portillo, con motivo de su beatificación. El rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, abrió el acto, que definió como "el calentamiento previo a un fin de semana mágico", evocando el recuerdo de las veces que don Álvaro del Portillo había estado en esa misma aula.

Profesionales y alumnos se reunieron en torno a la figura de D. Álvaro en un acto académico marcado por la emoción, en el que los participantes quisieron compartir con el auditorio su experiencia personal con el beato. El profesor Jaime Nubiola, la enfermera Mª Ángeles Sánchez, la vicedecana de Profesorado María Iraburu y el profesor Alejandro Llano compartieron, junto al rector, la visión más universitaria y cercana del que fue Gran Canciller de la Universidad entre 1975 y 1994. Además, durante el acto se proyectó un vídeo en el que Mons. Javier Echevarría, actual Gran Canciller de la Universidad, habla de Don Álvaro y su relación con el centro académico.

El profesor Jaime Nubiola, quien fue Secretario General de la Universidad coincidiendo con la cancillería de Don Álvaro se declaró "testigo de su cercanía paternal". Cercanía paternal que Mons. del Portillo ponía de manifiesto con sus viajes a Pamplona -se desplazó a la Universidad hasta 24 veces- y su "vivo interés por todo lo que concernía a la vida de la Universidad".

Mons. Javier Echevarría señala en el vídeo que se proyectó durante el acto que don Álvaro fue un "paciente muy paciente". Esta idea la reafirmó Mª Ángeles Sánchez, la enfermera que acompañó a Mons. del Portillo las 14 veces que acudió como paciente de la Clínica Universidad de Navarra. Con emoción recordó lo "difícil que era saber si le dolía algo, porque tenía una sonrisa permanente". Sánchez atribuyó la alegría de don Álvaro a su "abandono en las manos de Dios" y a contemplar la enfermedad como "una llamada amorosa de Dios, una caricia". Mª Ángeles Sánchez quiso, además, aludir a las visitas que el Gran Canciller hacía a los pacientes cuando estaba en la clínica. "En total visitó a unos 260 -añadió la enfermera-, cuando estaba con cada enfermo nadie quedaba indiferente por su cariño y su gran capacidad de apoyo". Por último, Sánchez señaló la "predilección de D. Álvaro por las enfermeras" y la deuda del colectivo por su inmenso cariño.

La vicedecana de Profesorado, María Iraburu, se mostró como "representante de los que no lo conocimos pero nos sentíamos acompañados por él". Iraburu recordó cómo D. Álvaro quiso que "hubiese verdadera unión entre profesores y alumnos", aludiendo a que esa unión "es un resultado que se alcanza cuando hay un proyecto común". El proyecto común de "compartir la búsqueda de la verdad en todos los saberes" señaló la vicedecana, que lo definió como una "tarea apasionante". Además, la profesora Iraburu recordó el deseo de Mons. del Portillo de que "Dios estuviese en la universidad de forma explícita". La presencia de Dios en la universidad requiere, señaló Iraburu, "de una reflexión intelectual sobre Dios  y las verdades de la fe, que tiene que estar incluida en el proceso de búsqueda de la verdad y comprender a los alumnos, para mostrarles la armonía entre fe y razón."

Por último, el profesor Alejandro Llano acercó la figura de D. Álvaro como un hombre de dos culturas. "Su original personalidad tenía dos estilos de vida, uno literario y otro científico, que no se excluían sino que se complementaban", apuntó Llano. "Sus elevadas cualidades naturales estaban entre el plano humano y el sobrenatural. Era un hombre santo, fiel reflejo de otro santo". El profesor quiso hacer dos sugerencias en vísperas de la beatificación: "procurar no bajar el nivel en el estilo cristiano de nuestro comportamiento". Y que "el estudio, la investigación o la enseñanza estén al mayor nivel que nos permitan nuestras limitaciones", pero sobre todo que sea "un servicio a la verdad y a todos".

Por último, Mons. Javier Echeverría, a través del vídeo estrenado durante el acto, puso de manifiesto la figura de Don Álvaro como una "persona asequible". "Sabía sonreír y escuchar, y contagiar, con pocas palabras, la alegría que llevaba dentro".

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